M. en D. Primo Blass

M. en D. Primo Blass

Lunes, 13 Enero 2020 05:00

Resumen y esperanzas

“En medio de la dificultad, reside la oportunidad.”

-Albert Einstein-

 

Quiero comenzar por las cosas que no hubiera querido que sucedieran. Sabemos que nacimos para morir. Alguna vez dije que probablemente se sabe cuándo llegará una persona a este mundo, pero no sabemos cuándo tenemos que partir. Alguien me corrigió y me dijo que también se sabe cuándo partiremos de este mundo pero que eso no nos es permitido saberlo. En fin.

El dieciocho de agosto trascendió mi querido Charlie. Su vida apenas comenzaba. Prometía mucho. Su trayectoria estudiantil y laboral era increíble. Pero no esperaba su partida tan pronto. Me dolió, y me sigue doliendo muchísimo. Pero también acepto que un día todos y todas tendremos que partir. Otros amigos y amigas también partieron. Pero no es lo mismo que se vaya alguien que ya vivió y tuvo experiencias en esta fase terrenal, a alguien que apenas comienza a vivir.

Y hace apenas unos días, el veinticuatro, justo la víspera de la Navidad, también dejó este plano terrenal, mi prima Adelfa. Aquí la interrogante fue ¿por qué se tuvo que marchar justo en esa fecha? Yo lo entiendo perfectamente. Cuando te toca, aunque te quites. Y cuando no te toca, aunque te pongas. Pero esa noche, en vez de alegría, la familia estuvo sumergida en la tristeza.

Y algo muy triste es que este año se han dado muchos hechos violentos en nuestra querida tierra morelense. Y estoy seguro que no nos merecemos esto. Tenemos que entrarle duro para que esto se acabe. Los ciudadanos debemos hacer nuestra parte. Pero también el gobierno tiene que actuar en consecuencia, en lo que le corresponde. Me duele saber cuántas familias perdieron a alguno o algunos de sus miembros. Me duelen las lágrimas que se derraman por el dolor. Las mejores son aquellas que caen debido a la felicidad.

Muchas cosas positivas, hermosas, maravillosas también sucedieron. Y seguro que seguirán sucediendo. Las sonrisas y los logros de mis hijos y de las personas que quiero. Esos amaneceres en los que escucho el canto de las aves para recibir el día. El ver cómo crecen nuestras tortugas. Una que rescató mi hija en la secundaria, cuando unos chicos mal educados e irresponsables le estaban haciendo daño a su madre y la mataron, y otra, que compré en el mercadito para que no se sintiera sola. Hay una tarea pendiente con ellas. Liberarlas en un lugar adecuado. Me siento encantado cuando veo mis plantas crecer. Cuando compré el terreno donde construí nuestra casa, había un árbol viejo. Hubo varias opiniones. La más común era que lo cortara. Sin embargo, mis pensamientos y sentimientos me dijeron que debía quedarse aquí. Él llegó antes que nosotros. Él ya había hecho de este lugar su casa. Así lo hice. Y cuando construí el techo de la terraza, dejé un hueco para que nuestro árbol, Huehue, así le llamamos (viejo, sabio. En náhuatl), siga mirando al cielo. También decidí dejarlo por una frase de un libro que leí, y sigo leyendo desde hace muchos años: Nada hay más grato para el corazón de un hombre que dormir bajo la sombra de su propio árbol. Gracias, Huehue por ser nido, por ser alimento, por ser sombra, por permitir al viento vibrar con tus hojas, por ser descanso para mi espíritu.

La felicidad que me provoca el recibimiento de mis perros cuando llego a casa. Si me siento triste, acongojado, malhumorado o enojado, todo se borra. Aquí me detengo un poco. Shay es un Pit Bull que, otra vez, y como siempre, Pamela, mi hija, rescató del abuso de gente que lo usaba como perro de pelea. Reconozco en mi hija su gran corazón. Te adoro, hija mía. Y sabes que doy mi vida por ti.

A veces, no como antes era, tomo una de las guitarras de mis hijos y trato de recordar viejas canciones que me sabía. La música también ha sido mi compañera, igual que la magia. Ellas siempre me acompañaban. Lo siguen haciendo. Ellas me hicieron el regalo maravilloso de encontrar amigos, amigas en todos los caminos que he andado. También saciaron mi sed y me dieron, me han dado, de comer cuando tenía hambre. A ellas les debo todo. Es hermoso cuando la música nos une. Mi hijo, comenzó con el gusto de la guitarra a los cuatro años. Su primera canción fue “Don´t let me down” de los Beatles. Así le fui enseñando algunos acordes hasta que mis escasos conocimientos se agotaron. Yo aprendí a tocar guitarra en las calles. Con mis amigos. Pablo Emilio estudió en una academia. Me emociona cuando toca. Me llena el corazón cuando veo fotos de él en alguna tocada. Mi hijo también tiene un corazón hermoso. Y sabe que también lo adoro porque es mi hijo favorito (también tengo una hija favorita).

De verdad la vida es bella. Trato de vivir como la frase sabiniana de “Siete crisantemos” que dice: Me enamoro de todo. Me conformo con nada. Un aroma, un abrazo, un pedazo de pan. De las cosas malas ya ni me acuerdo. Tengo mucha facilidad para olvidarlas porque prefiero vivir en paz. A mí ya me cayó el 20 desde hace muchos años.

