M. en D. Primo Blass

M. en D. Primo Blass

Lunes, 14 Enero 2019 07:09

Mesura y buen vivir

"La cantidad de rumores inútiles

que un hombre puede soportar es

inversamente proporcional a

su inteligencia ".

-Arthur Schopenhauer-


Este artículo está siendo escrito en la CDMX. Llegué el sábado por la tarde noche. Ya venía yo preparado para ver y oír lo peor. El desabasto de gasolina ha creado un caos en esta ciudad. La gente tiene que hacer colas muy largas para adquirir el preciado líquido. Hay protestas en las calles y la gente se pelea. Perros haciendo filas con un garrafón en el hocico y muchas historias más. Mientras venía en el autobús, había leído un escrito publicado por una amiga en su “feis” en el que describía la situación casi como el fin del mundo.

Óscar pasó por mí a la terminal y nos fuimos platicando del asunto. Él no está a favor del nuevo gobierno. De hecho su opción de voto fue otra. Obvio, eso no obsta para que nuestra amistad siempre esté en equilibrio. Me pidió que lo acompañara a cargar gasolina y sí, había una fila enorme. Nos tomó como hora y media cargar gasolina. Pero durante la espera platicamos de los diferentes puntos de vista sobre la situación y de otros temas también. Había orden en la gente, nadie se metió en la fila, uno de los trabajadores empezó a repartir boletitos con número para ser atendidos. Nos tocó el cincuenta y siete. Cuando nos atendieron, Óscar pidió que llenaran el tanque. Un taxi que estaba delante de nosotros, después de llenar el tanque, sacó un garrafón grande y pidió más gasolina. Salimos de la gasolinera y nos dirigimos a casa de mi amigo.

Tenemos que tener confianza en nuestro presidente. Creo que todos, hombres y mujeres lo hemos hecho con los anteriores, ya lo mencioné en otros artículos. No podemos apostar por el caos. Viendo hacia atrás, hemos podido comprobar, y seguimos comprobándolo, que algunos miembros de la clase política se aprovecharon de nosotros, de nuestro país y de nuestros recursos. Ahora toda la porquería está saliendo a flote. Y lo que falta.

Tenemos que ponernos las pilas. Participar hombro con hombro, ciudadanos y gobierno, para salir adelante. La democracia tal vez no se la gran solución a los problemas de una sociedad, pero es la única opción, y la mejor, así pienso, para avanzar en la vida social. Entre todos podemos elegir de entre muchas opciones de solución y, si nos equivocamos, nos volvemos a organizar para encontrar otra solución. Las probabilidades de equivocarnos siempre existirán, pero de eso se trata la vida. ¿No es cierto? Cada uno de nosotros, hombres y mujeres estamos en una constante búsqueda en la vida. Algunas veces tomamos decisiones correctas, y otras más, nos equivocamos. Dicen que el hombre es el único animal que se tropieza dos veces con la misma piedra. Y sin embargo, cada día tenemos la opción de ser mejores.

En el caso de las riendas de un país, nos hemos equivocado, y más que eso, creo, los que han llegado al poder, al darse cuenta de todo lo que pueden hacer para enriquecerse, han olvidado al pueblo para llevar agua a su molino. Eso lo tenemos que acabar. ¿Cómo? Con la participación ciudadana activa.

Esto que está sucediendo con lo de la gasolina, sabemos que no es nuevo. Sabemos desde siempre que los malnacidos siempre han saqueado al país, han robado al pueblo. Lo que no sabíamos era la magnitud tanto del robo como del modus operandi. Nuestro presidente está trabajando en nuestro beneficio, confío en ello, y estoy seguro que la cloaca se está abriendo tanto que seguro habrá otras sorpresas, pero al final, eso será en beneficio de México.

No creas todo lo que escuches ni en todo lo que veas. Ni siquiera creas lo que escribo. Investiga. Analiza si lo que escuchas o lees es parte de un discurso dominante, publicado en esta columna el once de noviembre. Recuerda que hasta las redes sociales funcionan de acuerdo a tu perfil. Si eres de X gusto, eso te darán de información y si eres de Y, te darán eso mismo.

No te dejes llevar por los rumores porque, según Madame de Staël, éstos se parecen al humo, se disipan pronto pero ennegrecen todo lo que tocan.

Tal vez no todo salga como espero en este sexenio. Pero de lo que sí estoy seguro, es que será un parteaguas en la historia de México, sobre todo, porque el ciudadano mexicano cada día es más consciente de su responsabilidad para actuar en consecuencia respecto de cómo debe de ser la convivencia social, y, por tanto, eso traerá como consecuencia un mejor país. El destino nos espera. No permitas que los rumores te distraigan. Recuerda que nunca llegarás a tu destino si te detienes a tirar piedras a cada perro que ladra.

Lunes, 07 Enero 2019 05:42

Nostalgia y buen vivir

"La nostalgia es genuina,

lloras por cosas que

en realidad sucedieron".

-Pete Hamill-

 

 

 

Días previos a la llegada de los Reyes Magos me comenzó a llegar la nostalgia. En mi infancia no había nada especial durante la Navidad, es decir, no poníamos arbolito, no adornábamos la casa para sentir la celebración. Las calles sí se vestían de Navidad y se sentía que algo bonito iba a llegar. No recuerdo saber nada de Santa Claus. Me emocionaba muchísimo pensar que pronto llegarían los Tres Sabios de Medio Oriente y nos llevarían regalos. Recuerdo que mi papá me ayudó a escribir mi carta pidiendo algún juguete, pero no recuerdo que pidiera una marca específica. Esas cosas no existían en mi entorno. Yo digo que tendría unos cinco años cuando los Reyes me llevaron un Batimóvil que tenía un cable que salía de la parte de atrás y, del otro extremo, una manivela que tenía que girar para que el vehículo marchara.

