Miércoles, 09 Diciembre 2015 06:02

La cultura de la violencia

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Pensiones: la turbulencia

1.- Hace más de cuatro décadas, cuando inicié mi carrera periodística, cualquier ciudadano sabía que diversas zonas de Morelos se caracterizaban por la cultura de la violencia, quizás no a la manera del vecino estado de Guerrero, pero aquí ya teníamos “lo nuestro”. Un ejemplo de ello fue la región oriente, donde el pistolerismo era cosa común. Los hombres se mataban simplemente por “quítame estas pajas” o porque “me agravió”. 

Al transcurso de los años la problemática presentó altibajos, mientras la delincuencia organizada se infiltraba en las instituciones encargadas de la prevención del delito y la procuración de justicia. El narcotráfico, básicamente, erigió una estructura de control sobre muchas comunidades, paralela a la del gobierno en sus tres órdenes (federal, estatal y municipal). Fue así como la cultura de la violencia a nivel “doméstico” cambió y se tornó en bestial, como la hemos constatado en años recientes. Desde mi particular punto de vista, en Morelos todavía padecemos una cultura de la violencia, que se mezcla con la cultura del “narco” y la comercialización de armamento. 

2.- Según Johan Galtung, sociólogo noruego experto en conflictos sociales, la violencia es como un iceberg. Es decir, la parte visible es mucho más pequeña que las inobservables. Tipifica tres tipos de violencia: la violencia directa, la violencia estructural y la violencia cultural. La directa es visible y se concreta con comportamientos, respondiendo a actos de violencia. La estructural (“la peor”, dice Galtung) se centra en el conjunto de estructuras que impiden la satisfacción de las necesidades y se concreta en la negación de las mismas necesidades. Y la cultural, que crea un marco legitimador de la violencia y se concreta en actitudes. Esto es lo peor que nos pudiese suceder, gentiles lectores. ¿Estamos, pues, inmersos en una cultura de violencia, entendiéndola como la respuesta violenta a los conflictos? En el caso concreto de los morelenses ¿la vemos como algo natural, normal e incluso como la única manera viable de hacer frente a los problemas y disputas que nos encontramos a diario? Desde mi particular punto de vista respondo con un rotundo sí. A lo largo de 43 años de carrera periodística he visto la evolución de la violencia en mi entidad natal. Diez gobernadores (tres en el sexenio de pesadilla 1994-2000) y ninguno ha podido controlar por completo la violencia, mucho menos evitar la cultura de la violencia.

3.- Para Lolita Bosch, escritora mexicano-catalana radicada en Barcelona (España), el narcotráfico, unas autoridades y unos políticos impunes y una corrupción desmedida son la causa de la violencia que aún azota a México. Para ella, “la violencia es histórica si se entiende como estrechamente vinculada con el Partido Revolucionario Institucional en el poder, y es estructural en el sentido de que ha corrompido todos los niveles de la sociedad.” Agrega, además, que la violencia está vinculada con la política, su amparo, su venta y su protección. Asegura que “al derrumbarse el régimen de control priísta, la violencia estalla en México igual que en Irak la violencia estalla al derrumbarse el control autoritario.” Cree que México siempre será violento y corrupto. Y lo compara con el sur de Italia, Albania y el continente africano. “Hay formas culturales residuales que no se modifican y producen sociedades de enfermos mentales que normalizan la patología”, concluyó. ¿Ustedes qué opinan, estimados lectores? Para mí no hay duda: en Morelos prevalece la cultura de la violencia. Una de las principales vulnerabilidades de los últimos tres gobernadores -incluido Graco Ramírez- ha sido el riesgo de que se descontrole la violencia, apareciendo en el horizonte vaivenes en la eficacia gubernamental para controlarla. Lo deseable es que nunca veamos detonada una crisis de legitimidad en la utilización de los instrumentos coercitivos del gobierno. A ver.

4.- Cambiemos de frecuencia. Nadie ignora que Morelos ha sido protagonista en el lamentable caso de los 43 normalistas de Ayotzinapa. Un morelense, José Luis Luna

Torres, es una de las víctimas de ese crimen colectivo que cuenta entre sus víctimas no solo a quienes físicamente están desaparecidos, sino a sus padres que no cejan en su tarea de buscarlos, a cientos de activistas de todos los estratos sociales, incluidos artistas e intelectuales de trascendencia internacional, sumados a la demanda de que sean presentados vivos, y a toda la sociedad mexicana que ha debido acompañar el sentimiento de impotencia y frustración ante este hecho. Todo eso se ha recordado esta semana, primero con la visita del obispo Raúl Vera a las fosas de Tetelcingo y el señalamiento de que tales cuerpos deben ser identificados sin dilación, y ayer con la presentación del libro “Ayotzinapa, la Travesía de las Tortugas”, que relata la vida de los normalistas antes de los sucesos del 26 de septiembre de 2014. La presentación se efectuó en el lobby del Congreso y corrió a cargo del periodista morelense autor de la obra Ángel Álvarez. Mi respeto, cariño y admiración para este brillante colega. Enhorabuena.

5.- Diputados de la Comisión del Trabajo y autoridades del Poder Ejecutivo se reunieron en privado ayer para analizar la iniciativa oficial relacionada con el régimen de pensiones y jubilaciones. Al evento fueron invitados dirigentes de sindicatos de burócratas, pero éstos abandonaron el lugar en rechazo a la presencia de Alberto Barona Lavín, secretario de Administración del Gobierno estatal, quien sin embargo se mostró satisfecho con la reunión, pues en ésta el Ejecutivo y el Legislativo habrían acordado pagar el costo político que les pueda resultar de la reforma a la Ley del Servicio Civil, lo cual implicaría que la suerte de los trabajadores al servicio del Gobierno del estado está echada: la reforma va. Los trabajadores dicen que el propósito gubernamental es desaparecer el régimen de pensiones y jubilaciones; el Gobierno llama a los burócratas a actuar con responsabilidad y a asumir, bajo esa óptica, el daño que pueda resultarles. El fondo del asunto es dinero: unos no quieren perder su pensión y no quieren ver que en unos años harán colapsar las finanzas oficiales, y otros no quieren pagar y piden a los trabajadores que se sacrifiquen. Las protestas de burócratas comenzarán de un momento a otro.

6.- El tema de las pensiones motiva no solo la atención de la opinión pública estatal, sino también la de otras latitudes nacionales. En el Congreso de la Unión ayer fue aprobada la reforma a la ley del ISSSTE por la que Pensionissste se convierte en una empresa paraestatal que operará como una afore pública y contra la cual las izquierdas se manifestaron de maneras diversas. Mientras que Morena, PRD y Movimiento Ciudadano tomaron por un rato la tribuna legislativa, el Sol Azteca mediante legisladores como la morelense Lucía Meza, destacó que fue el único partido que formuló una propuesta seria para avanzar en la modernización de Pensionissste pero sin llegar a la privatización. A las afueras de la Cámara de Diputados hubo manifestaciones de protesta por parte de miembros de diversas organizaciones sindicales, lo cual contrasta con posturas afines, para algunos dóciles, de sindicatos progobiernistas como la FSTSE, el SNTE y la CONTU, que ayer decidieron formar un frente común a favor de la reforma de pensiones promovida por la Presidencia de la República.

 

Guillermo Cinta

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