Publicado en Sociedad Viernes, 08 Noviembre 2019 05:08

Autopromoción

Escrito por Daniel Zetina

Envidia Del lat. invidia. Tristeza o pesar del bien ajeno (rae).

Otro aspecto criticado por muchos escritores, es cuando un autor trabaja en su autopromoción, ignoro por qué se gasta tanta saliva y tinta en denostar dicha práctica, así que me enfocaré en el fenómeno mismo.

Para ello me valgo de un falso aforismo, más bien de una divagación: un escritor es un artista; un artista es una persona que puede ser productiva en la sociedad; un artista puede ganar dinero por su trabajo, por todos los medios que tenga a la mano; una persona productiva es útil en la sociedad; con ello, un escritor puede ser productivo y útil mientras sublima la vida por medio de sus letras; asimismo, quien produce, puede valerse de cualquier estrategia legal para promover su trabajo y hacer efectiva su vida laboral, recibiendo una remuneración digna por ello…

Ahora me concentro: la promoción permite que la gente conozca algo, por lo que podrá llegar de mejor manera al consumidor (en nuestro caso, los lectores), quien contará con más elementos para decidir si lo consume o no.

La promoción tiene mucho de comunicación, también de marketing, pero incluye otros conceptos, como producto, agenda, medios y redes sociales, que puestos a trabajar en conjunto permiten que la promoción se desarrolle de la mejor manera, en un tiempo y un espacio determinados. Esto comienza a sonar complicado, ¿no?

En el caso que analizo, hay un autor, que tiene una obra y quizás otros productos (conferencias, talleres), que desea vender en un contexto específico. Quiere ser conocido porque así se dará a conocer su trabajo, como obra y producto de arte. Aquí hay que tomar en cuenta que el escritor es, o puede ser, el producto mismo.

(Casi) todos los escritores quieren ser leídos y conocidos, incluso reconocidos. El ego nos gobierna en gran medida, y es comprensible, porque con contra desde ante para por el ego hacemos literatura. Así parece, ahora sí, lógico que un autor sea promocionado para alcanzar su propósito, con lo que, si nos ponemos elevados, el arte alcanza su propio fin, que es (o empieza o pasa por) conmover a los lectores.

Hasta aquí todo claro, a pesar de lo barroco que me está saliendo este texto. En fin, un autor y sus ganas de trascender… y lo que necesita para ser conocido: promoción. Estoy obviando que tiene una obra, que, si es buena o mala, eso lo dirá el público, cuando pueda conocerla. Esto, porque opino que en México prácticamente no existen los críticos literarios, o son tan pocos y publican en medios marginales (o académicos, peor aún), que no resultan nunca determinantes en que un libro tenga o no éxito. Se oye feo, pero en una sociedad como la nuestra, donde el lector es su propia medida, los críticos literarios salen sobrando. No digo que estorben, solo los veo como algo inocuo.

Lo que sí vale muchas veces para llamar la atención del público son los comentarios de otros escritores sobre un libro nuevo. Son una estrategia conocida, incluso en textos que el tiempo determina que no valieron la pena. Y ojo, porque un buen escritor nunca es un buen crítico literario, ¿o conoce usted algún buen caso?

La promoción no solo es lícita, válida y necesaria, es incluso recomendable. Las editoriales comerciales invierten mucho dinero en publicidad. Las agencias literarias son especialistas en promoción, así como todos los publirrelacionistas (pr, por sus siglas en snob) que contratan. Muchos grandes o medianos autores pagan para que los promocionen otros, dando la finta de que la promoción es espontánea… cuando es una estrategia. Quizás la fama es una ilusión, pero la promoción no lo es, porque se trata de algo indispensable en cualquier área de nuestra sociedad y de un arduo trabajo también.

¿Entonces por qué criticar a los escritores que se autopromueven?  

Vale más aprender a hacerlo bien, porque yo, que la practico y supongo que lo haré siempre, he aprendido a desarrollarla mediante muchos errores, pérdida de tiempo y esfuerzos inútiles. Aprendí por el espinoso camino del autodidacta, pero lo he hecho. Licenciado en Letras al fin, y apasionado de hacer libros, he aprendido a promocionarme y, créanme o no, eso me ha permitido en gran medida vivir del arte, vender miles de libros y llegar a los lectores, quienes me complacen con su diálogo. Gracias por leer.

 

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@DanieloZetina

 

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