Lunes, 30 Diciembre 2013 02:31

Los antecesores de “El Ponchis”

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El lunes 19 de septiembre del 2005 el municipio de Jiutepec se despertó con una noticia espeluznante: en menos de 24 horas habían sido descubiertos dos cadáveres que mostraban ciertas similitudes entre sí. 

Por principio de cuentas, ambos eran taxistas; sus cuerpos habían sido encontrados en la parte oriente de Jiutepec, pero lo más impresionante es que en los dos casos las víctimas mostraban evidencias de haber sido ultimados con una saña inaudita.
Ricardo Armenta Lara, trabajador del volante que tenía su domicilio en la colonia Nopalera de Temixco, fue encontrado alrededor de las 14 horas del 16 de septiembre cerca de un río en la colonia Cliserio Alanís de Jiutepec, con huellas de haber sido atacado a golpes y después rematado a cuchilladas o machetazos en el cuello.
El hallazgo del otro taxista, Luis Villagrán Demédicis, ocurrió el domingo 18, a unos cinco kilómetros del anterior, en la colonia Jardín Juárez, en el lugar conocido como “Loma Bonita”. También mostraba huellas de tortura pero éste había sido rematado con disparos de escopeta y estaba amarrado de pies y manos.
El caso fue asignado al comandante Heliodoro Martínez García, del Grupo Homicidios de la Policía Ministerial del Estado, quien se entrevistó con los familiares de los occisos para indagar sobre la ocupación de los mismos, corroborando que eran choferes de taxi y que habían salido a trabajar normalmente horas antes de ser ultimados.
¿Dónde estaban entonces los coches que manejaban estas dos personas? Esa fue la primera pregunta que debía ser contestada. En el caso de Ricardo Armenta, éste tripulaba un Tsuru del Sitio Misión, en el municipio de Jiutepec.
Los policías indagaron en la Policía Municipal de esa localidad si ellos habían encontrado un coche con esas características, y la respuesta fue positiva.
Las primeras investigaciones de la Policía Ministerial permitieron descubrir que aproximadamente a las cinco de la madrugada del 16 de septiembre, la unidad 430 de la Policía Municipal de Jiutepec acudió a un llamado de auxilio en la avenida Emiliano Zapata de la colonia Progreso, ya que reportaban que estaban desvalijando un vehículo.
Según el parte informativo rendido por los elementos preventivos, al arribar al lugar indicado vieron cuando dos sujetos salían del vehículo y se perdían en la oscuridad. Pero lo peor no fue que los delincuentes se les hayan escapado, sino que después de descubrir que en el interior del taxi había un machete, un chuchillo y manchas de sangre, no dieron aviso al Ministerio Público y se concretaron a llamar a una grúa para que se llevara el vehículo al corralón particular “Aguilar”.
No obstante la falta de profesionalismo mostrada por la Policía Municipal de Jiutepec, la visita de los agentes ministeriales a la comandancia de esa localidad no resultó infructuosa, pues lograron obtener una pista: horas antes de encontrar el taxi mencionado, otro trabajador del volante había logrado escapar vivo de unos asaltataxistas, y podía tratarse de los mismos.
Con los datos proporcionados por la policía local, los ministeriales pudieron localizar al otro taxista, cuya identidad se mantiene en el anonimato por su propia seguridad.
Esta persona relató a los investigadores que el pasado 15 de septiembre, alrededor de las 20 horas circulaba por la colonia Jardín Juárez a bordo de su taxi, y al llegar al paradero de la ruta siete se le acercaron tres hombres y una mujer, todos muy jóvenes, quienes le solicitaron un viaje a la entrada de la colonia Progreso a la altura de los topes.
Después de convenir el viaje en 20 pesos, el taxi se dirigió al lugar indicado, y al llegar a la avenida Emiliano Zapata el chofer repentinamente sintió que uno de los pasajeros lo tomaba por el cuello aplicándole la llamada “llave china”, al tiempo que le decía “hasta aquí llegaste hijo de la chingada”.
El otro sujeto, que viajaba en el asiento del copiloto, de inmediato comenzó a golpearlo en la cara, por lo que detuvo la marcha del vehículo y en un movimiento rápido logró zafarse de sus captores, abriendo la puerta para salirse no sin antes tomar el bastón de seguridad.
El taxista retrocedió blandiendo su improvisada arma con lo que alcanzó a golpear a uno de sus atacantes, pero la superioridad numérica se impuso y los cuatro jovenzuelos, incluyendo la dama, lograron despojarlo del bastón y con el mismo le propinaron varios golpes en la cabeza cuando ya estaba tirado, además de puntapiés.
“¿Tienes hijos?”, le preguntó uno de los asaltantes, a lo que contestó que sí. “Pues hazlo por ellos, dinos donde está el dinero”, agregó el maleante.
Fue entonces cuando el trabajador del volante les dijo el lugar exacto en el coche donde guardaba la cuenta del día.
Pero los asaltantes no se conformaron con despojarlo de los 600 pesos que había obtenido hasta ese momento y dos relojes, pues regresaron con la intención de seguirlo golpeando.
Sin embargo, de la oscuridad surgieron dos hombres con aspecto de campesinos, ya que llevaban en sus manos machetes “de cinta”. “Ya estuvo, ya estuvo, ya déjenlo cabrones”, les gritaron a los jovenzuelos, quienes optaron por emprender la huida corriendo.
Ya repuesto del susto, el taxista recordó que un amigo de la colonia Jardín Juárez lo había visto cuando llevaba a bordo a los cuatro jóvenes, y después le comentó que él sabía quiénes eran esos sujetos que lo habían asaltado.
