Lunes, 09 Julio 2018 05:26

Lord

Escrito por

¡Ah!, el espejo, siempre queda el espejo

que no me deja mentir: tengo la cara de una fiera,

lo que me queda de cabello, desgreñado,

el ceño cargado, un Beethoven iracundo sin sordera ni música.


J.G.N.


Hay en Sudamérica una riqueza literaria de la que se puede sacar un buen puñado de grandes autores que aparecen en una y otra antologías. Pero hay nombres que se repiten una y otra vez y de pronto dan la sensación de preguntarse si es que no hay más escritores.

En este sentido cae uno en la cuenta de que la brasileña es una literatura acaso poco explorada y de la que nos llega información a cuentagotas.

A propósito de este asunto, esta semana me permito recomendar una novela salida del gigante sudamericano: Lord (2004; Adriana Hidalgo editora, 2006), de João Gilberto Noll (1946-2017).

La historia inicia cuando un hombre brasileño es llamado a Inglaterra por un militar británico. Se sabe que es autor de algunos libros, pero no quién es en sí. No hay un hilo que lleve al lector al pasado de esa persona. ¿Para qué ha sido llamado a Inglaterra? Ni el narrador –que es el propio protagonista– lo tiene claro.

De buenas a primeras, el hombre llega a Londres. Para ello, el británico le envía los pasajes y le otorga una casa a la que debe llegar, pues será su hogar en la capital inglesa.

Sin embargo, el motivo del llamado lo desconoce; el protagonista únicamente menciona que es para una especie de misión, pero ignora más detalles.

Una vez instalado en Londres inicia el viaje del cuerpo que es el narrador. La ciudad, fría y no del todo de su agrado, sirve de pretexto para comenzar a «ser varios», luego de comprobar –espejo de por medio– que no ha sido suplantado por otro.

Las horas se extienden. El recién llegado comienza a recorrer lugares, a desplazarse de un punto a otro en busca de un motivo. Así, la novela va cobrando tintes existenciales mediante las reflexiones del personaje.

El hombre se desenvuelve en la urbe. Se desinhibe. De pronto es consciente de que allí es un desconocido, de que se encuentra en un mundo nuevo. Esta autoafirmación lo conduce a adoptar comportamientos que acaso en Brasil no hubieran tenido lugar, tales como cometer robos o meterse en la cama con desconocidos.

En ese zambullirse en las horas llega incluso la pérdida de la consciencia. Alguna noche se pregunta qué fue de él en todo el día, en dónde estuvo. Diríase que al comienzo del nuevo día se suplanta a sí mismo para convertirse en uno más que puede ser.

De alguna forma, en la novela hay una especie de derrota del individuo: resulta acaso imposible situarse en un lugar nuevo sin ningún motivo que lo mueva a justificarse en sí, a llenar las horas. Porque la libertad se torna en una bestia con la que difícilmente puede lidiar el hombre.

El personaje va de una ciudad a otra. Se mueve en tren, observa a los otros, se toma el tiempo de imaginar situaciones con algunos de los desconocidos que se topa.

Lord es un grito de libertad, pero también una manifestación del miedo a la misma. El narrador cae inconsciente, ve mermada su salud; el contacto con los otros es una posibilidad de ser alguien más: se diluye en sí mismo hasta convertirse en un ente en busca de explorar límites que antes ni figuraban en su imaginario.

Lunes, 25 Junio 2018 05:17

Amor y obstáculos

Escrito por

Aleksandar Hemon (Sarajevo, 1964) es un escritor bosníaco que escribe en inglés y actualmente es una de las voces más importantes de su país. Su historia es peculiar.

En 1992, cuando inició el asedio en la capital de la hoy independiente Bosnia-Herzegovina, Hemon se encontraba en Chicago. Lejos de su familia, allí lo sorprendió la guerra de los Balcanes y no tuvo otra opción que seguir los detalles a la distancia.

Imposibilitado para escribir en su lengua, el autor decidió hacerlo en inglés. Pronto, sus primeros relatos fueron publicados en The New Yorker, Esquire y The Paris Review con buena crítica.

Esta semana la propuesta de lectura que me permito hacer es Amor y obstáculos (Duomo, 2011), una novela contada a través de ocho relatos por un personaje que vive entre los recuerdos previos a la guerra y las posteriores experiencias. Es considerada una obra con fuerte carga autobiográfica.

En el primer texto, «Escalera al cielo», el narrador es un adolescente que vive en Zaire; entre lecturas de Rimbaud, canciones de Led Zeppelin e invocaciones de Conrad, busca escribir en el diario que le prometió a su mejor amiga, la cual se quedó en Sarajevo. Ya desde ese primer encuentro el lector descubre un tono a veces pesimista, a veces nostálgico, pero siempre con el deseo intacto de compartir sus vivencias.

