Con todas las críticas que arrastra la reforma judicial que hará posible que a partir del próximo primero de junio todos los juzgadores federales sea un cargo de elección popular -similar al de los diputados y senadores-, el hecho es que ya es inevitable que esto suceda, de tal manera que debemos irnos preparando para ejercer nuestro derecho al voto de la mejor manera posible.
Parafraseando al expresidente Felipe Calderón, “haiga sido como haiga sido”, las reglas del juego han cambiado y mal haríamos en seguirnos lamentando eternamente.
Uno de los férreos críticos de la reforma judicial es el ex presidente del Instituto Nacional Electoral (INE), Lorenzo Córdova, quien sostiene que las elecciones son el mecanismo por excelencia para elegir a representantes políticos, no para designar a los responsables de los cargos técnicos de un Estado.
“Los jueces no son representantes de las posturas políticas existentes (como un diputado, un senador, un gobernador, un presidente municipal o el presidente de la República), sino expertos en la materia jurídica encargados de aplicar la ley a los casos concretos, juzgar si las autoridades, con su actuar, se apegan o no a lo dispuesto por las normas y, de esta manera, proteger los derechos de las personas frente a los eventuales abusos del poder”, escribió recientemente.
Y agrega: “Elegir popularmente a los jueces es tan absurdo como pretender que la ciudadanía elija a los médicos que estarán a cargo de las cirugías, a los maestros que serán titulares de las cátedras universitarias o a los técnicos responsables de operar las centrales nucleares. Si se quiere politizar un cargo, la mejor manera de hacerlo es someterlo a elección popular. Por eso la reforma judicial fue un auténtico despropósito”.
Coincidimos totalmente. Sin embargo, no vemos ninguna posibilidad de dar marcha atrás a este nuevo sistema de elección, y suponemos que, cuando ocurrieron los grandes cambios de la humanidad, hubo quien se opuso hasta el último momento sosteniendo que sería imposible.
Luego entonces, si nada detendrá las próximas elecciones de ministros, magistrados y jueces de Distrito, lo mejor que podemos hacer es investigar quiénes son ell@s.
Nos pusimos a indagar quienes son los que estarán en las boletas el uno de junio del 2025 en Morelos. Aunque también se van a elegir 2 magistraturas de las Salas Superior del Tribunal Electoral y 15 Magistraturas de las Salas Regionales, así como cinco integrantes del Tribunal de Disciplina Judicial, lo que a los nosotros nos importa son las Magistraturas de Circuito y Juzgados de Distrito con sede en Morelos.
No olvidemos también que hay un morelense en la lista de candidatos a ministros de la Suprema Corte de Justicia y que suponemos que el apoyo de sus coterráneos será absoluto. La posibilidad de que el doctor en Derecho, Antonio Sorela Castillo, quede entre los cuatro ministros del máximo tribunal, es real.
Entre los magistrados federales consideramos que tiene muchas posibilidades el exjuez penal Isidoro Edie Sandoval Lome, quien se hizo famoso por haber dictado los autos de vinculación a proceso a personajes muy conocidos y de mucho poder, lo que le valió el mote de “el juez de hierro”. Actualmente está litigando.
Otro que está sonando fuerte es Ángel Zapata, un joven abogado nacido en Yucatán pero criado en Jonacatepec que comenzó como oficial judicial en 2010 y poco a poco fue ascendiendo hasta llegar a secretario del Tribunal Colegiado de Apelación del Décimo Octavo Circuito y en varias ocasiones ha cubierto la Magistratura por ministerio de Ley. Es doctor en Derecho.
Por las mujeres, si de fama se trata, nadie más que Nanccy Aguilar Tovar, quien fue designada juez de primera instancia, de control, juicio oral y ejecución de sanciones del Poder Judicial del estado de Morelos, por exámenes de oposición obteniendo el primer lugar, a partir del 15 de diciembre de 2011 y a partir de ese día ha recorrido todo el estado de Morelos con su peculiar estilo de aplicar la ley (ponga usted su nombre en Youtube y verá).
De los que buscan la titularidad de un Juzgado de Distrito destaca Sergio Arturo Godínez Vega, hijo de la doctora Blanca Andrea Vega y el médico psiquiatra Arturo Godínez, ambos reconocidos profesionistas en Morelos. Cuenta con una sólida formación académica, obteniendo los títulos profesionales de Doctor en Derecho con mención honorífica, Maestro en Derecho con Orientación en Derecho Penal, Licenciado en Derecho y Técnico Laboratorista en Farmacia, todos ellos por instituciones reconocidas.
Con más de 20 años de experiencia en el Poder Judicial Federal, ha desempeñado diversos cargos, incluyendo secretario Proyectista, secretario Encargado de Despacho, secretario Penal, Actuario Judicial Mixto y Oficial, entre otros. Además, ha sido catedrático en instituciones educativas (UAEM y Freinet).
Recientemente conocimos a Frida Fernanda López Hernández, joven morelense, nacida en Cuernavaca que vivió y creció entre las colonias La Carolina y Lomas de Ahuatlán; ha recorrido el estado y actualmente es aspirante a Jueza de Distrito de competencia mixta. Licenciada en Derecho por la Universidad La Salle Cuernavaca, Especialista en Justicia Administrativa por el Centro de Estudios del TFJA y Maestra en Derecho Electoral por la Escuela Judicial Electoral.
Gustavo Eduardo Alonso Ortiz parece ser el más popular en Facebook, pues en una encuesta que realizamos en esa red social fue el que más recomendaciones tuvo. Es Maestro en Derecho Penal y Criminalística, docente en diversas instituciones y abogado postulante experto en juicios orales. Recomendación: Que elija un nombre y un apellido, porque su nombre completo es tan largo que nadie se lo va a aprender el día de la votación.
El cuautlense Santiago Rosas Navarro también va en la boleta para juez de Distrito. Es egresado de la Facultad de Derecho de la UAEM, así como de la Maestría y el Doctorado. Actualmente estudia una Especialidad en Derecho Fiscal en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
La lista es interminable pero poco a poco vamos a ir analizando sus semblanzas para que nuestros lectores los conozcan.
HASTA MAÑANA.