Según expertos, el meteorito cruzó Puerto Rico en 10 segundos y tenía una longitud de 60 centímetros

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El objetivo de estos vuelos es validar la tecnología que más adelante se pondrá en órbita

 La instrumentación electrónica se diseña y prueba para que forme parte de nanosatélites tipo CubeSat, que contribuirán al estudio y caracterización de la ionósfera

La NASA lanzó a la estratósfera un módulo de instrumentación electrónica desarrollado por especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México y del Instituto Politécnico Nacional. El objetivo es validar, en condiciones de espacio cercano, la tecnología que más adelante se pondrá en órbita para contribuir al estudio y caracterización de la ionósfera.

Los vuelos estratosféricos en globo son mucho más fáciles de hacer y de menor costo, por lo que la instrumentación electrónica se prueba antes, con la idea de que forme parte de nanosatélites tipo CubeSat, que se enviarán a la ionósfera, explicó indicó Rafael Prieto Meléndez, técnico académico del Instituto de Ciencias Aplicadas y Tecnología (ICAT) de la UNAM.

El maestro en ingeniería detalló que el módulo contiene instrumentación básica, principalmente la computadora de a bordo y algunos sensores (de temperatura, presión y humedad), así como un GPS para tomar datos y hacer el proceso de adquisición y registro de las señales que se registran en el vuelo. El equipo también contiene sensores de movimiento inercial, que incluyen acelerómetros, giróscopos y magnetómetros.

“Queremos tomar mediciones que ayuden a caracterizar el plasma que forma a la ionósfera y ver cómo le afectan diversos factores externos, como el clima espacial y la actividad solar, y cómo se relaciona con diversos fenómenos que ocurren en la Tierra. Pretendemos conocer las perturbaciones que tiene la ionósfera”, subrayó.

El globo lanzado por la agencia espacial de Estados Unidos, que llegó a una altura máxima de 38.5 kilómetros, llevaba colgando una góndola con tres experimentos científicos, dos de universidades estadounidenses y uno mexicano. “Para participar en esta misión sometimos nuestra propuesta a la NASA, ellos la evaluaron, consideraron que era pertinente y fuimos seleccionados para participar”, resaltó Prieto.

Desde hace casi cuatro años, el ICAT y el Centro de Desarrollo Aeroespacial (CDA) del IPN colaboran en este proyecto en el que generan instrumentación espacial, sobre todo satélites tipo CubeSat, orientados al estudio y caracterización de la ionósfera, esa parte de la atmósfera ubicada entre 80 y 400 kilómetros de altitud, una región siempre ionizada debido a los efectos de la radiación solar.

Módulo de carga útil

El módulo de carga útil EMIDSS-1 (Experimental Module for Iterative Design for Satellite Subsystems, versión 1), resultado de una colaboración entre el ICAT y el CDA, fue elegido para ser integrado a una plataforma suborbital y lanzado a la estratósfera, dentro de la campaña FY19 del programa CSBF (Columbia Scientific Balloon Facility) de la NASA.

El módulo de instrumentación electrónica fue integrado dentro de la plataforma 11 MCF #697N y lanzado desde la base del programa CSBF, ubicada en Fort Sumner, Nuevo México, Estados Unidos, en septiembre pasado, en un exitoso vuelo que tuvo una duración aproximada de cinco horas.

El viaje en globo sometió a los equipos a condiciones de espacio cercano, que son similares a las que tendrán a alturas mayores cuando estén en órbita. “Nuestro objetivo inmediato es caracterizar y validar los sistemas que desarrollamos, y cuando estén listos, el siguiente paso es poner la instrumentación en un satélite y lanzarlo a la ionósfera”, resumió Prieto Meléndez.

El equipo está diseñado para formar parte de un satélite tipo CubeSat y por ello sus dimensiones son pequeñas: 10x10x20 centímetros, contando una estructura metálica y una protección térmica; su peso eS menor a un kilogramo y medio.

 

 

 

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Hasta abril del año pasado nadie había visto una imagen de estos objetos cósmicos.

Para los teóricos de los agujeros negros, permitió corroborar, en cierta medida, la descripción de la teoría de la relatividad de Albert Einstein.

La imagen del agujero negro supermasivo de Messier 87, una galaxia elíptica en el centro del cúmulo de Virgo a 55 millones de años luz de nuestro planeta, que logró obtener un equipo internacional de astrónomos es el avance de 2019 para la revista Science, de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia.

