Elizabeth Palacios

Elizabeth Palacios

Domingo, 11 Marzo 2018 05:31

Urbanitas felices

Terminar un libro es, tal como dicen, como parir un hijo. Sin embargo, cuando se trata de un libro que busca contar una ciudad pareciera que el hijo quiere tener hermanitos desde que nace. Y es que las ciudades son tan infinitas como lo es la diversidad de intereses de sus habitantes y visitantes.

Así que, un poco obligada por las preguntas que me han hecho en estos días en torno al libro que recién escribí sobre la Ciudad de México, descubrí que lo que realmente busco cuando narro las historias de los habitantes de esta gran urbe es hacer un llamado colectivo a la acción.

El verbo correcto tal vez sería apropiar, sí hacer suya esta megalópolis para poderla rescatar de sí misma. La gran ciudad puede ser un monstruo que se expande y arrasa con todo alrededor pero somos nosotros mismos, sus habitantes, quienes podemos contener la furia del monstruo para que volvamos a la vida sustentable que hoy ya no es una elección, sino una urgente necesidad.

En este primer libro me quise apropiar de la ciudad caminando, pero tal vez después lo haga bailando… ¿Por qué no? Si como bien dicen aquí el que no conoce Los Ángeles no conoce México, y me atrevería a decir que tampoco el que no ha ido a la Ciudadela a bailar danzón o al Patrick Miller a las retas de High Energy. Pero ser urbanitas apasionados va más allá del puro gozo. También implica una gran responsabilidad.

Más allá de las noticias alarmantes que nos dicen que seremos de las primeras ciudades en quedarse sin agua potable, ¿qué sabemos de la crisis hídrica capitalina? ¿Nos ocupamos de averiguar de dónde viene el agua que llega a nuestras llaves y cisternas? ¿Nos da igual que en Iztapalapa la gente viva pendiente de las pipas que les permiten llenar unos cuantos tambos mientras nosotros cantamos bajo la regadera? Lamentablemente, tal vez lo que nos dejará sin agua no es más que nuestra terrible indiferencia.

Por eso es que necesitamos actuar pero, ¿cómo vamos a pensar soluciones para rescatar una ciudad que no conocemos? Tener miedo no ayuda, y los prejuicios, menos.

Caminar es el primer paso para rescatar la urbe. Apropiarnos de las calles pisando fuerte. Volver a saludar al vecino, a comprar en la tienda de la esquina, a ayudar a los más vulnerables, a subirnos a la bicicleta. Bajarnos del auto, dejar de tener miedo del contacto con el otro, respetar las diferencias y olvidar los prejuicios. De eso se trata hacer nuestra esta ciudad, con toda su escala de grises.

La semana pasada tuve el infinito placer de conocer a Charles Montgomery, autor del libro  Happy City: Transforming Our Lives Through Urban Design y fundador de la consultoría The Happy City. En su libro dice algo muy interesante:

"La ciudad no es simplemente un depósito de placeres. Es el escenario en el que luchamos en nuestras batallas, donde representamos el drama de nuestras propias vidas. Puede mejorar o corroer nuestra capacidad para hacer frente a los desafíos cotidianos. Puede robar nuestra autonomía o darnos la libertad de prosperar. Puede ofrecer un entorno navegable, o puede crear una serie de guanteletes imposibles que nos desgastan diariamente. Los mensajes codificados en arquitectura y sistemas pueden fomentar una sensación de dominio o impotencia”.

Entonces sí, caminar y vivir la ciudad es importante pero también es cierto que hay ciudades donde los derechos de las personas que las habitan, particularmente cuando son peatones, han sido prácticamente anulados debido a políticas públicas que favorecen el uso del automóvil o bien, falta de planeación urbana que les ha vuelto inseguras y poco disfrutables.