Lo bueno de los años es que curan heridas. Lo malo de los besos es que crean adicción. Gracias Sabina por ser el marco para estas palabras para recibir este nuevo año 2020.

A ti, que sigues leyendo esto, te agradezco la amistad, la confianza, el apoyo, los buenos y los malos momentos. Te deseo lo mejor. Y si algo no sale como esperas, sigue luchando para lograr lo que buscas. Mejor intentarlo a claudicar.

Te quiero mucho.

 

 

Lunes, 06 Enero 2020 06:45

Comienza un nuevo ciclo

“Es indispensable regresar a lo básico

y a lo esencial para ser felices.”.

-Abel Pérez Rojas-

Escritor y educador mexicano

Lunes, 30 Diciembre 2019 05:27

Año Nuevo. Sueños Nuevos

“La mala noticia es que el tiempo vuela.

La buena noticia es que eres el piloto.”.

-Michael Altshuler-

El tiempo pasa y con él, la vida misma. Las actividades, la familia y los hijos, el trabajo, las amistades. Nada es igual. Todo es dinámico porque lo único que no cambia es que todo cambia. Como decía mi querido Dr. Francisco Lozano allá en China. La vida, mientras la vamos viviendo tiene diferentes ángulos, diferentes perspectivas.

De joven, cada fin de año leía y releía un escrito que había encontrado en los años 80 en un misal. Decía que lo leyeras el último día del año. Era una historia de redención, pidiendo perdón por todos los errores cometidos durante todo el año. Era el libro escrito en todo ese periodo que se ponía a disposición de Dios, agradeciendo también por lo logrado. Asimismo, decía que esta última noche del año, Dios te regalaba un nuevo libro con todas sus páginas en blanco para que escribieras una nueva historia. Podrías escribir cosas buenas o cosas malas. Según tu decisión.

Me gusta pensar así. Se cierra un ciclo y comienza uno nuevo. Me puedo arrepentir de lo que hice durante este año que termina. Pero comienza una nueva aventura. ¿Cómo quiero escribir esta nueva historia? Sigo teniendo muchos sueños para realizar y para compartir.

He vivido experiencias increíbles. Ahora vienen nuevas. Entre ellas, mis hijos han crecido. Toman sus propias decisiones. Este año terminan sus carreras universitarias. Tal vez, algún día se marchen de la casa o decidan casarse. Y en ese momento vendrán nuevas decisiones, cambios, valoraciones. También la muerte ha rondado mi huerto. Justo el día de mi cumpleaños se me adelantó alguien que, afortunadamente vivió al máximo. Pero que era muy joven y muy querido por mí. Era como mi hijo. Y el 24 de diciembre, alguien muy cercana a mí, partió a la eternidad. ¿Qué sentimientos tendré en esas fechas el próximo año?

Por primera vez en mi vida quisiera que se detuviera el tiempo. No me queda clara la razón. Quizá ahora comienzo a sentir que el tiempo se acaba. Cada año que pasa es un tiempo menos para mí en la tierra. Antes no lo sentía así. Cada año acaecido me fortalecía más. No quiero decir que me sienta débil ahora ¿O sí? Tal vez sea la nostalgia de todo lo que he vivido. Quizá sea la nostalgia del futuro.

Y, sin embargo, sé que el tiempo no se detiene. Aunque quisiera que así fuera, es imposible. Y me regreso a lo que decía, aunque suene contradictorio: Se cierra un ciclo y comienza uno nuevo. La noche del 31 recibiré mi nuevo libro con 365 páginas en blanco. Ese día, me voy a vestir de alegría, llenaré los bolsillos del corazón de mucho amor. Amor del bueno, mi espíritu se alimentará de esperanza y colgaré en casa la bandera del optimismo y la concordia para que nos vaya bien a todos en esta casa nuestra que se llama estado de Morelos. Pero también ofrezco una disculpa temprana. Soy humano. Y muchas veces, aunque no quiera, sufro, me enojo, lloro, contradigo a mi optimismo cuando las cosas no salen como quiero. Sigo sin entender porque tiene que haber sufrimiento, maldad, violencia, falta de empleo, hambre, bribones sin alma que nos traicionan y nos venden al mejor postor.

Pero, a pesar de eso, pongo mi optimismo, mi fe y mi esperanza por delante. Perdono de corazón y, olvido para siempre, todo disgusto, agravio, deuda, desamor, irritabilidad, agresión, traición, maledicencia y odio que me haya causado cualquier persona, situación o cosa. Así como también pido perdón a quien yo le haya causado daño.

Y si tienes rituales de fin de año, no olvides realizarlos. Tal vez no funcionen en absoluto, pero si los haces con el corazón, seguro algo funcionará. En algunos pueblos de Italia se sigue manteniendo una curiosa y milenaria tradición que es la de arrojar algunos muebles por la ventana. Esta costumbre se fundamenta en que creen que, al arrojar objetos como platos, vasos o muebles en desuso, se liberan de todo lo malo que les pudo suceder en el año que termina.

En mi caso personal, y como cada año, daré gracias al creador por permitirme terminar el año trabajando y tratando, aunque no siempre lo consiga, de dar lo mejor de mí mismo a mis semejantes.

¿Cómo vas a empezar a escribir tu nuevo libro en blanco? Espero que escribas, en sus páginas y en tu corazón, que cada día es el mejor del año.

¡Feliz y venturoso 2020!

