Estuario
Lunes, 30 Abril 2018 05:55

El último lector

Escrito por

…porque escribir no es vivir,

porque leer tampoco lo es.

 

En El último lector

Siempre resulta grato encontrar voces frescas en la literatura. Hasta hace poco más de un año, el que esto escribe desconocía la obra de David Toscana (Monterrey, 1961), un autor asociado al grupo de narradores del desierto y que se ha convertido en uno de los novelistas más importantes de la actualidad en nuestro país.

Ya en otras ocasiones, en este espacio he recomendado obras suyas (la novela El ejército iluminado y el volumen de cuentos Brindis por un fracaso).En esta ocasión propongo su novela El último lector (Mondadori, 2004), un ejercicio de metaliteratura que atrapa apenas iniciar la historia.

La trama ocurre en Icamole, un pueblo miserable en medio del desierto. Hace tiempo que no llueve y el aparente destino de ese lugar es el olvido y la muerte.

Un anciano, Melquisedec, es el encargado de llevar agua en tambos, en una carreta que es tirada por dos mulas. Los pozos del pueblo están secos, salvo el de Remigio. Cierto día, éste acude con la intención de extraer agua, pero algo anda mal. En seguida descubre el cadáver de una niña en el fondo del pozo. Una niña de la que no se sabe nada ni cómo murió.

Ante el hallazgo, el hombre decide contarle a su padre, Lucio, un bibliotecario viudo que vive en y para el mundo de los libros que acoge la biblioteca que está instalada en su casa y que se ha quedado sin lectores.

A raíz de la lectura de una novela, Lucio le dice que entierre el cuerpo en la raíz de un árbol de aguacates que hay en el predio del hijo.

A partir de su aparición en la historia, Lucio se apodera de la narración. La biblioteca ya no recibe subvención gubernamental, pero él continúa al frente de ese espacio: se encarga de elegir qué obras deben formar parte del acervo y qué otras serán censuradas.

De esta forma, Toscana propone una relación escritor-editor-lector: Lucio es todo a la vez. Atrapado entre cientos de ejemplares, interpreta el mundo a través de las novelas que lee. Así, desvela a los policías que investigan el caso de la niña una solución e incluso al culpable mediante una historia que ha leído.

El humor está muy presente en la obra del regiomontano. En El último lector no es la excepción, con una voz poderosa que entreteje historias sobre historias desde la mirada y la visión del quijotesco Lucio, empeñado en no cerrar las puertas de la biblioteca que ya nadie visita.

La trama es aparentemente sencilla. Lo más destacado es la forma de contar los hechos, de llegar a ese mundo en el que Toscana ofrece una y otra posibilidades de descubrir la utilidad de la literatura en la vida diaria.

Lucio conmueve. En él se puede ver al hombre acabado que vivió para aquello que lo apasionaba y que era único motivo para ver la caída de los días. Resulta absurdo –a veces– mantenerse entre ese montón de libros que nadie sino él habrá de leer.

Hay muchas novelas dentro de la novela, surgidas todas de la mano del autor para disfrute del que recorra las páginas de El último lector.

Lunes, 23 Abril 2018 05:53

La calma

Escrito por

Quédate ciego, dije para mis adentros

cuando apenas tenía diez años,

y me puse a andar a tientas por la casa,

con los ojos abiertos como quien no ve.

 

A. B., en La calma

 

Un buen libro siempre queda ahí, en el imaginario del lector. Así pasen semanas, meses e incluso años, la historia rondará por la cabeza y taladrará la memoria, hasta brotar como un recuerdo que es parido en lomás íntimo de los pensamientos. Así me ocurre con la recomendación que haré esta semana.

La calma (2001; Acantilado, 2003, con traducción de Adan Kovacsics) es una novela del autor Attila Bartis (1968), un húngaro que nació en territorio rumano. Desde 1984 reside en Budapest.

El título evoca quietud, tranquilidad… Sin embargo, al sumergirse en las páginas, encontramos situaciones y vidas que alejan al lector de la calma y lo llevan por derroteros diametralmente opuestos.

El protagonista –anónimo– es también el narrador de la historia: un escritor que vive inmerso en un mundo controlado por su madre, otrora una actriz famosa pero venida a menos, atrapada en la locura y en la soledad.

La vida del escritor es manipulada por la mujer. Viven entre el recuerdo de Judit, la hermana ausente del protagonista cuyas cartas mantienen de alguna forma la esperanza de la madre. Pero ésta ignora que la última carta real de su hija fue escrita años atrás: ahora, las epístolas que recibe son escritas por su hijo, quien las redacta con la mano izquierda para que la caligrafía se parezca a la de Judit.

La convivencia entre madre e hijo resulta insoportable, llena de reprimendas e insultos. Así existe uno junto al otro, en una Budapest que vive la última etapa del comunismo, donde todo parece gris, cenizo, de gritos contenidos, pero hay movimiento.

