M. en D. Primo Blass

M. en D. Primo Blass

Lunes, 14 Mayo 2018 05:34

Elecciones 2018 y cultura de la paz

“El político se convierte

en estadista cuando

comienza a pensar en

las próximas generaciones y

no en las próximas elecciones.

Sir Winston Churchill

 

 

Hoy, desde temprano, arrancaron las campañas electorales en todos los municipios del estado de Morelos. Y a nivel nacional, éstas son las elecciones más importantes del siglo XXI. Hoy comienza una aventura en la que todos los morelenses, y el resto del país, quisiéramos ver concordia, paz, ética y, sobre todo, verdades. Verdades que nos den esperanza para una mejor vida. Para una mejor sociedad.

Sin embargo, el panorama político se muestra como alguna vez lo manifestó Otto Von Bismarck, quien decía que nunca se miente tanto como antes de las elecciones, durante la guerra y después de la cacería.

Necesitamos -debemos, mejor dicho- comenzar a pensar seriamente en nuestra situación real. Cómo vivimos, de lo que carecemos, lo que buscamos, a dónde vamos. Cómo construiremos un mejor México para nuestras familias.

La clase política nos ha engañado tanto y nos han manipulado hasta el punto de creer que las mentiras que nos dicen son verdades absolutas. Afortunadamente, y sobre todo, para las personas que se informan a través de las redes ya hay un sitio donde se puede verificar si las noticias que se vierten en materia política son verdad o mentira. Antes decíamos que la gente manipulable era aquella que no tenía educación. Sin embargo, actualmente, en los medios sociales, los estrategas de los políticos usan estrategias de marketing para engañar a la sociedad en su conjunto. No importa si son pobres o ricos, incultos o con grados académicos…Tenemos mucha información en las redes. Y esa inmediatez hace que algunas personas crean lo que se publica sin darse el tiempo de investigar. En la ciencia no se puede aceptar algo como verdad si no existen evidencias físicas o teóricas. Pero en el espectro social, se cumple lo que afirmaba Göbbels: una mentira repetida mil veces se convierte en verdad. De hecho, la población en general no sabe lo que está ocurriendo, y ni siquiera sabe que no lo sabe, según manifiesta el científico Noam Chomsky. Y otra idea del mismo autor, que deberíamos adoptar es aquella de que nunca fui consciente de cualquier otra opción que no fuera la de cuestionar todo. Dudemos de todo. Investiguemos todo lo que sucede a nuestro alrededor, sobre todo en materia política. Busquemos la libertad de pensamiento. Busquemos la libertad política. No te dejes manipular, investiga analiza, reflexiona, piensa y vuelve a pensar otra vez. Saca tus conclusiones y define tu postura. Pero siempre con respeto hacia los demás. Cada uno de nosotros tiene derecho a pensar como quiera pero el librepensador (así se escribe) basa sus posiciones referentes a la verdad sobre la lógica, la razón y el empirismo en lugar de la autoridad, la tradición, la revelación o algún dogma.

Y, como dijo Nelson Mandela: para ser libre no sólo se necesita despojarse de las propias cadenas sino vivir de una manera que respete y potencie la libertad de los demás.

Cuida tu pensamiento, cuida tu voto. La gente no es la misma que en 1994 cuando comenzó esta historia del voto del miedo. Si quieres un mejor país, reflexiona antes de que votes por el miedo. Vota libre. Vota por un mejor futuro para nuestras próximas generaciones.

 

 

Lunes, 07 Mayo 2018 05:24

Familia y cultura de la paz II

“Ser padre (o madre)

significa amar a tus hijos más

de lo que nunca te has amado a ti mismo.”

Anónimo 

 

Ayer por la tarde fui a una plaza, aquí en Cuernavaca, para tomar un helado de yogurt en compañía de Lobito. Hacía tiempo que no compartíamos esta actividad que se hizo costumbre cuando era pequeño. Hablamos de muchas cosas. Sus estudios en la universidad, la vida, el futuro y la familia. Mis hijos se quedaron conmigo después del divorcio. Eran muy pequeños. Al principio creí que sería difícil (y lo fue) pero nunca pensé que sería una tarea imposible. Siempre fue mi teoría que, si te dedicabas  a tus hijos en cuerpo y alma, el resultado sería hijos con valores, con amor y equilibrados. Así lo hice. Los dormía con cuentos de fantasía, les hacía magia. Y cuando ya estaban dormidos, me dedicaba a lo mío. Al siguiente día les preparaba el desayuno, platicábamos de cualquier cosa, les contaba chistes y los llevaba A la escuela. En la tarde iba por ellos. Ya tenía lista la comida y una botanita mientras servía la comida. Por la tarde les ayudaba con sus tareas, me contaban cómo les había ido. Más tarde veíamos un poco de televisión, se metían a bañar, merendábamos, y a la cama. Y confirmo que mis hijos son personas éticas, con valores y con mucho amor por sus semejantes. No importa que en una familia haya sólo una madre o un padre. Lo verdaderamente fundamental es que les brindes un ambiente familiar, que sientan que estás con ellos, que no les falta nada. Mientras platicábamos de este tema, sentados en una banca disfrutando el helado de yogurt, me llevé una sorpresa enorme. Mi mirada comenzó a recorrer los pasillos de la plaza y pude observar que había muchas mujeres, solas caminando con sus hijos o hijas. También vi hombres pero eran los menos. Había parejas, mamá y papá con sus hijos e hijas, por supuesto. Pero había una cantidad enorme de padres y madres solos con sus peques. Esta es la tendencia. Son nuestros tiempos. Eso sólo quiere decir que se tienen que implantar políticas públicas reales, no sólo en un papel, que apoyen a este nuevo grupo en sus dinámicas que son muy diferentes a las de las familias nucleares, es decir, aquellas donde se encuentren papá y mamá con sus hijos.

