Domingo, 12 Noviembre 2017 06:52

El indigente de mi calle Featured

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¿Quieres que le eche agua o que le dé una patada? Mis ojos no pudieron disimular y se abrieron del asombro hasta quedar como el tamaño de un plato para postre ¿QUÉ? (conteste de inmediato) si estamos hablando de una persona, de un ser vivo, no soy capaz de asustar a un perro callejero mucho menos a un hombre.

Todo esto que les relato ocurrió porque hay un indigente que ya agarró (como otros) de vivienda el centro del Cuernavaca, les recuerdo que tengo un negocio precisamente ahí, y un amigo que pasó a saludarme me quiso “ayudar” para deshacerme de esa compañía. Mi vecino desde el temblor que no abre, entonces esa cortina cerrada es su hogar. Y la verdad sí es molesto tenerlo de vecino porque evidentemente huele mal, además de que sus ropas están rotas y a veces se le ven cosas que no se le deberían de ver, sus “partes nobles,” y eso es perturbador para las mamás que van con sus hijos pequeños, en realidad para todo mundo y me incluyo yo también. También he de reconocer que ha habido gente que no se atreve a entrar a mi local por su presencia, pero echarle agua o darle una patada!? no va conmigo. Es indigente pero tiene derechos y no quiero ser yo quien los viole.

Las consecuencias de esta situación son de un amplio alcance social y la verdad no me queda claro qué autoridad es la que deba hacerle frente a este tipo de situación.

En México existen millones de familias que no pueden acceder a bienes y servicios básicos. La falta de ingresos afecta la escolaridad de los menores y las posibilidades de formación laboral o profesional en la adultez,  lo cual genera sin duda un círculo vicioso que va convirtiendo la “necesidad pasajera” en una pobreza permanente, provocando la pérdida de posibilidades de progreso. De este problema se deriva uno más: la pérdida de capacidades intelectuales y productivas con efectos de largo plazo que repercuten en nuestra sociedad a largo plazo.

La indigencia puede derivar, además, en la marginación y la desocialización, con el desgaste de las formas de convivencia social y la aparición de nuevos problemas de seguridad y de salud, porque esa es otra, son sin duda un foco de infección, hay algunas que tienen problemas de piel severos.

Pero qué o quiénes ha llevado a estas personas a vivir en las calles y deambular sin rumbo ni destino fijo?,  ¿rompieron con sus lazos familiares?, ¿cómo perdieron valores sociales, tales como el aseo personal? O tal vez tienen una discapacidad mental o física y otros tantos problemas de alcoholismo y adicciones.

Y ahora una pregunta mucho más difícil de contestar ¿quién o quiénes son los responsables de brindarles apoyo y las posibilidades de recuperar su vida, su dignidad?

Quienes nunca hemos vivido una situación como esta de tener problemas financieros de adicción o mentales, pensamos que “eso nunca nos ocurrirá a nosotros o alguien de nuestra familia”, lo que nos convierte en seres intolerantes con estos habitantes de la calle :(

Esta línea no tangible que existe entre los “afortunados” y los “desafortunados” acentúa preocupantemente la exclusión que sin duda viven y sufren éstos últimos, ya que cuando no reciben una mirada de desprecio, recibieran una patada o aun peor ¡son ignorados!

Por eso es urgente devolverles la dignidad, mediante un programa integral que incluya por supuesto alimentación, educación, salud y hasta la enseñanza de algún oficio; ayudarles a provocarles otro futuro.

Creo que no deberíamos ser duros con estas personas y en cambio ayudarles con alguna palabra que los haga sentirse incluidos en esta sociedad. Juntos podemos (sociedad y gobiernos) ayudar a los indigentes que no creo estén viviendo en un paraíso.

 

“Una nación no debe juzgarse por cómo trata a sus ciudadanos con mejor posición, sino por cómo trata a los que tienen poco o nada”.

 

Nelson Mandela

 

Hasta la próxima.

 

I love <3

Laura Medina

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