Publicado en Estrategias Viernes, 30 Diciembre 2011 06:00

La amarga navidad y el eterno dilema

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• El proceso electoral que se avecina.

A casi una semana de que para muchos fue la peor navidad de su vida, sobre todo aquellos que vivimos en la zona poniente de la capital morelense, hay aspectos de la balacera del 24 de diciembre en las colonias Alta Vista, Zacatierra y Carolina, que merecen ser analizados.

Ese día, muchas familias de esa zona tuvimos que esperar durante horas la llegada de los miembros que venían en camino y que se quedaron prácticamente varados a bordo de sus vehículos sin poder entrar por el único acceso a Alta Vista, Margarita Maza, Santa Fe y anexas, que es la calle Zacatierra. Superadas las vicisitudes, el tema de sobremesa invariablemente fue la balacera y las diferentes versiones que corrían hasta ese momento, así como el número de víctimas.

Pero las frases de disgusto y el clima de tensión que se vivió esa “nochebuena” (sin piñatas en las calles que lucieron desiertas toda esa noche)  fue lo menos que padecimos los vecinos de la zona poniente de Cuernavaca en comparación con otros que tuvieron la desgracia de estar en el lugar y la hora equivocados.

Una señora con dos niños que viajaba a bordo de un taxi pasó la más amarga de las navidades. Según lo relató más tarde el chofer del taxi, justo cuando pasaban por el llamado “columpio” de la colonia Zacatierra, quedaron en medio del fuego cruzado entre un convoy de camionetas que venían bajando de Alta Vista y unas patrullas que venían de la Carolina.

Por suerte, tanto la señora cargando a sus hijos como el resto de los automovilistas que quedaron en medio de la balacera, pudieron salir y correr rumbo a una privada sin ser víctimas de los disparos. Traumados de por vida y quizás con diabetes pero sobrevivieron, no así la radioperadora del sector policiaco de la Carolina que, sin estar en la línea de fuego y por lo tanto desarmada, fue abatida por un sicario que iba en huida y le disparó simplemente porque la vio con uniforme de policía.

"En el Hospital General había personas de comunidades indígenas con bebé enfermo que salieron a comprar medicinas y ya no les permitían ingresar, se escucharon disparos, todo mundo se tiró al suelo, los policías les dijeron que subieran todas las visitas al segundo piso y luego los bajaron al sótano, donde permanecieron hasta las 8 de la mañana siguiente, en medio de la confusión y el temor”, narró una persona en internet.

Y seguramente todos los cuernavacenses, sobre  todo aquellos que tienen el vicio del “twitter”, vivieron la zozobra que provocaron mensajes que hablaban de más disparos por diferentes puntos de la ciudad, lo que prácticamente impuso un “toque de queda” en toda la capital morelense.

A cinco días de los fatídicos acontecimientos aún no podemos saber qué sucedió exactamente. Pero de acuerdo a la versión recogida entre elementos de la Policía Municipal de Cuernavaca, los hechos ocurrieron de la siguiente manera:

Una patrulla circulaba por la avenida principal de la colonia Alta Vista, la Otilio Montaño, una cuadra arriba del mercado municipal. Los policías vieron un convoy de seis vehículos entre camionetas y autos compactos, con un BMW color blanco al frente, saliendo de la calle Emiliano Zapata. De las camionetas se bajaron hombres cargando armas largas y portando “pecheras”, encañonaron a los uniformados y los desarmaron.

Acto seguido el convoy continuó su marcha y se detuvo frente al mercado municipal, entraron a un establecimiento comercial que se encuentra enfrente y sacaron a dos jóvenes.

Ya para ese momento los policías desarmados se habían comunicado a su base para informar de lo sucedido, y una patrulla se aproximaba por la parte sur de la avenida Otilio Montaño.

Se encuentran de frente con el convoy y sus ocupantes comienzan a disparar contra la unidad oficial, cuyos ocupantes tratan de ponerse a salvo. “No disparamos al principio porque los sujetos venían vestidos como ministeriales, hasta que ellos nos atacaron con los “cuernos de chivo”, comentaría más tarde un elemento.

Los agredidos avisan a su base que el convoy va hacia el sur e invariablemente tendrían que salir por la calle Cerezos (única salida al resto de la ciudad). Más unidades se suman al apoyo de sus compañeros, encontrándose de frente justo en la parte más baja del llamado “columpio de Cerezos”, donde se registra el intercambio de disparos más fuerte.

En la refriega quedan muertos dos de los sicarios y sus compañeros optan por bajar de sus vehículos y correr por las escaleras que dan al Salto de San Antón, donde son perseguidos y detenidos.