Masivos, ubicuos, y en algunos casos tan grandes como nuestro Sistema Solar, los agujeros negros se esconden a la vista. El efecto de su gravedad en los objetos que los rodean y las ondas gravitacionales emitidas cuando chocan revelan su presencia. Fue en abril de este año que un equipo internacional de radioastrónomos publicó una sorprendente imagen de la sombra de un agujero negro, que mostraba un centro oscuro rodeado por un anillo de luz creado por fotones que se mueven a su alrededor.

Para los astrónomos, la imagen es una validación de décadas de trabajo teorizando sobre estos objetos que no podían ver. Los agujeros negros son muy pequeños para los estándares cósmicos y no emiten luz; cuando crecen a masas gigantescas, como sucede en los centros de las galaxias, el remolino de gas, el polvo, y las estrellas agitadas por su extrema gravedad crean una barrera adicional para su observación.

Pero hace dos décadas, varios astrónomos comenzaron a preguntarse si los gases arremolinados cerca de un agujero negro gigante o en su frontera, podrían hacerlo visible, ya que brillan en muchas longitudes de onda. Los desarrollos en la tecnología prometieron ayudar, tal es el caso de la técnica conocida como interferometría de muy larga base, que combina datos de antenas de radio ampliamente espaciadas para simular un telescopio mucho más grande.

Esta técnica estaba revelando objetos distantes con mayor detalle, pero no se sabía si con esto se podrían identificar los detalles de un agujero negro. Así, hace doce años los primeros intentos se enfocaron en el agujero negro Sagitario A* de 4 millones de masas solares ubicado en el centro de la Vía Láctea, el más cercano a la Tierra a 26 mil años luz de distancia.

Al observar con diferentes telescopios a este agujero negro se pudo identificar también al agujero negro supermasivo en el centro de la galaxia cercana Messier 87, 2 mil veces más lejos de la Tierra que el ubicado en el centro de Sgr A*, y que tiene más de mil veces su masa. Conforme las observaciones comenzaron a generar información nació el Telescopio de Horizonte de Eventos (EHT, por sus siglas en inglés), un consorcio que involucra a más de 200 científicos de todo el mundo.

Esta red de instrumentos de observación, que en su conjunto forman un telescopio virtual del tamaño de la Tierra, incluye al Gran Conjunto Milimétrico de Atacama (ALMA, por sus siglas en inglés), compuesto por 66 antenas en lo alto de las montañas desérticas del norte de Chile, con lo que se aumentó la sensibilidad del EHT 10 veces.

En abril de 2017, durante 10 noches, ALMA junto con otros siete observatorios en los Estados Unidos, México, Chile, España, y en el Polo Sur, hizo repetidas observaciones tanto de Sgr A* como de M87*.

Trabajando en paralelo en centros de datos en Alemania y en los Estados Unidos, un equipo de investigadores procesó los datos, mientras que otros verificaron de forma independiente los resultados. No se produjo ninguna imagen hasta el final, para evitar sesgar el resultado.

En abril se reveló la imagen de M87*, que se convirtió en la más descargada en la historia del sitio web de la Fundación Nacional para la Ciencia. La descripción de este esfuerzo y sus implicaciones formaron parte de seis artículos en la revista The Astrophysical Journal Letters.

Para los teóricos de los agujeros negros, esa primera imagen borrosa arrojó pocas sorpresas, pero es una confirmación de la descripción de la teoría de la relatividad de Albert Einstein, la cual predice que la sombra de un agujero negro debe ser perfectamente redonda, lo que quedó corroborado en un 10% por la imagen de M87 *.

Sin embargo, las mejores pruebas de relatividad general podrían venir de una imagen de Sgr A*, que el equipo espera terminar en el 2020. Esto porque los investigadores tienen datos mucho más precisos sobre la masa, y la distancia de Sgr A* que de M87*.

EHT tiene 11 instalaciones alineadas para la próxima ronda de observación en 2020, incluidas nuevas antenas en Groenlandia y Arizona y una variedad mejorada en Francia. Además, se espera agregar una docena de antenas especialmente diseñadas que estarán dispersas por todo el mundo y algunas en el espacio, para aumentar la resolución.