 

 

Lunes, 23 Diciembre 2019 05:49

Natividad y cultura de la paz

“La Navidad no es un momento ni una estación,

sino un estado de la mente. Valorar la paz

y la generosidad y tener merced es

 comprender el verdadero significado de la Navidad.”.

-Anónimo-

Desde que voy sintiendo que llega el fin de año, llegan a mi corazón sensaciones diferentes. Me detengo a pensar sobre las cosas que he hecho durante todo este tiempo. Me pregunto si hice bien o si hice mal. Si logré mis propósitos o los volví a posponer. Me regreso al sentimiento que tuve cuando nacieron mis hijos y siento aquello de ser mejor persona. De ser mejor ejemplo para que ellos se sientan orgullosos de su padre.

El fin de año nos hace recapacitar sobre muchas cosas. Pero, sobre todo, cuando se acerca la Navidad, me pongo a pensar cómo han cambiado las cosas a través de los tiempos. En mi infancia celebrábamos las posadas. Todo el vecindario se vestía de fiesta. Todas las familias se organizaban para hacer de ellas una celebración especial. Durante la peregrinación, entre la oscuridad se hacía la luz. La notaba por el brillo producido por las luces de bengala. La sentía por la mirada y la sonrisa de los peregrinos. A mí me encantaba ser de los que pedían posada. Cantábamos nuestra parte: “En el nombre del cielo, os pido posada. Pues no puede andar, mi esposa amada…”  Mientras los anfitriones respondían: “Aquí no es mesón. Sigan adelante. Pues no puedo abrir. No sea algún tunante”.

Después de la letanía, nos permitían pasar. Todo era fiesta risas, calor humano, amistad. Se sentía ese buen amor. Celebrábamos y rompíamos las piñatas. Nos aventábamos para recoger los dulces y, además, recibíamos nuestros aguinaldos. Esa bolsita de dulces, por si no nos había tocado nada al romper la piñata.

¡Qué rico era el ponche que nos regalaban! Un sabor agridulce por todas las frutas que se combinaban. Las cañas de azúcar sabían más ricas cuando les sacábamos todo el jugo y las volvíamos a mojar en el ponche. Era en esos momentos que nos gustaba escuchar las historias de Doña Jesusita, la catequista de nuestra comunidad. “La navidad puede ser un recordatorio intenso de los seres queridos perdidos o de que no tienen familia cercana con la cual celebrar. En vez de sentir alegría, muchas personas sienten ansiedad y depresión aparentemente abrumadora e insoportable. La Navidad puede ser potencialmente un tiempo de desesperanza y soledad. Aunque algunos de nosotros podemos sentirnos solos o aislados durante las fiestas navideñas, es importante que recordemos la esperanza que trae Jesús. La encarnación, Dios haciéndose hombre, es la razón misma de por qué tenemos esperanza. El Señor promete: No te desampararé ni te dejaré”.

Esos pensamientos eran hermosos. Y, sin embargo, en estos tiempos que vivimos, pareciera que todo eso se olvidó. Nos olvidamos del amor y nos volvimos egoístas.

En estos tiempos prevalece el odio, la inseguridad, la violencia, y el respeto hacia nuestros adultos mayores se ha ido perdiendo.

Dicen que la Navidad no es un momento ni una estación, sino un estado de la mente. Valorar la paz y la generosidad es comprender el verdadero significado de Navidad. Es decir, no es solamente la celebración de diciembre el único momento para desearnos lo mejor. Es cada uno de nuestros días en la vida que debemos vivir con el ejemplo de Jesús.

Yo espero de todo corazón que nuestra vida comunitaria cambie para mejorar. Para encontrar esa paz que tanta falta nos hace. Para encontrar esa dignidad que hemos perdido. Vuelvo a esperar encontrar la luz en medio de la oscuridad como cuando era niño.

Confieso que a veces siento que pierdo la esperanza. Pero aún tengo fe de que encontremos el camino adecuado para vivir como se debe. Tengo fe de que algún día se acaben los tunantes. O por lo menos que se vayan lejos. Muy lejos.

Espero que estos pensamientos te regresen a la niñez y te devuelvan la esperanza por si anda extraviada por ahí.

Te deseo tanta salud como gotas tiene la lluvia, tanto amor como rayos de luz tiene el Sol y tanta suerte como arena tiene el desierto.

Feliz Navidad.

 

Lunes, 16 Diciembre 2019 05:29

Economía social y cultura de la paz II

“Es necesario crear una sociedad más humana, más solidaria, capaz de contribuir a desarrollar la dignidad de los pueblos”.

-José Luis Sampedro-

Economista y humanista español

 

En el blog del Instituto Nacional de Economía Social del gobierno de México se menciona que la economía social es toda actividad económica que llevan a cabo los organismos del sector social, basados en la democracia al momento de tomar decisiones, propiedad social de los recursos, distribución equitativa de beneficios entre sus integrantes y el compromiso social en favor de la comunidad.

Esto es, un conjunto de prácticas que generan un modo solidario y diferente de hacer economía, buscando una transformación social a través de la actividad económica. Siendo aplicada a cualquier tipo de empresa, cooperativa y caja de ahorro que siga una serie de características específicas en su función. Por tanto, podemos decir que se trata de una propiedad conjunta o en común en el que participan varias personas que realizan un trabajo colaborativo y buscan un equilibrio entre resultados económicos y objetivos sociales.