Batman y Robín, Cachirulo, Combate, el Túnel del tiempo, Banana Split, Los Monster, Viaje al fondo del mar, eran mis series favoritas. La bruja maldita de verdad me espantaba terriblemente. Subía los pies cuando estaba sentado en la cama porque sentía que me iba a jalar y llevarme debajo. Sólo recuerdo tres canales: el dos, el cuatro y el cinco. No sé si había más. Todo era muy ingenuo. Todo era suficiente. Todo era mucho. Y eso era todo. Me tocó escuchar radionovelas. Era lo de ese tiempo. Sobre todo, cuando íbamos a visitar a mi abuelita Natalia. Me tocó escuchar y seguir las aventuras de Kalimán, cuya voz era la de Luis Manuel Pelayo. Por cierto, hace muy poco tiempo, me enteré que la voz de Solín era la de Luis de Alba. Ese es uno de mis recuerdos más gratos porque aprendí que quien domina la mente, lo domina todo. Serenidad y paciencia.

Justamente con revistas como Kalimán, Archie, la pequeña Lulú, Daniel el travieso, Periquita y La familia Burrón fue como aprendí a leer. Era maravilloso meterse a ese mundo. Mi favorita era Memín Pingüín. Así le llamaba. Ahora, ya de adulto me entero que el apellido era Pinguín, de pingo, supongo. Pero a mí me suena raro. Ya más grande también cayeron en mis manos ejemplares de Lágrimas y risas, Chanoc, El Payo, y otras más. Un poco más tarde, Rius se convirtió en mi maestro con los Supermachos y los Agachados. Rius me hizo pensar de manera diferente.

Nuestros juegos eran muy sencillos pero imaginativos: el bote pateado, el burro castigado, la roña, Doña Blanca, la vieja Inés, las escondidillas. No sé cómo lo aprendí, pero fabricaba dardos con palitos de paleta, un alfiler y hacía origami con una hojita de papel para simular las plumas del dardo. Nos íbamos al cerrito a traer varillas, comprábamos papel china y hacíamos papalotes que, ahí mismo, en el cerrito, hacíamos volar. Y yo también volaba con la imaginación. Había un juego con corcholatas. Juntábamos, cada uno por su lado, todas las corcholatas que se podían. El juego consistía en apostar una o varias corcholatas. Se colocaban boca arriba y usando otra corcholata en la que insertaba los dedos índice y medio, le daba un golpe a una de las corcholatas en la orilla, la cual saltaba y, si quedaba boca abajo, la ganaba. Y así seguía hasta que perdía. Entonces era el turno de mi adversario.

Nos íbamos a nadar al ojo de agua, ése que ahora se encuentra frente a esta casa editorial. Arribita del Sam’s. para nosotros era un lugar gigantesco. La última vez que lo visité, hace un año, es demasiado pequeño para que quepa mucha gente. Pero nosotros éramos muy pequeños. Para nosotros era el mar. Había cangrejos. Andábamos en la calle hasta tarde. Nuestros papás no se preocupaban por nosotros. Era un mundo diferente. Muy simple tal vez. Pero un mundo en paz. Seguramente había violencia, pero no la percibíamos. No la vivíamos tan de cerca. El “robachicos” era una forma de decirnos que tuviéramos cuidado o para motivarnos a “portarnos bien”.

Los tiempos han cambiado. Es obvio. Lo único que no cambia es que todo cambia. Hay tanto y de todo para todos que no se sabe a dónde dirigir la mirada. Ya casi no hay actividad física en nuestros niños. No hay muchas actividades lúdicas. Todo está hecho. Pero mi deseo para este año es que todo siga cambiando, pero para bien. Y no es imposible. Es cuestión de que pongamos todo el empeño entre gobierno y ciudadanos para vivir con paz y en paz. En armonía. Haciendo cada quien lo que le corresponde hacer. No sueño regresar a los tiempos pasados. Esos ya se fueron. Sólo quiero que me devuelvan la paz y la tranquilidad porque lo merecemos todos. Merecemos un mundo mejor. Es un hecho que no podemos hacer nada para cambiar el pasado, pero sí podemos hacer algo en el presente para mejorar el futuro.

Lunes, 31 Diciembre 2018 05:13

Nuevo ciclo para el buen vivir

"Nada está perdido si se tiene el valor

de proclamar que todo está perdido

y hay que empezar de nuevo.".

-Julio Cortázar-

 

Todos estos días han sido de reflexión. Le hemos dado la vuelta al sol viviendo nuestro día a día sin pensar mucho sobre lo que hacemos. Estamos acostumbrados a la rutina. Estamos acostumbrados a hacer las cosas de manera automática para no enfrentarnos a nuestra realidad. Este año ha sido terrible si hablamos de las cuestiones ciudadanas. Ha sido un año de cambios radicales. Muchos esperan que al país le vaya mal. Los más, creo queremos que le vaya bien a nuestro país.


Dentro de las cosas que propongo para este año, la primera es que nos enfoquemos a que nos vaya bien. Que esa sea la apuesta. Basta ya de enfrentamientos absurdos entre nosotros. No importa si eres de un partido o de otro. Por muchos años, décadas, aún sabiendo que las cosas seguirían mal, apoyamos a todos los presidentes de otros partidos. Ya no podemos seguir con el dicho de “haiga sido como haiga sido”. Debemos enfocarnos en las cosas buenas que le pueden pasar a nuestro país. Es hora de apoyar a nuestro presidente. Todas y todos hermanados en la misma causa: Qué le vaya bien a México. Porque si le va bien a nuestro país, nos va a ir bien a todos.