Un ejemplo de esto es la falta de áreas verdes en las grandes urbes y cómo todo cambia cuando se decide invertir en recuperar espacios públicos o crearlos con ayuda de vegetación. Simplemente el agregar verde al paisaje vuelve a la gente feliz, la hace estar más tiempo en la calle, la motiva a hablar nuevamente con sus vecinos y, por ende, empieza un círculo virtuoso de felicidad pues la inseguridad se reduce cuando la gente se apropia de sus parques, banquetas y bajopuentes.

Montgomery me dijo algo que realmente me hizo sentir que escribir sobre el placer de ser feliz mientras camino —o bailo— por distintas ciudades tiene todo el sentido puesto que todo está conectado. “Nacimos para movernos, no para ser transportados”, es lo que Charles me enseñó. Y ahora estoy convencida de que, una ciudad diseñada para que la gente se mueva libremente será un lugar habitado por personas más felices.

Salgamos a la calle, dejemos el smartphone en casa y volvamos a ser solo caminantes urbanitas en busca de identidad. Dejemos que la ciudad nos abrace y luego, con todas nuestras fuerzas, abracémosla también. No hay rescate posible de lo que no conocemos, ¿no creen?

 

 

 

Domingo, 04 Marzo 2018 05:57

Cena con delito

Desde que te reciben hay una atmósfera de misterio en el lugar. Un color va a determinar con quien compartirás la misión, y la sobremesa. ¿Te suena raro? Pues sí, yo tampoco me imaginaba bien cómo sería la experiencia de tener que descubrir al culpable de un crimen mientras ceno a lado de 9 personas desconocidas.

El viernes pasado tuve la oportunidad de asistir a la primera Cena con Delito que se lleva a cabo en México, gracias a la Sociedad Dante Alighieri que, en su misión de promoción de la cultura y la lengua italiana, ahora nos acerca esta fusión entre teatro, gastronomía y misterio que ya es toda una tendencia en Italia y otros países de Europa.

La Cena con Delito —o Murder Party- es un juego basado en el género de

la novela de misterio que solo puede resolverse con la intuición de un detective. Se trata de un juego basado en el género de la novela de misterio que busca ofrecer una experiencia digna de un thriller a 40 comensales. Debes cubrir dos requisitos indispensables: ser amante de los misterios y de la comida.

No puede ser un evento masivo justo porque se trata de una experiencia interactiva en la que las pistas se van descubriendo poco a poco mientras los actores también cenan y brindan, como los asistentes.

Cuando todo comienza ni siquiera se sabe cuál de todos los personas que tienes alrededor será la víctima del crimen, mucho menos quién de todos es el sospechoso de cometer el delito.

Esta primera Cena con Delito se llevó a cabo en las instalaciones de la Sociedad Dante Alihieri, ubicadas en una vieja casona de la colonia Juárez, en la Ciudad de México, lo cual le añadió atmósfera de época a la escena de la que todos los comensales fuimos parte.

Mientras se nos iban revelando las pistas y la trama de la historia, los meseros iban llegando con cada uno de los cuatro tiempos del menú diseñado y cocinado por el Chef Guiseppe de Pasquale.

Aunque este movimiento de teatro interactivo fusionado con gastronomía es actualmente una moda europea, lo cierto es que no es algo nuevo pues lleva ya más de dos décadas en el gusto de los amantes de los juegos y los misteros.

Se trata de un movimiento que surgió en los años 80 en países anglosajones y pronto se extendió por toda Italia. Actualmente estas cenas se organizan en ciudades como Roma, Milán, Nápoles y Florencia. El objetivo en todas las ciudades es el mismo: descubrir quién es el asesino.

Teniendo como protagonista al giallo (género literario de misterio en Italia), los invitados se sumergen directamente en una historia interactiva. En ocasiones los mismos los mismos comensales son los personajes, a veces actores caracterizan papeles thrillers estimulando la creatividad de los invitados. La Cena con Delito es pues, un ejercicio de preguntas: ¿quién es el asesino, y qué motivos tuvo para cometer tal crimen? Descubrirlo no siempre es simple, de hecho es bastante complejo pues se le agrega el hecho de que no conoces previamente a las personas con las que harás equipo para la misión.