En sí, es una forma diferente de hacer negocios. Otra manera de ver la economía. Negocios en los que no necesariamente participa sólo el que tiene dinero. Porque algunos siguen creyendo que la economía sólo les pertenece a la iniciativa privada y a los que están en el poder. Ya hemos visto cómo los que tienen el control del poder han realizado negocios en los que sólo se benefician ellos, explotando y pagando salarios miserables a los que menos tienen. Sangrando a nuestra madre tierra sin importarles el futuro de nuestros hijos. Como si ellos no estuvieran en riesgo por el caos que han formado.

En Europa, el país que más se ha destacado en lo que respecta a la economía social y solidaria es Alemania. Actualmente, se encuentra entre los tres primeros exportadores del mundo, tiene el crecimiento per cápita más alto del mundo desarrollado y un desempleo del 6,9%, a una distancia muy lejana de la media de la eurozona (11,7%).

De acuerdo al profesor Reint Gropp, presidente del Instituto Hall para la Investigación Económica (IWH) de Alemania, “el modelo germano se diferencia claramente del anglosajón de Estados Unidos y Reino Unido. Es un sistema basado en la cooperación y el consenso más que en la competencia, y abarca al conjunto del entramado socio-económico, desde el sistema financiero al industrial o al estado".

En Europa queda claro que “la economía social constituye un sector que contribuye de manera significativa a la creación de empleo, al crecimiento sostenible y a una distribución de la renta y la riqueza más justa. Se trata de un sector capaz de combinar la rentabilidad con la inclusión social y los sistemas democráticos de gobernanza, que trabaja junto con los sectores público y privado para ajustar los servicios a las necesidades. Fundamentalmente, es un sector que ha capeado la crisis económica mucho mejor que otros y que gana un reconocimiento cada vez mayor a nivel europeo”, según lo menciona Luca Jahier, presidente del Grupo de Actividades Diversas del Comité Económico y Social Europeo (CESE).

En América Latina hace falta organización y más conocimiento sobre el tema. Para contrarrestar esto, y como mencioné en mi columna pasada, el padre Marcos Linares es el pionero de esta alternativa mejor organizada y bien planeada para proyectar y realizar proyectos productivos que beneficien a todas las comunidades. Es importante soñar. Imaginar que hay otras formas posibles de entender la economía, viendo por los más necesitados, con proyectos que beneficien a nuestras comunidades, teniendo en cuenta que la madre tierra no la debemos seguir explotando inmisericordemente. Todo se debe de hacer con equilibrio para beneficio de todos. Y, sobre todo, para hacer que regresen la concordia, la armonía, la paz y la justicia social a nuestras comunidades y lograr una verdadera cultura de la paz. Por esas razones, Pronaes (Promotora Nacional de Economía Solidaria) está organizándose en todo el país en una cruzada para apoyar la economía solidaria en todas las comunidades.

 

Lunes, 09 Diciembre 2019 05:28

Economía social y cultura de la paz

“La pobreza no la crea la gente pobre.

Esta es producto del sistema que hemos creado,

 por ende, hay que cambiar los modelos y

conceptos rígidos de nuestra sociedad”.

-Muhammad Yunus-

 

En un pequeño artículo, Elena Novillo Martín nos dice que el concepto de Economía Social y Solidaria (ESS) surge a mediados del siglo pasado como una solución contra la desigualdad que el sistema genera y propone unas prácticas alternativas al sistema económico actual mediante la aplicación de valores universales, como la equidad, la justicia, la fraternidad económica, la solidaridad social, el compromiso con el entorno y la democracia directa. Para la ESS estos son los valores que deben regir la sociedad y las relaciones entre las personas. La economía social y solidaria pone en el centro de la economía el bienestar de las personas, situando los recursos, la riqueza, la producción y el consumo como meros medios para alcanzar tal fin.

Si observamos detenidamente, estos conceptos están en oposición a los conceptos del neoliberalismo en el que la riqueza queda sólo en algunas manos explotando al máximo el recurso humano para beneficio de unos cuantos. Los dueños absolutos de todo.

Si bien es cierto que siempre han existido formas y prácticas de economía social, a lo largo de la historia, las raíces de estos conceptos se encuentran en las corrientes ideológicas del siglo XIX. Es en los años setenta del siglo pasado cuando comienza a emerger la Economía Solidaria como un modelo económico con una visión global de transformación social, constituyendo una forma de combatir la pobreza, la desigualdad y la ausencia de respeto por el entorno.

Roberto D. Roitman, en su libro “de qué hablamos cuando hablamos de economía social”, nos menciona que “…es una pregunta sencilla cuando la repuesta brota desde la vivencia de una economía que reproduce la vida, que entrama familias y organizaciones teniendo en el centro a la persona humana, que desarrolla las solidaridades recíprocas, las conveniencias mutuas, el comercio con justicia. En definitiva, nos insta a construir comunidad de productores y consumidores preocupado por un mundo sostenible para todos.”

Este concepto se encuentra sustentado en nuestra carta magna en el artículo 25 en el que se reconocen formalmente las formas de organización social. Y, de igual manera sus formas específicas se encuentran en la ley de la economía social y solidaria.