Y si hablamos de nuestro estado, son terribles los sucesos que acaecen día a día. Sigue habiendo secuestros, muertes, violencia. Apostemos por atraer la concordia a nuestras comunidades. Apostemos por trabajar en armonía con nuestras autoridades participando de manera activa como verdaderos ciudadanos.


Esto no quiere decir que seremos borregos. Quiere decir que participaremos de manera activa para mejorar nuestras comunidades. Seremos críticos propositivos y trabajaremos hombro a hombro. Estamos cansados de las cosas sigan en un status quo que no nos deja avanzar. Estamos hartos de la violencia que nos obliga a encerrarnos y que no podamos salir a la calle por temor de que nos suceda algo o que alguien nos lastime.


Nada está perdido como lo expongo en el epígrafe. Pero tenemos que aceptar que muchas cosas se nos han escapado de las manos. Reflexionemos y comencemos desde cero buscando el camino de la unidad y la justicia social. No olvidemos. Pero que en cada acción que hagamos vaya incluida la confianza de que todo se hace para que nos vaya bien.


Hemos sufrido mucho como sociedad. Muchos de nosotros hemos padecido la violencia en carne propia. No nos lo merecemos. Queremos una mejor vida. Ya basta de violencia. Desde esta columna me solidarizo con todas las familias de las víctimas de la violencia. No hay palabras para expresar nuestro enojo, nuestra impotencia. Queremos que nos regresen la paz. Queremos una mejor vida para nuestros hijos e hijas.


Ellen Goodman decía que pasamos el 1 de enero caminando por nuestras vidas, habitación por habitación elaborando una lista de trabajos por hacer, grietas para reparar. Tal vez este año, para equilibrar la lista, debemos caminar por las habitaciones de nuestras vidas. No buscando defectos, sino potencial. Yo agregaría que debemos caminar por las habitaciones de nuestra vida en comunidad buscando y logrando acuerdos para lograr de una vez por todas una cultura de la paz para el buen vivir.


¡Feliz año 2019!

"La riqueza, como el árbol, nace de una semilla.

La primera moneda que ahorres será

la semilla que hará crecer el árbol de tu riqueza.

Cuanto antes plantes tu semilla, antes crecerá el árbol.

Cuanto más fielmente riegues y abones tu árbol,

antes te refrescarás, satisfecho, bajo su sombra.".

-Arkad-

El hombre más rico de Babilonia

 


Tendría unos doce años cuando abrí mi primera cuenta de ahorros. Al abrirla, el banco me obsequió una caja fuerte de metal pequeña. Me emocioné muchísimo porque comenzaría a guardar mis tesoros en ella. Como era un súper fan de Bruce Lee, acababa de ver en el cine Operación Dragón, le puse una calcomanía de mi ídolo en cada lado de mi caja fuerte para que la protegiera de los ladrones. Así pasaron los años.

Nunca había suficiente dinero en casa. Como saben, vivimos épocas duras en mi familia. Nunca entendí lo del ahorro hasta que cayó en mis manos un ejemplar de “el hombre más rico de Babilonia”. Yo pensaba que ahorrar era algo que se hacía para un propósito específico. Voy a ahorrar para comprarme unos zapatos. Voy a ahorrar para comprarme un pantalón. El punto es que ahorrar tiene un significado más profundo. Después de leer el libro, me di cuenta que, por lo menos de dónde yo venía, no teníamos una cultura del ahorro. Me di cuenta que en mi familia no nos enseñaban a ahorrar, quizá porque vivíamos al día. Siempre necesitábamos dinero. Éste nunca era suficiente.

El libro mencionado se convirtió en mi lectura de cabecera. Comencé a entender que “una parte de lo que gano es mía para ahorrarla”. Bansir, fabricante de carruajes de la antigua Babilonia y protagonista del libro, un día despierta con una zozobra terrible. Después de muchas noches teniendo el mismo sueño. Soñaba que tenía mucho dinero y que sacaba grandes cantidades de su bolsillo para comprar las mejores ropas y las mejores viandas y nunca se acababa su dinero. Él era fabricante de carruajes, y ¡ni siquiera tenía su propio carruaje! Se empezó a cuestionar porque había personas ricas y personas pobres. Acaso los dioses dicen: ¡Tú vas a tener mucho dinero! Y a otros nos dice: ¡Tú nunca vas a tener dinero! ¡Tener dinero es cuestión de suerte?

El dinero tiene reglas muy sencillas, dijo Arkad, el hombre más rico de Babilonia, a Bansir y los amigos que había llevado para aprender el secreto de cómo tener dinero.

Todos los consejos de Arkad son increíblemente sencillos. El primero, que ya mencioné anteriormente, es el principal. Una parte de lo que ganas es tuya para ahorrar. Todo el dinero que ganamos, lo gastamos en diferentes cosas, zapatos, comida, escuela y más cosas. Y así todo el dinero se nos va. Por lo menos una décima parte de tus ganancias guárdala siempre y no la toques. Comienza desde ahora a sembrar tu árbol de riqueza.

Esta historia viene a cuenta porque me decepciona ver lo que pasa en nuestra sociedad. Las finanzas del estado no son sanas. Siempre falta el dinero. Y eso, a pesar de que hay un presupuesto del estado y también de los municipios. Es una vergüenza ver que cada gobierno que entra saquea las arcas y nos deja más hundidos. No puede ser posible que cada gobierno entrante se vea con dificultades para hacer frente a las necesidades. Es lamentable que no se les pague a los trabajadores de los municipios y que se acumulen los problemas, las necesidades, y la basura, como es el caso de varios municipios. Es urgente, de primera necesidad contar con finanzas sanas para poder conducir, de manera armoniosa, nuestras comunidades. La gente ya no aguanta tanta p…transa.