El protagonista sostiene una relación amorosa con Eszter, una chica con la que suele pelear con frecuencia. De esta forma, tal parece que en La calma ésta no existe; por el contrario, «la violencia parece ser un camino de purificación, se nos muestra como una confesión de seres solitarios y perversos, a medio camino entre la locura más desenfrenada y la tendencia a la normalidad», reza en la contracubierta del libro.

En la historia aparecen pocos personajes, pero todos son presa de una soledad brutal que los recluye en un ensimismamiento que estalla con lapsos de violencia. No parece existir paz en el interior de nadie y si aún cohabitan es porque parece ser que no se han dado cuenta de que están vivos. Sí. La vida es una monotonía destructiva, cargada de una presión autoimpuesta.

No obstante el profundo pesimismo que destila en las páginas de esta novela, Attila Bartis –al igual que Camus– deja abierta la posibilidad de hallar en el lodazal que es la vida, un hueco por el que brote la esperanza.

La obra está narrada con maestría, compuesta de parrafadas que dan respiro al lector con espacios en blanco. El estilo es directo y fluido, de una prosa intensa. Se trata de una muestra de la nueva literatura de esa Europa acaso desconocida, lejos de los libros que se ofertan en librerías y que no parecen tener más vida que la que les otorga la mesa de novedades, durante dos o tres meses.

El autor de La calma se muestra como una voz potente de las letras europeas contemporáneas, lejos de los reflectores, pero cerca del arte de hacer literatura.

Es una obra que algo dejará en el lector que se anime a enfrentarse a sus páginas.

Lunes, 16 Abril 2018 05:35

La Era del Pez

Escrito por

El pensar les inspira odio.

Desprecian a los seres humanos.

Quieren ser máquinas […]

o mejor aún municiones:

bombas, granadas, esquirlas.

 

Ödö von Horváth

 

La construcción de sistemas políticos no puede ser sin la participación de la sociedad. Ya sea para bien o para mal, la complicidad –o pasividad– de la gente permite que los poderosos lleguen a serlo.

La ascensión del nazismo no se logró sola: hubo que convencer a la ciudadanía e inocularle las nuevas ideas que derivarían en lo que ya todos conocemos.

Entre la Primera y la Segunda guerras mundiales hubo un lapso en el que se gestó el horror. La generación de entreguerras creció con el primer conflicto a sus espaldas, pero con el segundo frente a sí. Acaso sin darse cuenta, o sin poner mucha atención, el monstruo creció y fue demasiado tarde cuando la realidad la alcanzó.

A este periodo –el de entreguerras– corresponde la novela que me permito recomendar esta semana: La Era del Pez (1937; Pomaire, 1979; traducción de Eduardo Goligorsky), del austrohúngaro Ödö von Horváth (Rijeka, Croacia, 1901-París, Francia, 1938).

La Era del Pez es protagonizada por un profesor de 34 años encargado de las clases de geografía e historia en un instituto para adolescentes.

La vida del personaje –del que se desconoce su nombre– parece transcurrir en calma, pero de fondo está el ascenso del nacionalsocialismo que ya permea en las sociedades más cercanas a Alemania.

El odio es transmitido a las familias a través de la radio y de altoparlantes. De esa forma, las cúpulas del poder consiguen que el grueso de la sociedad adquiera y aprenda las nuevas ideas y las acepte sin reparar mucho en ellas.

Así, el profesor se topa con jóvenes que se han adherido a los «ideales» del gobierno en turno. Lo comprueba cuando les encarga una tarea en la que respondan por qué son necesarias las colonias.

Odio, racismo, discriminación: he ahí una triada para colocarse en lo más alto del supuesto nuevo ideal. Los alumnos –casi todos– desprecian a los que no son como ellos; consideran a los negros como una subespecie al servicio de los blancos.

Pero estas ideas no sólo están presentes en los muchachos. Cuando el docente cuestiona a uno de ellos acerca de sus ideas y opiniones, al día siguiente aparece su padre para recriminarle el «atrevimiento» de considerar que los negros son personas: «¿usted enunció o no esa aborrecible idea suya sobre el problema de los negros…?» (p.16).

A raíz de ese desencuentro crece la tensión entre los alumnos y el maestro, a tal grado que firman una carta en la que le comunican que no desean recibir más clases de parte suya.

Días después, la historia da un vuelco. Como parte de la preparación de las nuevas generaciones en materia militar, deben hacer un campamento para realizar actividades ante la llegada de un «enemigo imaginario».

No todos los alumnos tienen buena relación. Hay pleitos entre algunos. De pronto, un suceso cubre la novela de suspenso, misterio y un tono detectivesco.

A partir de entonces, Ödö von Horváth desarrolla una serie de ideas en torno a Dios. Hay un Raskólnikov en el profesor que se plantea los dilemas morales y se sume en reflexiones que lo acechan a cada momento.

Todo ello permite al autor lanzar una crítica a la denominada clase media ante su pasividad que permitió el ascenso del mal. En este sentido, el título La Era del Pez alude a una etapa astrológica que es tocada por otro personaje, mediante la que se advierte que la llegada de una nueva era está próxima. Una era oscura.