 

La elección de la gente

 

El año pasado, los lectores de la revista Science en línea votaron por los que consideraron los avances más importantes de 2019. La investigación ganadora fue la referente a los denisovanos, antiguos humanos que solo eran conocidos por restos de fósiles encontrados en una cueva en Siberia, Rusia.

Pero ese año, los investigadores identificaron que una mandíbula fosilizada de la meseta tibetana de China pertenecía a un denisovano, lo cual indicó que este linaje humano estaba muy extendido. Además, con evidencia genética se reconstruyó la cara de una niña denisovana.

Las investigaciones que siguieron en votos fueron: la del desarrollo de dos fármacos prometedores para tratar el ébola, la primera imagen de un agujero negro, y un tratamiento aprobado recientemente para la mayoría de los pacientes con fibrosis quística.

 

Reconstrucción artística de una niña denisovana de Siberia, basada en una nueva forma de inferir características físicas a partir del ADN.

 

 

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Prepárate para dos espectáculos lunares que se presentarán este viernes.

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 En las regiones frías del espacio se dan las condiciones ideales para la formación de diferentes moléculas.

A través del análisis de algunas de éstas, como el monosulfuro de carbono, los astrónomos estudian diversos procesos que tienen lugar en el universo.

Aunque la composición química del universo, al igual que en sus inicios, es mayoritariamente de hidrógeno y helio, la existencia en pequeñas proporciones de otros elementos como el oxígeno, el carbono o el nitrógeno permitieron el desarrollo de la vida en la Tierra.

En el universo primigenio por cada 100 mil átomos, 93 mil eran de hidrógeno y 7 mil de helio, una vez que se formaron las estrellas en su interior se fueron produciendo otros elementos, los cuales llegaron al espacio a través de explosiones de distintos tipos, de tal modo que en la actualidad la composición química del cosmos es más compleja, explicó Luis Felipe Rodríguez Jorge, investigador del Instituto de Radioastronomía y Astrofísica (IRyA) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Acerca de la relación de la química y el estudio del universo, señaló, las diversas moléculas presentes en el espacio permiten a los astrónomos conocer la morfología, densidad, temperatura y movimiento del gas que las contiene.

Sin embargo, las moléculas requieren de condiciones específicas a fin de conservar su estructura, por lo que no se pueden formar en la superficie de las estrellas en donde las temperaturas van de 2 mil 500 hasta 50 mil grados centígrados.

El medio interestelar, el material que hay entre las estrellas, conformado principalmente por gas (hidrógeno, helio y pequeñas cantidades de otros elementos), y en una pequeña proporción (1%) por partículas de polvo opaco, alberga regiones oscuras y frías conocidas como nubes moleculares.

Éstas contienen gas frío y por la fuerza de su propia gravedad algunos fragmentos se contraen hasta crear un núcleo que se convertirá en una estrella, alrededor de ella se formará un disco en rotación que dará origen a los planetas y los cuerpos menores de un nuevo sistema solar. Y es precisamente en estas nubes en donde existe una gran diversidad de moléculas.

El integrante de la Academia Mexicana de Ciencias, recordó que en la década de 1960 la radioastronomía se consolidó y desde entonces se han detectado en el espacio más de 200 moléculas. Un aspecto en común es que la mayoría de ellas tienen al carbono como parte de su estructura química. Lo anterior se debe a que este elemento posee cuatro posibilidades de enlazarse a otros átomos.

Cabe destacar que algunas de las moléculas del medio interestelar son de interés para los especialistas en el estudio del universo, es el caso del hidrógeno molecular pues éste emite radiación infrarroja durante el choque entre dos nubes moleculares o el monosulfuro de carbono detectable en regiones con alta densidad de materia.

Para detectar estas moléculas y obtener información de un evento o un objeto del universo en particular, es necesario analizar todo el espectro electromagnético (radio, infrarrojo, visible, ultravioleta, rayos X y rayos gama).

Cada molécula emite ondas de radio características y al sintonizar un radiotelescopio, como el Gran Conjunto Milimétrico de Atacama, ubicado en Chile, o el Conjunto Muy Grande de Radiotelescopios, es posible detectarlas, esto ayuda a determinar de qué material se trata, en qué cantidad está y como se está moviendo.

