Lunes, 06 Noviembre 2017 05:31

Definiciones políticas obsoletas

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“La derecha defiende los intereses de los privilegiados,

en tanto la izquierda se preocupa por los desamparados.” 

-Mario Bunge (21 de sept. 1919. Argentina)

 

La historia de la humanidad, después de los sucesos de 1789 en Francia, siempre ha llevado dos conceptos, los cuales han dejado estragos por ambas partes en todos los países, tanto a nivel físico, económico, filosófico, religioso, social y moral. Recordemos la revolución francesa y las razones por las que se luchaba. En 1789 en la asamblea nacional que se llevó a cabo entre agosto y septiembre, los delegados con diferentes doctrinas, y que iban a debatir sobre el peso de la autoridad real frente al poder de la asamblea popular, se distribuyeron de la siguiente manera: los que estaban a favor de la autoridad real (la aristocracia y el clero) se ubicaron al lado derecho del presidente, posición relacionada con los lugares de honor;  y los que se opusieron a este veto real quedaron del lado izquierdo y se proclamaron como patriotas. Durante el siglo XIX, esta dicotomía derecha-izquierda se extendió por Europa y a partir de 1830 también llegó a América del sur.

A partir de entonces, en todos los países ha existido esta dicotomía pero con diferentes matices. Podríamos decir que en Francia es la lucha entre republicanos y socialistas; en Estados Unidos sería entre el partido republicano y el partido demócrata; en Inglaterra es la lucha entre conservadores y laboristas; y, en Suiza la lucha partidista se da entre la Unión democrática del centro y el partido socialista suizo, por mencionar algunos casos.

Si nos vamos, pues, a los orígenes de estos vocablos y su formalización en la lucha política, podemos observar que los valores de autoridad, identidad nacional, orden, seguridad, tradición y conservadurismo han pertenecido a la derecha política mientras que los valores de progreso, igualdad jurídica, respeto a lo nacional y autóctono, insubordinación y reformismo, siempre han sido los valores emblemáticos de la izquierda.

De esta manera se fueron dando en cada país luchas por el cambio, Luchas por el reconocimiento de los derechos de los marginados y en ellos se fueron instaurando las políticas públicas a su buen entendimiento.

En el caso mexicano, la “derecha” siempre ha estado en el poder, y se ha visto a todos aquellos que no lo son como un peligro. De hecho, recordemos los sucesos acaecidos en San Miguel Canoa en 1968 y cuya historia se manifestó en la gran película de Felipe Casals, “Canoa”, en la que linchan a varios trabajadores de la Universidad de Puebla que andaban de excursión y que fueron confundidos con  “comunistas”, azuzados por el párroco del pueblo. Y si nos vamos a los sucesos que se dieron a nivel nacional en ese mismo año, tendríamos mucha tela de donde cortar.

¿Por qué en otros países se da la alternancia en el poder sin aspavientos, de manera democrática mediante el voto libre y secreto y de manera pacífica? La derecha y la izquierda han sido los motores del cambio. Del avance y desarrollo en un país pero… ¿Son estos los tiempos de seguir hablando de derecha y de izquierda? Es mi muy humilde opinión que ya no podemos vivir pensando, dialogando y enfrentándonos con esos viejos clichés de la izquierda y la derecha. El mundo ya no es lo que era. Si la sociedad en su conjunto ha cambiado y ha entrado a una nueva era, la política también se tiene que redefinir. Tiene que reinventarse. México no es el del 68. Aunque algunos gobernantes sigan pensando lo contrario. Estamos en una era distinta. Con nuevos paradigmas propios de una nueva generación. Los retos ya no son los mismos, las necesidades cambiaron, la dinámica social ya no es la misma. No nos quedemos atrapados en el pasado. Los tiempos que vienen nos urgen a cambiar de paradigma.

La primera parte es el respeto. No quiero que me impongan más cosas que no quiero. No quiero el “agandalle” de los tramposos. Quiero un mejor lugar para mis hijos y los tuyos. Una mejor sociedad. Vámonos poniendo de acuerdo. Estoy seguro que podemos lograr un mejor país. Primero el diálogo. Si no estamos de acuerdo, busquemos la mejor solución en conjunto. Como dicen que dijo Voltaire: “No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo.” Y lo digo en serio: Todos tenemos una opinión. Pero por muy diferente que sea, sé que podremos ponernos de acuerdo para lograr la armonía.

Buscamos una esperanza nueva, queremos una sociedad más justa, queremos paz, trabajo, mejores salarios, seguridad pública y social, vida digna para nuestros viejos, abundancia, mejor educación, vivienda para todos. En otras palabras, anhelamos un mejor México. En eso estamos un gran grupo de amigos y amigas. Tú, ¿qué anhelas para tu país? ¿Eres de izquierda o de derecha?

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M. en D. Primo Blass

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