Dicen que las madres solteras se enfrentan a los siguientes problemas: Sobrecarga: asumen en soledad las funciones parentales, las tareas domésticas, las responsabilidades de la educación y el peso de ser la única fuente de ingresos en la familia. Y esta sobrecarga las condena a la ausencia de vida personal. Soledad: Lo anterior les impide dedicar tiempo a la vida personal y contribuye al aislamiento y genera sentimientos de soledad y abandono. Tienen miedo de que nadie las quiera con un hijo. Dependencia: Si son muy jóvenes, las reglas las imponen sus padres. El niño no es de nadie. Después es de todos menos de su madre. No pueden decidir por sí mismas. Baja autoestima y estigmatización. Aun cuando en nuestra época no rechaza como antes a la madre soltera, se percibe un rechazo encubierto. No se respetan sus derechos a nivel familiar y social. Se percibe este rechazo cuando tratan de negociar con las instituciones y se sienten excluidas de las reuniones. Desempleo. Ser mujer y tener cargas familiares son dos de las más grandes dificultades para conseguir un empleo. Las madres solteras tienen la necesidad de trabajar para poder subsistir por ser la única fuente de ingresos para su familia pero también tienen problemas para ajustar la vida familiar y la vida laboral por estar solas en la educación y crianza de sus hijos.

Esto, que antes sólo era exclusivo de la mujer, se va haciendo una tendencia también para los hombres. Las dinámicas familiares van cambiando. Recordemos que lo único que no cambia es que todo cambia y que la vida no es la misma que cuando éramos niños.

Por ello, muchas cosas tienen que modificarse. Desde hace tiempo he sugerido que en las escuelas se celebre un día de la familia. Ya no un “día de la madre” o un “día del padre”. He visto casos terribles en las escuelas donde hacen estos festejos cuando hay niñas y niños que no tienen mamá. Se sienten mal. Tienen que participar de los bailables y al final cuando van por su regalo para entregarlo a mamá, pues, no hay mamá. Es una forma de victimizar a los pequeños y de excluirlos de la “vida normal”. Hoy les deseo un feliz día de las madres a todas esas mujeres que son heroínas de sus hijos y a los padres que son también madres y que hacen todo lo mejor para su familia. Dicen que es difícil ser papá soltero o mamá  soltera porque es doble trabajo, doble stress, y dos veces más lágrimas pero también son dobles los abrazos, dos veces el amor y dos veces el orgullo. ¡Vivan las familias!

 

Lunes, 30 Abril 2018 05:53

Familia y cultura de la paz

“La familia es como la música.

Algunas notas son altas, otras son bajas

Pero siempre es una hermosa canción.

Anónimo

 

La madre Teresa de Calcuta decía que para promover la paz fueras a casa y amaras a tu familia. La familia es el centro de todo. Nuestra fuerza, nuestro equilibrio. El lugar donde aprendemos a convivir. Donde aprendemos a amar. Donde aprendemos a solucionar nuestras diferencias. No hay familia perfecta. A veces uno discute, pelea y, muchas veces, en esa disputa tan terrible, dejamos de hablarnos. A veces tardamos en reconciliarnos pero, finalmente, el amor nos devuelve al camino perdido.

Pero, ¿qué es la familia? ¿Existe sólo un tipo o concepto de familia? Esto es muy importante porque por un lado, el desarrollo social nos va dando diferentes modelos y las instituciones no se dan cuenta o sólo quieren ver lo que les place o lo que les conviene y, por otro, la misma dinámica social va cambiando las cosas y hay quienes quieren seguir viviendo en el pasado.

Mucha gente sigue teniendo sólo un concepto de lo que es la familia. Y ése es el de la familia nuclear, es decir, la unión entre un hombre y una mujer y su descendencia. Sin embargo, esa dinámica social de la que hablo ha cambiado radicalmente ese concepto. Actualmente, se reconocen a nivel sociológico y psicológico los siguientes conceptos de “familias”: La familia nuclear, ya definida; la familia extensa, es aquella que se conforma de los abuelos, tíos, sobrinos y otros parientes consanguíneos o afines; La familia monoparental, es aquella en la que los hijos tienen a un solo progenitor; la familia reconstituida, ensamblada o mixta, es aquella en la que alguno o los dos miembros de la pareja vienen de otras relaciones y tienen uno o varios hijos de esas relaciones anteriores; hay familias homoparentales que son aquellas en las que hay una pareja de hombres o de mujeres que se convierten en progenitores de uno o más hijos y, familias de padres separados, en la que los hijos conviven con un solo progenitor porque se divorciaron o se niegan a vivir juntos pero se debe seguir cumpliendo con el papel de padres.

Esta dinámica social nos enseña que las leyes y las instituciones deben cambiar a la par que la sociedad y ajustar la normatividad para que haya un equilibrio y un reconocimiento. En este caso, siempre he sugerido que se cambien los conceptos adaptándose a la realidad que vivimos. Si analizamos el artículo 22 del Código Familiar para el estado de Morelos que a la letra dice: “La familia Morelense es una agrupación natural que tiene su fundamento en una relación, estable entre dos personas (antes decía “entre hombre y mujer”) y su plena realización en la filiación libre, consciente, responsable e informada, aceptada y dirigida por la pareja, unidas por el vínculo del parentesco, del matrimonio o del concubinato, a la que se le reconoce personalidad jurídica. Si analizamos, en esta definición faltan inclusiones, de acuerdo a lo que vivimos.