En «Todo» se cuenta la historia de un chico que viaja solo por primera vez. Debe ir en busca de un frigorífico a Eslovenia. Aborda un tren en el que conoce a un serbio y a un bosníaco. De pronto, el encuentro raya en lo absurdo y el ambiente parece opaco, cenizo, pero dotado de una prosa fluida.

En otro relato el narrador es un escritor confundido con un director de orquesta por Muhamed D., el mayor poeta bosníaco de esa época. El autor describe el momento cuando conoció al poeta, tiempo atrás; sus años de escritor en ciernes entre calles y sitios sarajevitas, no sin un dejo de nostalgia: ahora vive en Estados Unidos.

Cuando el poeta es invitado a ese país norteamericano, el autor echa mano de su experiencia y describe una estancia de Muhamed D. para el olvido en esa nación (a menudo hay una fuerte crítica a la sociedad estadounidense). Él y el poeta terminan con una borrachera monumental.

«Las abejas, primera parte» deja ver el carácter del padre del narrador. Confiesa que nunca le gustaron los libros de ficción, los escritores en general. Sin embargo, el hombre termina por retractarse y él mismo comienza a escribir una novela en la que habla de su infancia en los días de Yugoslavia, de su familia, de los colmenares que fueron el sustento de los suyos, pero todo terminó con la llegada de la Segunda Guerra Mundial.

En «Comando americano» encontramos uno de los textos más conmovedores del libro (en realidad, todos lo son). El narrador es un bosníaco refugiado en Estados Unidos. Cierto día lo contacta una estudiante que trabaja en una especie de documental relacionado con la guerra de los Balcanes como proyecto para titularse.

La chica graba el relato del joven, quien, frente a la cámara, habla de sus recuerdos en la Sarajevo de su infancia. Tenía algunos amigos con los que solía jugar en un viejo edificio, pero que un día les es «arrebatado» por los Obreros, nombre que le dan al grupo de los «enemigos» que los han despojado de su sitio.

Los trabajadores ignoran la existencia de esos chicos; éstos, sin embargo, deciden comenzar una «guerra» en contra de ellos. En un principio dejan escritos con insultos dirigidos a los obreros en los que les mencionan a sus madres y a sus hijas. Luego tratan de hacerlos abandonar las labores con «ataques» de los que ni se enteran los otros. Así comienza un conflicto que se inventan los niños con tal de derrotar a sus enemigos.

El narrador cuenta cómo buscaba intimidar a los demás con frases pronunciadas con un inglés chicloso que considera intimidatorias para todo aquel que se le pusiera enfrente.

El estilo de Aleksandar Hemon es fluido y limpio. Se trata de un escritor que goza al contar historias, aun cuando éstas tienen un trasfondo oscuro.

Lunes, 18 Junio 2018 05:21

La travesía de la noche

Escrito por

Desde el fondo del abismo, yo también

llamo a Dios como tantos otros lo hicieron.

En La travesía de la noche

Quizá el mayor trauma del mundo en el siglo XX fue la Segunda Guerra Mundial. Ese conflicto, que se cobró la vida de millones de personas, dejó ver el lado más deplorable del ser humano, por un lado, y por otro, su capacidad para aferrarse a la vida, aun cuando todo es adverso.

Se han escrito muchos libros, rodado decenas y decenas de películas, dictado conferencias, etc., acerca de esos años terribles, de los más oscuros en la historia de la humanidad. Sin embargo, ante el asombro y la incredulidad, uno no termina por asimilar lo que ocurrió en ese periodo.

La visión simplista de Hollywood y su industria sólo se refieren a la persecución de judíos por parte del nazismo. No obstante, hay que recordar que el régimen también aniquiló comunistas, romaníes, personas con discapacidad y homosexuales, por ejemplo.

En este sentido, existe una vasta literatura con testimonios, investigaciones e historias de las víctimas que sufrieron en carne propia los horrores de los campos de concentración, de caer en manos del ejército alemán. Me vienen a la mente –sólo por mencionar algunos– Si esto es un hombre, de Primo Levi, y Sin destino, de Imre Kertész.

Hace tiempo cayó en mis manos un libro brevísimo (55 páginas) del que no tenía noticia. Se trata de La travesía de la noche (Arena Libros, 2006), un relato de la francesa Geneviève de Gaulle Anthonioz (1920-2002) en el que da cuenta de su experiencia en prisión y su posterior traslado a un campo de concentración nazi.

Sobrina del general Charles de Gaulle (1890-1970; presidente de Francia de 1958 a 1969), Geneviève combatió en la Resistencia desde 1940. Hacia 1943 fue apresada e internada en la cárcel de Fresnes, en París, de donde la trasladaron al campo de concentración de Ravensbrück, en Alemania, un sitio destinado principalmente a mujeres.