Pero dos vehículos del convoy, un BMW blanco y una camioneta logran burlar el cerco policiaco. Llegan frente al parque de beisbol, el coche toma hacia su izquierda y huye, en tanto que la camioneta vira a la derecha justo cuando vienen llegando en sentido contrario otra patrulla municipal y un motociclista.

De manera circunstancial la camioneta de los sicarios queda justamente frente al Sector de la colonia Carolina. Del lado del copiloto sale un sujeto y se introduce a la base policiaca donde no había más elementos que la radioperadora, en tanto que el conductor de la camioneta trata de escapar corriendo por enfrente y es abatido a unos pasos de un establecimiento de pañales. Hoy se sabe que ese era el jefe del comando, identificado como Baltazar Moreno Mora, policía ministerial en activo en el estado de Guerrero.

El otro entra al sector de la policía y le dispara a la radioperadora, quien queda herida de muerte. Sale a la parte trasera de la base, salta una barda con malla y cruza el campo de beisbol, hasta alcanzar la privada Paseo de Salto Chico, donde más tarde es detenido.

Por la mecánica de los hechos y la característica de que todos los miembros que conformaban el comando armado son fuereños, se presume que el sicario entró al sector policiaco para huir de los disparos de los policías que venían en la patrulla, no con la intención de atentar contra el personal de la mencionada dependencia oficial; es decir, no sabía que era una base policiaca y le disparó a la mujer por el uniforme que portaba.

Vale la pena mencionar, que de acuerdo a los testimonios de los policías municipales, los elementos de la Secretaría de Seguridad Pública Estatal no participaron en los enfrentamientos con los sicarios, sino que llegaron después sólo a apoyar en la persecución pié-tierra a los delincuentes y en la revisión de vehículos sospechosos.

Habrían sido ellos quienes por equivocación dispararon contra Eliseo Gaona y Silvia Saavedra, quienes viajaban a bordo de una camioneta Ram roja, la que incluso fue presentada a los medios de comunicación como parte de los vehículos decomisados al comando armado.

El hijo de Eliseo Gaona, quien es maestro en el municipio de Jonacatepec e iba en la unidad automotriz junto con sus padres cuando sucedieron los hechos, narró que los policías dispararon contra la camioneta pese que ellos les gritaban que eran maestros sin que les hicieran caso. Esto provocó que Eliseo quien iba manejando resultara herido de gravedad y la profesora Silvia Saavedra recibiera un balazo en la pierna.

No obstante que mostraron las credenciales tanto del hijo como de los padres a los uniformados, aún así la policía decomiso su camioneta y la presentó como una más de los supuestos integrantes del crimen organizado.

El balance que hizo el gobierno del estado advierte que “de las 21 personas lesionadas, de las cuales 9 son civiles, fueron atendidos de manera pronta en diferentes instituciones de salud, en particular y por su gravedad a 2 profesores jubilados, quienes por indicaciones del gobernador Marco Adame, se está proporcionando la atención médica necesaria para lograr su pronta recuperación, caso que también a ameritado desde el primer momento, una permanente comunicación con los representantes del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE)”.

Todo lo antes narrado nos lleva a las siguientes preguntas:

¿Qué es peor? ¿Enfrentar a los narcotraficantes a riesgo de que haya “daños colaterales” o permitirles que realicen sus ilícitas actividades siempre y cuando no molesten al resto de la ciudadanía?

Hace algunas semanas comentábamos en este mismo espacio que los causantes del incendio en el Casino Royale de Monterrey confesaron que su intención sólo era darle un escarmiento al propietario porque no había aceptado pagar su “cuota”, pero que todo “se salió de control”.

Y llegábamos a la conclusión de que si no se hubiera “salido de control” el incendio, el empresario habría pagado y ellos seguirían extorsionando gente en Monterrey “de manera normal”.

Aplicando ese criterio para el caso de Cuernavaca, si los policías no hubiesen pedido apoyo y dejaran que los sicarios guerrerenses salieran de la ciudad llevándose a sus dos “levantados” (hoy se sabe que hay un tercero),  habríamos tenido un 24 de diciembre “normal”. Ninguno de los automovilistas que quedaron en el fuego cruzado habría pasado el susto de su vida, la radioperadora no estaría muerta y los profesores que hoy reclaman (con justa razón) arbitrariedades por parte de la Policía, habrían pasado una feliz navidad.

La respuesta se la dejamos a cada uno de los lectores que nos distinguen con su preferencia.