Nosotros estuvimos realmente cerca, en mi equipo, pero nos ganaron los de otra mesa. Ellos se llevaron el premio que en realidad es importante porque las reglas dicen que debe ser uno con sabor a tradición: un buen salami, una botella de vino y un queso bien sazonado.

Los actores alternan el desarrollo de la historia durante el transcurso de la cena, los asistentes tendrán que resolver el caso reuniendo las pistas proporcionadas, interrogando a los sospechosos, reconstruyendo la escena del crimen. Normalmente, los actores-personajes presentan sus historias a los invitados en varios actos, dando

pequeñas pistas sobre el asesinato, lo cual torna interactivo el recinto ya que cualquier objeto y cada espacio podría ocultar detalles relevantes para el desarrollo de las investigaciones. A veces, incluso los platos ayudarán a detectar indicios y pistas nuevas a seguir.

“En Italia la Cena con Delito está de moda, sin embargo, lo que sigue siendo el centro de esto es la comida, las delicias gastronómicas que acompañan a los juegos. Como  suele suceder en la península mediterránea, este evento, además de tener una finalidad lúdica, es otra excusa para comer mucho y sabroso”, relata Luca Galizia, director de la Sociedad Dante Alighieri. “Sin duda, llevar a cabo eventos como la Cena con Delito, recitales de piano o exposiciones de arte italiano, por mencionar solo algunos de los eventos culturales que llevamos a cabo a lo largo del año, es una forma de compartir la cultura italiana en este país, con nuestros alumnos, pero también con el público en general que gusta de conocer un poco más de Italia”.

Algo gratamente sorprendente fue la calidad histriónica de los actores de la Academia de Florencia —que aunque con ese nombre pueda despistar, está en México- quienes animaron la cena representando personajes llenos de enigmas y misterios por resolver y con sus caracterizaciones nos remontaron a los años 40.

Por supuesto no les voy a decir de qué trata el misterio, ni mucho menos quién es el asesino pues aún hay dos fechas más para vivir esta experiencia con la misma historia durante marzo y abril. Para mayo, ya se hará con una historia distinta pero siempre se buscará resolver un crimen.

Lo único que diré es que el viernes aprendí, mientras comía y bebía, que una persona sí puede ser asesinada más de una vez… resuelvan el acertijo en la próxima Cena con Delito.

 

 

 

 

 

 

Domingo, 25 Febrero 2018 05:37

¡Llegaron los días de jazz!

Hace 21 años que las primaveras tienen ritmo en la Ciudad de México. Desde entonces, año con año, los amantes del jazz tenemos una cita a la que acudimos puntuales y fieles. Y ¿cómo no hacerlo? Si es tal vez la única oportunidad que tenemos de disfrutar completamente gratis a las máximas figuras del jazz europeo que viajan a nuestro país no sólo para deleitarnos con una presentación, sino para llenar el ambiente de su música durante todo el mes de marzo.

Y es que, aunque vengan como invitados al EuroJazz, lo cierto es que los recintos jazzísticos de la ciudad también aprovechan la visita de semejantes luminarias y suele haber una interesante cartelera de tertulias y tocadas íntimas a las que es difícil resistirse.

Yo comencé a ser asidua a este festival hace unos cinco años. Ser mamá de un niño de 3 años y no tener grandes ingresos no me dejaban mucho espacio para darme una gran vida social ni pagar grandes espectáculos. Siempre estaba buscando alternativas de calidad pero de acceso gratuito o al menos, accesible, pero a donde además, pudiera ir con un niño pequeño. No resultaba fácil, hay que decirlo.