Lo vivido en ese periodo sirve a De Gaulle Anthonioz para escribir La travesía de la noche. Pero hay que destacar que no lo escribió sino más de cincuenta años después de dichos sucesos. En este sentido, es de destacar que muchos sobrevivientes del horror guardaron silencio o no pudieron decir el miedo, el pánico, todo lo que vieron, sintieron y experimentaron en esos espacios de la ignominia. Así sucedió con la autora.

Destacan la sobriedad y la lucidez para decir las cosas. Es el resultado de décadas de reflexión; pese a su brevedad, estamos ante un relato que abarca temáticas que van desde la injusticia hasta Dios. Porque –confiesa– nunca perdió la fe; en la noche más oscura de su vida, allí recurría a sus creencias: «Intento rezar, el Padre nuestro, el Dios te salve María, fragmentos de salmos» (p.12), desde la soledad aludía a su Dios y estaba convencida de que habría luz al final de esa oscuridad.

La travesía de la noche es un testimonio desgarrador que conmueve y nos recuerda que intentar destruir la humanidad es el mayor crimen que hay en el hombre.

La estancia de la autora en una celda, sola, en medio de la noche, no la reduce a sí misma: Geneviève piensa en la situación de las otras mujeres, en su futuro: «Pero ¿qué será de ellas? ¿Quedarán supervivientes de entre nosotras?» (p.12).

Sobrevivir al horror marcó el espíritu de la autora. En 1956 asumió la presidencia de la Asociación nacional de las antiguas deportadas e internadas de la Resistencia. Su solidaridad la llevó a formar parte de diversos grupos a favor de las víctimas y de los derechos humanos, siempre como una voz autorizada.

 

 

Lunes, 11 Junio 2018 05:22

Diario de un aspirante a santo

Escrito por

Quien comienza hoy este diario es, en opinión de todos,

un hombre ya gastado. ¿Es posible, sin embargo, que un hombre

gastado sea capaz de una resolución como la que acabo de tomar?

 

En Diario de un aspirante a santo

 

¿Puede alguien despertar un día y decir: «Quiero ser santo»? ¿Cómo se comporta un hombre que decide aspirar a alcanzar la santidad, en un mundo de constantes cambios? He aquí el argumento de la recomendación de este semana: Diario de un aspirante a santo (1927; Ediciones Del Equilibrista, 1993), del francés Georges Duhamel (1884-1966).

Ya desde el título el libro invita a adentrarse en sus páginas. Al principio, el lector se topa con un brevísimo prólogo del cubano Eliseo Diego, quien se encarga de sembrar la curiosidad en quien tiene la novela en sus manos.

Cuenta el cubano que cuando leyó esta obra «me conmovió –y me conmueve aún– su visión compasiva, delicadamente irónica, de las debilidades humanas, y lo coloqué en la misma capilla donde veneraba a don Miguel de Cervantes».

Una vez adentrado en la historia, el lector se encuentra con el personaje-narrador, Luis Salavin, quien no es más que un oficinista gris que ve transcurrir la rutina de sus días en una ciudad de París nada atractiva y, ante ello, un 7 de enero decide que será santo, justo el día de su cumpleaños número cuarenta.

Para conseguir su empresa se pone un plazo de quince años e inicia la escritura de un diario en el que guardará sus experiencias. Sin embargo, ante el temor de que la libreta sea encontrada por su esposa y con ello se descubra su campaña, opta por suplir la palabra santo.

Oficinista de una empresa lechera, Salavin va por la vida con su carácter algo desconfiado. Es un observador que se detiene a contemplar a los otros, el entorno en el que está inmerso y del que anota sus reflexiones en el diario.

A través de esos apuntes descubrimos a otros personajes que forman parte de su cotidianeidad, tales como el director del personal, el señor Mayer, un hombre de aproximadamente cincuenta años, de rasgos finos y cansados, y el empleado Jibé, uno de los personajes más llamativos de la obra.

Por momentos encontramos a un Salavin atormentado por no saber cómo él, ese oficinista, puede alcanzar la santidad. Y más: cómo conseguirlo en una ciudad como en la que vive.

Con el paso de los días el comportamiento del protagonista sufre cambios que poco a poco modifican su vida diaria. Uno de ellos se da cuando decide abandonar su casa y mudarse a un sitio de alquiler, lejos de alcanzar las comodidades que acaso tenía en su hogar.

Aquel espacio le permite una mejor contemplación del exterior y de sí mismo. El diario deja ver sus preocupaciones más hondas; reflexiona acerca de diversos órdenes, desde lo moral y lo ético, hasta el repaso de vidas de santos de los que busca una guía para conseguir su meta.

