M. en D. Primo Blass

M. en D. Primo Blass

Lunes, 19 Agosto 2019 05:13

Templanza y cultura de la paz

“La templanza es el dominio firme y moderado de la razón sobre las pasiones y sobre los otros movimientos desordenados del alma.”

-San Agustín-

Hoy, en los momentos en que escribo esto, me siento desolado. El silencio es el mismo pero el ambiente es extraño. Me gusta el silencio porque me hace pensar, repensar y volver a hacerlo. Pero hoy, el silencio me duele. Charly era como un hijo para mí. Lobito y él fueron compañeros y amigos desde la primaria. De hecho, eran como hermanos.

Desde pequeños convivían tanto, que Charly se quedaba en casa. Veíamos películas, comíamos y convivíamos juntos en familia. Nuestras conversaciones tenían como tema la educación, el futuro y lo hermosa que sería la vida si es que tomaban el camino correcto.

Charly era una generación en transición. Como yo lo fui. Tenía que echarle muchas ganas para salir adelante. Y nada de eso sería difícil si seguía los pasos adecuados.

Charly terminó la primaria, continuó hasta llegar a la universidad. Estudió arquitectura. Durante su trayectoria como estudiante llegó a ser consejero universitario, se fue un semestre a Barcelona, terminó su carrera con calificaciones excelentes, y así, hasta llegar a ser profesor de la facultad. Se veía un futuro promisorio. Por cierto, a su regreso de Barcelona me obsequió un libro sobre Joan Manuel Serrat con una dedicatoria que me llegó al corazón.

Hace unas semanas le llamé por teléfono para que me asesorara en una construcción que estaba realizando. Nos encontramos con mucho gusto. Como siempre en cada encuentro, me abrazó y me dio un beso fraternal que hacía que el mundo pareciera más amoroso. Igual que mis hijos, aprendió que un abrazo solidario y un beso eran la mejor medicina para sentirnos bien. Eso que yo nunca tuve de niño lo convertí en costumbre con mis hijos.

Un día nos fuimos todos a Zihuatanejo. Yo iba rodeado de niños, mis hijos, mis sobrinas y Charly. La pasamos increíble. En el trayecto íbamos cantando y bromeando. Nos olvidamos del mundo por unos días. Aunque quizá deba decir que era yo el que se olvidaba del mundo y mis problemas. Todos ellos iban disfrutando la hermosa vida.

Hoy Charly ya no está con nosotros. Su partida duele mucho. Duele porque era muy joven. Duele porque creo que tenía toda una vida por delante. Esta mañana, cuando me enteré, primero no lo quise aceptar, más tarde, al confirmar la veracidad de los hechos, lo negué. No lo creía. Después, dejé que mis sentimientos se expresaran. Sí. He llorado, me he enojado conmigo porque hubiera deseado estar cerca de él en esos momentos.

Sin embargo, en estos momentos, pienso varias cosas. La primera, como lo dijo Pablo Neruda: Para morir he nacido. Cada uno de nosotros llega a esta vida con una misión. Todos tenemos una fecha de llegada, pero nadie sabe cuándo tendremos que partir. Por eso, porque no sabemos cuándo nos toca, hay que vivir la vida al máximo. ¡Hay que vivir! Hay que vivir a plenitud. Sé una buena persona. Deja los problemas atrás. Seca las lágrimas. Olvida los enojos, las tristezas, el odio. Viaja y llena tus ojos y tu corazón de espacios hermosos y de vistas maravillosas. Aprende mucho. Porque si te quedas atrás, sólo con lo que tienes, no lograrás entender muchas cosas. Y, sobre todo, ama. ¡Ama hasta que el corazón te duela!

Esta es la herencia que nos ha dejado Charly García Cimadomo. Te has ido temprano. Muy temprano. Pero sé que viviste al máximo. Dueles mucho. Ahora sólo me queda buscar la templanza y la serenidad, como muchos de nosotros para poder seguir viviendo.