Si bien la información que los científicos recaban con el estudio de las moléculas del medio interestelar es muy valiosa, es necesario profundizar en el entendimiento de su formación, así como de los cambios químicos que acompañan el nacimiento de un nuevo sistema solar y otros eventos del universo, concluyó Luis Felipe Rodríguez Jorge.

 

 

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Sábado, 28 Diciembre 2019 05:19

Oxígeno en Marte, nuevo reto de investigación

En Marte, las primaveras y veranos tienen niveles más altos de oxígeno que en el invierno; este fenómeno, descubierto tras siete años de trabajo del robot Curiosity, es un verdadero misterio por resolver, afirmó Rafael Navarro González, investigador del Instituto de Ciencias Nucleares (ICN) de la UNAM, quien colabora desde 2004 con la NASA.

La disminución y aumento de oxígeno fue detectado tras comparar las estaciones a lo largo de tres años marcianos, equivalentes a siete años de la Tierra (nuestro planeta tarda 365 días en dar una vuelta alrededor del Sol, mientras que a Marte le lleva el doble de tiempo).

“Se trata de un gas relativamente estable y se esperaría que su concentración fuera constante a lo largo del año, pero en invierno disminuye y en la primavera comienza a subir”. Hasta el momento no se sabe qué factores causan este efecto, pues no hay mecanismos físicos o químicos que expliquen esta variación, reiteró.

“Para que el oxígeno se condense en los polos son necesarias temperaturas de menos 200 grados Celsius, pero Marte no las tiene. En la Tierra el oxígeno es generado por actividad fotosintética (de bacterias, algas y plantas complejas) y en el planeta rojo no hay evidencia de la existencia de vida”, explicó Navarro.

Una posibilidad, teorizó el investigador, es que “este fenómeno se relacione con el suelo, con algún compuesto que atrapa el oxígeno; pero esta interrogante podría resolverse con experimentos en la Tierra, simulando fenómenos atmosféricos para encontrar qué mineral o elemento atrapa el oxígeno marciano”.

El hallazgo fue reportado en la más reciente edición de la revista Journal of Geophysical Research: Planets, precisó el investigador de la UNAM, quien desde 2004 participó en el diseño del laboratorio Sample Analysis at Mars (SAM), que se encuentra dentro del robot explorador Curiosity, que llegó al planeta rojo en 2012.

 

Composición de la atmósfera marciana

 

Desde su llegada, el Mars Science Laboratory (MSL, por sus siglas en inglés), como también se le conoce a Curiosity, ha analizado el aire en la superficie del cráter Gale, con SAM. En la década de los 70, las misiones Vikingo hicieron estudios del aire marciano, pero es la primera ocasión que se revisa su comportamiento de forma constante, subrayó Navarro.

Gracias a los estudios de SAM, hoy se sabe que la atmósfera marciana está conformada por dióxido de carbono (CO2), en 95 por ciento; nitrógeno molecular (N2), 2.6 por ciento; argón (Ar), 1.9 por ciento; oxígeno molecular (O2), 0.16 por ciento; y monóxido de carbono (CO), 0.06 por ciento.

Las moléculas de su aire se mezclan y circulan a lo largo del año debido a los cambios en la presión atmosférica. Cuando el CO2 se congela sobre los polos en invierno, baja la presión del aire y se redistribuye, manteniendo el equilibrio, pero cuando el CO2 se evapora, en la primavera y verano, el aire se mezcla y aumenta la presión, expuso.

En tanto, el nitrógeno y el argón siguen un patrón estacional predecible; su concentración crece o mengua dependiendo de la cantidad de CO2. En cuanto al oxígeno, durante la primavera y el verano aumenta 30 por ciento, para después disminuir a los niveles predichos por la química conocida.

Este patrón se repite cada primavera: “la cantidad de oxígeno en la atmósfera varía, lo que significa que algo lo produce y luego lo quita”, insistió. No se sabe si el suelo lo captura y luego lo libera, pero sí se sabe que este proceso también ocurre con el metano, como lo reportó en 2019 el mismo equipo de expertos, en la revista Science.

El metano y el oxígeno disminuyen en invierno y otoño, y no se sabe por qué, y esta interrogativa quedará pendiente, pues no podrá ser resuelta en la siguiente misión a Marte, porque sus instrumentos ya fueron hechos y probados con ciertos objetivos y no hay forma de cambiarlos, explicó Navarro.