Luis Salavin es un hombre afligido por las circunstancias, por su tiempo. Como apunta Eliseo Diego, se trata de una lectura profundamente conmovedora, pero no en el sentido de la autocompasión, sino por la visión acaso ingenua que el hombre tiene del mundo.

Aunado a lo anterior, Jibé adereza la historia con su peculiar comportamiento. Además, es un reto del hombre para el hombre con el fin de medir hasta dónde se es capaz de sentir empatía por el otro.

Pero no se crea que sólo encontraremos compasión y dolor en la novela. También hay pasajes divertidos que la convierten en una lectura por demás amena y altamente recomendable para estos días.

El final de la historia queda ahí para ser descubierto por el lector que se anime a buscar esta obra, la cual –sin duda– le dejará un grato sabor.

Lunes, 04 Junio 2018 05:09

Memoria de elefante

Escrito por

…me despido y te llamo sabiendo que no vendrás

y deseando que vengas del mismo modo

que, como dice Molero, un ciego espera

los ojos que encargó por correo.

 

A.L.A.

 

António Lobo Antunes (Lisboa, 1942) es un autor del que ya no se puede escapar una vez que se ha sumergido en alguna de sus novelas. El eterno candidato al Nobel cuenta con una vasta obra que es aclamada no sólo en Europa, sino en diversas partes del mundo.

Acreedor de varios premios, el portugués ha ganado prestigio y respeto no nada más por los galardones, sino por la calidad de su escritura: es un autor complejo cuya prosa –cargada de poesía– envuelve al lector en una forma de hipnosis de la que se sale como se vuelve del sueño.

En esta ocasión vuelvo a recurrir a Lobo Antunes para la recomendación de esta semana. Antes ya comenté acerca de su novela El orden natural de las cosas, pero ahora me referiré a Memoria de elefante (1979; Mondadori, 2005, con traducción de Mario Merlino).

De entrada hay que mencionar que ésta es la primera novela del lusitano y puede ser la puerta de acceso para acercarse a su obra. El narrador/protagonista es un psiquiatra (al igual que Lobo Antunes) que manifiesta su inquietud por dedicarse a su verdadera pasión: la literatura.

Durante un día y una noche, el narrador cuenta la crisis existencial por la que atraviesa a raíz de la separación de su esposa, a la que aún ama, y todas las circunstancias que conlleva la vida de un hombre como él. Ella también aún lo ama a él: las razones de la ruptura son desconocidas.

No es una novela de amor en sí. En ella, el escritor suelta un monólogo en el que repasa pasajes de su vida: la formación profesional, el trato familiar, la guerra de Angola, etc. Lobo Antunes se cobija con autores clásicos –Queirós, Quevedo, Brontë, Carroll– para echar mano al texto y apelar a su sombra para presentarse ante la Señora Literatura.

En Memoria de elefante hay arranques del futuro Lobo Antunes. Con total honestidad –virtud de los más grandes escritores–, comparte con el lector aspectos íntimos y comprometidos de su vida que lo marcaron para inclinarse a la escritura.

El narrador se habla y escucha a sí mismo con la intención de reconocerse y ver en qué momento se perdió con el fin de reencontrarse. A veces parece ser un monólogo frente al espejo: un poeta/narrador le cuenta a la imagen quién es en ese momento el de carne y hueso.

Hay muchas alusiones literarias, como si con ellas encontrara la forma de estacionarse definitivamente en la literatura, la verdadera vocación del psiquiatra que ensaya y encamina al futuro literato que hallará en las letras el verdadero amor.

El título es «loboantuniano» por excelencia: poseedor de una memoria impecable, el autor ha manifestado que la memoria es uno de los principales recursos de los que echa mano un escritor. Así, en Memoria de elefante abre la puerta al flujo de recuerdos que recorren las páginas de su obra, que –repito– no es de fácil acceso, pero sí es distinta y representa una calidad que colocan al portugués a la altura de los mejores escritores del mundo que hay en la actualidad.

Acerca de esta novela, el propio Lobo Antunes ha dicho que está llena de defectos, pero que si él fuera editor, la publicaría por todo lo que promete en sí.

Si se toman en cuenta las posteriores obras, podría decirse que estamos ante el esbozo de lo que será el futuro creador de novelas como El orden natural de las cosas (1992), Esplendor de Portugal (1997) y Buenas tardes a las cosas de aquí abajo (2003), entre tantas otras que conforman un universo literario rico en imágenes, en recursos y en la calidad de un autor que extrañamente no es tan conocido en el continente americano como se supondría.

Si entre uno de los propósitos del lector está el de leer más o descubrir nuevos autores, Antonio Lobo Antunes es una apuesta segura. Memoria de elefante puede ser el acceso para ingresar al fascinante mundo del portugués que no decepciona a los lectores.