Te quiero mucho, eras un hijo para mí, Charly. Buen viaje. Hasta que Dios cruce nuestros caminos nuevamente.

 

 

Lunes, 12 Agosto 2019 05:38

Violencia y cultura de la paz

“Donde hay violencia hay siempre un conflicto no resuelto.”

-Johan Galtung-

 

Se dice que la violencia es el uso intencional de la fuerza física, amenazas contra uno mismo, otra persona, un grupo o una comunidad, que tiene como consecuencia o es muy probable que tenga como consecuencia un traumatismo, daños psicológicos, problemas de desarrollo o la muerte.

Hay muchas clases de violencia ejercidas en nuestra sociedad, sin embargo, cuando hablamos del género y la especie, es en el primero, donde Johan Galtung establece tres tipos o como él lo establece: el triángulo de la violencia que representa la dinámica de la generación de la violencia en los conflictos sociales. Según Galtung, la violencia es como un iceberg, de modo que la violencia visible es solo una pequeña parte del conflicto. Solucionarlo supone actuar en todos los tipos de violencia, que serían tres: La violencia directa, la cual es visible, se concreta con comportamientos y responde a actos de violencia; la violencia estructural, que se centra en el conjunto de estructuras que no permiten la satisfacción de las necesidades y se concreta, precisamente, en la negación de las necesidades y, por último, la violencia cultural, la cual crea un marco legitimador de la violencia y se concreta en actitudes.

Galtung menciona que las causas de la violencia directa están relacionadas con situaciones de violencia estructural o justificadas por la violencia cultural: muchas situaciones son consecuencia de un abuso de poder que recae sobre un grupo oprimido, o de una situación de desigualdad social, económica, sanitaria y racial, entre otras, y reciben el espaldarazo de discursos que justifican estas violencias.

Al hacer una reflexión sobre esto, es obvio que todo empieza en el plano cultural. Se dice que el ser humano nace con el conflicto, pues al tener diversas formas de educación, valores éticos, formas de ver la vida, se dan, por tanto, diversas formas de comportamiento. Y por ende cada uno de nosotros, hombres y mujeres, tiene diferentes perspectivas de la vida. Y eso nos lleva a la conclusión de que la forma de solucionar un problema tiene un origen cultural.

En mi generación, cuando éramos niños, nos enseñaban a no dejarnos de los demás. Nos enseñaron que, si alguien nos agredía o nos pegaba, también nosotros teníamos que pegar, regresar el golpe o pegar dos veces. Es decir, nos enseñaban a responder violencia con violencia.

Nuestros padres, en nuestra cultura, nos enseñaron a hablar, pero no nos enseñaron a comunicarnos.

Los conflictos siempre estarán frente a nosotros y éstos se pueden solucionar de manera positiva o negativa.

Siempre he insistido en que tenemos que dar un giro de 180 grados. Debemos buscar nuevas formas de solucionar los conflictos. Si seguimos como vamos, usando la violencia, lo único que vamos a lograr es acabar con nosotros mismos.

La fuerza es la primera forma de resolver un conflicto. Así es desde la niñez. Me gusta tu pelota, entonces te la quito. Como dice alguna canción mexicana tradiciona,  “y cuando pierde, arrebata”. Esta es la parte cultural. Lo que nos han enseñado.

Hay gente que odia a las figuras representativas de la autoridad. Una gran cantidad. Esto tiene una razón. Se supone que son ellas las que nos deben proteger. Las que deben poner orden. Las primeras en cumplir la ley. Sin embargo, es al revés. Son ellas las que extorsionan, las que hacen difícil el acceso a la justicia. Eso provoca que la gente, además de perder la confianza, tomará la justicia en propia mano, y también, al verse violentados, ejercerán violencia contra las autoridades.

Por estas razones, tenemos que comenzar de cero. Desaprender lo aprendido en el caso de las viejas generaciones, y proyectar un nuevo paradigma en las nuevas. Debemos abordar el conflicto desde otra perspectiva. Tengo que saber con quién estoy sentado para abordar un conflicto.

