Sociedad

Relatos de tecuani


Lectura 4 - 7 minutos
Pablo Paredes con los tecuanes de Tlatenchi.
Pablo Paredes con los tecuanes de Tlatenchi.
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Relatos de tecuani

Pablo Paredes con los tecuanes de Tlatenchi.
Fotógraf@/ MÁXIMO CERDIO
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“Aquí nacimos ya con esa tradición y lo traemos en la sangre”.

Tetelpa. A las 20:47 del martes 7 de septiembre, hubo un sismo de 6.9 grados en la escala de Richter con epicentro en Guerrero y algunas comunidades de Morelos se quedaron sin luz por mucho tiempo. Me despedí de mis amigos y comencé a caminar por las calles de Tlatenchi, que conozco muy bien. Iba rumbo a mi coche que dejé estacionado cerca del panteón.

Me agarré caminando a oscuras y desde que comencé a andar, la sombra de un hombre de estatura media me seguía.

Conforme fui avanzando la sombra fue tras de mí, no iba a prisa ni más lento, iba a mi paso, caminando como si fuera con las manos en las bolsas del pantalón de adelante y algo encorvado.

Me desplacé varias cuadras sin encontrar a nadie en el camino, más que la sombra que me seguía, pero no reconocí el lugar donde estaba. Recordé que, cuando fui borracho, muchas veces había andado por esas calles y nunca perdí el rumbo, pero ahora sí no sabía dónde estaba. Mi primer impulso fue pararme y preguntar al hombre que venía atrás, pero me dio miedo. Yo nunca había tenido miedo, y menos cuando bebía.

La oscuridad se me hizo pesada, densa. Quise correr, pero no podía, las piernas no me dejaban; afortunadamente en ese momento vi a varias personas avanzando en contraflujo, iban con sus celulares encendidos alumbrando la calle y avancé, me crucé con ellos y más adelante reconocí la calle: ya estaba cerca del panteón donde había dejado mi coche. Con mucho miedo voltee para ver a la persona que me había seguido y ya no había nadie.

Apresuré el paso, vi mi carro, me subí aterrado y me fui a mi casa, en Tetelpa.

Horas antes había tocado para los tecuanes de Tlatenchi, en la Iglesia de la Natividad del Señor y el mayordomo nos invitó a su casa a comer y fuimos. Allí nos agarró el temblor. Yo me tuve que retirar porque me sentía un poco mal de ánimo.

Yo no quería salir de mi casa. Mi estado emocional era complicado, mi espíritu estaba abierto.

El hombre que siempre estaba conmigo, el que siempre me preguntaba cómo estás, el que siempre me aplaudía mis triunfos y mí me consolaba en mis en mis errores y mis derrotas ya no estaban conmigo, había muerto dos días antes. Yo llevaba muy adentro ese dolor. Fui porque me había comprometido, no sólo con una persona ni con el grupo de tecuanes sino con toda la comunidad.

Mi padre me enseñó a cumplir mis compromisos y siempre me dijo “Pablo: váyase hijo, tú vete, cumple, no le quedes mal a la gente. Como dice la canción, “él me enseñó a ser decente”, y parte de la decencia es cumplir nuestros compromisos. Mi dolor y mi esfuerzo fueron para él. Lloré y mi llanto se lo dediqué también a mi padre.

 

Reaparecen los extraordinarios Tecuanes de Tetelpa

El domingo 26 de diciembre se celebró al santo patrono de Tetelpa, San Esteban, y uno de los grupos que danzó en su honor fue el de tecuanes, coordinados por Pablo Paredes Ocampo, pitero de esta organización.

En el atrio de la parroquia los danzantes ejecutaron parte del ritual ante unas 200 personas que observaban impresionados.

Diahngo Paredes fue el pitero, mientras Pablo Paredes estuvo observando perdido entre los espectadores.

No fue ésta la primera aparición de los tecuanes desde que el gobierno federal y estatal prohibieron las concentraciones de personas en eventos populares. El 2021 realizaron mínimas presentaciones, incluso casi anónimas, y el día de la Virgen de la Inmaculada Concepción (8 de diciembre) se pudo observar a casi la mayoría del grupo.

