Publicado en Panóptico Rojo Domingo, 04 Marzo 2018 05:56

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Este sábado se conmemoró el Día Mundial de la Vida Silvestre, fecha que este año se centró en crear conciencia sobre los peligros que corren los grandes felinos, predadores amenazados: se dio a conocer que la población de tigres ha disminuido un 95 por ciento en los últimos 100 años y la de leones africanos un 40 por ciento en los últimos 20 años, además de que ha desaparecido el 25 por ciento de los jaguares.

El 20 de diciembre de 2013, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) decidió proclamar el 3 de marzo como el Día Mundial de la Vida Silvestre, con el objetivo de concienciar acerca del valor de la fauna y la flora salvajes; la fecha elegida marca el aniversario de la aprobación en 1973 de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES, por sus siglas en inglés), la cual juega un destacado papel en la protección de la especies frente al comercio internacional.

Entre los desafíos más alarmantes que enfrentan las especies silvestres hoy en día se cuentan la pérdida del hábitat, el cambio climático y la caza furtiva. La suerte de las especies silvestres del mundo estará muy pronto en las manos de la siguiente generación, por ello la necesidad apremiante de mejorar las medidas para garantizar la supervivencia de dichas especies y de enfatizar a la juventud los objetivos de conservación, además de incluir a más sectores de la sociedad en la tarea de la preservación.

Según ha destacado la ONU, “los animales salvajes y las plantas silvestres, además de su valor intrínseco, contribuyen a los aspectos ecológicos, genéticos, sociales, económicos, científicos, educativos, culturales, recreativos y estéticos del bienestar humano y el desarrollo sostenible”; este es el motivo por el cual el Objetivo de Desarrollo Sostenible número 15 de la organización internacional se centra en detener la pérdida de biodiversidad.

La celebración del Día Mundial de la Vida Silvestre también nos recuerda la necesidad urgente de combatir los delitos contra el medio ambiente y la disminución de especies causada por la actividad humana; este día internacional en específico dio la oportunidad de crear conciencia acerca de la precaria situación de los grandes félidos, que incluyen además de los cuatro de mayor tamaño -el león, el tigre, el leopardo y el jaguar-, al puma, el guepardo, el leopardo de las nieves o la pantera nebulosa, entre otros.

Los grandes félidos se cuentan entre los más notables y admirados del planeta, y, sin embargo, hacen frente a múltiples y diversas amenazas, en su mayoría causadas por la actividad humana, que deriva en la disminución de las poblaciones a un ritmo alarmante, debido a la desaparición de su hábitat y sus presas, la caza furtiva y el comercio ilícito; es necesario pedir que se tomen medidas para salvar a estas emblemáticas especies.

En el año 2015 comentamos el caso del león Cecil, en una colaboración especial para La Unión de Morelos entregada por una convencida activista de Greenpeace en Argentina.

Cecil se unió, tristemente, a un número, a una estadística. Se calcula que la industria de la cacería produce ingresos de más de 200 millones de dólares a los gobiernos africanos, por concepto de permisos, impuestos y cuotas; teóricamente, el dinero se utiliza entonces para apoyar el desarrollo de los parques nacionales y contribuir así con la conservación de la vida salvaje.

Una vida en la que quedará para la posteridad el nombre de Cecil: un león de larga e inconfundible melena negra que llegó como “refugiado”, desplazado de otro territorio, y que vagaba hasta que encontró a otro león macho, Jericho: juntos velaban por la seguridad de dos grupos, uno formado por tres leonas y siete cachorros, y otro con tres leonas. Defendiendo su territorio, dentro del parque natural de Hwange, de otros leones. Pero dicha defensa, contra la depredación provocada por el ser humano, no fue eficaz.

 Le cedemos algunas líneas al caso ya relatado en este espacio:

“La muerte de Cecil, el león más famoso y querido de Zimbabwe, ha dado la vuelta al mundo y conmovido a millones. Así es el punto que el cazador que diera muerte a este felino se ve de pronto cazado en su propio juego, no sólo por la ley, a la que ha de responder, sino por una sociedad mundial que lo condena y lo repudia.

El león Cecil era la estrella del parque natural de Hwange, ubicado en el oeste de Zimbabwe; un felino recordado como majestuoso, magnifico y nada agresivo. Indigna en este caso, no sólo la muerte, sino también los métodos utilizados. El león fue engañado, utilizando como cebo un animal muerto atado a un vehículo, para sacarlo de la reserva. Una vez fuera, fue agredido por el disparo de una flecha que, al no generar una herida inmediatamente mortal, dejó al animal en agonía unas 40 horas aproximadamente, tiempo en que deambuló sin rumbo mientras sus captores lo buscaban.

Al encontrarlo, el disparo de un arma de fuego terminó el nefasto trabajo y dio fin a la vida del magnífico león, que fue despellejado, su cabeza cortada y ambas llevadas como trofeos. Su cadáver fue encontrado días más tarde, gracias al GPS que llevaba en su collar, instalado por un programa de investigación de la Universidad de Oxford, para recoger datos sobre su forma de vida y su longevidad. Desacreditando la defensa del cazador, quien aseguraba que no sabía que el león estaba protegido.

Cecil llevaba nueve años en estudio, según ha informado Brent Stapelkamp, un investigador que le colocó su último collar GPS, en el mes de octubre pasado, y quien fue probablemente la última persona que estuvo tan cerca del león, vivo, antes que su cazador. Una excelente galería de imágenes de Cecil, compartidas por Stapelkamp, aún puede encontrarse en el sitio https://500px.com/Brent-Stapelkamp?utm_medium=twitter&utm_campaign=nativeshare&utm_content=web&utm_source=500px

La muerte de Cecil ha tocado el corazón de millones alrededor del mundo, por tratarse de una "figura popular" entre los suyos. Pero... ¿cuántos ‘Cecil’ tenemos a diario que, en el anonimato, caen por las manos de cazadores inescrupulosos? ¿Hasta cuándo la ley permitirá la tortura y la muerte de miles de inocentes que no tienen voz para defenderse? Es el derecho a vivir, junto a la libertad, el más grande de los que tenemos, y el mismo no debería ser contemplado únicamente para la especie humana. ¿Pero se puede esperar algo más cuando el respeto por la vida, la libertad y la expresión nos lo quitamos entre nosotros mismos? ¿Será por eso que el caso de Cecil, uniéndose al de millones de inocentes alrededor del mundo, ha golpeado tanto en la conciencia de quienes repudiamos la muerte y la violencia?

‘Era simplemente un animal’, muchos podrán decir... no obstante, el felino representa para muchos un espejo de la violencia creciente con la que tenemos que lidiar a diario, la víctima inocente cuya única culpa fue venir al mundo con la esperanza de ejercer dos de sus mayores derechos: la vida y la libertad”. Coincidimos.

 

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Margarita Rebollo

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