Debemos implementar una nueva cultura de resolución de conflictos desde la niñez.

Por eso propongo, en el caso de las escuelas, comenzar con un programa de mediación escolar en donde habremos de formar promotores entre estudiantes y maestros para resolver conflictos. En las comunidades debemos implementar programas de mediación comunitaria para comenzar a desarrollar una cultura de la paz, y, por último, hacer promoción de esta nueva forma de solución de conflictos que ya tenemos en el estado de Morelos, que es la mediación en la esfera judicial, la cual nos llevará a desarrollar un nuevo paradigma en la solución de conflictos en nuestra sociedad.

 

 

Lunes, 05 Agosto 2019 05:39

Animales y buen vivir

“La grandeza de una nación y su progreso moral puede ser juzgado por la forma en que trata a sus animales.”

-Gandhi-

 

Kira llegó a nuestras vidas cuando mis hijos eran pequeñitos. Yo, al tener que salir a trabajar, tenía que dejar a mis hijos solos en casa. ¿Quién los cuidaría? Necesitaba alguien que estuviera con ellos y que además fuera motivo de felicidad, compañía, juego y seguridad. Comencé a leer sobre el tema de los perros y cuál sería el mejor. Aprendí, para mi sorpresa, que los dos mejores perros para niños eran los rottweilers y los bóxers. Nunca había tenido un perro propio. Cuando éramos niños, había perros de la calle que mi padre adoptaba, pero nunca habíamos tenido un perro desde pequeño. Es más, con respeto menciono, no sé que fue de ellos.

Decía, pues, Kira llegó muy pequeñita a casa. Con ese nombre la bautizó mi hija. Conforme fue creciendo, y a pesar del miedo que al principio tenía, por ejemplo, cuando le daba de comer, si me acercaba me gruñía terriblemente, cuidaba increíblemente a mis hijos. Adquirí un libro sobre la raza. La fui conociendo más y la empecé a entrenar y le enseñé a socializar para que los visitantes a casa no tuvieran miedo.

También me llegué a sentir mal porque yo mismo me decía que había gente con necesidades y que con el dinero que gastaba en Kira, podía ayudarles. La culpa llegaba a veces. Sin embargo, llegó un momento en que tuve que “terapearme” para entender que Kira era parte de nuestra familia y que, además, hacía una labor muy noble: Cuidar la casa y a mis hijos.

Para que mis hijos (y yo) aprendieran más, en ese tiempo compraba revistas españolas, era lo que había. Ahí se habla de la legislación sobre los derechos de los perros.  Cada vez que leía una de esas revistas, mi mente hacía conciencia, no sólo de los perros sino de todos los animales de compañía que tenemos los seres humanos. Y leí una frase que se estableció directamente en mi corazón, que dicen que dijo Arthur Schopenhauer: “La conmiseración con los animales está íntimamente ligada con la bondad de carácter, de tal suerte que se puede afirmar seguro que quien es cruel con los animales, no puede ser buena persona. Una compasión por todos los seres vivos es la prueba más firme y segura de la conducta moral”.

Tanto mis hijos como yo, al ver a los perros callejeros o, lo peor, al ver perros maltratados y muertos en las calles, nos dimos cuenta que vivimos en una sociedad injusta para los animales. Nunca hemos podido imaginarnos a nuestros perros perdidos en las calles, pasando hambre, frío o violencia.