La novela es breve con un estilo limpio y fluido. Se cuenta de Ödö von Horváth que era una de las grandes promesas de la literatura centroeuropea, pero su carrera se vio truncada a los 37 años, cuando un rayo cayó sobre un castaño del que una rama aplastó al escritor mientras caminaba por los Campos Elíseos, bajo una tormenta eléctrica, después de haber acudido a un cine. (Von Horváth tenía una premonición: decía que moriría fulminado por un rayo.)

A propósito de esta obra, Stefan Zweig refirió: «La Era del Pez es quizás el cuadro más realista que se ha escrito sobre aquella generación que creció en esos desesperados años entre ambas guerras mundiales. Nunca se ha expresado tan vivamente el apasionado deseo de aquella juventud de escapar de una atmósfera envenenada por los odios políticos y las pasiones sociales».

Lunes, 09 Abril 2018 05:07

El Ruletista

Escrito por

Pero hay un lugar en el mundo donde lo imposible

es posible, se trata de la ficción, es decir, la literatura.

 

En El Ruletista

 

No confío mucho en las campañas que las grandes editoriales lanzan para hacer publicidad a tal o cual autor y su más reciente obra. No es un secreto que cada nuevo libro sea presentado como «una obra diferente que rompe con los géneros establecidos» o que el autor en turno sea «dueño de una voz que no se parece a la de nadie más». Por eso considero que a veces es preferible pasar de largo en la mesa de novedades de las grandes librerías.

En estas últimas semanas he visto que el sello español Impedimenta ha emprendido una campaña a favor de uno de sus escritores estrella: el rumano Mircea Cărtărescu (Bucarest, 1956), a propósito de Solenoide, su más reciente obra.

La crítica coincide que Cărtărescu es un autor de muy altos vuelos y que con la aparición de un libro nuevo el lector es el más beneficiado. Además es mencionado como un fuerte candidato a recibir el Nobel.

El problema para acceder a estos autores muchas veces tiene que ver con lo económico, pues no se trata de libros al alcance de todos. Sin embargo, hay oportunidades para hacerse de alguna obra, ya sea en ferias u otros eventos de promoción de la lectura.

Esta semana me sumo a las voces que admiran al escritor rumano. La recomendación es un relato que estuvo prohibido en la Rumanía de Ceaușescu y que no vio la luz sino años después: El Ruletista (Impedimenta, 2010; traducción de Marian Ochoa de Eribe).

El narrador es un escritor de ochenta años que, postrado en un sillón, acaso espera la muerte mientras unos versos de Eliot lo acompañan: «Concede el consuelo de Israel/ A uno que tiene ochenta años y no tiene mañana».

Durante sesenta años ha escrito. Ahora se dispone a contar la historia del Ruletista, ese mendigo que, a fuerza de retar a la muerte, amasó una fortuna.

En viejos sótanos de una ciudad, en medio de ambientes decadentes –cucarachas, cerveza de mala calidad, jarras viejas, hombres que ven en la muerte el mayor de los espectáculos–, se realizan eventos que reúnen a unos cuantos seres en torno a la figura de algún ruletista: el hombre que se juega la vida en la ruleta rusa.

El narrador confiesa que «he asistido a cientos de ruletas y he visto en muchas ocasiones una imagen indescriptible: el cerebro humano, la única sustancia verdaderamente divina, el oro químico donde se encuentra todo, esparcido por las paredes y por el suelo, mezclado con esquirlas de hueso» (p. 32).

Conoció a «El Ruletista», el hombre que se ganó la atención de todos los aficionados a esa práctica y que de plano terminó con el negocio de otros que, como él, se jugaban la vida.

Pero un revólver con un cartucho ya no era tan atractivo. ¿Qué tal con dos? Reducir la posibilidad de sobrevivir al jalar el gatillo. Si no es suficiente, tres cartuchos al tambor, incluso cuatro… Odiado y amado, el hombre se ganó la admiración incluso de damas finas. La presencia de éstas convirtió a la vieja práctica en una actividad con cierto prestigio: de los sótanos decadentes, «El Ruletista» brincó a salones más bien lujosos. Siempre con la risita previa a jalar el gatillo y el desplome que le seguía.

El narrador reitera que conocía al héroe desde la niñez. Escritor de prestigio, recuerda que incluso lloraba porque perdía dinero al apostar a favor de la muerte, entre la admiración, la envidia y el asombro de un hombre que retó de más al azar.

Las probabilidades de sobrevivir en la literatura son ciento por ciento efectivas, plantea el autor-narrador. «Porque los personajes no mueren jamás, viven siempre que su mundo es “leído”.» Así pues, el narrador se asume un personaje de la propia historia que cuenta; desde su ancianidad, aspira a algo: «Quizá no viva dentro de una historia importante, quizá sea tan solo un personaje secundario pero, para un hombre que afronta el final de su vida, cualquier perspectiva es preferible a la de desaparecer para siempre».