Esta noche es Navidad. Celebraremos una vez más el nacimiento del hombre más importante y humilde de la humanidad. Pidámosle con mucho amor que se acaben los malos gobiernos y que nos dé fuerza a los ciudadanos, hombres y mujeres, para atrevernos a luchar por la verdad, porque como dice la biblia: “la verdad os hará libre”. Pidámosle también que nos atrevamos a luchar por la justicia, aunque nos persigan: “Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos”. Y, por último, sobre el dinero, en Proverbios 13:11 se señala:  El dinero mal habido pronto se acaba;
quien ahorra, poco a poco se enriquece. Y este mensaje aplica para todos, ciudadanos, hombres y mujeres, y gobierno. Que los buenos sentimientos que tenemos en estas fechas se propaguen en nuestros corazones, de tal manera que así vivamos cada día de nuestra vida.

Esta noche abriré mi caja fuerte. Es uno de los pocos vestigios que sigo conservando. Estoy seguro que encontraré muchos recuerdos de mi infancia y, entre ellos, mis oraciones infantiles para tener un mundo mejor. Un mundo feliz. ¡Bendiciones para todas y todos!

"En las clases de Filosofía podréis demostrar

que sois animales racionales...

En el resto de asignaturas podéis

continuar siendo animales, y ya está".

-Merlí-

Profesor de filosofía

 

 

 

He recibido muchísimos comentarios sobre mi artículo de la semana pasada. Y sí, la serie de TV Merlí me parece muy inteligente. Sobre todo, por el hecho de que la filosofía, que mucha gente dice que no sirve para nada, es fundamental para desarrollarnos en la vida. El problema siempre ha sido que a los jóvenes no se les permite pensar. Lo único que tienen que hacer es obedecer órdenes sin chistar. Sólo porque los padres, o los adultos, o los profesores dicen.

En la misma serie de televisión, una de las maestras se atreve a decir que los chicos no pueden entender muchas cosas porque no tienen sentido común. La serie es una de las más vistas en la tele y seguro deja mucho que pensar a adultos y a jóvenes. Es un oasis en medio de tanta basura.

Personalmente, como lo dije en mi artículo anterior, me ha regresado a mi época de estudiante y, obvio, a mi estatus de padre de familia. Ya comenté algunos ejemplos de mi época de estudiante. Y, entre otras cosas, yo tuve que aprender a defenderme de las agresiones de los maestros y maestras. Recuerdo en primer año de secundaria a una maestra que nos regañó, a todo el grupo, de una manera terrible. Finalizó su perorata diciendo: “¡Todos ustedes son unos burros!”. A lo que yo, de manera irónica, contesté, levantándome de mi asiento: “Sí. Es verdad, maestra. “Semos” unos burros”. La maestra se puso de todos los colores y gritó enojada: “¡Somos! ¡Somos!” Y yo reviré: ¡Ah! ¿Usted también?”. Obviamente, me sacó del salón y me mandó a la dirección para recibir mi castigo.

He visto muchas publicaciones en las redes a favor de la forma en que nos trataban antes. Fotos de cinturones y chanclas en las que aparece la leyenda “estos fueron nuestros psicólogos” o “a mi me corrigieron con esto y no soy mala persona”. Nos hemos enredado con todas estas historias y conceptos. Mi postura es: ni tanto que queme al santo ni tan poco que no lo alumbre.

Puedo decir que soy un sobreviviente de aquella época oscurantista de la educación. Mejor dicho, de la que creía esa época. Después me tocó vivir lo mismo de adulto cuando iba en representación de mis padres a las juntas de la secu de mi hermano menor. Escuchaba las quejas de los maestros y maestras en contra de los niños y me asombraba cómo algunas madres les decían a los maestros que les daban la autoridad para castigar a sus hijos como quisieran para que entendieran quién tenía la autoridad.

Ya de adulto, como padre de familia, la madre de mis hijos decidió que asistieran a una escuela particular porque allí tendrían mejor educación. Me enfrenté a muchas cosas terribles también ahí. Compra forzosa de uniformes y útiles escolares porque así eran sus reglas. Gasté cantidades enormes de dinero de manera absurda. Si te negabas, te decían amablemente, pero en tono firme y enojado, que esas eran las reglas y que, si no estabas de acuerdo, te podías llevar a tus hijos a otra escuela. Se decía escuela bilingüe, vi a mis hijos en los festivales cantando en inglés. Las mamás y papás se enternecían al borde del llanto porque sus hijos e hijas tenían una educación de calidad. Filmaban todo, yo también lo hacía, para tener un recuerdo de esos tiempos. Llegué a la conclusión de que los padres, de manera sincera quieren una mejor educación para sus hijos, por eso los llevan a escuelas particulares. Pero desafortunadamente, tampoco se cumple la función educativa. No se cumple porque sigue siendo la misma historia. Uno va a la escuela a aprender cosas de memoria. A repetir lo que se enseña. Matemáticas, historia, lenguas y demás, pero sin comprender nada. Y al final se quedan igual que como llegaron. No es verdad, agrego algo más: llegas al final, como padre, con menos dinero después de la pequeña fortuna que gastaste en vano.

La escuela nos tiene que enseñar a pensar. A desarrollar el pensamiento crítico, a no aceptar las cosas como son. Nos tiene que dar herramientas para enfrentarnos al mundo. Y como dice Merlí en la teleserie: “Hace más de dos mil años que el poder nos dice lo que tenemos que hacer y pensar. Nos quieren sumisos y silenciosos”.

Por estas razones, y otras más, es necesario que las escuelas desarrollen libre pensadores. Tenemos una apatía social total. Vemos el crimen y la violencia como algo natural. Ya no hay asombro. Pareciera que la vida es absurdo total. Y sin embargo, como dice el protagonista de esta serie: “Que la vida sea absurda no implica que debamos caer en una absurda apatía”. Y por otro lado tenemos que gozar la hermosa vida porque “La vida es una fiesta en la que coincides con mucha gente, van llegando nuevos invitados, pero también hay otros que, por la razón que sea, se van antes. A todos nos tocarás irnos algún día, no se olviden. Lo peor de todo es asumir que la fiesta continua sin nosotros”. Así que vivamos al máximo con el objetivo de lograr una cultura de la paz para el buen vivir.