Sin embargo, este festival fue una delicia desde la primera vez. Mi hijo ama la música y casi podría decir que ha sido porque pudo bailar libremente al ritmo de los bajos y saxos con los que se familiarizó en cada presentación a la que acudimos en las áreas verdes del Centro Nacional de las Artes.

Y es que no sólo se trata de la calidad de los músicos que se presentan, también del ambiente que esta sede tiene. Si bien sí hay sillas muy cerca del escenario, lo cierto es que yo siempre he preferido llevar una manta de picnic y tirarme en el piso a disfrutar la música mientras con mi hijo me entretengo tratando de encontrar forma a las nubes.

Conforme avanza la tarde y la música, también el cielo va cambiando de colores y el atardecer se deja venir a ritmo de jazz. Nada que me guste más.

Me encanta este  festival por la diversidad del público. Lo mismo van jóvenes estudiantes, músicos, escritores, familias, parejas de enamorados y claro, hasta dealers que se las ingenian para ofrecer sus productos. No miento, una vez me tocó que me mostraran una pantalla de un teléfono donde decía de manera muy creativa y colorida la palabra AJOS… me reí y moví la cabeza negativamente. No, no me estaba ofreciendo ingredientes para preparar unos camarones al mojo… jeje.

Otra ocasión unos chicos como de preparatoria que bebían alegremente de unos cilindros de plástico comenzaron a platicar conmigo. Cuando agarraron confianza me ofrecieron de sus bebidas, cerrando el ojo. ¡Era pulque! La verdad debo confesar que me reí y acepté la oferta. Sí, mi pecado es que me gusta demasiado el pulque, qué le vamos a hacer.

Lo importante es que ya va a arrancar, desde el 2 de marzo la fiesta jazzística que une a Europa con México comienza y no se detiene pues durante cuatro fines de semana, 14 países de Europa llenarán de música el Centro Nacional de las Artes. Y para los amantes del género, también habrá clases magistrales en las que podrán compartir los secretos de los mejores músicos de jazz del viejo continente.

Son 14 conciertos que se ofrecerán completamente gratis en las Áreas Verdes del Centro Nacional de las Artes (Cenart), del 2 al 25 de marzo.

Algo importante es que 10 de los 14 grupos han aceptado trabajar con jóvenes y agrupaciones de jazz, a través de clases magistrales sin costo.

Además, por primera vez la programación del festival se extenderá a la ciudad de Puebla, donde se ofrecerá un concierto a cargo de Dock in Absolute, de Luxemburgo, el próximo 8 de marzo.

Este festival, único en su género en la Ciudad de México, se ha distinguido por reunir talentos de distintos estilos y generaciones; por un lado grupos tradicionales de jazz con una amplia trayectoria, así como agrupaciones con propuestas novedosas que en ocasiones fusionan el jazz con otros estilos musicales. ¿Te lo vas a perder? Yo no.

 

 

 

 

Domingo, 18 Febrero 2018 06:27

Enfermarse lejos de casa

Hace algunas semanas que Claudia regresó de Bolivia, su tierra natal. Va al menos una vez al año, que realmente es muy poco cuando estás lejos de tu casa. Al volver lo primero que le pasó a mi amiga fue… ¡enfermarse!

Sí y casi siempre le pasa, aunque esta vez de verdad le dio con tubo. No hay nada más triste que enfermarte cuando estás lejos de tu familia.

Mi amiga tiene muchos años viviendo en México por tanto, su círculo social es amplio y sus redes de sostén emocional, muy fuertes. Eso la hizo sentir bien, acompañada y cuidada mientras estaba convaleciente. Yo me enteré hasta que días después ella agradeció en sus redes sociales a quienes la ayudaron. Obvio le reclamé por no avisarme pero por fortuna, no estuvo sola y muchas personas estuvieron al pendiente de lo que necesitaba. Pero no todos tienen la misma suerte.