«El Ruletista» es apenas una probada de la, sí, muy poderosa voz de Mircea Cărtărescu, que está convertido en uno de los autores europeos con más reconocimiento de la actualidad y que, a juzgar por este relato, tiene bien merecida la fama de escritor de culto que en cada palabra coloca la cantidad necesaria de pólvora para que, llegado el momento, explote el texto en las manos del lector.

Lunes, 02 Abril 2018 05:31

El ajuste de cuentas

Escrito por

Usted, jovenzuelo, ha caminado por senderos seguros.

 

Tibor Déry, «El ajuste de cuentas»

 

En medio del surrealismo político de este país y su democracia simulada, apartarse para no sucumbir en ese torbellino conviene para la salud mental y prevenir males en el hígado.

La lectura y sus múltiples beneficios no gozan de amplia popularidad en México, ora porque los libros son costosos, ora porque simple y llanamente no hay interés. Pero hay que tener en cuenta no todos los buenos libros son caros, ni todos los libros caros son buenos.

Hoy recomiendo a otro autor húngaro en la lista de escritores de ese país que ya he abordado en este espacio. Me refiero a Tibor Déry (Budapest, 1894-Ibíd., 1977), un hombre comprometido con las causas sociales que fue condenado a nueve años de prisión, en 1957, pero que en 1960 pudo salir gracias a una amnistía.

Ya en otra ocasión he elogiado la labor del Sergio Pitol traductor y su encomiable esfuerzo para ofrecer a los lectores en lengua hispana obras maestras de autores cuyas lenguas nos resultan completamente incomprensibles.

Pues bien, El ajuste de cuentas, de Tibor Déry, forma parte de la colección «Sergio Pitol Traductor» de la Dirección General de Publicaciones del otrora Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, en coedición con la Universidad Veracruzana. La primera edición, en 2007, corrió a cargo de esa institución educativa, en tanto que la segunda, de 2011, fue en conjunto. Sin embargo, Era lanzó la primera edición en español, en 1968, con traducción del propio Pitol.

Se trata de un libro que contiene tres relatos –piezas maestras del género– ambientados en la convulsa década de los cincuenta de Hungría, que en 1956 desembocó en una revuelta.

En este sentido, debo mencionar que Tibor Déry nació en una familia burguesa, pero se afilió al Partido Comunista desde muy joven. Esa militancia lo obligó a exiliarse por varios años y su labor literaria comenzó en una revista llamada Hoy, en 1920.

El primer relato del libro es el que precisamente da título a la obra: «El ajuste de cuentas» (1961). Cuenta que cierta noche, antes del toque de queda, el estudiante Feri Kovács llega al apartamento de un profesor de medicina. Pero lleva una ametralladora. El anciano maestro sabe que si los descubren, ambos serán hombres muertos. Sin embargo, le quita el arma y obliga al estudiante a marcharse de ahí.

El viejo coloca el arma en un rincón y se convierte en una especie de fantasma que ronda sus pensamientos. Ante esta crisis decide abandonar su apartamento y huir hacia la frontera para dejar el país. No obstante, bajo una tormenta invernal, inicia una marcha cruda y agónica de la que probablemente no tendrá regreso. En ese andar se cuentan historias de los que lo acompañan. Es una marcha dramática, desgarradora, de desplazados que buscan abandonar un país convulso, bajo la tormenta de nieve.

El segundo relato, «Amor» (1956), es un canto a la libertad. El protagonista, B., recupera su libertad después de pasar varios años en prisión. No se sabe por qué fue encarcelado ni tampoco por qué lo liberaron. Así de confuso es el ambiente político de esos años en aquel país.

  1. abandona la cárcel con la ropa arrugadísima que le es devuelta, las mismas prendas con las que llegó. Aborda un taxi y pide al chofer que lo lleve a Budapest. En el camino descubre que todo ha cambiado: hay nuevos edificios, se enamora de la belleza de las mujeres y experimenta cierta felicidad.

Al llegar a su casa, la encuentra sola. Se desespera de estar ahí, solo, y decide salir a la calle. Entonces descubre a la mujer, a su hijo –al cual no reconoce– y a cuatro niños que le son desconocidos. El reencuentro es la recuperación plena de la libertad.

El último relato, «Filemón y Baucis», es conmovedor de principio a fin. Es un matrimonio de ancianos. Él ha ahorrado cierta cantidad de dinero para comprar a su esposa una corneta que le permita escuchar y un ramo de rosas. Ambos están por celebrar el cumpleaños de la mujer, que casi ha perdido el oído y por ello el viejo debe repetirle las cosas de forma constante.

Una noche que se disponían a cenar, de pronto, de la calle proviene el tableteo de las armas, los combates crecen. La vieja no se entera de los disparos. Sin embargo, sospecha de su marido, quien comienza a cerrar las puertas y ventanas y se desplaza en la estancia con movimientos torpes. Ella ni se imagina.