Pero, ¿por qué hablamos de las familias en este momento? En mi muy humilde opinión, considero que todas las crisis de valores que estamos atravesando, se originan precisamente en el seno familiar. Si la cabeza de familia enseña a los hijos a respetar, a ser responsables, a cumplir la palabra, a decir la verdad, a hacer los deberes que les corresponden de una forma amorosa y amable, los hijos serán gente de bien y sabrán conducirse en la convivencia diaria. Pero si se da todo lo opuesto, entonces nos tendremos que atener a las consecuencias. Nadie nos enseña a ser padres, y, muchas veces, en esa ignorancia de ser guías, no podemos conducir a nuestros hijos. Es entonces cuando los echamos a perder.

Y esto también se aplica a nuestros gobiernos, y, que en este caso particular se ven los resultados de tener funcionarios que roban, que engañan, que se enriquecen a costa de la población y que dicen mentiras abiertamente en los medios para lograr sus fines perversos.

Me da tristeza, y al mismo tiempo me enoja ver cómo nos estamos destruyendo entre nosotros mismos. El atentado de esta madrugada en Plaza Marina, refleja la descomposición por la que atraviesa nuestra comunidad. Yo no quiero esta historia de terror para mis hijos. Yo quiero vivir en armonía, sin temor. Quiero vivir en paz. Quiero caminar por las calles como cuando era niño. Cuando atravesaba todo el centro de la ciudad para ir a visitar a mi abuelita en la colonia del Empleado, sin importar si era de día o de noche, contemplando como caía la tarde y cantando una canción en mi mente. Quiero un mundo mejor para mis hijos y los hijos de mis hijos. ¿Podremos hacerlo?

 

 

 

Lunes, 23 Abril 2018 05:51

Mentiras vs cultura de la paz

“Más vale ser vencido

diciendo la verdad que

triunfar por la mentira.

Mahatma Gandhi

 

 

Estos son tiempos difíciles. Nos enseñan desde pequeños que siempre hay que decir la verdad. Que no es una buena idea andar por el mundo diciendo mentiras porque un día la verdad acaba por saberse. Dicen que nadie miente si se siente fuerte. Sólo miente quien se siente vulnerable y, que por tanto, la mentira es un recurso de los temerosos.

El problema actual, hablo en general y de manera particular, es que todo ha cambiado de manera radical. Por ejemplo, antes podíamos salir a las calles a cualquier hora a jugar con nuestros amigos. Caminar por las calles sin problema alguno. Todos los vecinos se conocían y  se saludaban. En mi caso, recuerdo esos juegos como el bote pateado, uno, dos tres por todos mis amigos, los quemados, el burro castigado, la cascarita, etc. Don Jesús llegaba en su caballo a vender leche. Había otra persona que hacía dulces de leche deliciosos… eran otros tiempos. Otra vida. Otra manera de convivir. Todo eso va desapareciendo lenta pero inexorablemente. Y así como eso ha cambiado, hasta la forma de convivir, si le pudiéramos llamar así, ha cambiado para mal. Los vecinos no se saludan. Son completos desconocidos, y eso trae como consecuencia la inexistencia de la vida en comunidad y, por ende, la nula participación en los problemas de la misma.

Y esto, ¿qué tiene que ver con la verdad? ¿O con las mentiras? Así como todo lo mencionado ha cambiado, la verdad está pasando por una transición trágica. Los medios mienten, la publicidad de los políticos miente con el único propósito de engañar a la población y ganar las elecciones. De hecho Jonathan Swift en 1712 publicó su obra “El arte de la mentira política”, es decir, que mentira y política han caminado de la mano desde hace siglos. Tal vez desde el principio de la humanidad para lograr fines personales y perversos. Su definición de la mentira política es la siguiente: “es el arte de hacer creer al pueblo falsedades saludables con un buen fin”. Ya esta definición justifica la mentira porque no siempre son falsedades saludables ni tampoco son para un buen fin. Y a través del tiempo hemos creado definiciones para justificar la mentira porque no toda mentira es mala, dicen. De acuerdo al diccionario de la Real Academia de la lengua, hay mentiras oficiosas, son aquellas que se dicen para obtener un provecho o una ventaja sin producir daño a otro. También hay mentiras piadosas, que son aquellas que se dicen para evitar a otro un disgusto o una pena. Entonces, ¿las mentiras son justificables? Mi opinión es que eso hay que dejarlo como una tarea individual cuando se trata de la vida personal. Sin embargo, decir mentiras cuando el interés público es el afectado no debe ser permitido. Al contrario, debería estar penado. Los políticos tergiversan, sacan de contexto, mienten literalmente para crear prejuicios y para reforzar otros con el único fin de obtener votos. Ganar, aunque después todo lo que hagan sea en detrimento de sociedad.