 

 

 

 

“Es mejor actuar y arrepentirse

que no actuar y arrepentirse”

-Nicolás Maquiavelo-

 

Ayer comencé a ver, por una cadena de entretenimiento que viene con mi paquete de internet y telefonía, una serie muy inteligente llamada “Merlí”. Trata de un profesor de filosofía que empatiza con sus alumnos, no hay muchos maestros que lo hagan, quien ayudará sus alumnos, chicas y chicos, a reflexionar, a opinar, a cuestionarse y a pensar, sobre sus problemas y cómo solucionarlos. Todo esto a través de métodos poco ortodoxos e imprevisibles. Esto me hizo pensar en dos libros que me han parecido fascinantes en su momento. Uno de ellos llamado “pregúntale a Platón” y “Más Platón y menos prozac”, los dos de Lou Marinoff, que tratan de un filósofo como terapeuta, en lugar de un psicólogo, que a través de las diferentes corrientes filosóficas explica cómo enfrentarían los filósofos a los problemas que se nos presentan en la cotidianidad de nuestras vidas. Y hay otro libro más viejo que los dos mencionados: “el mundo de Sofía” del noruego Jostein Gaarder que recomiendo ampliamente. Es mi apreciación que, de alguna manera, esta serie de “Merlí”, está basada en estos libros, y seguramente en otros más.

El punto es que, al comenzar a ver esta serie, me llegaron recuerdos de mi adolescencia cuando tenía mis clases de filosofía con el profe Del Castillo. En esa clase, mi imaginación volaba. Me encantaba saber de aquellos viejos pensadores que se preguntaban cosas como: quiénes somos, de dónde venimos, de dónde viene el mundo, por qué y para qué vivimos. Preguntas que todos nos hacemos para poder enfrentar los conflictos que nos rodean. Esas preguntas son tan viejas como el hombre y cuyas respuestas todavía no encontramos. O no queremos encontrar.

Me puse a pensar los temas que se trataban en la prepa, y en adelante; y mi mente se detuvo cuando llegué a lo que me enseñaron. Comencé a reflexionar en todo lo que nos decían. “el hombre es el lobo del hombre”, Thomas Hobbes, el egoísmo humano; “el fin justifica los medios”, Nicolás Maquiavelo, hay que llegar a donde vas pisoteando a los demás, y otras “bellezas” que nos daban “recetas” para actuar en la vida.

Justamente en tercer año de prepa, tuve a una maestra de sociología, cuyo nombre decidí olvidar, que una vez, en clase, nos dijo que no importaba lo que hiciéramos, siempre seríamos corrompibles. Nos decía que todos y todas teníamos un precio. Puso el ejemplo de que, si tú eras juez y te ofrecían dinero para liberar a un criminal, en principio, te rebelarías argumentando tu imparcialidad, honestidad y justicia pero que, si el proponente iba aumentando su oferta, en un momento dado, aceptarías porque te llegaron al precio. Obviamente, y como siempre he sido, me rebelé a lo dicho por la maestra y la cuestioné por el hecho de que nos estaba “preparando” para ser corrompibles en lugar de enseñarnos el deber ser.

En fin, mis reflexiones viendo esta serie son las siguientes: en mi generación nos enseñaron muchas cosas que nos fueron formando para aceptar y entrarle a la corrupción. A nivel social y familiar aprendimos muchas cosas de Pedro Infante a través de sus películas. El macho que llegaba a su casa borracho y con el cuello pintado de labial diciéndole a su “chorreada” que lo entendiera y enojándose con ella; canciones como las de Julio Jaramillo que decía: te puedes ir a donde quieras con quién tú quieras, te puedes ir. Pero el divorcio porque es pecado no te lo doy.

Somos producto de nuestro entorno, influencias, familia, amigos y amigas, y nuestros pensamientos. Traemos cargando un equipaje que a veces nos pesa demasiado. Y esa es la razón por la que no nos entendemos con las nuevas generaciones. Escuchamos las canciones de ahora y decimos que no tienen sentido, que son vulgares. Pero eso sólo es un botón de muestra de los caminos por los que hemos transitado y llevado con nosotros a nuestros hijos e hijas. Así como hicieron nuestros abuelos con nuestros padres, nuestros padres con nosotros y nosotros con nuestros hijos. Estamos cosechando lo que hemos sembrado. Hay una razón para todo lo que estamos viviendo: la violencia, la delincuencia, la impunidad, la corrupción.

Este es el momento de hacer nuevas propuestas y tomar las riendas para buscar nuevos caminos, nuevas soluciones, nuevos paradigmas para comenzar a ser personas con un pensamiento positivo, un pensamiento que ya no sea solamente en torno al “yo”. Tenemos que comenzar a pensar en el “nosotros”. Comenzar a forjar una cultura de la paz para el buen vivir.

“Siempre he pensado que el poder

debe ejercerse con sabiduría y humildad.

Estoy optimista. Vamos en el camino

de lograr el renacimiento de México.”

