Publicado en Estrategias Viernes, 17 Enero 2020 05:39

Coludidos, policías y jueces calificadores

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Martha no pudo evitar que de su boca saliera un improperio cuando sintió que la camioneta perdía  velocidad y vio que la manecilla del velocímetro se desvanecía. “Ya valió madres”, murmuró mientras buscaba la forma de orillarse para no estorbar a los demás vehículos que circulaban por el boulevard Benito Juárez esa mañana, cuando el sol apenas se asomaba atrás del Popocatépetl.

Había salido –como todos los días- desde la madrugada con la camioneta tipo Pick Up cargada con 50 kilos de pollo que debía repartir a sus clientes. Y lo peor que podía pasarle era que el vehículo se descompusiera.

Con las luces intermitentes prendidas buscó en su bolsa el teléfono celular. Afortunadamente lo halló y buscó apresuradamente un nombre en la lista de contactos. El claxon de los coches que exigían pasar la ponían más nerviosa. ¿Qué no ven que se me apagó el carro? Gritó.

Carlos, un taxista al que conocía de tiempo atrás, y que en varias ocasiones le ayudó a repartir el pollo cuando no tenía vehículo, acudió de inmediato en su auxilio. Cuando llegó ya unas personas se habían ofrecido a empujar la camioneta para liberar la avenida y Martha permanecía frente a su vehículo, con el cofre abierto pero sin saber qué hacer.

Fue entonces cuando apareció la patrulla de la Policía Morelos. “¿Qué pasó señora? ¿Por qué está obstruyendo la circulación?”, dijo uno de los patrulleros que se acercó cuando Carlos comenzaba a checar el motor para ver qué tenía la camioneta.

  • Pues qué no ve que se me descompuso esta chingadera?- contestó Martha ya malhumorada.
  • Pues ese es su problema señora. Tiene que ver qué hace porque está obstruyendo la circulación. Si no la mueve vamos a tener que pedir una grúa para que se la lleve al corralón- amenazó el uniformado.
  • No seas necio mano, ya la señora te dijo que estamos tratando de componer la camioneta- intervino Carlos.
  • Tú que te metes pinche taxista, ni le muevas porque tu taxi también está estorbando y ahorita nos lo llevamos- contestó el policía.
  • Ustedes como policías preventivos no pueden llevarse ningún vehículo- retó Carlos.
  • ¿Quieres ver que sí? A ver Fernández – dijo, dirigiéndose a sus subordinados- dale una revisada a la camioneta de la señora y también al taxi de este metiche.
  • Yo conozco mis derechos y lo que ustedes están haciendo es una arbitrariedad- gritó la mujer.
  • Cállese o me la llevo por resistencia de particulares y por alterar el orden público. A ver, que venga una mujer policía para que controle a esta vieja- ordenó el que parecía ser el comandante.

Se armó la trifulca. Llegaron unas mujeres policías y se llevaron a la señora Martha en la batea de una patrulla mientras otros elementos policiacos se llevaban al taxista.

  • No chinguen. Se me va a echar a perder todo ese pollo que tenía que repartir. Ustedes me responden por ese producto que necesita refrigeración- gritaba Martha desde la patrulla.

A las 10 de la mañana Martha ya estaba en una de las celdas del Sector Uno, en la parte norte del Mercado Adolfo López Mateos, a donde llevan a quienes infringen el Bando de Policía “y buen Gobierno”.

Una mujer policía la sacó de la celda y la llevó frente a un escritorio donde la esperaba una mujer con mirada acusadora. A su lado estaba Imelda, su hermana, quien acudió de inmediato cuando se enteró de que Martha estaba detenida.

  • Su hermana está metida en un grave problema señora- dijo la que se identificó como “Juez Calificadora”- el hombre con el que estaba traía cocaína en su taxi. Ya los policías lo están poniendo a disposición del Ministerio Público federal.
  • Pero mi hermana no es responsable de nada. Ella se dedica a repartir pollo, ese es el negocio de nuestra familia desde hace muchos años. Somos gente honesta.
  • Pues yo no sé señora, pero mi obligación es remitirla al Ministerio Público porque ella fue detenida junto con el narcomenudista.
  • Por favor licenciada, échenos la mano. No la remita al Ministerio Público- suplicó Imelda.

Cuando el abogado Héctor Alvarado llegó al Sector Uno ya no encontró a ninguna de las hermanas.

“Es mejor así licenciado, la jueza calificadora nos echó la mano y ya no la remitió al Ministerio Público. Le dimos ocho mil pesos, que era la multa por alterar el orden en vía pública y dejó salir a mi hermana”, le contó más tarde Imelda.

  • Y le entregó un recibo por ese dinero- cuestionó el litigante.
  • No, es que no había sistema. Pero ella se ofreció a hacer el pago más tarde. Lo más importante es que me entregó a mi hermana en ese momento- contestó la mujer.

El abogado se fue inmediatamente a la Fiscalía General de la República (FGR) donde acreditó que la única prueba que había en contra del taxista, era el dicho de los policías, quienes pusieron en su reporte que “al revisar el taxi encontramos una bolsita con polvo blanco, al parecer cocaína”. El taxista salió libre.

La Fiscalía Anticorrupción ha recibido varias denuncias en el sentido de que hay una colusión delictiva entre los policías y los jueces calificadores. Los elementos policiacos detienen a personas (casi siempre en estado de ebriedad) y les inventan infracciones como alteración del orden. En el camino los “basculean” y les roban sus pertenencias. En el Sector Uno del mercado ALM les imponen multas “infladas” que los familiares pagan y por uno u otro motivo no les extienden recibo. Con tal de tener a su familiar libre, no les importa verificar si el dinero realmente es ingresado al erario municipal.

En el caso que narramos (ocurrido en junio del año pasado pero cuyos nombres de las víctimas fueron cambiados para proteger su identidad), la camioneta con una buena cantidad de pollo fue trasladada al Corralón de Grúas Hidalgo, pero ya sin el producto cárnico.

Por el robo de la carne, el dinero que llevaba la señora y el teléfono celular, entre otras pertenencias, dos policías están bajo proceso en un Juzgado Oral, pero sin dejar de percibir su sueldo como elementos de la Comisión Estatal de Seguridad Pública (CES) y –lo más absurdo- sin dejar de patrullar.

La jueza calificadora (que depende de la Sindicatura del Ayuntamiento de Cuernavaca) también fue denunciada en la Fiscalía Anticorrupción y se espera que en los próximos días la carpeta de investigación sea judicializada.

HASTA EL LUNES.

 

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