¿Cómo enseñarles a nuestros jóvenes a actuar con rectitud y ética cuando lo que ven y escuchan son mentiras? La respuesta es sencilla. Actuemos con verdad en nuestros argumentos. Desde la familia, la escuela, los gobiernos, la publicidad en las campañas políticas. Estas serán unas elecciones históricas no permitamos que nuestra juventud se desmoralice. He escuchado a muchos jóvenes decir que no van a votar porque todo lo que dicen algunos candidatos son mentiras. La verdad debe prevalecer. El artículo doce de la Declaración Universal de  Responsabilidades Humanas dice textualmente: “Cada persona tiene la responsabilidad de hablar y actuar con veracidad. Nadie, por muy poderoso o elevado que sea, debe decir mentiras. Deberá respetarse el derecho a la intimidad y a la confidencialidad personal y profesional. Nadie está obligado a decir toda la verdad a todos y todo el tiempo.

 

 

Lunes, 16 Abril 2018 05:32

Guerra y cultura de la paz

“El hombre tiene que establecer

un final para la guerra. Si no,

ésta establecerá un fin para la humanidad.

-John Fitzgerald Kennedy-

 

 

Siempre me he preguntado, como seguramente muchos de ustedes, por qué existe la guerra. ¿De verdad será imposible que los seres humanos podamos vivir en paz? Hemos dicho en esta columna que el conflicto es inherente al ser humano porque habrá un momento en el que nuestras opiniones, pensamiento, ideología o intereses no coincidirán con los de los demás. Hasta podemos decir que el ser humano es violento por naturaleza porque el conflicto vive en sus adentros. Y aun así puede vivir feliz si busca alternativas de paz para poder ser un mejor ser humano. Pero el problema, desde el espectro macro, es decir entre países, a mi parecer es completamente absurdo porque las instituciones gubernamentales deben procurar la convivencia pacífica entre los pueblos. Desde niño me preguntaba esta historia absurda de derecha e izquierda, hasta que me di cuenta que efectivamente es una forma de ver las cosas. Los conservadores quieren que todo continúe como está mientras que los liberales buscan cambiar el estado de cosas. Pero aún cuando se tengan puntos de vista diferentes, se tiene que buscar un equilibrio para vivir en paz y en armonía.

Siempre ha existido el conflicto, insisto, pero tenemos que trabajar con mucho ánimo y congruencia para que la paz sea la constante y no la excepción. Alguna vez dijo el presidente Obama que la guerra es necesaria para preservar la paz. Me parece un absurdo porque en ese sentido seguimos convenciéndonos de que es mejor seguir con la ley del talión, el ojo por ojo. Me parece que al aceptar ese dicho, estamos justificando la guerra como una forma de tener paz.

En estos tiempos de internet, redes sociales y youtube, nos damos cuenta que el ser humano, niñas, niños, jóvenes, adultos, hombres y mujeres somos iguales en todos los rincones del mundo. Tenemos sueños, buscamos amor, queremos vivir en paz. Queremos trabajo, un lugar digno para vivir. Las niñas y niños sueñan y juegan. Viven en un mundo maravilloso. Pero son los que gobiernan los que hacen las reglas del juego. Los que por obtener sus propósitos entran en guerra sin importarles los daños colaterales. Los y las jóvenes que mueren en la guerra, padres que pierden a sus hijos e hijas. Hombres y mujeres que pierden a sus parejas en ese absurdo llamado guerra. Lo dijo Bertolt Brecht: “Las madres de los soldados muertos son jueces de la guerra”.

Hemos sabido a partir de nuestra propia existencia y paso por el mundo, que las guerras se dan por los intereses de unos cuantos. Intereses absurdos mueven el mundo. Por eso tenemos que entender y, sobre todo actuar, que debemos preservar la vida sobre la muerte, la paz sobre la guerra. La paz se tiene que ir convirtiendo de un símbolo a un sistema de convivencia. Una práctica constante. No es fácil. Ya de por sí convivo con mis propios demonios, miedo, frustraciones. O intereses y ambiciones personales. Y sin embargo, debo intentarlo para vivir en armonía constante. Para vivir en equilibrio.

El ataque  a Siria es un absurdo. Pero como lo vemos desde lejos no lo sentimos como propio. Igual sucede con la violencia y las muertes en nuestro país. No perdamos el sentido del asombro y la empatía. No perdamos nuestra humanidad. No basta con hablar de paz, dijo Eleonor Roosevelt, debemos creer en ella y trabajar para conseguirla. ¿Comenzamos?

 

Lunes, 09 Abril 2018 05:06

Espacios públicos y cultura de la paz

“Cómo cuidar este espacio de todos?

Valóralo, no lo ensucies, no lo destruyas,

no lo pintes, no lo robes,

no lo conviertas en “tierra de nadie”,

no lo conviertas en “tierra de algunos”.

 

Hace unos días quería ver una película y el único lugar que la proyectaba era un cine en donde había un gimnasio antes frente a una plaza comercial por la calle de Diana. Me sentí acongojado porque ese lugar que empezó actividades con bombo y platillo, ahora luce como un pueblo fantasma. De todo lo que había en el lugar, ya mencioné el gimnasio, los restaurantes, el pequeño negocio de crepas, la fuente que recibía a los paseantes en el centro, nada de eso hay ahora. Lo único que sobrevive es el cine. Disfruté la película y, por una hora y fracción me olvidé del mundo. Me transporté al país y al tiempo que sugería la historia. Empaticé con los protagonistas. En fin, todo era como siempre. Como cada vez que iba al cine, me olvidaba de todo y de todos. La sorpresa fue al salir. Ya era tarde. Ya había oscurecido. Era el momento de regresar a la realidad. Y ahí me vi. Solo. La única iluminación que había, era la del cine y la del estacionamiento. Todo estaba muerto. Zona de guerra, desolada. Desierta. Lo que antes fue la maravilla de mi ciudad se había extinguido. Ahí surgieron los pensamientos que ahora quiero verter en esta columna. Espero ser claro porque son dos temas diferentes que tienen que ver entre sí.