“Son de la banda de los diablos, la chava se llama Ivonne”, refirió.
Con esa pista, agentes ministeriales se dieron a la tarea de investigar quiénes eran “Los Diablos”, y cuáles eran los apellidos de Ivonne, a quien describían como una muchachita de 14 años.
Con muchas dificultades porque en la colonia todos le tienen miedo, los investigadores recogieron testimonios de que la banda de “Los Diablos” está conformada por adolescentes del rumbo de Jardín Juárez y colonias circunvecinas que se juntan a ingerir bebidas embriagantes y a drogarse en la calle Circuito Benito Juárez.
El líder era Sergio “El Diablo”, de 16 años de edad; su hermano Adán, de 14, conocido como “El Diablito”, quienes vivían solos pues su madre los había abandonado y seis meses antes de estos hechos su padre había fallecido.
Ivonne era novia de “El Diablo”, y en ese tiempo estaba embarazada.
Mujeres policías se encargaron de indagar los domicilios de los miembros de la banda. Enteradas de que Ivonne estudiaba en la telesecundaria de la colonia Progreso acudieron hasta ese plantel en su búsqueda, pero los directivos les informaron que la adolescente no iba desde el 19 de septiembre.
Ya con los datos de los domicilios, elementos ministeriales procedieron a su detención la madrugada del 23 de septiembre del 2005 en la calle Circuito Benito Juárez lote 14 Manzana 9. Ahí encontraron a “El Diablo” con su novia Ivonne, quienes los condujeron hasta donde se encontraban César “El Panzas”, de 17 años; Adán “El Diablito”; Francisco “El capi” de 13 años, Erasmo “La Belinda, de 17 y Felipe Aguilar Vázquez, alias “El Gasper”, único mayor de edad, pues en ese momento tenía 20 años.
La naturalidad con la que estos adolescentes narraron sus fechorías dejó atónitos hasta a los comandantes más experimentados.
La mayoría de los integrantes de la banda se conocían desde la primaria porque siempre habían vivido en la colonia Jardín Juárez que se ubica en un cerro al oriente de Jiutepec. Son miembros de familias desintegradas y desde muy pequeños ingieren bebidas embriagantes y drogas.
Fueron esos factores comunes los que hicieron que se juntaran con frecuencia cerca de una tienda de abarrotes a tomar cerveza. Era entonces cuando se les ocurría asaltar taxistas.
“El 15 de septiembre estábamos bebiendo se nos acabó la feria, entonces “La Belinda” dice: “hay que asaltar un taxista para seguir chupando”. Eran como las siete de la noche, dijo “El Diablo” a los policías durante el interrogatorio.
Narraron con lujo de detalle como asaltaron al primero, al que no pudieron matar porque aparecieron unos campesinos. Alrededor de la una de la madrugada asaltaron al otro (Ricardo Armenta) armados con un cuchillo de cocina y un machete.
A sus 14 años, Adán no tuvo empacho en declarar que “mi amigo le dio un machetazo en la parte del cuello; el machete lo traía Felipe y yo traía un cuchillo chico con el que le di dos cuchilladas en el estómago mientras lo bajábamos”.
“Al llegar a San Gaspar bajamos al taxista del carro, lo aventamos y cayó boca arriba y yo le clavé el cuchillo como unas cuatro veces a la altura del corazón y le pasé el cuchillo a Adán y se lo enterró tres veces”, refirió “El Gasper”.
Después de dejar tirado el cadáver al que sólo lograron quitarle 300 pesos, hicieron avanzar el vehículo hasta un lugar más escondido para tratar de quitarle el estéreo, pero entonces vieron venir una patrulla y huyeron corriendo.
Los niños diabólicos siguieron drogándose y tomando bebidas alcohólicas todo el siguiente día y la noche, hasta que a la media noche decidieron buscar otro taxista. A este lo abordaron en la colonia La Joya y le pidieron el viaje a la colonia Jardín Juárez. Iban Ivonne, “El Gasper”, “El diablo” y “El diablito”.
Al llegar a la calle conocida como “La 19”, Adán le aplicó la llave china al taxista y con la ayuda de su hermano lo pasaronn al asiento trasero mientras Felipe maneja el vehículo.
“El chofer nos amenazó diciendo que se vengaría que porque él era de la banda pesada, entonces pasamos a la casa de “El diablo” por una escopeta y nos fuimos al cerro”, declaró “El Gasper”
Es nuevamente Adán quien da más detalles del homicidio:
“Al llegar a un paraje bajan al taxista entre Ivonne y Sergio, caminando aproximadamente un kilómetro de distancia de la calle Copal y al llegar al lugar elegido Ivonne se encarga de amarrar al taxista y yo le tomó las manos hacia atrás para que quede bien amarrado asestándole dos puñaladas en la panza y enseguida Felipe le dispara con una escopeta y se la pasa a Sergio para que éste le dispare otra vez”.
El botín: 300 pesos y un estéreo.
Tal como ocurrió con Edgar “El Ponchis”, estos niños asesinos fueron recluidos en el entonces Consejo Tutelar para Menores Infractores, donde estuvieron hasta cumplir su mayoría de edad y entonces fueron dejados en libertad.
La diferencia está en que el llamado “niño sicario” (cuya historia ha sido publicada por periódicos de todo el mundo) fue enviado a Estados Unidos para ser sometido a un tratamiento psicológico y contra las adicciones.
En cambio, los adolescentes aquí mencionados, simplemente fueron arrojados a la calle y viven entre nosotros como cualquier ciudadano.
HASTA MAÑANA
 

Jesús Castillo

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