Descartó que se trate de algún mineral desconocido en la Tierra, porque todos los materiales de nuestro planeta han sido encontrados también en Marte, aunque las condiciones son muy diferentes.

Finalmente, el especialista señaló que recientemente comenzó una nueva extensión del proyecto por parte de la NASA, por lo que continuarán revisando el comportamiento del aire en el cráter Gale, por lo menos un año marciano más.

 

 

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Sábado, 21 Diciembre 2019 05:17

Pensar en grande te lleva al espacio: Neri Vela

• El profesor investigador jubilado de la Facultad de Ingeniería de la UNAM dictó una conferencia en el marco del 34 aniversario del primer mexicano en el espacio.

• “Yo no soñaba con ir al espacio, eso se dio después”, dijo ante centenas de estudiantes.

• Para 2024 se enviará una misión a la Luna, donde podrían utilizarse robots de manufactura universitaria.

Rodolfo Neri Vela, primer astronauta mexicano, dictó en la UNAM la conferencia “Vehículos espaciales de nueva generación”, donde recordó que “cuando estudiaba en la Facultad de Ingeniería (FI) me enteré que la NASA construía el orbitador Atlantis, el primer vehículo espacial reutilizable; nunca imaginé que unos años después viajaría al espacio en él”.

En el marco del “34 aniversario del primer mexicano en el espacio” (26 de noviembre), el profesor e investigador jubilado de la FI reveló que no soñaba con viajar fuera de nuestro planeta, “eso se dio después”.

Acompañado por Agustín Escalante, director de la FI; Salma Jalife Villalón, subsecretaria de Comunicaciones y Desarrollo Tecnológico de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), y Salvador Landeros Ayala, director de la Agencia Espacial Mexicana (AEM), Neri Vela afirmó que “la NASA no estaba en mis planes, pero se presentó la oportunidad; la clave es prepararse todos los días y pensar en grande, sino no se llega a ningún lado, ni al espacio”.

En el auditorio Javier Barros Sierra, el maestro en Sistemas de Telecomunicaciones por la Universidad de Essex, y doctor por la Universidad de Birmingham, resaltó que México requiere incursionar internacionalmente, con mayor vigor, en el desarrollo tecnológico. “Llegamos al espacio antes que los japoneses, y ellos con orden y planeación ya cuentan con aproximadamente 12 astronautas que lo han logrado, lo mismo que países como Italia”.

En el evento, organizado por la FI, la SCT y la AEM, Neri Vela lamentó que no se haya dado apoyo suficiente. “Nuestro país tendría por lo menos seis o siete astronautas involucrados en misiones espaciales, pero las políticas se han enfocado a otras áreas, y no al desarrollo tecnológico. Se piensa que el proyecto espacial es inútil, y eso es un gran error, porque sí tiene que ver con nuestra vida cotidiana”.

Subrayó la importancia de brindar oportunidades a los jóvenes, así como revisar los proyectos, la eficacia y productividad de quienes llevan décadas en un mismo sitio.

“Fui al espacio, regresé a la Tierra, aterrizamos en el desierto de Mojave, California, y regresé a la UNAM a dar clases. Por eso ahora celebro que pueda impulsarse en esta casa de estudios la carrera 15 de la FI: Ingeniería Aeroespacial”.

Previo a una sesión de firma de libros y selfies con estudiantes, Neri Vela reveló que fue Salvador Landeros Ayala, egresado de la FI, quien le avisó de la convocatoria de búsqueda de “un astronauta mexicano”, el resto de la historia ya se conoce desde hace 34 años.

Talento mundial

En su oportunidad, Landeros Ayala resaltó que el talento de los estudiantes mexicanos está a la par de los mejores del mundo, así lo han constatado diversas agencias espaciales en otras latitudes.

Indicó que tras reuniones de la AEM con la NASA, se acordó que en 2024 se enviará una misión a la Luna, donde podrían utilizarse robots de manufactura universitaria.

“Nuestra aeronáutica va muy bien, ahora tenemos que darle forma a nuestra industria aeroespacial. Hay que atrevernos, países como la India lo han logrado, incluso con rigurosas carencias sociales. El primer paso debe darse con la producción de nuestra tecnología”, finalizó.

Conoce más de la Universidad Nacional, visita:

www.dgcs.unam.mx

 

 

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Exhibieron fotones por arriba de los cientos de gigaelectronvoltios.