Cuando era niño, en mi vieja Cuernavaca, los espacios públicos, esos espacios en los que convivíamos en comunidad eran el zócalo, el Jardín Revolución y en menor medida, el Jardín San Juan. Eso se fue perdiendo con los años y la modernidad. Al llegar a estos tiempos fuimos perdiendo los espacios públicos y los espacios privados, es decir, las plazas comerciales, fueron desplazando a aquéllos. Actualmente, los jóvenes y las familias pasean y  se encuentran en las plazas comerciales. De hecho, se ha dividido esto, de tal manera, que los espacios públicos que quedan son para una clase de personas y los espacios privados, convertidos en públicos, son para otra. El hecho es que los gobiernos tienen que poner atención en los espacios públicos para que haya expresiones artísticas y culturales diversas que provoquen que sean visitados. Que sean aprovechadas por nuestra comunidad. Hay varios espacios públicos a los que no se les pone atención y se han convertido en guaridas de delincuentes. Tenemos que rescatarlos. Y hay otra razón por la que los espacios públicos se están perdiendo: la delincuencia. Como la gente tiene miedo de salir a las calles por temor a ser agredida, prefiere o no salir o ir a una plaza comercial que, seguramente, tiene más vigilancia y hace que uno se sienta más seguro. La cultura de una ciudad no sólo se encuentra en los museos, en las bibliotecas, en las escuelas. La cultura de una comunidad también se encuentra en sus calles. Y además, los espacios públicos refuerzan el sentido de pertenencia, los valores éticos, colectivos y sociales. Dan fuerza a la comunidad y le dan vida y colorido haciéndola única.

Y en el caso de los espacios privados me llegan otro tipo de reflexiones. Estamos siendo invadidos por muchas plazas comerciales. El gobierno se pavonea y hace gran alharaca de los logros para crear fuentes de empleo. Todo ello puede ser verdad. La actividad empresarial es fundamental para que haya flujo y movimiento de dinero. Pero lo que vi ese día que fui al cine me provoca sospechas. Mi reflexión es que cada vez que se abre una nueva plaza, ésta se convierte en la atracción de la comunidad por un tiempo. La gente se emociona y se distrae visitando las plazas comerciales y consumiendo en esos lugares maravillosos, comprando ropa y zapatos de marca, convirtiéndose en esclavos del consumismo. Aunque eso es otra historia. Pero una vez construida otra nueva plaza comercial, ésta se convierte en el centro de atracción, disminuyendo las visitas a la anterior hasta lograr el cierre por su ausencia. ¿Y entonces qué sucede con todos aquellos empleados y empleadas que laboraban ahí? Son despedidos y tienen que buscar un nuevo empleo en la nueva plaza. Por tanto, se pierden esas fuentes de empleo que tanto cacaraqueó el gobierno. Así que, mi opinión es que se tiene que buscar un equilibrio para vivir de manera más armónica.

Sólo dejo como reflexión lo que observé: Creo que se les está dando más importancia a los espacios privados que a los públicos. Y eso va en detrimento de nuestras comunidades. De su identidad y desarrollo.

 

Lunes, 02 Abril 2018 05:28

Prejuicios y cultura de la paz

“El prejuicio es una carga que confunde

el pasado, amenaza el futuro y

hace inaccesible el presente

-Maya Angelou-

 

Todos tenemos opiniones prejuiciadas y prejuiciosas. Desde que nacemos nos van alimentando con creencias y formas de llevar la vida erróneamente. Las creemos a pie juntillas porque nos dan, o por lo menos eso creemos, certeza para conducirnos. Para comportarnos. Para “dirigir” nuestra vida de manera correcta.

Estamos acostumbrados a hacer juicios sobre cosas, conceptos, personas e ideas de manera anticipada. De hecho, es una acción inconsciente. Gordon Allport, psicólogo de la universidad de Harvard, definió al prejuicio como la forma de etiquetar que hacemos de manera negativa, sobre pensamientos que aprendemos desde pequeños. Y es una forma de tomar decisiones firmes y concretas de manera rápida, tomando esa información que ya tenemos sin verificar su veracidad.

En mi opinión, el experimento más interesante que se ha realizado sobre los prejuicios y la discriminación es el de la profesora Jane Elliot en Estados Unidos en 1968. La profesora Elliot decidió hacer este experimento después del asesinato de Martin Luther King, el día nacional de la hermandad, para dejar claro que los prejuicios sólo traían consecuencias negativas a todos los miembros de la comunidad.

Separó a los niños en bloques. Por un lado los chicos y chicas de ojos azules y por otro, los de ojos cafés. Les dijo que como ella tenía los ojos azules, los niños y niñas de ojos azules serían los primeros  y que eran más inteligentes que los de ojos cafés. Les dijo que los de ojos azules tenían cinco minutos más de recreo, los de ojos cafés no podían tomar directamente de los bebederos, tenían que usar conos de papel y les prohibió jugar con los de ojos azules porque no eran “tan buenos como ellos”. Además les pidió que se pusieran un collar de tela para que se pudiera notar la diferencia a lo lejos. Ese experimento causó que los chicos se distanciaran entre ellos, que se burlaran porque “los otros” eran menos “inteligentes”. En fin, ese día fue terrible. Hasta peleas hubo. Al día siguiente, la profesora continuó con el experimento pero ahora cambiando los roles. Los elegidos eran los de ojos cafés y los malos eran los de ojos azules. Fueron dos días inhumanos para los chicos. Días caóticos en los que sufrieron por ser “diferentes” a los demás. Y los “mejores” se sentían superiores.