Es de fundamental importancia que se analicen y se lleven a cabo acciones para implementar la ESS en todos los estados del país. Y es, en ese sentido, que quiero hacer un reconocimiento a una persona que lleva muchos años realizando proyecto de ESS. Me refiero al padre Marcos Linares Linares, pionero de la ESS en México. El padre Linares comenzó su cruzada en el estado de Michoacán. Ha recibido reconocimientos nacionales e internacionales, y, obvio, todo se debe a los cambios radicales positivos que se han visto cristalizados en las comunidades donde se han implementado proyectos productivos.

Te invito a ver, estimado lector, lectora, este video en youtube, en el que un programa de televisión de Estados Unidos hace un reportaje sobre las acciones realizadas por el padre Linares. https://www.youtube.com/watch?v=tGMVt01Leps&t=83s

El padre Linares sigue su cruzada como Coordinador a través de Pronaes (Promotora Nacional de Economía Solidaria) y llegó a Morelos hace unos días para realizar el Primer Foro de Economía Social y Solidaria en el cual, presentó el proyecto para iniciar trabajos. El licenciado Víctor Villalobos Ocampo fue nombrado coordinador estatal, profesionista que lleva varios años realizando esta labor no solamente en Morelos sino en otros estados de la república. Todo esto con el objetivo de organizar a nuestras comunidades y comenzar a realizar proyectos productivos que traigan beneficios reales para generar una calidad de vida más digna y más igualitaria para la mayoría de nuestra población. La economía solidaria viene como una reacción, precisamente, para buscar esa justicia social que se ha ido relegando por los intereses privados o por el modelo capitalista, y lo que busca es la dignidad de la persona, que es lo que ha faltado en el modelo actual.

La ONU nos dice que “la Economía Social y Solidaria enfatiza también el papel de la ética en la actividad económica. Muchos gobiernos empiezan a reconocer la necesidad de democratizar los sistemas económicos y de gobernanza, reconociendo así los papeles no solo de los actores públicos y privados sino también de las organizaciones e instituciones comunitarias y colectivas al igual que la importancia de las alianzas intersectoriales.” Y todo esto conlleva, por consecuencia, al logro de una cultura de la paz. Porque cuando una persona tiene una forma digna para vivir es muy poco probable que caiga en las garras de la delincuencia.

 

“Todo lo que he hecho es combatir

los síntomas del crimen en lugar

de resolver las causas”.

-Batman (parodia con el Guasón)-

El asesinato (diría yo, feminicidio) de Abril Pérez acaecida el 25 de noviembre, justo el día que se conmemoraba el día de la eliminación de la violencia contra la mujer, es por demás, fuera de lugar. No es posible que el juez que llevaba el caso, teniendo todas las pruebas en contra del esposo, cambiara de parecer para liberarlo.

La sociedad en general de verdad carece de justicia cuando los mismos que deben de ejercer y hacer caer todo el peso de la ley a los responsables de la comisión de un delito, los dejan en libertad. Les importa más meterse dinero al bolsillo que darles solución a los problemas de la gente.

Hace unos años, mientras me encontraba dando talleres sobre prevención del delito en diferentes comunidades, me encontré con una joven de no más de 21 años, con un hijo en brazos, que me contó su historia. Ella se encontraba en una clínica de adicciones. Reconoce que en su adolescencia se metió con amigos y amigas problemáticos, hasta que sus padres, al ver los estragos que la droga le causaba, la internaron en aquella institución, con la intención de que se recuperara. Sin embargo, quien se encargaba de sus cuidados de rehabilitación, la sedujo. Le prometió muchas cosas. Dijo que la amaba. Así que pasó lo que tenía que pasar. De manera fuera de toda ética profesional, el tipo y ella sostuvieron relaciones dentro de la institución. Al principio todo era maravilloso, pero al paso del tiempo la obligaba a tener relaciones sexuales aun cuando ella se negara. Luego se reconciliaban, como suele suceder en estos casos. Y así pasó el tiempo hasta que ella fue dada de alta de la institución. Siguieron viéndose, y llegó lo inevitable. Ella quedó embarazada. Él le exigió que abortara porque era casado. Ella se negó y aquel la amenazó de meterla en la cárcel por todo lo que sabía de ella y lo que había hecho cuando era adicta. La pobre chica, en lugar de denunciarlo, huyó de la ciudad por miedo y se fue a esconder a una comunidad pequeña, en un municipio lejano para tener a su hija y comenzar una nueva vida.

Esto nos conecta a mi columna de la semana pasada. Suponemos que quienes nos cuidan y protegen, siempre estarán allí para ese objetivo. Sin embargo, en muchos casos, la realidad es otra. Más terrible. Son esas mismas personas las que abusan de los más débiles, toman ventaja. Se aprovechan de ellos. Abusan de ellos.

Y así como se menciona en el epígrafe de esta columna, las autoridades sólo atienden los síntomas de la criminalidad. Lo urgente. Pero no solucionan las causas. Lo importante.

Las dos cosas son esenciales, pero lo es más ver, estudiar y resolver las causas de la criminalidad que estamos viviendo. De nada sirve poner penas más severas para la comisión de delitos si no se atienden las causas del mismo.

Urgen políticas públicas, válgame la expresión, son urgentes por lo importante, por lo fundamental.

En el caso de Abril, el Consejo de la Judicatura de la CDMX anunció que “a fin de no entorpecer el desarrollo de la investigación iniciada, ha tomado la determinación de suspender a los jueces de Control del Sistema Penal Acusatorio Federico Mosco González y Luis Alejandro Díaz Antonio, hasta que concluya el análisis de lo actuado. Se ratifica el compromiso indeclinable de impartir justicia y actuar siempre en apego a la legalidad”.

