Turismo

Vitrales

Caleidoscopios arquitectónicos para el juego de luces, colores y formas

ERNESTO RÍOS LANZ
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Alejo Carpentier en su libro La Ciudad de las Columnas escribió: “para entablar un diálogo con el sol hay que brindarle los espejuelos adecuados”. En ese intento nacieron los medio puntos cubanos, vitrales que engalanan los arcos de las ventanas de La Habana y otras ciudades de la isla.

La búsqueda para embellecer objetos y construcciones, con el uso del vidrio, comenzó desde tiempos inmemoriales. Así las ventanas adicionaron belleza a su función original de iluminación y ventilación; pero es en el siglo XII cuando la arquitectura gótica incorpora obras portentosas en las grandes catedrales.

Los vitrales se convirtieron en un recurso artístico aliado de la arquitectura cuando, jugando con la luz de las diferentes horas del día, el color y sus variciones cromáticas y el diseño crearon obras admirables.

Vitrales mexicanos

Porfirio Diaz cerró el siglo XIX y abrió el XX con una serie de obras para demostrar la fuerza y viabilidad  de un país joven, gracias a un periodo de paz sostenido. Su visión y paradigma era eurocentrista y por ello trajo arquitectos y escultores que trasplantaron estilos y perfiles de sus lugares de origen.

Castillo de Chapultepec

Porfirio Díaz mandó fabricar en París los vitrales para la Galería de los Emplomados, en el Castillo de Chapultepec. Los atributos de cinco diosas de la mitología grecolatina, eran admirados sólo por los habitantes de la residencia presidencial y sus visitantes, hoy forman parte del museo.

Hotel de la Ciudad de México

En 1899 abrió sus puertas El Centro Mercantil, la primera tienda departamental de la Ciudad de México, ostentando un vitral estilo Tiffany de 20 mil piezas de vidrio fabricado en Francia. Tan esplendido espacio se reconvirtió en 16 en el Hotel de la Ciudad de México, luciendo sus herrerías, elevadores y su gran vitral Art Nouveau de colores fríos y cálidos.

Apolo en Bellas Artes

Como parte de los festejos del Centenario de la Independencia Porfirio Díaz mando construir el Palacio de las Bellas Artes, donde, además de sus esculturas y mármoles, se instalaron dos espléndidas obras vítreas. La casa Tiffany empleó más de un millón de cristales para crear la cortina con una imagen de las cumbres nevadas del Valle de México. De manera independiente, en la cúpula central se colocó un vitral representando al dios Apolo y nueve musas, creado por el arquitecto y artista húngaro Géza Rintel Maróti.

El Cosmovitral

En 1975 Toluca decidió que su antiguo mercado, de principios del siglo XX, se transformara en un jardín botánico. Aprovechando sus ventanales Art Nouveau se decidió crear un vitral de tres mil metros cuadrados, encomendando la obra al artísta plástico Leopoldo Flores Valdés, quien se dio a la tarea de referirse a la dualidad noche-dia, coordinando a 60 artesanos que colocaron 500 mil fragmentos de vidrio de diferentes colores traídos de siete países.

Vitral de Fray Pedro de Gante en Santa María Ahuacatitlán, Morelos

En los años 60 del siglo pasado los vidrieros belgas de Lieja, Bélgica obsequiaron al monasterio de Santa María de la Resurrección en Ahuacatitlán un vitral con la imagen del misionero educador fray Pedro de Gante, flanqueado por niños indígenas, que actualmente espera mejores días para el histórico convento.

Vitral en Ahuatepec, Morelos

El monje y arquitecto benedictino Fray Gabriel Chávez de la Mora construyó dos capillas circulares en Morelos (Ahuacatitlán y Ahuatepec), en ésta última diseño vitrales, que acompañan al sol y los rezos, de acuerdo a las horas canónicas, conforme pasan las horas del día y donde el juego de vidrios de color ámbar, anaranjado, rosado, violeta, etc. siguen al sol desde el alba, hasta el ocaso.

Vitrales en la Catedral de Cuernavaca

El escultor Mathias Göeritz fue invitado por el obispo Sergio Méndez Arceo para realizar vitrales para la Catedral de Cuernavaca, como lo estaba haciendo en la Catedral de México. Fray Gabriel Chávez de la Mora, que había sido su alumno, le solicito utilizar el color rojo al poniente, además de colores ambar y tonos obscuros al norte y colores fríos al sur.

 

 

 


TEXTO:

ERNESTO RÍOS LANZ

PROFESOR DE LA ESCUELA DE TURISMO UAEM

 


FOTOGRAFÍAS: 

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