En 2018 y 2019 un grupo de científicos internacionales, en el que participó el investigador del Instituto de Astronomía (IA), Nissim Fraija Cabrera, ayudó a la captura y a la interpretación teórica de una serie de destellos de rayos gamma, los cuales por primera vez exhibieron fotones por arriba de los cientos de gigaelectronvoltios.

Dichos trabajos teóricos, liderados por el especialista universitario fueron publicados este año en una serie de tres artículos en dos de las revistas de mayor prestigio en el mundo en el área de Astrofísica y Astronomía, Astrophysical Journal (ApJ) y Astrophysical Journal Letters. Además, por la relevancia científica de dichos resultados, estos avances fueron citados por otra publicación de relevancia internacional, Nature, del 21 de noviembre pasado, en el artículo “Extreme emission seen from y-ray bursts”.

Nissim Fraija explicó que en estas explosiones astrofísicas pueden liberarse en un par de segundos la cantidad de energía equivalente a la que el Sol produciría durante toda su vida. Desde su descubrimiento, hace más de cinco décadas, hasta hoy los destellos de rayos gamma sólo habían sido observados a energías menores de los cien gigaelectronvoltios, equivalentes a 11 órdenes de magnitud más potente que los fotones que interaccionan con nuestra retina y que nos permiten ver.

“Aunque estos destellos, los más energéticos del universo, habían sido propuestos como emisores de estos fotones ultraenergéticos, su detección no había sido posible. El descubrimiento de éstos corresponde a un triunfo en la teoría de estos eventos”, abundó.

Destacó que aunque esa información sólo se basaba en teorías, a partir de 2018 comenzaron a registrarse destellos de rayos gamma ultraenergéticos, cuyas observaciones y el modelado comenzaron a ser publicados este 2019. “A partir de estos datos se estudió el porqué las energías de esos fotones son muy cercanas a los teraelectronvoltios (1012 electronvoltios), 12 órdenes de magnitud más alta que los fotones que llegan a nuestra retina para poder ver, reiteró.

Esa información se modeló. “Me correspondió intervenir en la interpretación de los datos tomados conjuntamente por los satélites y telescopios terrestres, con la colaboración de investigadores de diferentes lugares del mundo, así como de estudiantes de posgrado y licenciatura de la UNAM. Esos datos nos permitieron percatarnos de que la teoría con la cual se venía trabajando y con la que describieron estos eventos era bastante acorde con las observaciones, lo que abre una nueva ventana para el estudio de los brotes de rayos gamma o GRB (por sus siglas en inglés), en este rango de energías”.

Observatorio MAGIC (España).

Planteó que la importancia de estos resultados radica en que la teoría que señalaba la existencia de estos fotones es acorde con las observaciones, lo que pudo demostrarse hasta este año. Es decir, las deducciones iniciales son correctas y se espera que para un futuro la detección de estos fotones sea más frecuente.

El universitario, quien colabora con el observatorio de rayos gamma HAWC (acrónimo de High Altitude Water Cherenkov), detalló que para que pudieran detectar esos fotones ultraenergéticos, éstos debían ser muy potentes, característica que los hace poco comunes, además de su cercanía con la Tierra.

“Entonces, la explicación del porqué estos sucesos fueron detectados correspondió a que eran muy energéticos, su cercanía con nuestro planeta y no correspondían a un mismo evento, además de que teníamos las condiciones atmosféricas para que fueran captados.”

Recordó que aun cuando estos eventos superenergéticos fueron descubiertos hace más de seis décadas, hasta hoy es posible capturar fotones arriba de los cientos de gigaelectronvoltios gracias a los instrumentos de punta que permiten su observación en ese rango de energía, como los observatorios The Major Atmospheric Gamma Imaging Cherenkov (MAGIC), localizado en La Palma, España, The High Energy Stereoscopic System (HESS), en Namibia, y el HAWC, ubicado al norte del volcán Sierra Negra, en Puebla, del cual es colaborador.

Observatorio HAWC (México).

Descripción de las evidencias científicas

Nissim Fraija recalcó que los artículos en los que lideró fueron publicados en los meses de julio, octubre y, el más reciente, en este mes de noviembre. En ellos se describe cada uno de estos destellos en todo el espectro electromagnético; desde las longitudes de onda del radio hasta los rayos gamma arriba de los cientos de gigaelectronvoltios.