Lunes, 28 Mayo 2018 05:16

Sara y Serafina

Escrito por

Sarajevo, con su jodido túnel,

está unido al mundo

como un recién nacido

a su madre por el cordón umbilical.

 

Dževad Karahasan

 

Entre abril de 1992 y febrero de 1996, la ciudad bosnia de Sarajevo vivió un asedio que provocó un éxodo: más del 30 por ciento de la población abandonó sus hogares en busca de sobrevivir. En otros casos, la muerte les impidió marcharse. Principalmente a los musulmanes.

Poco a poco, la ciudad sitiada se quedó sin suministro de víveres, de agua y de energía eléctrica; entre penumbras, los habitantes se movían ora para salvar sus vidas, ora para que incluso los alcanzara una bala o en busca de agua y alimentos.

Se dice que en el cruce de las calles Tršćanska y Kranjčevićeva hubo muchas muertes provocadas por francotiradores que hacían blanco en los habitantes locales para generar miedo y terror. Pero ese lugar también se convirtió en una forma de cortar con el sufrimiento y el dolor de una sola vez: personas hubo que se paseaban por allí de forma intencional para que los francotiradores les dispararan.

Lo anterior forma parte de un tema recurrente en este espacio: la Guerra de los Balcanes. Los testimonios de ese conflicto son innumerables y en cada uno hay historias desgarradoras que conmueven hasta el llanto. Hay películas que abordan el tema y sobresalen muchos libros.

Esta semana me permito recomendar Sara y Serafina (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, 2006), una novela del bosnio Dževad Karahasan (Duvno, 1953).

La historia es narrada por el dueño de una cocina económica instalada en Sarajevo al que le toca vivir la guerra en carne propia, desde las calles sarajevitas. Escucha el tableteo de las armas largas, los estallidos de bombas y granadas. Pero también el silencio que sobreviene a las desgracias.

El hombre –del que no sabemos cómo se llama– relata la historia de Sara (nacida Serafina pero que decidió llamarse Sara, a secas), una mujer entrada en años que vive con su hija Antonija.

Sara y su hija tienen la posibilidad de abandonar Sarajevo en busca de salvar sus vidas, a través de un contacto que les facilitará dejar la ciudad, siempre y cuando comprueben que tienen el bautismo. La madre lo tiene, pero su hija no, aunque será fácil comprobar que es cristiana.

Sin embargo, Antonija acepta siempre y cuando vaya consigo Kenan, su novio, un musulmán al que también están dispuestos a sacar del sitio.

Sara se resiste a dejar la ciudad. Se trata de una mujer inteligente, pero que lucha todo el tiempo contra su otro yo, Serafina, desde hace décadas. La necedad la impide dejar su casa para que la pongan a salvo. La necedad y las razones que ella manifiesta mediante monólogos que llegan a conmover al lector.

La trama de la novela ocurre en veinte minutos. Entre el inicio y el final hay apenas veinte minutos de diferencia. Comienza cuando Dervo, un jefe de comisaría, visita al narrador para decirle que su amiga Sara se pasea por el cruce de Tršćanska y Kranjčevićeva.

A partir de ese momento, el narrador rememora cómo conoció a Sara, las historias que de ella sabe, cómo creció el cariño hacia la mujer… Todo ello con un tono pausado, cadencioso, en retrospectiva.

Una de las virtudes de Karahasan es la paciencia. Porque ante una historia de este talante no es difícil desbocarse y reventar el texto a principios de la novela. Más cuando se trata de una historia de veinte minutos.

En el libro, el autor destaca el valor de la amistad; pero, sobre todo, la importancia de la solidaridad y tender una mano hacia aquellos que la necesitan, aun cuando se trate de desconocidos. También alude a los dilemas morales, a la culpa y al permanente miedo que sufren los habitantes de una ciudad sitiada.

Ignoro si la obra está basada en una historia real. No obstante, el realismo que retrata es crudo, demoledor, aunque también regala imágenes como remansos donde el lector reposa, casi con una sonrisa tibia en el rostro.

Lunes, 21 Mayo 2018 05:19

Lejos del horizonte perfumado

Escrito por

En 1967 se produjeron los acontecimientos

que cambiaron el rumbo de mi vida.

Aquel año, en junio, el Estado de Israel

ocupó militarmente mi espacio vital…

 

Salah Jamal

 

A raíz de la ocupación-invasión israelí, iniciada en 1947, cientos de miles de palestinos han sido asesinados, despojados de sus tierras y obligados a desplazarse bajo el amparo y la complicidad de numerosos países de Occidente, encabezados por Estados Unidos. El pasado lunes 14 de mayo, fuerzas israelíes asesinaron a unos sesenta palestinos e hirieron a alrededor de dos mil quinientos en una nueva sangría por parte del ente sionista, durante una manifestación por la apertura –ilegal– de la embajada de EE.UU. en Jerusalén.