En entrevista, Pablo Paredes Ocampo explicó que, en efecto, se podría decir que reaparecieron los tecuanes, aunque realmente nunca se perdieron:

“Nos hemos mantenido, es una tradición muy arraigada, aunque ya va para dos años la pandemia, pero no son suficientes como para que la tradición desaparezca. Aquí nacimos ya con esa tradición y lo traemos en la sangre”.

También dijo que muchos danzantes han dejado de participar por diferentes razones, pero otros se han incorporado y eso es justamente continuar la tradición. Los que se retiran pasan a los que vienen y éstos deben permanecer, aprender y transmitir a los que continuarán con los rituales, los pasos, la música, el espíritu”.

Yo tengo más de 30 años participando en la danza de los tecuanes, he pasado casi por todos los personajes y soy el coordinador y pitero del grupo, señala.

 

La tradición en movimiento

“Mi hijo Diahngo Paredes y yo hemos estado trabajando Tlatenchi. La comunidad, que es muy grande, está con la tarea de rescatar los sones y los diálogos de los tecuanes y nosotros estamos colaborando con ellos.

El martes 7 de septiembre me invitaron a tocar, se había muerto el pitero, don Mario”.

Básicamente la danza es la representación de la cacería del tigre o del jaguar o del chamán, cada comunidad incorpora sus variantes, por eso no es lo mismo la danza de tecuanes en Tetelpa que en Tlatenchi.

Según Pablo Paredes, la danza que practica su grupo va más allá de la simple representación de la cacería: la danza es un ritual. La caracterización de cada personaje, los diálogos, las acciones, los movimientos, los sones, todo tiene un sentido:

“Aquí se habla del nahualismo indígena, del poder del nahual, de la persona que tiene el poder de la transmutación de dominar un animal con la mente, pero no habla de matar al jaguar. En la trilogía simbólica del pensamiento náhuatl, el ser humano está constituido por tres entidades: hombre, fiera y espíritu; sobre eso estamos apegados, nosotros no aceptamos la estandarización, no tenemos nada que ver con el jaguar o tigre o felino, pero el felino no es el nahual, existe el que domina a los animales, el que a través del chamanismo tiene el poder de convertirse. Ciertamente el jaguar o tigre es un personaje, pero el verdadero Tecuani es un animal en sí dominado por un nahual”, explicó.

Los personajes tienen temáticas similares aunque cada actor o danzante le da su estilo. Por ejemplo, el Varañado, que es un ermitaño, es un personaje místico, travieso, curioso.

“Diahngo y yo estamos apoyando a los tecuanes de esa comunidad; él sabe, se formó en la tradición. Como todos los tecuanes, nuestra responsabilidad es pasarle a nuestros hijos, nuestros hermanos, a nuestro pueblo nuestros conocimientos para que la tradición continúe”.

 

Los sones

“En Tlatenchi hemos rescatado como cinco sones aproximadamente entre baile y desarrollo de la danza.

En Tetelpa se tocan siete sones de avanzó de baile más otros seis o siete también para el desarrollo de la danza, incluyendo al Venado, al Varañado, al Tirador, al Rastrero, avances de este Mayeso con Salvadorchi; luego el baile de los Vasallos, el enfrentamiento con el tigre. Son aproximadamente catorce sones entre los de baile y los del desarrollo de la danza.

En Tlatenchi puede ser más o menos lo mismo, con sus variantes, y en eso se está trabajando”.

 

El Pitero

Pablo Paredes Ocampo lleva más de tres décadas participando en la danza de los tecuanes. Como quizá todos los piteros y tecuanes, aprendió el oficio viendo, escuchando:

“Yo aprendí de don Florentino Sorela Severiano. Él es el verdadero Tecuani mayor aquí entre nosotros, de él aprendí los sones, la danza, el respeto que se debe dar a la danza, la seriedad. Él es el que ha mantenido la tradición viva durante muchísimos años”, puntualizó.

 

El tigre sobre la montaña.

Tecuanes de Tetelpa en el atrio de la iglesia.

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