La enseñanza de las matemáticas y la estadística en las escuelas ha sido siempre un gran desafío: por una parte, muchos alumnos tienen miedo de tomar y reprobar esas materias y, por otra, los maestros no tienen los recursos pedagógicos para enseñarlas en forma efectiva. Eso ocasiona altas tasas de reprobación e, incluso, motivan la deserción escolar.
Es importante destacar que la gran utilidad de estas materias, que finalmente usamos en algún momento de nuestras vidas, en algún nivel, es que nos permiten obtener y dar sentido a datos que surgen del día a día, o descubrir las relaciones que existen entre ellos. También nos permiten medir aspectos o factores que nos permiten tomar mejores decisiones. “Lo que no se mide, no se puede mejorar”, decía el ingeniero Edward Deming, patriarca del sistema de control estadístico de la calidad, allá por 1951.
La OCDE, Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, volvió a aplicar la prueba PISA en México, luego de la pandemia, en 2022. En ella, los estudiantes mexicanos obtuvieron un promedio de 395 puntos en Matemáticas, inferior al promedio de 472 puntos obtenidos por los 37 países evaluados. Estos resultados empeoraron en relación a los obtenidos desde el año 2009.
Congruentemente con esto, la mayor cantidad de egresados del nivel superior en México, cursan carreras de perfil administrativo contable, ciencias sociales y humanidades. En 2019, el 62% del total de egresados de nivel superior cursaron alguna rama afín a las ciencias sociales y humanidades; solo el 19% alguna ingeniería; y el 18% ciencias exactas o de la salud.
Una causa importante de esta falta de ingenieros o técnicos calificados es el miedo de los estudiantes a los números. Muchas veces este temor surge porque los maestros de matemáticas y la estadística no se esfuerzan en darle sentido a las mismas y facilitar su comprensión y práctica. Y emplean una evaluación de tipo sumativa: si los alumnos obtienen una calificación de 5 a menos, reprueban. No hay una evaluación formativa, que valore el avance del alumno, más allá de los números.
Es importante que la enseñanza de las matemáticas y la estadística se haga menos ardua y más comprensiva, resaltando sus aspectos útiles en la vida cotidiana. Los maestros que las impartan deben tener ese perfil profesional, pero, además, conocimientos y práctica pedagógica para poder enseñarlas. Solo así el aprendizaje de estas materias se volverá atractivo y útil, y dejará de ser, para muchos alumnos, un castigo o una tortura.