La sociedad tiene muy claro que muchos jueces se venden al mejor postor sin importarles que haya justicia. Pero eso sucede en todos los ámbitos. Mucha gente sigue con la idea de que el que no transa, no avanza. Y en otros casos, observamos que hay personas que se encuentran en posiciones altas, manejan a los de abajo. Los humillan, los acosan, los obligan a realizar actos indebidos por miedo a perder el trabajo, por miedo al chantaje, por temor a que no les crean las autoridades o en complicidad con ellas.

No podemos seguir así. No debemos seguir así. Vamos a acabar enfrentándonos todos contra todos. La situación se volverá peor si no se pone coto a este caos.

¿Es correcto que las manifestaciones feministas hagan destrozos de los monumentos nacionales, pintarrajeen las paredes o que vandalicen? Algunos dirán que no. Y sin embargo, la respuesta de las manifestantes preguntan a las autoridades. ¿Por qué no se han resuelto, después de tantos años, los casos de sus familiares asesinadas?

La gente está cansada. Todos estamos hartos. Estamos frustrados de clamar por justicia y que los gobiernos hagan caso omiso y ciertos funcionarios sigan haciendo dinero sucio sin importarles el dolor de la gente y mucho menos la justicia.

La familia y el sector educativo tienen que retomar sus papeles de entidades con capacidad agrupadora. Y en el caso del gobierno, insisto, tiene que tomar las riendas con políticas públicas apropiadas para atemperar, primero, y estabilizar después el ambiente social.

 

 

“Tu familia es el mayor escudo que puedes tener en momentos de guerra”

-Anónimo-

 

Estos días he estado un poco abrumado por ciertas lecturas que he estado realizando. Muchos de ustedes saben que Boris Cyrulnik es uno de mis mejores autores en el tema de la resiliencia, que es la capacidad de una persona para que, a pesar de todos los obstáculos y sufrimientos que ha tenido, pueda reconstruirse y avanzar por la vida de una manera positiva y edificante. Este estudioso de la resiliencia nos dice que “con cabos de lana biológicos, afectivos, psicológicos y sociales, pasamos nuestra vida tejiéndonos a nosotros mismos”. Y es, en este sentido, que la familia es de fundamental importancia para el desarrollo de un buen ser humano o uno malo. Un ser humano sano o uno enfermo, aunque al final de cuentas todos nosotros, hombres y mujeres traemos cosas buenas y cosas malas desde el seno familiar.

Obviamente las cuestiones y problemática social también nos afectan, y mucho. Ya hemos hablado de esto en muchas ocasiones, pero la familia, ¿qué rol juega?

Sabemos a ciencia cierta que, si bien es cierto, la familia es el centro del amor, la identidad y la armonía, también es cierto que son los mismos familiares, los más cercanos, los que pueden abusar de nosotros y hacernos daño.

Uno de los libros que leí esta semana se llama “cuídame de ti” de Mónica Salmón, autora mexicana, que trata el tema de los estragos que puede causar una madre en su hija, de hecho, en toda su familia. Basada en sucesos reales, esta historia narra como a nivel social una madre puede comportarse como una mujer de bien, altruista y buena gente en su actuar social, pero en la intimidad es una persona muy mala que deja huellas terribles en su hija. En síntesis, desmitifica el papel tradicional de la madre como la persona que no sólo protege y se sacrifica, sino que daría la vida por su familia. Especialmente por sus hijos.

En la actualidad podemos comprobar que las relaciones familiares se pueden dividir en tres categorías. Todavía hay familias en las que los padres son los que ponen las reglas y los hijos e hijas tienen que acatar las mismas, so pena de recibir un castigo en caso de no acatarlas.

Por otro lado, tenemos a esos padres y madres castrantes que manejan a sus hijos, de tal manera que los esclavizan a voluntad como el caso de la novela mencionada.

Y, además, tenemos ahora que, en el deseo de los padres por convertirse en “amigos” de los hijos, hemos rebasado los límites de la permisividad y la anarquía. Hay padres que se dejan manipular por sus hijos de tal manera que van creando monstruos.

Tenemos que entender que la familia es el comienzo de todo. “En la búsqueda de paz, comenzando con el individuo y posteriormente reflejándose en la sociedad, la familia juega un rol fundamental. Al ser considerada como la primera institución socializadora y formadora del individuo, la influencia de lo aprendido en el hogar es notable a lo largo de la vida, mencionan”, mencionan en su artículo de investigación, “La familia como elemento mediador entre la cultura de paz y la violencia cultural”, Hinojosa, M. & Vázquez.

Las autoras establecen que el niño adquiere los primeros contactos con el ambiente a través de sus padres y familia, desarrollando de esta manera conductas adaptativas que pueden ser positivas o negativas, dependiendo de si las primeras experiencias son gratificantes o no (Flores Millán, 2011). Por lo anterior, es importante que en el seno familiar la convivencia se desarrolle con base en valores como amor, comprensión, paz, respeto y solidaridad.

Cinco palabras fundamentales que son imperativos a seguir. Y esto se logra a través de políticas públicas como las que se establecieron en Colombia de 2009 a 2013. Ahí se llevó a cabo un programa llamado “Escuela de Familia”, en la que se trataron temas como la transmisión y educación en los conceptos de paz, derechos humanos y valores para una sana convivencia familiar.