Kira era un amor al llegar a casa. Se ponía feliz, aunque yo estuviera triste. Se echaba a mis pies cada vez que me sentaba a leer o cuando escuchaba música. Su compañía me daba tranquilidad. Nunca pensé que algún día la felicidad con Kira se acabaría. Once años de compañía. Pero hace dos semanas cayó enferma. La hospitalizaron. Los honorarios del veterinario y la hospitalización, no fueron cualquier cosa, pero Kira era parte de la familia. No sé cómo plantearlo. No era un tío, o una prima, pero parte de nuestra familia, así que había que hacer algo por ella. El jueves pasé a verla. Cuando le hablé se incorporó. Reconoció inmediatamente mi voz y le dio gusto verme. El viernes muy temprano en la mañana, me llamó por teléfono el veterinario y me dio la mala noticia: Kira había fallecido. Sentí un vacío enorme en mi corazón. Tuve sentimientos encontrados. Una parte de mí decía que no era la gran cosa. Pero otra parte de mí sentía como si alguien de mi familia hubiera fallecido. Me dejé llevar por el segundo sentimiento.

Me dirigí al consultorio para saber el procedimiento a seguir. Llevé su cuerpo al lugar donde habrían de cremarla. Hablaba con ella agradeciéndole todo el amor que nos había dado y el cuidado que tuvo para mis hijos. Agradecí su compañía en mis lecturas. Agradecí la paz que me regalaba mientras mi corazón lloraba.

Regresé con una soledad pesada. Y nuevamente con sentimientos encontrados. Entré a la casa y sentí su ausencia. Me senté en la sala. Y aunque no lo crean, me sentí solo. Ya no se escuchan ni su respiración ni sus ronquidos. Esos ronquidos que también me daban paz.

Me di cuenta también, nuestros animales de compañía son ángeles que nos acompañan. Nos dan alegría y paz. Son parte del buen vivir. Y dicen que el peor pecado que cometemos contra nuestros amigos las animales no es odiarlos, sino es ser indiferentes con ellos. Esa es la esencia de lo inhumano.

Descansa en paz, Kira.

 

 

“Es demasiado fácil pensar que sólo

los monstruos son capaces de

cometer actos monstruosos.”

-Boris Cyrulnik-

Neurólogo y psiquiatra francés

Lunes, 24 Junio 2019 07:12

Vejez, dignidad y buen vivir

“El arte de envejecer es el arte

de conservar alguna esperanza.”

-André Maurois 1885-1967-

Lunes, 17 Junio 2019 06:56

Día del padre, equidad y buen vivir

“Mi padre nunca fue el mejor padre.

Pero hizo lo mejor que pudo para llegar a serlo.

Yo no sería quien soy si hubiera sido lo contrario.”

-Primo Blass-Tchang-

 

Lunes, 10 Junio 2019 07:12

Confucio, confusión y buen vivir

“Arréglese al estado como se conduce a la familia,

con autoridad, competencia y buen ejemplo.”

-Confucio-

28 de septiembre de 551 a. C. - 479 a. C.

 

 

Recuerdo cuando en un concurso de belleza le preguntaron a una de las participantes quién era Confucio. Su respuesta dejó atónitos a todos los que presenciaban el evento. Tanto en vivo como en televisión. Dijo que Confucio era el creador de la confusión. Bien, pues así estamos viviendo y comportándonos actualmente. Y eso que tenemos muchas fuentes de información. Seguimos creyendo en las fake news, o noticias falsas, sin investigar si lo que se publicó es verdad o no, y nos dejamos llevar por nuestros sentimientos y prejuicios haciendo una cacería de brujas terrible.

Vean lo que pasó con lo del famoso uniforme neutro. La gente sigue hablando del tema. Que cómo es posible que los hombres van a llevar falda a la escuela, que este nuevo orden social quiere quitarles autoridad a los padres para imponer y promover barbaridades entre los jóvenes, y, en fin, mucha gente sigue jugando este juego absurdo. Lo que se dijo fue muy claro y aplica, de manera específica a las chicas.