Esta semana la recomendación llega de aquellas tierras. Salah Jamal (Nablús, Palestina, 1951) se vio en la necesidad de exiliarse en Barcelona ante el terror impuesto por Israel entre sus coterráneos y la impunidad de la que hoy en día goza ese régimen genocida.

Derivado del abandono de su patria, Jamal escribió una novela titulada Lejos del horizonte perfumado (RBA, 2004). Escribir desde la distancia ofrece a los lectores la posibilidad de conocer las experiencias –siempre dolorosas– de cómo enfrentar el exilio, la soledad y los mundos nuevos, no por iniciativa propia sino orillado a hacerlo por cuestiones políticas.

En Lejos del horizonte perfumado, el también médico, historiador y profesor cuenta la historia de un joven beduino llamado Mohammed Pirjawi Unnab Jalilidin Osrama Lumary, a quien las circunstancias de la vida convierten en Mohammed Pujol, dada la complejidad de pronunciar su nombre completo de corrido.

Ante el despojo israelí, el joven palestino abandona su tierra y el destino lo coloca en Ciudad Condal, Barcelona, donde su familia cuenta con una amiga dedicada a la prostitución.

En un mundo completamente nuevo para sus ojos, el muchacho aprenderá a manejarse en los bajos fondos, entre prostitutas, ladrones y un sinfín de personajes que le permitirán acceder a un universo completamente ajeno al suyo.

En sus andanzas por Barcelona, Mohammed conoce a una mujer de la alta sociedad que le abrirá las puertas de la sensualidad, del misterio de los cuerpos: accede a la educación sentimental.

Las estadías del joven en la casa de esa mujer permiten a Jamal ofrecer una muestra de la cocina árabe con recetas, rituales, aromas… De tal forma que el lector disfruta, entre párrafo y párrafo, sabores y aromas que envuelven a la lectura en un ambiente ameno, perfumado; cada platillo se enreda en la nariz y ello convierte a esas páginas de la novela en un platillo extra.

La obra en cuestión también aborda la pérdida, la soledad, la nostalgia, el amor y el deseo. Y Salah Jamal lo hace mediante formas sutiles y directas, con altas dosis de ternura y un amplio conocimiento cultural de las sociedades enfrentadas. Porque el texto ofrece la posibilidad de conocer y desvelar ambos mundos: el árabe, con sus creencias, sus rituales, y el occidental de los años setenta y principios de los ochenta, particularmente el catalán, con el avistamiento de los cambios radicales que suponían los supuestos avances de la humanidad en materias diversas.

Pero no todo es nostalgia en la historia. Desde los primeros párrafos, el autor ofrece múltiples episodios divertidísimos que dan cuenta de que no se trata de una novela cubierta con el manto de la tristeza y la nostalgia. No. En la historia nos enfrentamos a anécdotas de desencuentros con la justicia («hice más visitas a las dependencias policiales que a la universidad»), el descubrimiento de un mundo que le permite descubrir una ciudad de la que, también tiempo después, sentirá nostalgia.

El humor de Jamal provoca carcajadas en el lector. La aparente ingenuidad de Mohammed se comienza a desmoronar desde las primeras lecciones de aprendizaje que conllevan su nueva vida; retrata asimismo ambas sociedades con los viajes del muchacho a su tierra natal y los retornos a Barcelona.

Entre las páginas desfilan diversos personajes divertidos, como el propio padre del protagonista, o El Gallina, un tipo al que conoce en Barcelona y que es líder de Los Pollitos, delincuentes de poca monta que se meten en líos que los colocan en situaciones sumamente divertidas.

Es decir, la novela abarca temas que lo mismo transitan por la denuncia –la ocupación y el despojo de Israel contra los habitantes de Palestina–, el aprendizaje –los encuentros de Mohammed con la mujer que lo acoge en sus brazos–, el humor –hay innumerables pasajes muy divertidos.

En fin, Lejos del horizonte perfumado es una lectura recomendada para quienes buscan conocer de primera mano otra cultura, para paladear entre las palabras, divertirse con anécdotas y episodios, degustar una obra que dejará más un grato sabor al llegar su última página.

Lunes, 14 Mayo 2018 05:37

Vernon Dios Little

Escrito por

Dios sabe que he hecho lo que he podido

para aprender las costumbres mundanas,

incluso tuve el presentimiento de que

podíamos alcanzar la gloria, pero después de

todo lo que ha pasado, no es fácil presentir nada.