Mi amigo Diego, venezolano expatriado hace menos de un año en México, se enferma mucho y ahora se ha vuelto un experto en auto-medicarse antigripales y cuanta cosa puede cuando se enferma. Cosas de esas que uno puede comprar en cualquier Oxxo. ¡Ah pero el otro día tuvo que ir al médico por algo más serio y me escribió! Resultó con un esguince cervical y salió de la consulta con un collarín.

Gracias a él y sus consejos he probado medicinas que ni me habría imaginado, como esos granulados que vacías en agua caliente y como por arte de magia te reviven de entre los muertos cuando tienes gripa. También gracias a él, que ha estado pendiente de mí cuando me he enfermado, me he dado cuenta de lo importante que es para mis amigos extranjeros —o simplemente no chilangos- sentirse acompañados cuando la salud decide irse de vacaciones. Sí, él es rudo y dice que nunca siente nada pero cuando está enfermo se pone chipil y me manda más mensajes que nunca.

Hoy me tocó a mí. Tras semanas de estrés contenido, tengo un primer día de descanso y ¿en qué decide mi cuerpo utilizarlo? ¡Pues en enfermarse! Y ahí están, todas mis energías enfocadas en una sola cosa: respirar. Sí porque mi nariz está inflamada, llena de moco, y tengo tanta tos que hasta cuadritos en el abdomen tendré después de esto. Así que estoy aquí, enferma y tirada en mi cama. Pero a mí mis hijos me hicieron de desayunar huevo con frijoles, jugo de naranja y café. Pude dormir sin sentirme sola. Soy afortunada.

Mi amigo Ricardo también está enfermo hoy. Él vive aquí hace nueve meses pero es originario de Mexicali —y es un necio que dice que las quesadillas siempre llevan queso-.

Hoy es mi huésped por algunas horas pues, tras leer en mi Facebook que estaba convaleciente, me mandó un mensaje preguntando si necesitaba medicina y amablemente me trajo un jarabe para la tos, algo que hoy se agradece más que si hubiera llegado con un bote de nutella.

Él necesitaba hoy un lugar para compartir convalecencias. Y es que ¿hay mejor medicina que la compañía y la amistad? Yo creo que no.

La primera vez que me enfermé fuera de casa fue en Italia, hace ya 20 años. Me dio influenza y por aquel entonces esa fuerte gripa no existía en México así que cuando me atacó en Europa en serio no sabía qué hacer.

Cometí el error de no comprar un seguro médico y pues sobreviví a base de desenfrioles. Nada más. Puro sufrimiento y soledad.

Hace ocho años, llegó a mi casa un periodista a quien di asilo por unos meses mientras hacía un trabajo. Nos volvimos amigos tan cercanos que aún ahora somos como familia, aunque él haya vuelto ya a Madrid.

Arturo se llama. Y una sola vez tuvo que usar su seguro médico mientras vivió en mi casa: tenía una vieja lesión y al cargar a mi hijo, comenzó a sentir molestias. Nos asustamos y terminamos de madrugada en el Hospital Español.

Acompañarlo, e incluso que las enfermeras pensaran que era su pareja, para él fue importante. Claro, estar solo cuando te enfermas o te sientes vulnerable, es una cosa que no se le desea a nadie. Hoy estoy desvelada porque Arturo se enteró de que hubo un terremoto en Ciudad de México y sin mirar el reloj, me llamó en cuanto lo supo. Yo tenía fiebre alta y no recuerdo que incoherencias le respondí cuando me llamó por Facetime a las 3 am. En cambio, mi romance invernal no fue para llamarme ni mandarme un mensaje desde Bogotá. En tiempos en los que la información viaja a la velocidad de la luz, él ni enterado del sismo, ni de que yo estoy enferma. Saquen sus propias conclusiones.

Así que hoy, mientras estoy aquí viendo series y videos bobos de youtube junto a Ricardo también recordé que fue la primera cara conocida que vi en la calle el pasado 19 de septiembre y que justo a partir de ese día, nuestra amistad se fortaleció en medio de la emergencia. Ayer fue el primero que me escribió para saber si estaba bien después del sismo.