Los prejuicios son malos. Muy malos porque no nos dejan vivir plenamente. Si no hacemos un análisis profundo de nosotros mismos, estamos condenados al sufrimiento y al fracaso. El que no sale de su tierra, está lleno de prejuicios. Anatole France se preguntaba: ¿Qué es viajar? ¿Cambiar de lugar? Y se contestaba: No. Cambiar de ilusiones y de prejuicios. Como ya lo dije, todos estamos llenos de ellos. Pero es importante que no nos dejemos llevar por ellos. Cada día, viendo lo que sucede en nuestra nueva realidad de las redes, estamos expuestos a todo. Cada vez que una persona abre internet aparecen noticias, ofertas, videos y mucha información que va de acuerdo a nuestras preferencias. Hace unos días estuve buscando precios para viajar a una ciudad y ahora, cada vez que veo mi correo electrónico, mi página de Facebook, mi canal de youtube, por todas partes me bombardean con ofertas sobre vuelos y ofertas para esa ciudad. Todo va de acuerdo a mis preferencias, por tanto, hasta los videos e información política que recibo, va de acuerdo a “mis preferencias”. Pero eso no es sano porque mi mente se va enajenando y las redes van alimentando mis prejuicios. Lo mejor es investigar y no sólo seguir alimentando mis preferencias y prejuicios a través de las redes. Sólo el diálogo profundo y sin prejuicios nos llevará al acuerdo. Eso es la democracia. Si nos equivocamos podemos volver a empezar. Esa es la vida.

El tema en nuestra realidad política es el mismo. Aparecen videos e información que alimenta nuestros prejuicios y nos estamos enfrentando entre nosotros mismos. Queremos que los demás piensen como nosotros pensamos. Les mostramos “evidencias” a través de los videos que nos llegan y los compartimos sin ton ni son como si fueran la verdad pura. La verdad absoluta. Pero la verdad, amigos y amigas míos. ¡Ay, la verdad! ¡Valiente es quien dice la verdad, sabiendo que lo perderá todo!

La frase de abajo es mentira.

La frase de arriba es verdad.

 

 

Lunes, 26 Marzo 2018 05:06

Usos y costumbres y cultura de la paz

“Los indígenas estamos dispuestos

a combinar tradición con modernidad,

pero no a cualquier precio.

-Rigoberta Menchú-

Este artículo está siendo escrito el domingo de ramos. Íbamos rumbo a Ocotepec manejando tranquilamente hacía nuestro restaurante favorito, cuando de repente, a la entrada del pueblo, en medio de la calle había un camión de pasajeros atravesado, de tal manera que teníamos que rodear el pueblo para seguir nuestro camino. La gente comenzó a tocar el claxon desesperadamente y otros gritaban para que les abrieran el paso. Decidí desviarme del camino buscando otra ruta y, como siempre, comencé a bromear sin darle importancia a lo que sucedía. Unos metros más adelante, el camino, que era de un solo sentido, se convirtió en doble y era más difícil darle fluidez al tráfico. Una mujer quiso regresar y ahí, en medio de la calle comenzó a hacer maniobras para dar vuelta en “u”, lo cual complicaba la ya de por sí caótica situación. Los conductores, hombres y mujeres comenzaron a gritarle a la pobre mujer. A mí, casi me da un golpe al tratar de echarse de reversa. Le toqué el claxon, al tiempo en que me adelantaba para evitar el golpe cuando se oyó el estruendo. Había chocado contra unas piedras que alguien había colocado para cerrar el paso a otra calle. El caos fue tremendo. Me bajé para ver si se había lastimado mi coche y así fue. Sin contar tantos detalles. Después de gritos e insultos a la mujer, no yo, sino los demás conductores, salimos como pudimos de ese pandemónium. Decidimos regresarnos inmediatamente del lugar. Ya no fuimos a comer a donde queríamos. De todos modos no se podía. Había que dejar el coche por ahí e ir caminando al restaurante. Afortunadamente, ya estoy en casa, escribiendo este artículo. Salí para darme inspiración sobre lo que escribiría y, la verdad, es terrible el sentimiento que tengo en estos momentos. Me puse a pensar en el hecho de la falta de respeto, de empatía y de solidaridad que la gente tiene cuando aplica el concepto de usos y costumbres.

Yo vivía en el centro de Cuernavaca. Cada año recibíamos con mucho cariño, la fiesta de Tlaltenango y la fiesta de la virgen de Guadalupe en el Calvario. Para los que nos visitaban de fuera, era algo maravilloso tener la procesión, la misa, los juegos de la feria y la comida. Pero nunca se ponían a pensar en toda la basura y el caos que los vecinos del lugar teníamos que enfrentar. Si todos esos problemas ya los teníamos. Ahora es peor. En este inicio de siglo hay más vehículos, más personas y, obvio, más problemas. En el caso que comenzó esta historia, nunca vi agentes de tránsito que desviaran, y ayudaran, a los visitantes. No había señalamientos. Tuvimos que buscar algún camino para salir del caos y, cuando pensamos que todo iba bien, como me sucedió, las calles estaban obstaculizadas con piedras. Las cosas ya no pueden ser como antes. Tenemos que modificar algunos patrones en lo que concierne a nuestras fiestas tradicionales. Y no sólo en eso. También he observado como algunas comunidades aprovechan esta historia de los usos y costumbres para hacer lo que se les pega la gana. No permiten la entrada de patrullas. No hay agentes de tránsito o de policía. He presenciado accidentes y los que llegan primero son las “autoridades” del pueblo y ellos deciden quien tiene la culpa y quien es el inocente. Observé como el agente de tránsito que llegó, dijo que era mejor que nos arregláramos ahí mismo, siguiendo el criterio de la gente del pueblo y que él prefería no meterse.