EL PROCESO ELECTORAL QUE SE AVECINA

Indudablemente uno de los acontecimientos más importantes del año que habrá de iniciar en unas horas (que no es el fin del mundo según lo aclaró ya la NASA) será el proceso para elegir presidente de la República, gobernador del estado, presidente municipal y otros cargos más.

Darle otra oportunidad al PAN, regresar al PRI o probar con el PRD es un dilema que habremos de resolver en conjunto los mexicanos el próximo primero de julio del 2012.

Pero, ¿cuáles son las condiciones que permean en el proceso electoral que se avecina? ¿Son diferentes a los procesos electorales de otros años?

Cada quien hablará según su punto de vista, pero por lo menos en lo que se refiere a los medios de comunicación sí han cambiado mucho las cosas en los últimos años en lo relacionado con los procesos electorales. Quién no recuerda aquellos titulares en los periódicos en los setentas y ochentas en los que sólo existían los candidatos del PRI o a Jacobo Zabludovsky asumiendo siempre su papel de vocero del gobierno en turno.

Ver un programa de televisión o noticiario en el que se entrevistan igualmente a los candidatos de todos los partidos era impensable hasta hace algunos años. En 1988, la revista “Por Esto” de Mario Menéndez se convirtió prácticamente en la bitácora de la resistencia y poco a poco se fueron uniendo otros medios como La Jornada y El Universal que abrieron sus páginas al entonces candidato Cuauhtémoc Cárdenas.

Y es que,  para que haya un gobierno autoritario se requiere una prensa sumisa y limitada económicamente. De manera paralela a la democratización del país, surgieron nuevos periódicos económicamente fuertes que ejercen un periodismo sin ataduras, e incluso la empresa Televisa ha tenido que modificar sus criterios ante el riesgo de quedarse en la obsolescencia informativa.

En efecto, una elección libre y justa no solamente se trata de la emisión de un voto en condiciones adecuadas, sino que también de contar con la información más relevante de los partidos, políticas, candidatos y del propio proceso electoral a efecto de que los electores estén en condiciones de hacer una selección informada.

Ese es el gran reto de los medios de comunicación hoy en día.

Desde la perspectiva de la democracia resulta imprescindible que los medios de comunicación y sus operadores (dueños, comentaristas, reporteros, etc.) regulen su actividad y conciban su función a partir de valores de comportamiento ético y responsable en la cobertura de las acciones, declaraciones y acontecimientos de campaña de los partidos políticos y sus candidatos durante las contiendas electorales.  Las condiciones en que compiten las instituciones políticas son ahora mucho más equilibradas y justas que antaño y en el futuro podrían mejorar. Pero nadie puede asegurar que la información que emiten los medios en relación con la cobertura de las campañas de proselitismo durante los procesos electorales continúe por la ruta de la equidad, la justicia, la imparcial y la verdad, entre otros valores de lo que podría llamarse periodismo democrático.

Es importante por ello, la configuración de un nuevo sistema de criterios y valores que normen la conducta, una nueva legislación o alguna otra forma por la que se pueda orientar la labor informativa de los medios y que determine sanciones para aquellos que violen las normas éticas de la profesión, sin perjuicio de la aplicación de sanciones configuradas en las leyes, actuales o futuras, en esta materia.

En la mesa del debate público nacional que se ventila en los medios, en el ámbito legislativo y en los sectores académicos, se han manejado algunas opciones que podrían asegurar el comportamiento ético y equilibrado de los medios de comunicación durante las contiendas electorales.

En México existen una Ley de Imprenta que data de 1917 y una Ley Federal de Radio y Televisión promulgada en 1960; ambas, por obsoletas, resultan en muchos sentidos inoperantes por lo que se ha discutido, desde tiempos de López Portillo, la conveniencia o no de renovar la legislación en materia de medios. No obstante, han sido los empresarios de los medios de comunicación, con el respaldo de algunas de sus plumas y voces a su servicio, que han antepuesto objeciones a que exista la más mínima intervención estatal para regular la actuación de ellos mismos.

Durante el sexenio de Ernesto Zedillo volvió a discutirse la posibilidad de formular y emitir una nueva ley de medios de comunicación. En aquella ocasión, ante las voces airadas de no pocos representantes del gremio que calificaban aquella pretensión como una “ley mordaza”, tanto el Presidente, como el entonces secretario de Gobernación, Francisco Labastida, se pronunciaron porque los informadores y comunicadores se sujetaran a sus propios códigos de ética, en virtud de que, según dijeron, era la mejor opción ante cualquier mínima intervención del Estado para someter a los medios al imperio de la normatividad jurídica con el argumento de que se atentaría en contra de la libertad de expresión.