“Los tres están destinados a interpretar los datos en todas las frecuencias y a explicar por qué hasta ahora pudimos detectar estos GRB”. Además, los resultados, que fueron citados por Nature, nos ayudarán a determinar qué procesos nos permiten acelerar partículas para producir esos fotones a tan altas energías.”

Añadió que esos fotones, que son rayos X, por ser muy energéticos pueden llegar a convertirse en energías mucho más altas que los métodos que se utilizan para tratar el cáncer como la radioterapia.

En uno de los artículos, “Modeling the Observations of GRB 180720B (que corresponde al año, mes y día en que se visualizó): from Radio to Sub-TeV Gamma-Rays” publicado en The Astrophysical Journal, del 1 de noviembre, los científicos participantes detallan que los rayos gamma y los cósmicos “son producto de los eventos más energéticos del universo, como el choque de dos estrellas de neutrones, las explosiones de supernova y los núcleos de galaxias activas que albergan agujeros negros millones de veces más masivos que el Sol”, concluyó el experto.

Observatorio HESS, (Namibia).

 

 

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 Pablo Roig Garcés, ganador del Premio de Investigación para científicos jóvenes 2019, de la Academia Mexicana de Ciencias, en el área de ciencias exactas, colabora con sus colegas del proyecto Belle II, para acercarse a un experimento capaz de arrojar evidencia sobre los momentos iniciales que hicieron posible la vida.

El trabajo del investigador consiste en inferir teóricamente la existencia de partículas elementales que todavía no se han podido producir de manera directa en experimentos como los realizados en el Gran Colisionador de Hadrones.

Aunque hasta el momento no existe ningún dato experimental que no concuerde con las predicciones del Modelo Estándar de la Física de Partículas Elementales, que describe a las partículas elementales que forman todo a nuestro alrededor, éste no permite explicar cómo se generaron las condiciones necesarias para la vida en el universo.

Para saber más acerca de los momentos iniciales del universo existen diversas aproximaciones, una de ellas es hacer colisiones a energías muy grandes esperando producir partículas nuevas. Tal es el caso de los experimentos realizados en el Gran Colisionador de Hadrones (LHC, por sus siglas en inglés), mencionó Pablo Roig Garcés, del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav).

A pesar de que en el 2012 se encontró el Bosón de Higgs, la última pieza del Modelo Estándar, en el Gran Colisión de Hadrones no se ha conseguido ver nada más. Esto indica que de existir otras partículas elementales, su producción requiere de mayores energías.

Es en este punto en donde entra el trabajo del doctor Roig Garcés, quien se ha dedicado a inferir teóricamente la existencia de partículas elementales no descritas en el Modelo Estándar, las cuales pudieron haber influido en que la cantidad de materia fuera mayor a la de antimateria.

“Este es un aspecto fundamental, porque si estas estuvieran en la misma proporción se eliminarían mutuamente y con ello se generaría radiación; en este escenario la vida no sería posible”, dijo el ganador del Premio de Investigación 2019 para científicos jóvenes en el área de ciencias exactas, distinción que otorga la Academia Mexicana de Ciencias.

El trabajo del investigador consiste en medir los efectos que provocan las partículas elementales pesadas —las cuales no han podido producirse de manera directa— en las partículas conocidas.

Estas repercusiones son sutiles, pero es posible calcularlas y medirlas con cierta precisión. Para ello, el especialista en física de altas energías utiliza toda la información disponible acerca de las características observadas de las partículas que sufren esta afectación.

“Al conocer las condiciones en las cuales una determinada partícula presenta cambios en alguna de sus propiedades, se pueden inferir las características de las partículas pesadas causantes de dicho efecto”, señaló el miembro de la RED de Física de Altas Energías.

Con estos datos y tras realizar cálculos matemáticos, computacionales y simulaciones numéricas, el investigador propone un modelo concreto del tipo de experimento a realizar con el fin de encontrar nuevas partículas elementales. Además, colabora en la interpretación de los resultados obtenidos.

Actualmente, Pablo Roig trabaja en conjunto con sus colegas (mexicanos y extranjeros) miembros del proyecto Belle II, un detector ubicado en el acelerador de partículas SuperKEKB, en Japón, para llevar a cabo todos los cálculos necesarios y así acercarse, lo más posible, a un experimento capaz de arrojar evidencia sobre los momentos iniciales que hicieron posible la vida.

