Sociedad
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Mi primera beca

TXT Daniel Zetina
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No creo que las becas sean indispensables para escribir. Me parece más importante tener algo que decir, ser crítico y desarrollar la propia creatividad de forma libre. Sin embargo, las becas sí me parecen un buen estímulo, en especial por dos razones: son un reconocimiento al trabajo de uno y ayudan a pagar algunas cuentas para concentrarse en la escritura.

Recientemente se dio un debate (por no decir escándalo) en la literatura nacional. Quizás decir “literatura nacional” sea mucho, digamos pues entre algunos escritores, que han reclamado becas para ellos y para algunos de sus colegas. Se argumenta que el Estado mexicano está obligado a fomentar o a apoyar o a estimular el arte. En eso concuerdo, pero…  también se dio a conocer una lista de varios escritores que han recibido hasta seis becas de tres años cada una para escribir, por parte del gobierno. Eso ya me parece cuestionable, en especial porque mis dudas mayores son si dichos autores pertenecen a una élite (que forzosamente resultaría discriminatoria de otros escritores) y cuántos lectores alcanzan todos sus libros creados bajo el auspicio público.

Esto es un gran debate abierto, donde también podemos preguntarnos si un autor es realmente libre si recibe dinero de los impuestos, si puede ser crítico o se restringe a hacer obras estéticas pero sin ápice de rebeldía. ¿Un becario perpetuo hace bien o mal a la literatura mexicana? ¿Debe el país mantener de este modo a los artistas sin exigir grandes cuentas por ello? Es un debate que necesita un diálogo mayor.

Por mi parte, esto me hizo recordar la primera beca que tuve para escribir. Fue en 2005, cuando yo tenía 26 años y estaba en una época en especial creativa, pero también en un momento personal muy importante, pues estaba por ser padre e iniciaba una carrera en el mundo editorial y como maestro.

No he hecho muchos proyectos para tener una beca. Aquel fue quizás el tercero. Fue una sorpresa recibir la noticia a través de un periódico, justo el que usted lee, La Unión de Morelos. Aún lo conservo.

¿Qué hice después? Dos cosas: escribir mi proyecto (con los respectivos reportes) y ver a mi tutor, que fue el escritor Mauricio Carrera, con quien me reunía cada mes. Con Carrera aprendí varias cosas muy interesantes para mí, que supongo me han servido hasta ahora. Hace poco volví a ver a Carrera y tuvimos una plática muy amable. Es un hombre generoso.

Lo que escribí por entonces fue una serie de cuentos. Luego de seleccionarlos y corregirlos los publiqué como libro bajo el título de El colchón, cuentos de la cotidianidad, que es hasta ahora mi libro más vendido, con casi dos mil ejemplares, en varias ediciones.

A ese libro le fue muy bien y alcanzó muy diferentes públicos. A la fecha, después de diez años, sigue teniendo lectores y los seguirá teniendo, pues acabo de hacer una edición corregida y aumentada que pronto pondré a la venta de nuevo. En cada edición agradezco el apoyo recibido para escribirlo, la beca de Jóvenes Creadores local, de Morelos, que en aquel año me dio tres mil pesos, durante diez meses.

Ahora vuelvo al reconocimiento. Ser becario me confirió en su tiempo un valor agregado: ser reconocido como escritor. Es decir, ya lo era. Había publicado durante siete años en medios impresos y tenía algunos libros artesanales que circulaban por ahí, pero tener la beca sí me permitió una mayor credibilidad, aunque no pueda explicar del todo por qué. Fue como un espaldarazo, en una época en que gastaba mis tardes en trabajar y tener una familia, y en leer mucho, más que en escribir. Entonces, me permitió concentrarme en terminar un proyecto, que, como digo, ha resultado exitoso hasta ahora.

¿Eso me restó credibilidad? No. ¿La beca limitó mi creatividad? No, al contrario. ¿Dejé de ser libre como artista? Tampoco. Creo que el punto no es que las becas limiten o te hagan un lacayo del sistema, en cambio, sí pueden ser un buen estímulo, porque algo te ayuda a pagar la renta y alguna que otra cuenta, podrás escribir con mayor tranquilidad. Quizás el punto es que no se haga vicio o que sean tantas becas que eso te aleje de los lectores o te haga pensar que perteneces a una élite privilegiada en el país.

Porque más que otra cosa, yo como escritor me comprometo a ser honesto y a no perder contacto con mi público, ni a faltar a mis principios y valores. Si puedo mantener mi independencia artística e ideológica, no veo por qué no pedir una nueva beca. Lo haré, a ver qué pasa, ya les contaré.

 

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@DanieloZetina

 

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