En eso llaman a la puerta. Varias veces. El hombre no quiere abrir, pero ante la insistencia, decide ver de qué se trata. Resulta que es un joven que acaba de ser herido y busca ayuda. La mujer recuerda a sus tres hijos muertos en la guerra y le pide al hombre que mejor lo lleve con sus vecinos para que ellos se hagan cargo.

Cuando Filemón regresa a casa, sufre una hemorragia nasal incontenible. Baucis decide ayudar a su marido; recupera el oído por amor y sale en busca de ayuda. Piensa llegar a casa del médico y entonces escucha el sonido de las balas. Antes de llegar con el doctor, es alcanzada por un proyectil. El esposo, un tanto recuperado, aguarda el quizá imposible retorno de su esposa, mientras asiste el parto de su perra, que está escondida en una alacena.

Los tres son relatos dignos de antologías. El libro puede conseguirse fácil. Y lo mejor: no es caro, pero sí muy valioso.

Lunes, 19 Marzo 2018 04:54

Amor Mundi

Escrito por

No es fácil vivir bajo un bombardeo y actuar

como si no ocurriera nada, como si no fuera contigo.

Creer que las bombas no te van a caer a ti

ni a ninguno de tus conocidos.

 

Dušan Veličković

 

El terrorismo es una palabra que hoy en día reproducen los medios de comunicación hasta la saciedad. Pero es curioso que dicha práctica deleznable –el terrorismo– está asociada a grupos radicales de Oriente Medio; es decir, en esta segunda década del siglo XXI, la imagen del terrorista está ligada a una persona con turbante.

En los últimos años, el autodenominado «Estado Islámico» ha perpetrado ataques brutales en diversas partes del mundo. Sin embargo, poco se habla de cómo ese grupo alcanzó el poder. En resumidas cuentas, se trata de una organización terrorista cuyo origen está ligado a Estados Unidos, que la ha abastecido de armamento, primero, y después a través de financiamiento.

Para Estados Unidos la paz no es redituable, pues es un país que vive y se enriquece a través de la guerra. Cada año, la fabricación y venta de armas deja ganancias multimillonarias a esa nación, tan dada a la violencia. Se trata del país terrorista y genocida por antonomasia después la Segunda Guerra Mundial: entre 1945 y 2001 estuvo involucrado en 201 de 248 conflictos bélicos en 153 zonas del mundo (el 80 por ciento del total), según reveló el portal Washington’s Blog, que a su vez tomó parte de un estudio de la revista American Journal of Public Health.

El informe también reveló que Estados Unidos es responsable del 41 por ciento del gasto militar de todo el mundo, que mantiene entre 700 y mil bases militares en diversos puntos del planeta. Además, el 90 por ciento de las cientos de miles de víctimas son civiles, sin que a la fecha haya castigo.

Ya sea por petróleo u otros recursos naturales o por mera posición geopolítica, nuestro vecino del norte invade, mata y lleva el terror allí donde sus intereses lo indiquen, con la consabida seguridad de que buena parte del mundo hará oídos sordos y volverá la vista hacia otra parte.

Un ejemplo de todo lo anterior tiene que ver con la recomendación de esta semana: Amor Mundi (Ediciones del Bronce, 2003), una obra del escritor y periodista serbio Dušan Veličković (1947).

En la advertencia el autor refiriere que amor mundi alude a una idea de la filósofa alemana Hannah Arendt (1906-1975) expresada en su obra La condición humana, en la que se refiere al amor del mundo y el amor por el mundo como una de las condiciones de la existencia humana. En concordancia con esta idea, Estados Unidos no siente amor por el mundo.

Este viernes se cumplirán 19 años de un hecho que marcó el fin del siglo XX. El 24 de marzo de 1999 –por órdenes de Bill Clinton– la OTAN inició una brutal y criminal serie de bombardeos en Belgrado, la capital de Serbia, que entonces era la República Federal de Yugoslavia (junto con Montenegro), que se prolongó hasta el 11 de junio del mismo año.

Dichos bombardeos –llamados «humanitarios» por Occidente– se cobraron la vida de dos mil civiles (entre ellos, 88 niños) e hirieron a seis mil personas; dañaron o destruyeron 40 mil casas, 300 escuelas y 20 hospitales (incluido uno de maternidad). Todo sigue impune.

A través de Amor Mundi, Veličković intenta dar a conocer el día a día de la población que se vio bajo el fuego indiscriminado de la OTAN: alrededor de las ocho de la noche sonaba la alerta que anunciaba el inicio de la jornada de ataques.

Ante ello se recomendaba abrir las ventanas para que las ondas expansivas no rompieran los cristales. Nadie sabía en dónde caerían las bombas o los misiles –“inteligentes”, lanzados por gente estúpida, dice el autor– ni cuántos muertos provocarían.

El ambiente de desolación se mezclaba con la tensión del rechazo que ciertos sectores de la sociedad tenían para con el entonces presidente de Yugoslavia, Slobodan Milošević (1941-2006), tildado por Occidente de «dictador», pero defendido por buena parte de los serbios y cuya renuncia y entrega del país era el principal objetivo de la OTAN, detrás del discurso en el que se indicaba que la defensa de Kosovo (la parte de Serbia habitada por miles de albaneses que buscaban la «independencia» y la expulsión de los serbios de dicho territorio) era la finalidad.

