En México, tenemos presente el significado de qué es ser una madre buscadora, pero ignoramos lo que conlleva. Cientos de madres buscadoras salen día con día con la esperanza de recuperar algo de lo mucho que les ha sido arrebatado. Pero detrás de esta ardua lucha, hay una mujer que es ama de casa, esposa, trabajadora, hija, hermana y madre. ¿Nos hemos preguntado, acaso, cómo la cotidianidad se mezcla con la tragedia?
El pasado 5 de marzo fuimos testigos del hallazgo del Rancho Izaguirre, en Teuchitlán, Jalisco, por el colectivo Guerreros Buscadores de Jalisco. Este hecho significó un antes y un después ante la opinión pública debido a la crisis que enfrenta México por las personas desaparecidas.
En México, el registro de la Secretaría de Gobernación contabiliza 125 mil 287 personas desaparecidas en el último siglo. De ese total, el 90% se reportó como desaparecido desde 2006, y más de 60 mil casos ocurrieron a partir de 2019. ¿Y el Estado? En 2019, se restableció el Sistema Nacional de Búsqueda y se destinaron recursos para optimizar las labores de localización de personas desaparecidas; se reforzó la comisión nacional de búsqueda, se estableció el Centro Nacional de Identificación Humana, y las medidas más recientes han sido las de contemplar el fortalecimiento de la Comisión Nacional de Búsqueda, la creación de una base de datos forense nacional y la implementación de protocolos para búsquedas inmediatas. Pero tal parece que aún falta mucho por hacer, es por esto la necesidad del surgimiento de colectivos de madres buscadoras.
Y es que, detrás de quien lucha a diario, se encuentra una mujer que debe de cumplir con otras tareas y actividades diarias. Esta dolorosa dualidad: atender las responsabilidades cotidianas mientras buscan incansablemente a sus hijos desaparecidos. Estas mujeres han transformado su dolor en una lucha diaria por la verdad y la justicia.
La problemática de los desaparecidos en México ha llevado a los colectivos de madres buscadoras a capacitarse en materia legal, seguridad y búsqueda. Estas madres han tenido que atravesar este difícil proceso de combinar las actividades de ama de casa, mantener a sus otros hijos y, por si fuera poco, enfrentarse a la burocracia mexicana. Afrontar el peligro y la cruel realidad que conlleva ser una madre que busca a sus hijos, salir a un terreno baldío con la esperanza de encontrar un hallazgo… es el día a día de muchos colectivos.
En definitiva, es evidente el amor de una madre más allá de las circunstancias, el hacer todo lo humanamente posible para dar con el paradero último de sus hijos y de ajenos a quienes encuentran durante la búsqueda.
Ian Michelle Iturbe Elguea
Universidad Autónoma del Estado de Morelos