Hoy que estamos aquí, en el sofá de mi estudio, en convalecencias compartidas, sólo puedo decirles dos consejos: cuando viajen o vayan a estudiar o trabajar lejos de casa, compren un seguro de gastos médicos pero también, hagan vínculos fuertes a donde vayan porque los cuidados y el cariño son medicinas que ninguna aseguradora incluye en sus planes.

 

 

Domingo, 11 Febrero 2018 06:37

Viaja con tu mejor versión

Obvio… faltan tres días nada más para el día de San Valentín y por supuesto que mi primer pensamiento fue que esta columna tenía que hablar del amor. Entonces recordé que, si bien disfruto cuando me enamoro —mientras dura-, lo cierto es que cuando viajo disfruto mucho más ser una #ForeverAlone.

Entonces ¿de qué voy a hablar? ¿Sería la misma grinch de cada año explicando por qué me gusta viajar sola y cómo encontrar un alma gemela viajera me ha resultado más difícil que encontrar una que baile a mi ritmo? ¡Ah! Porque en el baile es otro terreno donde la vida me ha condenado. Ninguno de mis amantes ha sido buen bailarín, es más el colmo de los colmos es que ahora me fui a enamorar de un colombiano que no sabe bailar. Desgracia absoluta.

Entonces, igual que he tenido que aprender a sorteármela sola en la pista de baile, mientras mi pareja sexo-afectiva me mira de lejos, también he encontrado la manera de siempre disfrutar los viajes que hago conmigo misma.

Así que de pronto me vino la idea a la cabeza… ¿No sería el mejor regalo del mundo que las personas solteras nos regaláramos unas vacaciones con nosotras mismas para este 14 de febrero?

Así me puse a pensar, ¿cuál sería mi viaje amoroso ideal? Bueno, pues resulta que no conozco Venecia, así que tal vez un paseo en góndola sería una buena idea para iniciar esta cita romántica conmigo. Pero naaa… cliché.

¿Qué tal un viaje místico a India o Tailandia? Mmm, no lo sé, creo que si voy allí me enamoraría de los elefantes antes que de mí misma. En Japón tal vez terminaría enamorada de un robot sexual y en Brasil… ahhh en Brasil seguro no resistiría la tentación de caer a los pies de un sexy carioca.

¿Entonces? Pues llegó a mí un post que puso mi amigo parisino Julien en su Facebook que decía: “un relación sana es aquella donde dos personas independientes hacen un trato para ayudarse mutuamente a hacer de la otra persona, la mejor versión de sí misma” Wow! Vaya revelación.

A ver, si mi romance es conmigo, al pensar los destinos tenía que tratar de recordar, ¿qué lugares o experiencias me han llevado a ser una mejor versión de mí misma?

Al mismo tiempo, conversaba con mi amigo Diego quien por alguna inexplicable razón, siempre que está aburrido me manda canciones para compartir. Debo confesar que me gustan esos micro momentos de intimidad entre amigos. Diego me hizo recordar a Michael Jackson y a su vez, este gran artista me hizo recordar esa favela donde grabó uno de sus videos más célebres: They don’t really care about us.

Fue en mayo de 2011 cuando viajé por primera y única vez a Río de Janeiro con un propósito: conocer la favela de Santa Marta y buscar cómo Michael había ayudado a cambiar la vida de sus habitantes. Un día antes había tenido un affaire con un guapo ecologista brasileño que me dijo algo que nunca olvidaré cuando le manifesté mi miedo de ir a la favela: “si alguien quiere robarte tus cosas, sólo dile que por favor no lo haga. Que son tus herramientas de trabajo, que eres igual a ellos”. Obviamente me parecía completamente ingenuo pero me quedé con el consejo porque no sé si habría funcionado o no para impedir un robo, no tuve ningún episodio de inseguridad en todo el viaje. Pero esas palabras me protegieron de algo mucho más peligroso que la violencia en las calles cariocas. Me hicieron derribar mis prejuicios.