-Andrés Manuel López Obrador-

 


Esta mañana desperté como muchos compatriotas. Desperté con un sentimiento de esperanza y de alegría por el nuevo gobierno. Como mexicano siempre he tenido esperanza de los nuevos gobiernos. En el año dos mil escribí en un artículo publicado en esta misma casa editorial que habría que darle tiempo y confianza al gobierno entrante. Nunca he apostado al fracaso de un régimen porque como ciudadanos tenemos que apoyar. Sin embargo, aquel gobierno nos falló tal como lo hicieron los subsecuentes. Y, todo eso ya se veía venir desde el ochenta y ocho. Después de una larga lucha por dieciocho años y aguantar gobiernos que nunca cumplieron su palabra, y con una votación muy alta, la más alta de la historia de México, estamos ante un nuevo paradigma político. La toma de posesión fue muy diferente a todo lo que hayamos visto y escuchado los mexicanos. Según la BBC hay cinco frases que AMLO dijo y que fueron las más connotadas, entre otras: Uno, dijo que se compromete a no robar; dos, que él, como presidente, nunca dará la orden de reprimir al pueblo; tres, aseguró que van a bajar los sueldos de los de arriba porque van a aumentar los sueldos de los de abajo; cuatro, dijo que la venganza no es su fuerte; y, cinco, dijo que no tiene derecho a fallar.

Todos los mexicanos, hombres y mujeres ya no aguantamos el sistema de cosas que hemos vivido. Esperamos ahora sí, un cambio verdadero. Los que ya tenemos algunos años de vida hemos visto cómo nuestro entorno social, laboral, ambiental, de seguridad, de educación, ha ido cambiando en nuestro país para empeorar. Debemos hacer conciencia y poner manos a la obra para lograr un mejor país.

Las escenas que vimos ayer en la televisión y en las redes sociales, muestran a un hombre que deja a un lado toda la parafernalia política tradicional con una escolta enorme que no permite que alguien se acerque con guaruras prepotentes. No. AMLO se muestra muy cercano al pueblo. Una de las imágenes que me conmovió, entre otras, fue la del ciclista que se aproxima a su vehículo y le grita “en ti confiamos”. Otra de las imágenes que resalta y mucho, es la de la joven y el joven cadetes haciendo guardia detrás de AMLO porque lo que necesitamos en nuestra sociedad, y con urgencia, es la verdadera paridad de género.

Son muchas las cosas que hay que resaltar de la toma de posesión de AMLO. Otra más que llegó al corazón de la gente es cuando, en el zócalo, mencionó que no sólo va a promover el bienestar material, sino que también va a promover el bien del alma. Parafraseó a Ignacio Ramírez el “Nigromante”, dijo que se hinca donde se hinca el pueblo.

Son muchos los deseos, muchas las esperanzas y, obviamente, hay mucha gente desconfiada. Personas que dicen que nada de esto se va a realizar. Yo considero que, ahora más que nunca, debemos refrendar nuestra confianza para este nuevo gobierno. La invitación es que toda la sociedad participe, porque para formar un mejor país es fundamental la participación social. Los cien compromisos que propone AMLO se discutirán. Se analizará si se avanza o no, con un informe anual en las plazas públicas con la participación ciudadana. Es la hora de la participación ciudadana para construir la justicia social entre todos.

México nos necesita a todos. Hombres y mujeres dispuestos a trabajar hombro a hombro, codo para hacer de éste un mejor lugar para vivir. Yo estoy dispuesto a participar activamente, y espero que tú también, amiga, amigo lector, estés convencido de tu participación activa. No regresemos al pasado. Veamos hacia el futuro. Ese futuro que vamos a construir para nuestros, hijos e hijas, para los y las que vienen detrás de nosotros. Y como dijo AMLO durante su campaña: “Sigamos luchando para entregar buenas cuentas a la nueva generación. Que no nos reclamen en el futuro que no hicimos nada cuando se estaba destruyendo al país y empobreciendo al pueblo”. Que sea nuestra palabra de ciudadanos decir que estamos comprometidas y comprometidos para lograr una cultura de paz y buen vivir.

Ahora vayámonos preparando para que este nuevo año que comienza celebremos los cien años del aniversario luctuoso del General Emiliano Zapata. Y no sólo hablo de la conmemoración, hablo también de que nuestro estado de Morelos sea la punta de lanza, que demuestre, a través de las acciones de nuestras autoridades y participación social el camino real hacia la cuarta transformación.

 

Lunes, 26 Noviembre 2018 07:19

Tecnología, adicciones y buen vivir

“Mi celular se quedó sin batería y

durante dos horas tuve que enterarme

de las noticias por la radio.

Me sentí tan del siglo XX…”

-Anónimo-

 

 

 

Yo tratando de tener respeto por mi interlocutora y ella, mientras charlábamos y tomábamos un café, seguía atenta a los mensajes que le mandaban a su celular. Y si no eran los mensajes, tenía que llamar constantemente a alguien. Supongo que para sentirse verdaderamente ocupada. Pero se supone que nos veríamos para platicar y ponernos de acuerdo para las fiestas navideñas. Llegó un momento en que me desesperé que estuve a punto de levantarme y dejarla sentada haciendo llamadas. Es verdaderamente terrible lo que sucede ahora. Cuando comenzó la era de los celulares, seguro recordarán, eran unos tabiques, literalmente. Toda la gente los ponía sobre la mesa, lo recuerdo perfectamente, ya fuera para presumirlos o para estar pendientes a las llamadas.

El phubbing es justo eso que acabo de contar. Es una adicción en la que el protagonista no es la persona ni las reuniones sociales, sino el uso casi enfermizo del celular. Hacer llamadas o mandar mensajes sin ton ni son, sin darle su lugar a la persona que te acompaña.

Tampoco me voy a poner duro con esto porque a mí también me da la tentación de vez en cuando. Todavía me puedo escapar. Sentarme a leer un buen libro, hacer a un lado el celular a la hora de la comida o dejarlo cuando estoy con alguien. Pero no puedo negar que cuando voy al baño o cuando me voy a dormir, me urge checar quién me mandó algún mensaje. De hecho, en algún lugar leí o escuché que desde que existen los celulares, ya nadie graffitea las paredes de los baños. Se van perdiendo las buenas costumbres.

