Miércoles, 10 Enero 2018 06:00

Reflexión navideña

Written by Gustavo Viniegra González

En esta Navidad como hace miles de años, el mundo entero conmemoró el fin de un ciclo solar y el principio del siguiente. Quizás convenga pensar cómo hemos llegado a convertir esta fecha que por siglos estuvo impregnada de barbarie y salvajismo, en una fiesta de amor, paz y convivencia.

Según Jakob Bronowski la aventura de nuestra especie surgió hace 5 millones de años, de las tinieblas de los cerebros primitivos de los primates, pasando por los antropoides hasta que apareció el Homo sapiens, hace 250 mil años. La lenta transformación de la cultura es una hazaña digna de recordarse. De la recolección y cacería, con herramientas simples de piedra, transitamos, hace 20 mil años, a la agricultura y hace 10 mil años emergieran las grandes civilizaciones. De la observación de los planetas y las estrellas surgieron los calendarios. De la fusión del calendario solar y el lunar surgió la idea moderna del año, los meses y los días y de la observación de las estaciones surgieron las principales fiestas que ahora son parte del calendario cristiano: la Pascua en la primavera, San Juan en el verano, Todos los Santos en el otoño, y la Navidad en el invierno. En la primavera, el cordero pascual es compartido por judíos, musulmanes y cristianos. La fiesta de San Juan, en el solsticio de verano, es una fiesta de la fertilidad en países tan remotos como la India y México, con danzas en las hogueras y celebraciones de los enamorados. El equinoccio de otoño coincidió con el encierro del ganado en los países celtas y una borrachera con cerveza y gran comilona, rogando a los espíritus (Todos los Muertos o Halloween) que el invierno sea benigno. Finalmente, la Navidad en el solsticio de invierno, es el renacimiento del sol, cuando de nuevo el día empieza a ser más largo que la noche y hay esperanzas para un nuevo ciclo agrícola.

Jesús fue sacrificado como parte del rito pagano de la primavera, cuando se proponían a dos reyes y el pueblo escogía quien era la víctima. Así lo hacían los asirios y los romanos. A Jesús lo escogieron por encima de Barrabás. Ambos estaban acusados de sedición contra los romanos. Barrabás, partidario de la secta llamada de los zelotes, promovía la violencia y la insurrección. Jesús pertenecía al movimiento pacífico de los esenios que se oponían al sacrificio de los animales y su comercio en el templo. Los fariseos promovieron la ejecución de Jesús, quien lanzó los mercaderes del templo. Aparentemente, Jesús amenazaba los arreglos políticos y económicos de los fariseos con los romanos. A éstos les preocupaba mucho que una insurrección contra los fariseos, se volviera una insurrección del pueblo judío contra el Imperio Romano, cosa que ocurrió algunos años después según lo narró Flavio Josefo.

James Frazer interpretó la tradición del sacrificio del rey del carnaval, proveniente de la Mesopotamia, como el sacrificio prehistórico del rey para renovar el poder y recuperar el vigor del pueblo. Luego el rey propuso un sustituto que ahora se llama el rey Momo y se quema en efigie. Los romanos tenían un rey falso que lo sacarificaban en esas fiestas. Quizás por eso, a Jesús lo hicieron el “rey de burlas” y lo disfrazaron de Rey de Judea. De ahí la leyenda “Iesus Nazarenus Rex Ieudeorum” que se abrevia como INRI y es parte de la simbología cristiana.

La iglesia cristiana halló conveniente sustituir la fiesta romana de Saturno, donde se sacrificaban niños y se hacía un carnaval de borrachera y licencia, por la fiesta civilizada de amor y paz. En la Saturnalia, los romanos permitían que los esclavos y sirvientes se divirtieran a costa de los amos y todo mundo hacía desorden. Para los griegos era la fiesta de Uranos, dios de la agricultura.  En el Museo del Prado se puede ver un cuadro de Francisco Goya, donde Saturno está devorando un niño que nos recuerda el mito de Uranos, quien se comía a sus hijos. Los sacrificios de infantes de los fenicios y cartagineses al dios Baal se terminaron con el cristianismo. La Iglesia civilizó al mundo y logró convencer a todos que había que celebrar el renacimiento del sol con cariño, esperanza y solidaridad. Por eso se ha vuelto la fiesta universal.

Por lo tanto, no sólo avanzamos en conocimientos sobre las estaciones como resultado de las revoluciones de la tierra alrededor del Sol. También avanzamos en la convivencia y armonía con nosotros mismos. Y eso es un logro sensacional. Salir de la violencia y del salvajismo para llegar a la paz colectiva y al amor es un triunfo, tanto de la inteligencia como de nuestras emociones compartidas. Es un triunfo de la sabiduría sobre la pasión que merece ser celebrado en la intimidad de todas las familias y con el cariño de los amigos.