Así como la familia es el lugar del primer encuentro con las formas socializadoras, la escuela es la segunda entidad en la que los niños comienzan a poner en práctica lo que les enseñaron en casa. En Brasil   se llevó a cabo el programa Cultura de Paz en la Escuela (PREAL, 2006), implementado por el Programa de Promoción de la Reforma Educativa en América Latina y el Caribe y el Programa de Prevención de la Violencia en la Educación. Dentro de los objetivos estaba el capacitar a padres y alumnos de las escuelas seleccionadas, tres escuelas de enseñanza básica, para implementar un proyecto con acciones que favorezcan una cultura de paz.

Son estas “pequeñas cosas” que nos ayudarán a construir una verdadera cultura de paz en nuestras comunidades. ¿Lo hacemos?

 

 

Lunes, 11 Noviembre 2019 05:16

Elementos para lograr una cultura de la paz

“La paz no es sólo una meta distante que buscamos, sino un medio por el cual llegamos a esa meta”

-Martin Luther King-

 

En el prólogo de su libro “Paz Social y Cultura de Paz”, Virginia Arango Durling nos dice que el concepto de paz no es sólo ausencia de conflictos o guerra, dice que es un fin, un objetivo imprescindible para ejercer y disfrutar los derechos humanos. Y finaliza diciendo que la paz es sinónimo de promoción y respeto de los derechos fundamentales.

Al analizar estos conceptos, nos damos cuenta de todo el trabajo que debemos hacer en nuestras comunidades. En mi caso personal, que no es diferente del de muchas personas que conozco, si me regreso al baúl de los recuerdos, mi niñez gozó de muchas libertades. Jugábamos en la calle, “nos íbamos de pinta” a diferentes lugares.

Recuerdo un día que salimos de casa desde temprano, vivíamos en la colonia del Empleado, y nos fuimos caminando desde la calle de Juan Álvarez, por dónde estaba mi escuela primaria, hasta llegar a los Go-Karts. Fue una jornada en la que, además de la caminata, íbamos contando muchas historias. Caminábamos mientras construíamos sueños. Nos tomó un buen rato el trayecto, y cuando llegamos a nuestro destino, disfrutamos el día como sólo nosotros sabíamos hacerlo. Regresamos de igual manera. Llegamos cansados, pero muy contentos de nuestra aventura. En otras ocasiones, nos íbamos al cerrito a volar papalotes que nosotros mismos hacíamos con varitas que recolectábamos en el campo, y papel china. Era maravilloso correr contra el viento y ver como nuestro juguete se elevaba por los aires. Más tarde bajábamos del cerrito y nos íbamos a nadar al “ojito de agua”, ése que todavía está cerca de esta casa editorial. Regresábamos a casa en donde ya nos esperaba mi madre con la merienda. Ella no se preocupaba de dónde andábamos. Y cuando salíamos nomás a la calle a jugar canicas, al bote pateado, a la roña, al burro castigado, y otros juegos maravillosos, todos los niños y niñas que jugábamos, nos sentíamos libres. Nos sentíamos vivos.

Ese es el trabajo que debemos hacer en nuestra sociedad. Hacer que regrese la armonía, la convivencia, el quehacer comunitario, el sabor a hermandad.

Duele mucho ver la ausencia de los niños en las calles. Aunque también nosotros somos responsables de lo que sucede con nuestros hijos. Ahora viven encerrados en una burbuja llamada “redes sociales”, “realidad virtual” en la que se pierden por horas. No hay convivencia real. Estamos conectados con la “realidad virtual” pero desconectados de la realidad vital, humana.

Cassiana Tardivo, psicopedagoga brasileña y experta en aprendizaje y educación, escribió “los hijos de la habitación”. Entre otras cosas, menciona en este texto que antes perdíamos a nuestros hijos en los ríos, en los bosques, en los mares, ¡hoy los perdemos dentro de la habitación! Cuando jugaban en el patio escuchábamos sus voces, sus fantasías… Y al oírlos, aunque fuera a la distancia, sabíamos lo que ocurría en sus mentes. Cuando entraban en la casa no existía una TV en cada cuarto, ni dispositivos electrónicos en sus manos.

Hoy no escuchamos sus voces. No escuchamos sus pensamientos y fantasías. Sí, los niños están ahí, dentro de sus cuartos, y por eso pensamos que están seguros. Cuánta inmadurez la nuestra.

Este es el primer elemento para construir una cultura de paz. Retomar a nuestras familias y comenzar de nuevo. Reconstruirlas para que exista entendimiento y no necedad. Para que haya comunicación y no aislamiento. Para que se dé el amor y no el odio ni el abandono.

Existen, además, otros elementos como: practicar la gentileza en casa y en la calle. Las acciones de generosidad y muestras de respeto harán una gran diferencia en tu familia, en la calle, en el trabajo. Practica la caridad y la compasión. Ayuda a tu prójimo, a tu vecino, ayuda en la comunidad. Cultiva ideas buenas, generosas. Si eres una persona equilibrada y muestras felicidad, vas a contagiar a los demás. Sé un centro de energía positiva para los que te rodean. Aleja la negatividad y contagia a las personas con tus ideales de bien. Por último, y entre otras cosas más, para cultivar una cultura de paz, primero tienes que estar bien contigo mismo. No hay forma de llegar a la paz si nuestro espíritu está lleno de pensamientos negativos.