Leí el muro en Facebook de una mujer que hablaba sobre el tema y decía que esto se debió de haber aplicado hace muchos años porque el hecho de vestir falda presenta muchas incomodidades como la restricción de movimientos, la incomodidad física, por la vergüenza ante los acosos, por los tocamientos, por la sexualización, por la opresión sexista ligada a la imposición de una prenda. Mencionaba también que en los inviernos pasaba fríos y que la institución escolar prohibía que se pusieran unas mallas para protegerse. En el verano, el rozamiento de la entrepierna le causaba irritación. Y lo peor: Esta misma persona menciona que volvieron a invisibilizar a la mujer al tergiversar la propuesta. Le dieron la vuelta con la idea de que por “equidad de género”, lógicamente, los niños podrían usar falda. Es decir, lo que era la esencia de la noticia se diluyó para dar paso, nuevamente, al machismo. Debemos pensar en la vulnerabilidad de las niñas al usar el uso de la falda. Y aquí mi pregunta. ¿Por qué nunca pensó en esto el estado mexicano y/o las autoridades escolares? ¿Por qué nunca hubo una propuesta por las asociaciones de padres de familia? ¿Por qué las niñas nunca cuestionaron esto? Mi respuesta personalísima es porque somos borregos. Sólo aceptamos lo que se nos ordena. No pensamos. No cuestionamos. Esta es la hora de cuestionar los reglamentos que se han seguido por inercia y “borreguismo” en las escuelas públicas.

Y como esta noticia, así nos vamos llenando de confusión por todo lo que se publica y adoptamos desde nuestra perspectiva para tergiversar los hechos. Lo mismo sucede con lo que hemos visto con nuestros cuerpos de autoridad y seguridad en los videos de los medios sociales. La falta de respeto a nuestros soldados y a los cuerpos policíacos es terrible. Los delincuentes saben que no les van a hacer nada. Saben que, por el contrario, se les pueden ir encima, atacarlos, quitarles sus armas, si es que traen alguna, y dejarlos tirados golpeados sin poder hacer nada.

Vivimos en medio de la confusión total. Hablamos de falta de valores, de falta de confianza de la sociedad a las autoridades, de agresión absurda por parte de los cuerpos policíacos a ciudadanos y ciudadanas, y, en fin, vivimos en medio del caos y la confusión.

Tenemos que poner fin a este desorden en el que vivimos. Tenemos que deconstruir todas nuestras instituciones. Profesionalizar a la policía y establecer nuevas reglas para que haya más respeto a la autoridad y se detengan los ilícitos que estamos padeciendo, por ejemplo.

Ya vivimos otros tiempos. No se vale sólo hablar de autoridad y de imposición. Se trata de democracia, de acuerdos y de búsqueda conjunta de formas para vivir armónicamente en comunidad. Usemos nuestro poder ciudadano. El mismo Confucio decía en sus tiempos que “donde hay justicia no hay pobreza”. Y si este pensamiento es cierto, todavía nos queda mucho por hacer en nuestro estado, así como en México. Pero comencemos en casa. Esta casa nuestra llamada Morelos, esta casa nuestra, otrora hermosa, digna y pacífica, que se nos está cayendo a pedazos.

 

 

“Donde hay poca justicia es un peligro tener razón.”

-Francisco de Quevedo-

Lunes, 27 Mayo 2019 07:09

Valores en la familia y el buen vivir

“Las casas se construyen con ladrillos.

Los hogares, con valores”

-Anónimo-

 

Todo lo que está sucediendo a nuestro alrededor altera nuestros sentidos, el cambio climático, la basura en los ríos y en los mares, los problemas escolares, los sociales, la corrupción en la política, la falta de trabajo, la falta de dinero, la violencia en las calles, la letra de las canciones actuales, la facilidad del acceso a la pornografía en internet, la falta de valores en el hogar, la violencia intrafamiliar y…agregue lo que usted considere que falta en la lista.