Cuando llegué a la favela, me sentí más confiada de hablar primero con las mujeres y los niños pero hubo dos que especialmente me marcaron y me ayudaron a ser una mejor versión de mí. Ellos jugaban  deshojando un libro de texto viejo y transformando sus hojas en aviones de papel que lanzaban divertidos desde lo alto de la colina plena del colorido caserío de la favela.

Me les quedé viendo insistente por una sola cosa: recordé que yo jamás había podido hacer un avión de papel que volara con tanta precisión. Soy torpe con la papiroflexia. Al notar que los miraba fijamente mientras mi mente se fugaba, el más pequeño de ellos, un niño de piel ébano, ojos grandes y rizos cortos me dijo: ¿juegas?

Así, sin preguntarme nada. Sin sospechar en torno a qué hacía una mujer extranjera metida en su barrio, sin preguntarme ni mi nombre. Como hacen los niños. Él sólo descubrió en mis ojos a esa niña frustrada que en el pasado jamás pudo hacer un buen avión de papel. Su compañero me animó con más ímpetu y me dijo: es fácil, nosotros te enseñamos.

Pasé tres horas con esos chicos intentando hacer aviones. Se burlaron de mi torpeza y yo también lo hice. Mis aviones jamás pudieron tener vuelos tan perfectos como los suyos, pero las carcajadas y el brillo en los ojos parecieron borrar los casi 30 años que había de diferencia entre nuestras edades. Por supuesto para jugar conmigo no me pidieron ni mi pasaporte ni mis diplomas. 

Aquel, como muchos otros, fue un viaje que hice sola y al final, fue una travesía llena de momentos de amor, como este.

Viajar con el amor de nuestra vida puede ser simple. No importa el destino, no interesa si es lejos o cerca, lo que realmente trasciende es lo que vives en cada experiencia y si vas enamorado de ti, estoy segura que podrás encontrar quienes te ayuden a construir tu propia mejor versión. Entonces, ¿te animas a armarte un viaje para ti y tu mejor versión del amor de tu vida? 

 

 

 

Domingo, 21 Enero 2018 06:15

¡Que empiecen los carnavales!

Domingo, 14 Enero 2018 06:01

El alma de Xochimilco

Domingo, 07 Enero 2018 06:09

Paseo por el oriente

Domingo, 31 Diciembre 2017 08:15

¡Vivan el acordeón y la parranda!

A veces no hace falta un boleto de avión para vivir una experiencia viajera. En algunas ocasiones sólo con escuchar algunas notas la mente vuela y aunque el cuerpo no se haya subido a ningún avión, se transporta cuando la melodía le lleva en automático a mover los pies y después la cadera.

Eso me pasó a mí cuando conocí a don Carmelo Torres, quien trae la cumbia en la sangre y lo sabe transmitir. Tiene 66 años pero tiene la energía de un muchacho caribeño. Nacido en una familia de músicos, podríamos decir que Carmelo mamó las notas desde la teta. Su padre fue gaitero y sus tíos acordeonistas. Fue este instrumento el que finalmente lo atrapó a él, igual que me atrapa a mí cuando lo escucho tocar.

Era muy pequeño cuando comenzó a querer tocar el acordeón, sin embargo no fue fácil. Tenía 8 cuando tomó sus primeras lecciones pero aquel era un instrumento muy caro. Su hermano le regaló su primer acordeón, pero no tardó mucho en dañarse. Reponerlo le llevó varios años.

Quién iba a decir que aquel niño que sufría por no tener dinero para comprar el instrumento que anhelaba, años más tarde sería uno de los mayores exponentes de la Cumbia Sabanera y defensor férreo de la tradición musical de Colombia.