Noemí Rodríguez González.

 

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Actualmente se han descubierto una gran cantidad de exoplanetas ubicados en la llamada zona habitable, ahora el interés de los científicos es encontrar algún indicio de actividad biológica.

En 1995 se anunció por primera vez el descubrimiento de un exoplaneta. Desde entonces se han identificado más de 4 mil 73. Foto: Harvard-Smithsonian, Center for Astrophysics/D. A. Aguilar.

En 1995 Michel Mayor y Didier Queloz, dos de los ganadores del Premio Nobel de Física 2019, anunciaron el descubrimiento del planeta Dimidio (anteriormente llamado 51 Pegasi b) orbitando una estrella de tipo solar en la Vía Láctea, lo anterior impulsó el desarrollo de nuevas técnicas para la búsqueda de exoplanetas, tan es así que a la fecha se han identificado más de 4 mil 73, dijo Susana Lizano Soberón del Instituto de Radioastronomía y Astrofísica de la UNAM.

La investigadora señaló se han encontrado muchos planetas del tamaño de la Tierra, pero ahora el interés de los científicos se centra en que estén ubicados dentro de la llamada zona habitable, no tan fría ni caliente para que pueda existir agua en estado líquido.

“Aunque esto no garantiza que haya agua, en especial si se toma en cuenta que Venus y Marte están en dicha zona, junto con la Tierra, y no tienen agua líquida, la cual es considerada la base de la vida que conocemos”, dijo la vicepresidenta de la Academia Mexicana de Ciencias.

Durante la conferencia La formación de los sistemas planetarios y la búsqueda de exoplanetas que formó parte del coloquio del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados, Lizano Soberón habló de los diversos métodos para la detección de planetas fuera de nuestro sistema solar y de las perspectivas a futuro en este campo de estudio.

Los planetas no brillan pero ejercen fuerza gravitacional sobre ellas y las muevan ligeramente. La amplitud de este bamboleo le indica a los astrónomos la masa del planeta, porque, mientras más masivo es, provoca un movimiento mayor.

Para medir el bamboleo de la estrella se utiliza el método denominado velocidades radiales, basado en el efecto Doppler, que se produce tanto en las ondas de sonido como en las de la luz. Entonces, el color que percibimos de una fuente luminosa depende de su movimiento respecto al observador, si la estrella se acerca al objeto la luz se ve más azul y cuando se aleja se percibe más roja.

Esta técnica se ha utilizado para detectar planetas grandes, como Júpiter, sin embargo, la detección de planetas tipo terrestre, más alejados de su estrella, se lleva a cabo por el método de eclipses o de tránsito.

Desde la Tierra y con diversos instrumentos astronómicos, es posible observar el paso o tránsito de un planeta frente a su estrella. Cada vez que esto ocurre se obstruye levemente su luz; así lo que se mide es la disminución de la luminosidad de la estrella y cada cuándo sucede esto.

La especialista en el estudio teórico de la formación de las estrellas también se refirió a algunas de las misiones de búsqueda de exoplanetas. Una de ellas, el satélite Kepler lanzado en 2009 y que concluyó su operación en 2018, detectó más de mil candidatos de planetas extrasolares, incluyendo varios de tamaño similar a la Tierra ubicados en la llamada zona habitable de su estrella.

Mientras que el Satélite de Sondeo de Exoplanetas en Tránsito (TESS, por sus siglas en inglés), un telescopio espacial diseñado para buscar exoplanetas a través del método de tránsito, va a monitorear más de 200 mil estrellas brillantes, en un área 400 veces mayor que la misión Kepler.

La astrofísica también mencionó con el New James Webb Telescope, un observatorio espacial que se está construyendo en conjunto por la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio, la Agencia Espacial Europea y la Agencia Espacial Canadiense, se pretende estudiar si existen indicios de actividad biológica (oxígeno y metano) en las atmósferas de los exoplanetas que están en la zona habitable de su estrella.

En este punto, finalizó, cabe plantear la pregunta: ¿qué pasaría si encontráramos vida en otros planetas? Muy probablemente no será como la conocemos. Un descubrimiento de esta naturaleza tendría implicaciones no sólo en la ciencia en general, sino en la filosofía y la teología.

 

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