Aquellos bombardeos destruyeron cualquier cantidad de edificios de Belgrado, incluido el de la televisión estatal, en el que fallecieron 16 comunicadores acusados de ser fieles a Milošević. También fue atacado un tren civil en un puente en las inmediaciones de la ciudad de Niš, donde murieron varios civiles.

El terror se expandió por todas las regiones de Belgrado y otras ciudades yugoslavas. El propio Dušan Veličković relata que era un asedio del que no se sabía quién sería la próxima víctima. El ambiente era de desesperanza, pero también de rabia ante el mutismo del mundo.

Uno de los acontecimientos que más llamó la atención ocurrió el 7 de mayo de ese 1999, cuando la OTAN bombardeó la embajada de China en Belgrado, que provocó el deceso de tres personas. En ese entonces, ni China ni Rusia (incondicional aliado de Serbia) poseían la fuerza que hoy en día tienen, por ello el ataque no tuvo las repercusiones que tendrían en la actualidad.

Los puentes también eran blanco preferido de los genocidas que pilotaban los aviones de la OTAN, esa máquina de matar que opera en decenas de países con plena impunidad. Por ello, cientos de belgradenses se organizaron para colocarse en los puentes, con playeras que tenían un blanco en el frente.

Durante esos meses se vivió un drama del que poco se cuenta. En Amor Mundi, Veličković se enfoca en las experiencias personales, en cómo debió lidiar con el asedio de la OTAN y del propio Milošević. Es una obra que exige reflexión, de la que el genial Milorad Pavić dijo: «Me doy cuenta de que se trata de un libro magnífico y veraz sobre el bombardeo apenas pasadas las primeras páginas, y también de que no podré leerlo hasta el final precisamente por eso, pues ¿qué insensato pasaría por todo aquel horror de nuevo si ya se vio obligado a vivirlo una vez?»

Una de las historias más peculiares tiene que ver con una inspección que la policía debía llevar a cabo en la casa de un joven del que se sospechaba era «traidor». Ese día, los agentes se presentaron en la vivienda; el muchacho no estaba, pero los atendió su madre. Cuando los policías le comunicaron el porqué de su visita, la mujer no mostró rechazo, aunque sí puso una condición: entrarían, sí, pero sin calzado porque había limpiado la casa el día anterior y no estaba dispuesta a volver a hacerlo. Así, los agentes entraron, descalzos y con la misión de registrar cada rincón.

El libro está conformado por textos breves que buscan exponer la situación a partir de la experiencia personal del autor y de sus conocidos, sin restarle importancia al resto de la población. Por el contrario, defiende a ultranza los derechos humanos de las víctimas –de la OTAN y de Milošević– con voz y mirada sobrias que desvelan la calidad del escritor.

Lunes, 12 Marzo 2018 05:22

El mundo detrás de Dukla

Escrito por

Siempre quise escribir un libro sobre la luz.

No soy capaz de encontrar nada

que recuerde más a la eternidad.

 

Andrzej Stasiuk

 

Los grandes escritores se destacan por la capacidad inventiva de su imaginación, la riqueza de sus historias o el arte de su tratamiento. Una historia bien contada siempre resulta atractiva para todo tipo de lector.

Sin embargo, ¿qué ocurre cuando no hay historia, cuando ésta es casi invisible o cuando la trama apenas si se percibe en un cuento o una novela? De entrada, se corre el riesgo de ingresar a un libro del que se saldrá acaso muy pronto.

En 1999, Andrzej Stasiuk (Varsovia, 1960) obtuvo el premio al mejor prosista polaco por su novela El mundo detrás de Dukla (1997). En 2003, Acantilado lanzó la primera edición de dicha obra en español, con traducción de Elzbieta Bortkiewicz y de Juan Carlos Vidal.

Ésta es una novela cuya historia no se centra en la trama. Es más, en las primeras líneas, el narrador advierte que «…no debe existir trama alguna en este relato, porque ninguna cosa debe ocultar otras cosas cuando nos encaminamos hacia la nada…».

El mundo detrás de Dukla comienza con el retorno del narrador a Dukla, ese lugar que lo vio crecer y donde tuvo las primeras impresiones de la vida. En su regreso cuenta el estatismo de los domingos por la tarde, la luz que cubre las horas y todo parece inmóvil, encerrado en una especie de tristeza que acecha ese día a las personas.

El personaje narra cada espacio; no deja resquicio sin ser descrito y cada paso se convierte en un poema en movimiento. El hombre vuelve al sitio después de varios años y encuentra apenas ligeros cambios, pero los espacios permanecen, cuentan lo que años antes no pudo percibir.

Sin duda, la mayor virtud del autor en esta novela es el lenguaje: un lirismo que atrapa al lector y lo lleva a Dukla, un pueblo situado al sur de Polonia, para conocer los rincones que el autor describe con una sensibilidad destacable.