 

En Vernon Dios Little

 

Estados Unidos suele presentarse ante el mundo como «ejemplo a seguir» en democracia y defensa de derechos humanos. Incluso se atribuye las funciones de fiscal de este planeta Tierra. Sin embargo, su poder está cimentado sobre decenas de miles de cadáveres y transita por cloacas de corrupción. Es el único país que se concede la libertad de invadir, intervenir, deponer y colocar gobiernos que se ajusten a sus intereses, eternamente manchados de sangre y con peste belicosa.

La sociedad de nuestro vecino del norte –como la nuestra– está idiotizada por la televisión. Ese medio electrónico es capaz de formar –manipular– la opinión entre los ciudadanos, siempre dispuestos a linchar y enjuiciar a quien la pantalla indique.

Éste es uno de los temas que aborda la recomendación de esta semana: Vernon Dios Little (Destino, 2004; traducción de Javier Calvo), de DBC Pierre (Dirty but Clean –sucio pero limpio–), pseudónimo de Peter Finley (1961).

Este autor nació en Old Reynella, Australia, pero se crió en la Ciudad de México, en donde estuvo hasta los veinte años. Su juventud se vio envuelta en escándalos de drogas y estafas (él mismo calculaba que sus deudas eran de aproximadamente doscientos mil euros), lo que llevó a Peter a tener desencuentros y la pérdida de algunos de sus amigos. Tras una terapia de reconstrucción, DBC Pierre escribió su primera novela, Vernon Dios Little, en Londres.

Esta obra –inspirada en una masacre ocurrida en 1999, en una escuela de Estados Unidos– le valió el prestigioso Premio Booker británico de 2003; de inmediato saltó a la fama y despertó críticas de todo tipo respecto de la novela.

Durante una entrevista, el autor manifestó que su obra, en un principio, tenía un tono autobiográfico, pero prefirió liberar al personaje para que la historia tomara el cauce que debía seguir.

Dios Vernon Little cuenta la historia de Vernon Gregory Little, un adolescente de quince años que vive en un pueblo ficticio llamado Martirio, ubicado en el estado de Texas.

Es un muchacho inseguro y frustrado que desconfía prácticamente de todo lo que lo rodea. Poco o nada sabe de su padre, quien desapareció un día, sin más. Pero se quedó con su madre, Doris Eleanor Little, una mujer que se encarga de fastidiarlo –acaso inconscientemente– y hacer de los días de Vernon algo inhabitable.

La vida del chico da un giro radical cuando su único amigo, Jesús Navarro, se suicida tras realizar una matanza en la escuela donde ambos cursaban. Inmediatamente después, Vernon es convertido por los medios en el chivo expiatorio de esa masacre.

El adolescente se ve obligado a inventarse historias ante los señalamientos que pesan en su contra, aun sin haber iniciado las investigaciones del caso. Vomita frases internas –es el narrador de la historia–; escupe, sin falsos prejuicios, todo lo que piensa de la gente de su pueblo.

Muy pronto, este caso cobra relevancia más allá de Texas. Agobiado por la presión mediática y los juicios de sus vecinos, Vernon decide huir de Estados Unidos para refugiarse en una playa mexicana. Sin embargo, no llega a tierra azteca sin antes verse envuelto en cómicas aventuras.

Pero el gusto dura poco, ya que se ve traicionado por la chica de la que está enamorado. Por ello vuelve a Estados Unidos, donde un farsante que se hace pasar como periodista de la CNN ya ha conseguido montar un jugoso negocio con ese caso, a tal grado que el proceso del juicio se convierte en un reality show.

Una vez que Vernon es condenado a la pena capital (decorosa forma de llamar a un asesinato al estilo gringo), el falso periodista consigue la atención y el patrocinio de diversos medios y marcas para transmitir los hechos que ocurren en el corredor de la muerte. Incluso, el público decide quién debe ser ejecutado, a través de llamadas telefónicas.

Se trata de una comedia negra dotada de humor, pero detrás hay una crítica a la sociedad teledirigida estadounidense, cargada de prejuicios y gustosa de ser fiscal mediante lo que le ordena la televisión.

De forma inteligente, DBC Pierre ridiculiza al sistema judicial, a los medios, a las familias y a todo aquello que conforma el núcleo social norteamericano. Es asimismo una sátira a la cultura occidental.

La novela atrapa desde el primer párrafo y su lectura es ágil. De pronto, el lector se topa con episodios que parecen ridículos e inverosímiles, pero que no son sino un fiel retrato del país autoproclamado «salvador del mundo» y ejemplo de las «causas justas».

Es una obra altamente recomendable que sacará más de una carcajada al lector que se atreva a sumergirse en sus 307 páginas con un estilo fluido.

Lunes, 07 Mayo 2018 05:29

Pieza única

Escrito por

El aire, desde siempre, ha estado lleno de sueños.

En realidad, los sueños están por todas partes a nuestro alrededor.

