Lunes, 12 Febrero 2018 05:37

Sofismas y cultura de la paz

Escrito por

“El buen ciudadano es aquel

que no puede tolerar en su patria un poder

que pretende hacerse superior a las leyes”.

-Marco Tulio Cicerón-

 

 

En México vivimos en una dualidad. En una dicotomía perversa. Por un lado vemos la violencia rampante, la corrupción y la impunidad, entre otros males, en todos los medios: en la familia, en la escuela, en el gobierno, en los medios de comunicación, y, actualmente, en los medios sociales, en fin, en toda la sociedad en su conjunto. Los sofismas, entendidos estos como argumentos falsos que se pretenden hacer pasar como verdaderos para confundir a la gente y alimentar falsas creencias y opiniones y enfrentarnos entre nosotros. Y, por otro lado, vemos los esfuerzos de psicólogos, sociólogos, académicos y gente buena que participa en las escuelas, en foros familiares y comunitarios para trabajar arduamente en la construcción de la cultura de la paz para el buen vivir.

La construcción de la paz parece imposible en nuestra sociedad. Debemos regresar al punto de partida. Tener leyes adecuadas y acatarlas. Seguimos viviendo en una sociedad donde las leyes se aplican a la voluntad e interpretación de quien las detenta. Y entre ellas se encuentran las llamadas “leyes vigentes pero ineficaces”. Ejemplos hay muchos. Ahí están los ordenamientos del Bando de Policía y Buen Gobierno de los municipios. Está clarísimo lo que está establecido ahí pero no se aplica. Ya he escrito sobre esto antes, y como ese ejemplo, hay muchos más.

La cultura de la paz es un tema urgente en nuestra sociedad. En varias instituciones se ha ido implementando poco a poco pero de manera firme. Facultades como la de Derecho y Psicología tienen materias que abordan el tema por lo urgente y necesario de su aplicación. Existe normatividad al respecto en algunos estados como el  Programa de Valores por una Convivencia Escolar Armónica de la Secretaría de Educación en el Estado de México al notar que el problema de  la violencia en las escuelas es cada vez más fuerte.

Lo he repetido constantemente en esta columna, la cultura de la paz es urgente y necesaria. Y, además debe ser promovida por los gobiernos y los partidos políticos apoyándose en las disciplinas y organizaciones que han estado trabajando intensamente en el tema. La paz no es la ausencia o inexistencia de conflictos, es imposible, dada la naturaleza del ser humano. Los conflictos siempre existirán. Lo importante es actuar previniéndolos, o aun cuando se dé uno, lo fundamental es que existan mecanismos pacíficos para su resolución.

En la Declaración de la ONU sobre una cultura de la paz del 6 de octubre de 1999, el artículo 2 establece que “una cultura de paz se logra por medio de valores, actitudes, comportamientos y estilos de vida propicios para el fomento de la paz entre las personas, los grupos y las naciones.”

Ya es hora de considerar todos estos elementos para iniciar una nueva era. Una era de convivencia pacífica y armónica.

He leído tantos escritos en los medios sociales que se disfrazan de verdad pero sólo son eso, sofismas. Hay un video que vi, por ejemplo, que dice que si quieres un mejor país que debes comenzar contigo mismo. Ahí te dan varios “consejos” para lograrlo. Pero esto es una verdad a medias. Yo quiero ser una mejor persona y mejor ciudadano. Sin embargo veo y vivo la violencia por todos lados, he sufrido robos, abusos de autoridad, he visto esas lonas que colgaron hace unos días exhibiendo y difamando a una funcionaria de la alcaldía de Cuernavaca. Y ni mi mejor comportamiento ni mi observancia a las leyes van a hacer de éste un  mejor país porque no es posible hacerlo de manera aislada. Vivimos en sociedad. Por tanto, debemos construir una estructura que funcione para todos. Debemos trabajar hombro con hombro, mano con mano, hombres y mujeres, sociedad civil y gobierno para hacer de la cultura de la paz una realidad y mejorar nuestra forma de vivir tanto de manera privada como en la vida pública para construir un mundo feliz. Un mundo mejor para nuestros hijos aunque parezca una utopía.

 

 

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M. en D. Primo Blass

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