La prosa de Andrzej Stasiuk encanta, convierte al libro en un remanso donde los ruidos del exterior no se escuchan y, en cambio, la inmovilidad de Dukla se planta ante los ojos del que lee y se sabe habitante de ese pueblo.

Hay pasajes de los primeros años del narrador. Destaca a sus abuelos, la vida de entonces, las costumbres, la capacidad de existir con la mera presencia. O la aparición de Wasyl Padwa, un peculiar habitante del pueblo que guarda dinero, pero no con buenos resultados.

El protagonista es Dukla, sus espacios, su gente. Stasiuk hace del pueblo un mundo, pero en cada rincón, cada resquicio, describe un microcosmos con una maestría y una sutileza únicas que nos colocan frente a frases escritas con seda.

El mundo detrás de Dukla es una novela de 191 páginas para beberse a sorbos, degustarla frase a frase y deleitarse con el destacado lirismo de Stasiuk. Es asimismo como si la luz se posara sobre los cuerpos, sobre los espacios, se infiltrara entre los resquicios: todo está cubierto a través de las descripciones. Es un libro, pues, para disfrutar con todos los sentidos.

Lunes, 05 Marzo 2018 05:42

Las uvas de la ira

Escrito por

Robar un banco es un delito,

pero más delito es fundarlo

 

Bertolt Brecht

 

Hace un tiempo era muy común escuchar o leer acerca de los desahucios. En los últimos años, en España, miles de familias (no existe una cifra exacta) han sido despojadas de su vivienda o echados del sitio en el que vivían por la imposibilidad de pagar el alquiler o las hipotecas. Los métodos de los desalojos han causado indignación entre diversos sectores de ese país y a nivel internacional, pues casos ha habido en los que la gente que se queda sin techo es anciana, sin posibilidades de trabajar ya sea por enfermedad o por la edad misma.

A estas alturas, aún hay quienes se empeñan en vender la imagen de España como ejemplo, particularmente para México. Los desahucios son la punta del iceberg de un país cuyos índices de desempleo y desigualdades son de los más elevados de las naciones que conforman la Unión Europea. No obstante, los desalojos no son nuevos ni exclusivos de dicha nación.

La semana pasada, en este espacio recomendé la lectura de Manhattan Transfer (1925), una novela de John Dos Passos (Chicago, 1896-Baltimore, 1970) en la que aborda la deshumanización de la sociedad empujada hacia el llamado «progreso».

Mi recomendación de esta semana es una novela que tiene que ver justamente con desahucios, despojos, desigualdades e injusticias: Las uvas de la ira (Promexa/Diana, 1979), de John Steinbeck (California, 1902-Nueva York, 1968), quien en 1962 fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura y que, como Dos Passos, perteneció a ese grupo de autores que conformaban la «Generación perdida».

Publicada en 1939, Las uvas de la ira despertó polémica entre el sector tradicionalista –e hipócrita– de la sociedad estadounidense. Hacia 1929, la Gran Depresión sumió a los Estados Unidos en una crisis que, como toda crisis, afectó, primero y en mayor medida, a la clase trabajadora. Esta crisis provocó que cientos de familias de estados del sur se desplazaran en busca de paliar la marginación a la que los campesinos fueron sometidos.

La novela de Steinbeck está ambientada en la década de los treinta y narra la historia de los Joad, una familia que se ve obligada a abandonar sus tierras por la eternamente insaciable voracidad de los bancos. Sin tierra y sin trabajo, embestidos por la miseria, los integrantes deciden viajar hacia California, pues se ha rumorado que allí las cosas pintan bien y hay trabajo y comida para todos.

Tom Joad, el protagonista, vuelve a su tierra luego de haber estado preso. Pero se encuentra con la nada, con la ausencia de su familia. Luego se entera del viaje y se une a la aventura, acompañado por el predicador de la comunidad.

Las carreteras están llenas de camiones cargados de familias y lo poco que pudieron rescatar; todos van en busca de un sueño californiano. Sin embargo, también los hay quienes vuelven de la búsqueda y advierten del exceso de trabajadores y la pírrica paga. Sin embargo, eso no desanima a los Joad y deciden seguir, comprobar por ellos mismos el desencanto. La novela relata todas las desavenencias que esa familia debe librar en busca de sobrevivir.

La obra en sí es una denuncia y cuestiona las prácticas del capitalismo. El autor la escribió basado en artículos periodísticos que él mismo escribió en los que daba cuenta de la situación de los trabajadores del sur de los Estados Unidos, principalmente en los campos de cultivo.

Steinbeck retrata la realidad de un país donde la miseria y los abusos son una realidad; las situaciones que se narran podrían rayar en lo extremo, pero no son sino un reflejo de la vida en el llamado «país más desarrollado del mundo».

Hoy en día, en pleno siglo XXI, esta obra es censurada entre las familias más conservadoras del país vecino del norte, enquistadas en una sociedad consumista e individualista, imposibilitada para echar una mirada al otro. Se trata de una novela extensa (511 páginas en la citada edición), pero con un tono fluido que permite una lectura rápida.