Nos tocó vivir en una época muy diferente. La época de los divorcios, me dijo mi hijo cuando sostuvimos una conversación sobre lo que pasa hoy en día. Pues sí le contesté. Pero el hecho de que haya muchas familias divorciadas no quiere decir que uno se tenga que desentender de los hijos y de las hijas. Ya ves, le dije, yo me divorcié, ustedes se quedaron conmigo desde pequeños, pero siempre fueron mi prioridad. Seguramente no he sido un padre perfecto, sin embargo, siempre estuve presente. Los llevaba a la escuela, iba por ustedes, cuando llegaban a casa preparaba de comer y ustedes me ayudaban a poner la mesa. Platicábamos mucho. Los dejaba descansar un rato y luego hacíamos las tareas. Jugábamos un poco, preparaba la merienda, se bañaban y a dormir. No sé si recuerdas, hijo, le dije, que siempre les contaba una historia y les hacía magia, a veces, antes de dormir. Dejé muchas cosas personales a un lado, le dije, no es queja, sólo lo menciono para decir que ustedes siempre fueron mi prioridad. Mi más grande prioridad. Me gustaba la idea de que sintieran que su hogar era un lugar seguro, un lugar amable, es decir, que se puede amar, pues, un oasis de tranquilidad. No te imaginas, le dije, qué bonito sentía mi corazón saber que estaban en casa descansando, durmiendo plácidamente, mientras yo me ponía a trabajar en mis proyectos de trabajo mientras escuchaba una música relajante que los ayudaba a descansar. Y no sabes, cuánto extraño esos momentos ahora que ya son mayores y casi no los veo…

Amor, fe, integridad, apoyo, lealtad, comprensión, respeto, solidaridad, comunicación, serenidad y mucha paciencia. Mucha paciencia. Me repetía en la mente mientras recordaba mi historieta favorita cuando era niño.

No voy a negar que también hubo regaños, el poder de la chancla, aunque esta no fue tan común y era más una advertencia para decirles que se estaban acercando al callejón sin salida. No hay nada más fuerte que la familia. Y la familia no es solamente aquella con quien te une la sangre. Es el respeto, el apoyo, la confianza, la honestidad, el sacrificio, el compromiso, el amor y la lealtad lo que te hace ser familia con alguien.

Y todo eso, siento, es lo que se está perdiendo ahora. Dicen que en los pequeños detalles del comportamiento se conoce la calidad, la educación y los valores de la gente. Yo veo que el respeto se va perdiendo. Los hijos no respetan a sus padres, entonces, ¿cómo van a respetar a sus vecinos, a sus maestros, a la gente con la que se encuentran en la calle?

Debemos cuestionarnos qué es lo que sucede. Cómo llegamos hasta aquí. Buscar las posibilidades de reencontrar el camino de regreso a los valores para vivir una vida digna. Una vida buena. Nos dicen que la sociedad está enferma, que la sociedad no tiene valores, que la sociedad se está pudriendo. Pero yo digo que puede haber muchas cosas malas allá afuera, pero si los padres de familia nos pre-ocupamos y luego nos ocupamos de la familia como debe ser, hay muchas y mejores probabilidades de que nuestros hijos sean personas de bien. A pesar de todo lo malo que pueda estar ocurriendo allá afuera.

Manuel García Ferré, historietista argentino, afirma que un chico que es criado en familia, con amor, con ternura y valores, tiene muchas más oportunidades de ser mejor en la vida que aquel chico desamparado que carece de ese marco de contención familiar y que termina sobreviviendo en un ámbito de agresividad y desprotección. A menos que saque la casta utilizando toda la resiliencia posible, agregaría yo.

Cuidemos a nuestros hijos e hijas, seamos ejemplo para ellos. Lo que estamos viviendo, no es más que lo que nosotros mismos hemos creado. Pero se puede mejorar con el apoyo de todos nosotros como sociedad para tener una cultura de la paz para el buen vivir.

Lunes, 20 Mayo 2019 07:23

Percepción, realidad y buen vivir

“La percepción del cliente es tu realidad.”

-Kate Zabriskie-

 

Estamos llenos de sofismas y eufemismos en la vida. Y nosotros, la sociedad en general, caminamos por caminos de contento y/o confusión depende de cómo nos vaya. Cuando era pequeño y me quejaba de algo, mi madre me decía que todo el mundo hablaba de la feria depende de cómo se divertía en ella.