Puede parecer chiste, pero es serio lo que estoy tratando de poner sobre la mesa de discusión. Las nuevas generaciones nacieron con estos dispositivos y si nunca se les puso un alto para su uso, pueden ser adictos y tener alguna de estas enfermedades. Además del phubbing, tenemos: el Fomo (fear of missing out. Miedo a perderse de algo), es la obsesión de estar perdiéndose de algo de lo que está pasando en la red. Es el miedo a estar desconectado de la vida virtual; la “whatsappitis” es una adicción por los mensajes. De hecho, ya hay casos de tendinitis, es decir, dolor de las falanges y las muñecas por abuso del uso del teclado para mandar mensajes; la nomofobia es muy común entre los jóvenes y en ciertos adultos, es la ansiedad o angustia que una persona siente ante la ausencia del celular, que puede ser por olvido, ausencia, sustracción o robo del mismo; la vibración fantasma es la sensación de que el celular vibró o mandó una alerta, pero en realidad no era cierto. Es la obsesión o dependencia por la vibración o sonido del celular; y, por último, tenemos la adicción a las redes sociales a cualquier hora, pero específicamente en la noche. A mí comienza a atacarme y doy excusas como “bueno, como no tengo tiempo durante el día, checo mis mensajes y mis redes por la noche”. Sin embargo, me doy cuenta que, además de que no quiero salirme de ese mundo virtual, no puedo dormir por la tentación de no saber si hay algo para mí. Y cuando abro las redes, me quedo enganchado. Ya no quiero salirme a pesar del cansancio.

Y yo me pregunto: Si a mí me causa malestar, ¿qué pasará con las generaciones que nacieron con esta tecnología? Es literal, la gente se aísla completamente en ese mundo virtual y se olvida de tener relaciones verdaderas. Todas estas aplicaciones hacen que las personas se aíslen para poder vivir en el mundo virtual. Hemos visto videos de lo que le sucede a la gente que va viendo su celular al ir caminando pero que viven en su mundo virtual. Tropezones, resbalones. Caen en charcos, pero lo más triste y lamentable es el hecho de saber que la razón principal de los accidentes automovilísticos actualmente es el uso del celular. La Organización Mundial de la Salud en su estudio “uso del celular al volante: un problema creciente de distracción del conductor”, menciona que estudios realizados en distintos países indican que el porcentaje de conductores que utiliza el teléfono celular mientras conduce ha aumentado a lo largo de los últimos cinco a 10 años. Los estudios señalan que los conductores que utilizan el teléfono celular durante la conducción corren un riesgo aproximadamente cuatro veces mayor de verse involucrados en un accidente.

En el caso de los peatones, el uso del celular también supone un riesgo para la seguridad, como al cruzar las calles. Estudios realizados en ambientes de realidad virtual han mostrado que usar el teléfono móvil eleva la distracción de los peatones a un nivel que los pone en riesgo (Stavrinos, 2011), dificulta el cruzar las calles y hace que se camine más lentamente mientras se tiene una llamada, incluso más que cuando se escucha música (Neider, 2010; Schwebel, 2012).

Ahora que ya sé más sobre el tema, prometo hacer lo conducente para tener y darles más seguridad a los que van conmigo cuando manejo. La vida sólo la vivimos una vez. Vivámosla con atención y seguridad.

Lunes, 19 Noviembre 2018 06:58

Mediación narrativa y buen vivir

“Los pájaros nacidos en jaulas creen

que volar es una enfermedad”

-Alejandro Jodorowsky-

 

Este artículo está siendo escrito un domingo en la ciudad de Oaxaca. Ayer sábado comenzó un entrenamiento maravilloso en Mediación Narrativa con Sara Cobb y Carlos E. Sluzki. Recibí la invitación del Dr. Héctor Valle, sensacional ponente también, y me di la oportunidad de participar. Debo decir que me da un gusto enorme que haya tantas mujeres y hombres interesados en este tema que conlleva a la cultura de la paz. También debo decir que me da tristeza saber que nuestro estado de Morelos no haya avanzado en este sentido. Somos el último estado de nuestra república que aún no cuenta con una ley de justicia alternativa. Hay otras maneras de solucionar nuestros conflictos. No tenemos que confrontarnos por medio de abogados y jueces para solucionar nuestros problemas. Muchos abogados llevan al extremo las demandas e inventan más cosas para la confrontación legal. Somos una sociedad que trata de arreglar los conflictos por medio de la bronca y la demanda. Participamos de un ambiente de guerra cuando se trata de un juicio en el que siempre habrá un ganador y un perdedor.

Sin embargo, a través del desarrollo de una cultura de la paz, aprenderemos que el conflicto se da por las diferencias entre nosotros porque cada uno tiene su manera de ver el mundo. Venimos de escenarios diferentes. Nuestros padres, nuestro entorno, nuestras costumbres nos van formando, o deformando, y de ahí provienen nuestras diferencias. Pero esas diferencias no son el conflicto en sí. En mi artículo pasado hablé de los discursos dominantes y como nos dejamos influenciar por ellos. Son parte de la vida misma. Y estos no se pueden controlar porque estamos llenos de demasiada información, pero sí se pueden resistir. Los conflictos existen porque no hemos aprendido a gestionar nuestras diferencias.

En la primera sesión de este evento, he estado aprendiendo, mejor dicho, aprehendiendo que nosotros como seres humanos somos lo que decimos, lo que contamos. Y eso me hizo recordar una frase de Gabriel García Márquez con respecto de nuestro andar por este mundo: “la vida no es la que uno vivió, sino la que recuerda y cómo la recuerda para contarla”. La narrativa es totalmente nuestra.