Las uvas de la ira es un texto que se publicó por primera vez en 1939, pero cuyos problemas abordados por Steinbeck continúan vigentes y parecen ensancharse conforme aumentan las ambiciones de las elites.

En 1940, John Ford dirigió una película basada en esa novela, con Henry Fonda como protagonista. La cinta obtuvo seis nominaciones al Oscar y se hizo acreedora a dos: Mejor Director y Mejor Actriz de Reparto (Jan Darwell).

Otras obras destacadas de John Steinbeck son De ratones y hombres (1937), La perla (1947), Al este del Edén (1952), Dulce jueves (1954), entre otras.

Lunes, 26 Febrero 2018 05:15

Manhattan Transfer

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La Generación perdida es un grupo de escritores nacidos en Estados Unidos hacia finales del siglo XIX y principios del XX, con cierta influencia europea. Se la denomina así porque les tocó vivir fases creativas «perdidos» en el periodo de entreguerras y participaron de conflictos bélicos.

Los nombres más destacados de este grupo son los narradores William Faulkner (1897-1962), Ernest Hemingway (1899-1961), John Steinbeck (1902-1968), Francis Scott Fitzgerald (1896-1940) y John Dos Passos (1896-1970), así como el poeta Ezra Pound (1885-1972).

Si hay que agregar algo respecto de su importancia es que los tres primeros fueron Premios Nobel en los años 1949, 1954 y 1962, respectivamente, además de que figuran entre los escritores más importantes del siglo XX.

Algunas características de la Generación perdida son, principalmente, el pesimismo, una fuerte crítica a la guerra y su inutilidad, a la voracidad del capitalismo, así como a lo que los políticos de la actualidad llaman «desarrollo» y «progreso».

La recomendación de esta semana es una novela que gira en torno a estos conceptos: Manhattan Transfer (Bruguera, 1980), de John Dos Passos.

Esta novela fue publicada en 1925, es decir, cuatro años antes del inicio de la Gran Depresión estadounidense. Con maestría, el autor ya anticipaba las catástrofes económica y social que devinieron tras el crack financiero del 29.

La estación Manhattan Transfer sirve a Dos Passos como metáfora para desarrollar la que es considerada –quizás– su mejor novela, pues en aquélla, como en todo paradero del transporte público, confluyen personajes que se cruzan de forma constante o que nunca más se vuelven a ver.

El escenario es la ciudad de Nueva York de los años veinte. No ocupa nada más el telón de fondo, sino que el escritor hace de ella un personaje, acaso brutal: devora seres y sus sueños un día sí y el otro también; luego los regresa al mundo como almas grises, despojadas de toda esperanza: hombres y mujeres completamente desolados.

La historia de la novela no está centrada en un personaje en sí, sino más bien a la masa en su conjunto: Dos Passos entrega un collage en el que nos da cuenta de los sueños y las aspiraciones de un montón de hombres y mujeres que creen que en Nueva York hallarán –y lo llevarán a sus vidas– el ideal de bienestar.

Con base en estas motivaciones es que cada ser fluye a través de párrafos y párrafos; sin embargo, Dos Passos no permite profundizar en la vida de las personas, pues en cuanto el lector comienza a saber algo más, llega el cambio repentino, los espacios en blanco en las hojas como símbolo del vacío.

En la obra hay jóvenes que anhelan hacer dinero, mujeres que buscan alcanzar la felicidad, suicidas, obreros, políticos, sindicalistas; seres atormentados que beben alcohol, pese a la prohibición… Éste es un elemento de la crítica de Dos Passos hacia la sociedad norteamericana de su tiempo; sabe que, pese a la falsa transparencia en la política de ese país, la corrupción es uno de los tantos defectos sobre los que está cimentada la democracia estadounidense.
La novela no es corta (472 páginas en la citada edición), pero se lee a buen ritmo; está escrita con una técnica de alguna forma innovadora del autor en cuanto al collage que ofrece al lector a través de cientos de páginas.

El ritmo se mantiene, pese a que no existen momentos de tensión ni hay una trama que exija la atención del lector, aun cuando sólo algunos de los personajes vuelven a aparecer, años después, ya en desgracia. Muchos son presentados y pronto desaparecen, sin saber nada más de ellos. De otros, nos enteramos de sus fracasos. Porque, en el fondo, es una novela de fracasos, de la soledad como único recurso para encarar la derrota frente a una sociedad que exige materializar los sueños para comprobar el éxito.

En esta obra encontramos a un John Dos Passos pesimista, pero a la vez desengañado de las falsas ventajas del progreso y demás mentiras. Sin embargo, como todo gran pesimista, deja un resquicio para que se cuele la esperanza.

Otras obras destacadas de este autor son: Tres soldados (1921), novela de corte antimilitar; la trilogía U.S.A., conformada por las novelas El paralelo 42 (1930), 1919 (1932) y El gran dinero (1936), entre otras.

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