Tuvieron que pasar diez años para que Carmelo pudiera tener otro acordeón, obtenido ya con el fruto de su trabajo como campesino en los sembradíos de Tabaco. Sólo así pudo juntar aquella plata que tanto necesitaba.

Era la década de los setenta y desde entonces, hace más de 40 años, don Carmelo Torres duerme con su instrumento. Nunca se separan, como un buen y duradero matrimonio.

Carmelo me cuenta que el acordeón es su confidente, su mejor amigo, y lo único que lo consuela cuando tiene alguna pena. Don Carmelo es un viajero incansable. A sus 66 años él y su acordeón han pisado escenarios en Francia, España, Italia, Bélgica, Inglaterra, Corea del Sur, Australia y por supuesto México, donde se presentó en octubre pasado como parte de la programación del Festival Internacional Cervantino.

La cumbia sabanera de Carmelo Torres no sólo me hizo mover los pies la noche que lo conocí en el Cine Tonalá, donde él y sus músicos ofrecieron un concierto. Su música me hizo mover el corazón y lo llevó hasta Colombia, un país del cual hasta entonces sabía muy poco.

Aquella mañana que platiqué con Carmelo, yo aún no sabía que mi corazón le daría un vuelco a mis itinerarios y que ahora, estando enamorada de un colombiano por cosas del destino y la casualidad, haya comenzado a investigar más sobre su música, su cultura y su historia.

Don Carmelo me contó que la cumbia sabanera es alegre, pues mezcla los sonidos del campo con el ritmo caribeño de la guacharaca y el acordeón. El canto de las aves, los sonidos del campo, todo era imitado por el acordeón y la gaita. Así nacía cada cumbia, con el campo colombiano en la esencia.

Carmelo tuvo un gran maestro, Andrés Landero, quien le enseñó todo lo que sabe hacer con el acordeón. A su lado recorrió el país entero, llevando la cumbia sabanera con orgullo en su acordeón rojo.

Anduvo con él en las parrandas, siempre lo invitaba a tocar. Gracias a él se volvió un convencido defensor del folclor colombiano por eso hoy se siente contento de tocar en un lugar plagado de jóvenes.

Y sí, es que ahora resulta que la cumbia sabanera se ha puesto de moda entre los jóvenes progresistas de los barrios acomodados de las ciudades del mundo, pero para Carmelo lo suyo sigue siendo el sabor a campo, eso es lo que define a su música.

Pero este enorme representante de la cumbia tradicional colombiana no anda solo por el mundo, tiene cuatro cómplices: Romy Molina, Rodrigo Salgado, José Movilla y Orlando Landeros, sí, el mísmísimo hijo del legendario Andrés, mejor conocido en su tiempo como “el rey sabanero”.

La cumbia sabanera nació en las sabanas de Córdoba, Sucre y Bolívar, sin embargo, en la región de San Jacinto, lugar de donde es oriundo Carmelo Torres, este género tiene una cadencia especial, que tomó de la tradición campesina donde se toca con acordeón, tumbadora, guacharaca y la caja vallenata.

Resultaría inútil preguntar a don Carmelo el significado de la cumbia en su vida, pues, igual que su acordeón, esta música es una extensión de sí mismo. Pero no sabe como contarla, porque —y tiene razón— no se puede explicar la cumbia. Sólo queda gozarla, dejarnos trasladar a través del oído, los pies y las caderas, al campo colombiano, a querer bebernos un aguardiente mientras dejamos simplemente avanzar la noche. Mientras la vida me permite tomar un avión y aterrizar en Colombia, no me queda más que trasladarme a través de su música, una muy buena compañía para esta la última noche del 2017, así que yo aprovecho para desearles muy feliz año nuevo y ¡que la parranda siga!

 

 

 

 

Domingo, 24 Diciembre 2017 06:48

Una Navidad muy mexicana

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