Somos una madeja de sentimientos y pasiones, pero aún dentro de todo esto tenemos la posibilidad de ser libres. Podemos ser mejores personas. Si gestionamos de manera diferente nuestras diferencias estoy convencido de que nuestra vida personal y hasta la vida de comunidad pueden ser mejores.

La intención de este artículo, de manera específica, es hacer notar a nuestras autoridades que debemos darle celeridad para incluir la Ley de Justicia Alternativa en nuestro estado y, también es urgente realizar foros para el estudio y difusión de estas “nuevas” alternativas de solución de conflictos que son más amigables y más adecuadas para solucionar nuestras diferencias. Una vez conociendo estas alternativas, debemos llevarlas a las comunidades, a las escuelas, a las familias para ir educando a las nuevas generaciones con una óptica diferente en la resolución de conflictos. Y mientras tanto, para los problemas actuales, se podría llevar la mediación a los tribunales y decirles, y convencer a las personas que hay otras maneras de solucionar sus conflictos. Decirles que podemos vivir mejor hasta llegar a concebir una cultura de la paz.

Hoy domingo termina este evento maravilloso. Lo disfrutaré al máximo y me comprometo a llevar estos conocimientos a nuestro estado y trabajar arduamente con los que trabajamos en este campo del conocimiento y llevar a ponentes destacados como los mencionados para aprender a forjar una mejor sociedad.   

Y, por cierto, agradezco profundamente el encuentro con Sof y Jorge, amigos oaxaqueños entrañables. No nos vemos frecuentemente pero cada vez que lo hacemos, la vida tomo otro significado. Mil gracias por la amistad, la compañía, la conversación y la cena. Hasta que nuestros caminos se crucen nuevamente.

 

Domingo, 11 Noviembre 2018 22:02

Discurso dominante y cultura de la paz

 


“Si sabes lo que vales,

ve y consigue lo que mereces,

pero tendrás que aguantar los golpes”.

-Rocky Balboa-

 


Durante toda la semana estuve participando de un curso avanzado de mediación y de verdad les digo que cada día que pasa, me doy cuenta que siempre hay algo nuevo qué aprender. Había aprendido en mis primeros cursos que el conflicto es algo inherente del ser humano y que por eso nos peleamos constantemente. Sin embargo, en este curso aprendí que el conflicto se da por las diferencias que tenemos entre nosotros, pero la diferencia no es conflicto. Y es precisamente aquí donde entra la cultura de la paz porque para vivir en ella es necesario aprender a convivir en y con la diferencia, porque la diferencia nos complementa. Me quedo en la diferencia. No voy hacia el conflicto. Los conflictos existen porque no hemos aprendido a gestionar la diferencia. Los discursos dominantes no se pueden controlar, pero sí se pueden resistir.

Pero en esta historia de la convivencia del ser humano hay un factor que influye, y mucho, para que se dé el conflicto. Se llama: discurso dominante o ideología dominante. Se les llama así porque dominan a otras ideologías o discursos pues compiten por la hegemonía cultural. Por el control cultural. Comúnmente es la ideología que defiende los intereses de las clases dominantes.

Un discurso dominante es una formación discursiva vencedora, la que sobrevive al mayor rango de críticas en distintos medios y foros. Los discursos dominantes influyen en la realidad de las personas y, en mi opinión, nos ayudan a reforzar nuestros prejuicios. Las ideologías que expresan la realidad a través de los discursos tienen la capacidad de influir en el comportamiento del grupo social.

Yo soy parte de una generación en la que los discursos dominantes estaban presentes en todo momento. Mi madre decía que no podíamos llevar a ninguna mujer a la casa. Sólo podríamos llevar a aquella con la que nos íbamos a casar. No debo culpar a mi madre por eso. Ella era víctima del discurso dominante. La mujer sólo se podía quedar en la casa. No debía trabajar. Era el pilar de la casa. La iglesia tenía mucha influencia para el rol que debía tener la mujer en nuestra sociedad.

Así como el ejemplo anterior, hay muchos discursos dominantes. Algunos son muy simples como decir “tengo todo para ser feliz”. ¿quién puede decir esto de manera tan tajante?

Eso significa que si me siento infeliz estoy equivocado. Pero me siento frustrado porque no tengo trabajo, no tengo dinero para comprar lo necesario, para comprar comida para mi familia. Y, sin embargo, me dicen que tengo todo para ser feliz.

Nos dejamos influenciar por esos discursos dominantes. Tengo que entender que para apreciar la felicidad tengo que pasar por la frustración. No puedo ser feliz cada segundo de las veinticuatro horas del día. La felicidad no es eterna. Hay momentos para ser feliz.

El discurso dominante es un medio para controlar las mentes de otras personas y así, una vez que controlemos las mentes de otros, también controlamos indirectamente sus acciones futuras.

En ese caso no necesitamos forzar a las personas para que hagan algo, sino que ellas hacen lo que queremos en su libre albedrío o bien porque no tienen alternativas.

De esta forma es que podríamos manipular, informar mal, educar mal, etc. a otras personas de acuerdo con nuestro interés y en contra de sus más altos intereses. Y, de hecho, creo que así ha sido en todas las sociedades. Por esa razón es que las redes sociales son un elemento fundamental para tener otro tipo de discurso. Otra forma de ver la vida. Otra óptica de la realidad.

El tema es denso y pesado. Podría poner más ejemplos, pero lo importante en este momento, es que es necesario entender que el conflicto entre las personas se da por las diferencias que tenemos entre nosotros. Cuando en realidad, no hay bueno ni malo.

Lo mío no es mejor que lo tuyo. Sólo nuestros conceptos de vida son diferentes. Tenemos que aprender a entender y gestionar las diferencias para encontrar nuevas formas de convivencia armónica. Nuestras diferencias nos dan la opción de ponernos en los zapatos de los otros y comprenderlos. Eso es parte de la cultura de la paz.

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