 


Milorad Pavić

 


Hay quienes opinan que los temas en literatura están agotados, que ya se ha dicho todo lo que se tenía que decir. Sin embargo, el arte de los escritores de hoy en día consiste en el tratamiento de las cosas, en cómo se cuenta una historia. Ahí es donde radica la originalidad, si es que aún hay cabida para ésta.

Uno de esos autores originales es el serbio Milorad Pavić (Belgrado, 1929-Ibídem, 2009). Tan es así, que es conocido como el «primer novelista del siglo XXI» por su Diccionario jázaro (1984), calificada por él como novela-léxico por la cual se hizo acreedor al premio NIN, el máximo galardón a las letras serbias. De esta novela existe una versión femenina y una masculina… Pero en esta ocasión me referiré a otra obra.

Una destacada editorial independiente que existe en México es Sexto Piso. Esta agrupación cuenta con cientos de títulos de autores consagrados (Dostoyevski, Melville y Kafka, por ejemplo), algunos que ya gozan de reconocimiento y otros, jóvenes pujantes que buscan hacerse camino en el siempre complicado mundo de las letras.

Entre las publicaciones de esta editorial destacan, precisamente, tres obras de Milorad Pavić: las novelas Pieza única (2007, con tres ediciones) y Segundo cuerpo (2011), así como el volumen de cuentos Siete pecados capitales (2007). Los tres libros han sido traducidos por Dubravka Sužnjević.

La obra que me ocupa en esta ocasión es Pieza única. Calificada por el propio Pavić como novela-delta, de entrada sorprende que sea un estuche que contiene dos libros que se complementan.

La novela versa sobre una serie de asesinatos misteriosos que deben ser resueltos por el inspector Eugen Stross. La historia se destaca por la originalidad de Pavić, un autor dotado de cualquier cantidad de recursos para hacer que con sus libros el lector se transporte de la realidad al mundo propuesto por el serbio, como una especie de hipnosis.

En el inicio de la novela se encuentra a Aleksandar Klozevits, un andrógino conocido como Aleksa y como Sandra. Aparece en un restorán, vestido de hombre. Luego entran dos individuos y Aleksa se mete al baño para salir convertida en Sandra. Persiguen a esta persona, la alcanzan. A partir de ahí comienzan la historia y el suspenso.

Unos asesinatos, mencioné líneas arriba. Aleksandar Klozevits es un «vendedor de sueños»: tiene la capacidad de hacer que las personas sueñen algunos segundos de sus ensoñaciones del futuro. Sin embargo, el precio que deben pagar para ello es muy alto.

Un mundo astrológico (sin caer en la desfachatez), onírico… Pavić es un escritor que va de los detalles más simples de lo cotidiano a temas que lo colocan como un autor erudito.

En Pieza única también aparecen Distelli, un cantante de ópera que sueña con la muerte de Pushkin; la señorita Marquesina Lempitksa, una «bomba sexual» que se sueña como un niño y regresa siglos (los sueños están en el espacio durante la eternidad, explica Klozevits); un amante, mujeres…

El destino de estas personas cae en la voluntad de Aleksandar Klozevits, que se dice comerciante. Sus habilidades comerciales y la astucia lo llevan a tomar en sus manos el futuro de quienes se acercan a él/ella.

En este primer libro la historia es contada por un narrador omnisciente, con un estilo ágil y ameno. Hay humor, trazos poéticos, fantasía: se trata de una novela para releer y disfrutar una a una sus páginas.

Luego está otro libro que forma parte de la novela-delta: Cuaderno azul. Inspector superior Eugen Stross. En éste se encuentran los apuntes y detalles de las investigaciones del encargado de resolver los asesinatos. Aquí el narrador es en primera persona.

Aunque ya conocemos la historia a través del primer libro, en el cuaderno del inspector hay anotaciones que nos siembran dudas; llega el momento en el que el lector se confunde y hay sospechas respecto de que lo leído anteriormente no ocurrió o no se interpretó de la forma adecuada (es un recurso propio de Milorad Pavić, sin duda).

La historia avanza, fluye: Pavić tiene magia en su pluma. Es uno de esos autores que marcan la vida de un lector por sus historias, la forma en la que las cuenta, la originalidad de su pluma.

Otras novelas del serbio son La cara interna del viento. La novela de Leandro y Hero (Espasa-Calpe, 1993), El último amor en Constantinopla (Akal Literaria, 2000), novela-tarot; Paisaje pintado con té (Anagrama, 2000).

Encontrarse un libro de este escritor es un acto fortuito y, estoy cierto, leerlo es uno de los placeres que se desea repetir. Pavić es, pues, de esos escritores que han hecho de la literatura uno de los sitios más habitables de las bellas artes.

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