Sabemos que está prohibida la venta de juegos pirotécnicos, y, sin embargo en esos pueblos donde prevalecen los usos y costumbres se siguen vendiendo poniendo en peligro a las personas que los compran.

También he sido testigo de que cuando a la gente del pueblo no le conviene hacer uso del concepto, ahí si quieren que las autoridades tomen cartas en el asunto.

De verdad se tiene que analizar este concepto y aplicarlo de una manera adecuada. Sin exageraciones ni abusos. Los usos y costumbres se refieren más, en mi manera de ver las cosas, a conceptos que deben se deben conservar para preservar nuestras tradiciones ancestrales. Es maravilloso tener la riqueza cultural que tenemos. Muchos visitantes extranjeros se maravillan de ello. Pero se tiene que tener un orden para disfrutar de las mismas. Un orden que permita conservarlas al tiempo que nos permita vivir de manera armónica y tranquila.

Por lo pronto, veo que algo está cayendo del coche. Voy a revisarlo. Espero no tener que llevarlo al mecánico. Felices vacaciones de semana santa. Por favor vayan con cuidado. Y sobre todo, regresen a casa con bien.

 

 

Lunes, 12 Marzo 2018 05:16

Pobreza y cultura de la paz

“Todos estamos aquí porque… creemos…

que la pobreza es intolerable en un mundo de abundancia.

Y todos estamos aquí porque estamos convencidos,

más bien sabemos, que podemos terminar con la pobreza

en el espacio de nuestra vida, con nuestras propias

manos y nuestras propias mentes.”.

-Kofi Annan-

 

Pobreza es sinónimo de escasez, falta, privación, penuria, estrechez, carestía, carencia. La pobreza es una condición humana que siempre ha existido en la humanidad y, en la que muchas personas subsisten con escasos recursos y no cuentan para cubrir sus requerimientos básicos. Todas las personas que viven en situación de pobreza no gozan de los elementos mínimos necesarios para vivir dignamente. Tienen límites frente a la sociedad y además, viven llenos de conflictos para sobrevivir. Por otra parte, los más favorecidos (no todos), que deberían estar atentos al prójimo, hacen a un lado a los más desfavorecidos aumentando la discriminación y segregación. Pero… ¿Cuáles son las causas de la pobreza?

Algunos autores consideran que entre las causas de la pobreza se encuentran las siguientes: El entorno geográfico de un país. Hay países que cuentan con más recursos naturales que otros; los escasos recursos de un país por la sobrepoblación. Esta es una causa de desempleo, y a su vez, este último conlleva a la pobreza; la falta de educación. El analfabetismo causa que una persona no tenga las bases suficientes o lo limite para tener un mejor empleo; los problemas políticos y de corrupción no favorecen la buena distribución de los recursos que beneficien a los ciudadanos. Las ganancias van directamente a las élites gobernantes: Las clases que ostentan el poder. Las diferencias políticas también conducen a la pobreza. Hay mucha manipulación y la gente tiene miedo de probar nuevas formas de gobierno que puedan ser mejores; las enfermedades. Una epidemia puede destruir la economía de un país. Y si la falta de recursos y medicamentos es grande, entonces tendremos como consecuencia la imposibilidad de combatir los padecimientos; por último, también la cultura puede ser un factor causante de pobreza: hay sociedades en las que la mujer está sometida. No se les da ni educación suficiente ni se les permite trabajar. Y peor aún si la familia se hace más grande, habrá más pobreza.

La pobreza, la carencia de los satisfactores básicos, trae muchas consecuencias tanto de tipo personal como social. Estas son algunas de las consecuencias: La delincuencia: un territorio carente de servicios básicos, donde la gente no cuenta con dinero suficiente sufrirá de actos delictivos, se da el terrorismo, la drogadicción, narcotráfico, mafias. Aumentan los homicidios y varios delitos como la prostitución y los secuestros; la escasez alimentaria: al carecer de los satisfactores básicos esto trae como consecuencia la desnutrición de estos grupos. Sólo comen una, (a veces dos) vez al día y esto genera muchas problemas en la salud, como enfermedades y bajo coeficiente intelectual; salud: la pobreza indica que las personas están propensas a sufrir enfermedades más frecuentemente; integridad y moral: las personas que viven en situación de carencia, y que cuya mayor preocupación es medio alimentarse y sobrevivir pueden presentar problemas de baja autoestima y de moral. Esto les trae condiciones en las que sienten que no pueden exigir un buen trato o servicio. Su integridad se ve afectada por la discriminación y también son capaces de, como se dice coloquialmente, vender su alma al diablo y realizar acciones negativas; falta de privacidad de libertad y entretenimiento: la carencia de dinero impide que las personas puedan hacer actividades agradables o que les genere cierta felicidad. No tienen muchas opciones para escoger qué comer, el lugar dónde vivir o para realizar el trabajo que quieren hacer. En muchos casos no se tiene acceso a la educación y los chicos tienen que trabajar para ayudar en la economía familiar; y, por último, la pobreza trae diferencias sociales y genera problemas y resentimiento por no tener acceso a productos y servicios específicos para tener la misma calidad de vida.