Esto no sólo aplica a las personas como tú y como yo. Aplica también a las personas que dirigen los destinos de una sociedad a través del gobierno. Ellos, de manera principal, porque son ellos de donde provienen las consecuencias positivas o negativas, a través de políticas públicas, para nuestra sociedad. Sin que esto no quiera decir, que nosotros, como ciudadanos no hagamos lo que nos corresponde.

 

Lunes, 04 Noviembre 2019 05:02

Descontento social y cultura de la paz II

 “Las personas son tan buenas como el mundo les permite ser”.

-El Guasón-

No cabe duda que la película “el Guasón” ha dejado una huella indeleble en la memoria de quienes han ido a verla. Es provocadora y, al mismo tiempo, nos hace pensar en los grupos vulnerables, en los desposeídos que existen, y cuyo número se incrementa cada día en la sociedad moderna.

La película nos muestra a un hombre afectado de sus facultades mentales, que en sus momentos de lucidez pretende ser un buen hombre, vivir en armonía. Vivir en paz. Y, sin embargo, los demás, los “normales” abusan de él. Y cuando digo “los normales”, no hablo solamente de las personas, hablo de las instituciones gubernamentales, que, se supone, deben de contribuir a la salud emocional, médica, laboral, y educativa, entre otras acciones, de los más necesitados. Se aprovechan de su vulnerabilidad y lo lastiman hasta llegar a un punto de subversión. Lo llevan a un callejón sin salida. El mundo, como dice el epígrafe de esta columna, me da las herramientas para ser bueno o malo. El descontento social no nace de la nada. El mundo, y para ser más específico, el mundo latinoamericano nos muestra toda la podredumbre de la clase política y de los privilegiados en contra de los más desposeídos. Tenemos escándalos de políticos imputados, cada vez peores servicios públicos, gobiernos vinculados al crimen, violencia política, altos niveles de corrupción y de inflación, desempleo que cada día se incrementa más, violación de derechos humanos, pérdida de nuestros derechos laborales. ¿No les parece más que suficiente para que haya descontento social?

No puede ser posible que en nuestro entorno inmediato veamos las corruptelas, los escándalos y la falta de interés en los problemas de la sociedad en el congreso del estado, por ejemplo; los robos a mano armada, los asesinatos, a plena luz del día y en lugares públicos; las noticias sobre la falta de interés de nuestros gobernantes para solucionar los problemas que nos aquejan… el malestar social que prevalece es consecuencia de los malos manejos de la bonanza que existió. Se han mal administrado las instituciones de nuestro país y eso trae otros resultados: el descontento social les está pasando la factura a los gobernantes actuales.

Vivimos una economía malsana. Una economía que nos dice y nos convence que tenemos que ser más despilfarradores. Que tenemos que gastar más para ser felices. No hay límites. Queremos tener más. Tenemos que gastar más para ser “felices”. Y por esas razones, si no estamos a la altura, algunas personas buscan otras formas, las peores, para satisfacer sus necesidades. Es todo un círculo vicioso. Pepe Mujica sostiene que “continuará la guerra hasta que la naturaleza nos llame y haga inevitable nuestra civilización”.

Desde mi personal punto de vista, lo que está sucediendo actualmente tiene relación con las cuatro causas que originaron la revolución francesa. La primera es la situación política. Hay una clase privilegiada, con mucho dinero y demasiados poderes, frente a una clase pobre, con pocos derechos y menos privilegios. La segunda es la situación económica. En los tiempos de la revolución francesa, a pesar de las sequías y heladas de la época, los agricultores tenían que pagar sus obligaciones fiscales y año con año la situación se volvía insoportable. En comparación con nuestros tiempos, sólo hay que abrir bien los ojos para darnos cuenta de lo que está sucediendo. La tercera causa es el mundo de las ideas. En aquellos tiempos surgieron sucesos y pensadores que hicieron que la gente se pusiera a reflexionar sobre su situación e inspiraron con la difusión de sus ideales para cambiar. Vean el caso de Chile. Y, la última de las causas que originó la revolución francesa fue la situación social. El pueblo ya no toleraba una sociedad tan desequilibradamente injusta que los llevó a la extrema pobreza y al hambre.

Macron, el actual presidente francés, culpa a la globalización por el descontento social en su país. Gasolina demasiado cara, impuestos muy excesivos y, pensiones y jubilaciones pobres e insuficientes, son los sentimientos en general de una población que no aguanta más. Los chalecos amarillos hicieron protestas por cinco meses y Macron se vio obligado a realizar una gran consulta popular en la que 1,5 millones de franceses opinaron sobre cómo se podría mejorar la situación de su país, llegando a la conclusión de bajar el impuesto a las ganancias para los trabajadores, al tiempo que se pretende vincular las jubilaciones más bajas con la inflación, entre otras medidas.

Si esto sucede en Francia, obvio es, que suceda lo mismo en nuestro entorno. Pero el problema en nuestro país es peor por estar incrustado el crimen organizado en casi todos los sectores políticos, agregando a esto que la población no es escuchada. Sin embargo, sí es posible volver a encauzar el camino para lograr la paz y la justicia social. Y para lograrla habrá que actuar en consecuencia o sucederá lo que decía Voltaire: “Los pueblos a los que no se les hace justicia se la toman por sí mismos más tarde o más temprano.”

 

 

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