Hay quienes dicen que lo que vivimos actualmente nunca había sucedido. Escucho comentarios de mis amigos y conocidos. Algunos viven desesperanzados, otros ya emigraron a otros estados u otro país, otros lo están pensando y algunos más hemos decidido seguir aquí en nuestra tierra, esta tierra que nos vio nacer y en la que tenemos nuestras raíces.

Algo tenemos que hacer para lograr la paz y la concordia. Esperamos volver a los tiempos en que podíamos caminar por nuestras calles tranquilamente y saludar a nuestros vecinos y vecinas como lo hacíamos antes. Cuando todos nos conocíamos. Cuando todos nos saludábamos…

Los hechos que se suceden a diario nos desalientan, nos dan temor. Los y las que tenemos hijos estamos preocupados todo el día. Y a nuestro corazón regresa la calma y el sosiego cuando nos avisan que ya están en casa. La violencia en las calles no nos deja vivir. Y mucho menos las malas noticias tanto en los medios de comunicación como lo que se publica en las redes sociales. Estamos inundados de malas noticias.

El jefe de la Oficina de la Gubernatura, José Manuel Sanz Rivera, dijo hace algunos días que han sucedido eventos mediáticos que hacen aparecer a Morelos como un estado en crisis de inseguridad, al tiempo de aseverar que ésta "ha ido a niveles más bajos con referencia a otros estados".

Cuando se habla de eventos mediáticos, obvio es que se refiere, de manera principal, a las redes sociales, que son las que se enteran y difunden más rápido que los medios tradicionales. Pero ya no podemos dar un paso atrás. Este es el mundo que nos ha tocado vivir. Todo es tan rápido que no nos damos el tiempo de reflexionar. Nos vamos llenando de miedo ante lo que sucede y nos llenamos de paranoia. La percepción de lo que sucede puede ser más elevado de lo que es la realidad. Y ante la percepción, la gente puede tomar decisiones sin sustento. Sin embargo, la percepción también es importante porque es la que nos da la sensación de bienestar o malestar.

Y es justo por estas razones que el estado debe de ir un paso adelante. Es como lo que menciono en el epígrafe que encabeza esta columna. La percepción del cliente es tu realidad. Si yo vendo un producto que es increíblemente bueno, pero mi cliente tiene dudas o no lo convence, entonces tengo que convencerlo de que lo que está comprando es lo mejor que ha hecho y que tendrá una satisfacción del 100%.

Y esto es exactamente lo que tiene que hacer el estado. Que se hable bien de él. Que la población sienta que se entrega completamente a su trabajo en beneficio de ella. Que la gente sienta que todos los integrantes de la clase política están ahí para llevarlos por buen camino. No permitamos que el miedo llene el alma de la gente. El miedo es lo peor que puede tener una persona. En algún lugar escuché que la persona más peligrosa es la que está llena de miedo; esa es a la que hay que temerle mucho más. Es mi opinión muy personalísima, por supuesto.

Vivimos en un mundo muy complejo en el que hay que adaptarse a las nuevas reglas del juego. Nunca vamos a satisfacer a todos. Con alguien vamos a quedar mal. Pero en el caso del juego social. Hay que trabajar al cien y darlo a conocer.

Estoy seguro que nadie quiere el mal para el vecino. Pero no es lo que sentimos los miembros de la sociedad al escuchar, ver y sentir lo que sucede en las calles. Sentimos que la inseguridad y la violencia es la que reina. Señores del gobierno, hagan que mi percepción de lo que sucede en mi entorno cambie para que me sienta mejor. Hay quien defiende tanto a la realidad y menosprecia a la percepción… y hay quien dice que el mundo no existe. Existe lo que los sentidos nos dicen sobre el mundo. Estudiemos la realidad, comprendamos la percepción porque los dos conceptos nos permiten un buen vivir. 

 

 

 

  

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