Rigoberta Menchú, premio Nobel de la Paz, lo dice así: la paz no es solamente ausencia de guerra, y afirma: mientras haya pobreza, racismo, discriminación y exclusión difícilmente podremos alcanzar un mundo de paz. Esa es tarea conjunta del gobierno y de los ciudadanos conscientes que buscan desarrollar una cultura de la paz para el buen vivir de nuestras comunidades.

 

 

           

 

“La tierra tiene lo suficiente

para satisfacer las necesidades de todos, pero

no las ambiciones de unos cuantos”.

-Mahatma Gandhi-

 

Soy de la generación del sesenta y uno. Cuando era niño, Cuernavaca era una comunidad tranquila. Vivía en la calle de Degollado en el centro de la ciudad. Estudié en el jardín de niños “Resurgimiento”, en el parque Revolución, y luego estudié el primer año en la primaria Benito Juárez García. Una de las cosas que conserva mi memoria con mucha alegría era cuando acompañaba a mi madre al mercado Adolfo López Mateos. Era toda una ceremonia porque se preparaban las canastas y las bolsas para ir al “mandado”. Conforme comprábamos las cosas se iban llenando las canastas y si faltaba espacio, sacábamos las bolsas tejidas con hilos de plástico. Parecía un safari. Mi madre adelante y yo y otros chicos que se alquilaban para ese fin, íbamos cargando las cosas del mandado siguiendo las órdenes de mi madre. Era toda una aventura ir de compras al mercado. Por un lado las especias y los moles junto con las cosas de brujería y esoterismo. Por otro lado las pollerías, más allá las carnicerías y más arriba las fruterías. Justo cuando entrábamos se encontraba el altar a la virgen de Guadalupe y mi madre y yo hacíamos la reverencia acostumbrada y me “persinaba” (tiempo después descubrí que la palabra correcta era “persignar”. A veces le pedía a mi mamá que me llevara a la zona de juguetes para ver si me gustaba algo. Eran juguetes sencillos pero juguetes que me hacían imaginarme muchas cosas. La aventura del mercado culminaba con la pregunta de mi jefecita chula: ¿tienes hambre? Obviamente siempre respondía afirmativamente y nos íbamos raudos y veloces a los puestos de carnitas para comer unos deliciosos tacos. La vida era sencilla. Muy simple. Hermosamente simple.

Pasó el tiempo y se establecieron los primeros supermercados en nuestra comunidad. Las cosas comenzaron a cambiar. Mucha gente cambió sus costumbres. Era más cómodo ir al súper. Había aire acondicionado, todo en sólo lugar y muy limpio. Carritos para pasar entre los estantes y, al final, pagar en la caja. Y no había necesidad de llevar tus canastas porque todo te lo daban en bolsas de plástico… sin pensar en todas las consecuencias que esto le traería a nuestra madre Tierra.

Somos los culpables de todo lo que pasa en el planeta. Pero más que nosotros, los culpables son los gobiernos que han otorgado tantos y tantos permisos sin analizar el posible daño que vendría como consecuencia. Hemos causado deforestación, hemos acabado con especies animales, hemos estado agotando muchos recursos naturales. Hemos contaminado los mares y los ríos. Pero cuando digo “hemos”, en realidad quiero decir que son los gobiernos los que han estado atacando a nuestra madre Tierra. El grueso de la población no tenía idea de las consecuencias catastróficas que sólo el uso de las bolsas de plástico traería. Ahora que vemos las consecuencias, tenemos la obligación, ciudadanía y gobierno, de tomar las medidas necesarias para evitar la contaminación.

California es el primer estado de la Unión Americana que ha establecido leyes en las que se prohíbe el uso de bolsas de plástico. Ya existían estas leyes en algunos municipios pero ahora se extiende a todo el estado.

Jonas Edward Salk, investigador médico reconocido por su aporte a la vacuna contra la poliomielitis, alguna vez, ante la depredación humana dijo que si desaparecieran todos los insectos de la Tierra, en menos de cincuenta años desaparecería la vida. Y si todos los seres humanos de la tierra desaparecieran, en menos de cincuenta años todas las formas de vida florecerían.

Canadá, Irlanda y Australia también han tomado cartas en el asunto de prohibir el uso de bolsas de plástico de una sola vez. Así se les llama a las bolsas que dan en los comercios.

El estado de cosas actuales tiene que cambiar. Urge un nuevo paradigma, y ese paradigma, entre otros que hemos mencionado, se llama “derechos de la tierra”.

Evo Morales, presidente de Bolivia, promueve la “Declaración Universal de los Derechos de la madre Tierra, la cual promulga en octubre del dos mil doce en su país. En ella, se reconoce a la Tierra como un sistema viviente de derechos y se compromete a la comunidad  a defender la ecología terrestre. Además, sostiene que

Este es un reto muy importante para los nuevos gobernantes. Nuevas políticas públicas en las que se incluyan los derechos de la madre Tierra para vivir mejor en comunidad y llegar a una cultura de la paz para el buen vivir.

Aquellos recuerdos de infancia de ir al mercado con nuestras propias canastas y bolsas tal vez se conviertan en “nuevas” política públicas como lo están haciendo en California.

 

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