Tal situación parece indicar una encrucijada: regular los medios de comunicación a través de leyes en la materia podría ser un riesgo para la libertad de expresión; pero no hacerlo, implica un serio problema de irresponsabilidad mediática e impunidad de periodistas frente a conductas cuestionables e incluso ilícitas.

Al parecer, el primer medio mexicano que adoptó el compromiso de sujetar su conducta a un código de ética es El Economista, al que más adelante se han sumado La Crónica de Hoy, El Universal y la revista Etcétera a nivel nacional. En Morelos ningún periódico lo tiene, o al menos no lo ha difundido.

Independientemente de los códigos deontológicos que se autoimponga cada medio, en materia electoral sería deseable que adicionalmente a los lineamientos de la autoridad electoral, ellos mismos aplicaran criterios de comportamiento para cubrir las contiendas políticas.

Tomando a los lineamientos aplicables a los noticiarios de radio y televisión que ha expedido el IFE para las elecciones federales como parámetro de lo que espera la sociedad, los partidos políticos y la autoridad electoral de los medios de comunicación, las reglas de oro, es decir, el código de ética ideal para la cobertura informativa de los comicios, serían los siguientes:

Diferenciación clara entre la información propiamente dicha y los comentarios y alusiones que impliquen un juicio de valor dentro de los contenidos. Esto es porque con cierta frecuencia se puede observar que los reporteros y los lectores de las noticias escriben o emiten sus informaciones con cierta intencionalidad que pudieran dañar la veracidad u objetividad de sus reportes. En el pasado y aun en el presente, muchas notas informativas vienen llenas de juicios de valor, editorializadas como decimos los periodistas.

Derivado de lo anterior, otro tópico de ética sería el evitar la adjetivación en las notas informativas en beneficio o en perjuicio de uno u otro contendiente. Por extensión, también convendría que los reporteros eviten hacer cuestionamientos que lleven implícito un prejuicio o condena al entrevistado.

Permitir y abrir espacios a las aclaraciones. En el quehacer periodístico puede ocurrir que se emita alguna información errónea derivada de la interpretación equivocada del reportero de un hecho o una declaración, o bien, de la procedencia de una fuente o declarante que le haya proporcionado al reportero una versión ajena a la verdad. Cuando ello ocurra, el medio debe dar lugar a la aclaración, de preferencia en un lugar destacado.

Procurar una distribución justa y equilibrada en los espacios y tiempos dedicados a cada partido o candidato. Se reconoce, sin embargo, que no todos los días habrá notas que cubrir, que no siempre los partidos y sus candidatos generan información relevante y que existen instituciones políticas y contendientes que no tienen el mismo ascendiente social que otras fuerzas. En ese sentido, los medios no tienen por qué darle un trato igualitario a los partidos. Equidad e igualdad son conceptos diferentes.

Conocimiento pleno y profundo de los asuntos electorales por parte de los periodistas adscritos a la fuente respectiva. Debemos reconocer que la mayoría de los periodistas morelenses desconocemos a fondo la normatividad en materia electoral y con frecuencia sólo confundimos al ciudadano con nuestras notas informativas.

Respeto a la vida privada de los contendientes. Sería encomiable que los comunicadores no se inmiscuyan en los asuntos personales y privados de los candidatos en la medida en que éstos no tengan implicaciones de interés público. No obstante, se entiende que pueda haber algún declarante que emita algún juicio o comentario que atente contra la vida privada del aludido, en ese sentido se considera que la responsabilidad recae en el emisor y no en el medio o reportero que emite la nota.

Constituirse los reporteros en una suerte de coadyuvantes para evitar prácticas atentatorias de la efectividad del sufragio, denunciando y exhibiendo mediante sus informaciones a aquellos casos de compra y coacción del voto, y otros delitos.

Asimismo, sería deseable que los mismos medios se comprometieran a establecer mecanismos de control verificables a través de observadores imparciales que monitoreen con alguna frecuencia establecida -al modo en que lo hace el IFE- su propio comportamiento y se publiquen dentro de los mismos los resultados del monitoreo.

Todo lo anterior, lo reconozco, es solo una lista de buenas intenciones o de lo que debería ser. La realidad es todo lo contrario, sin embargo, no está por demás dejarlo asentado.

Ahora bien, ¿a qué nos enfrentaremos en los comicios del próximo julio de 2012?

Desde mi particular punto de vista, el proceso electoral que se llevará a cabo el 1 de julio del 2012 pero que ahorita mismo ya está iniciando su efervescencia, va a contener 3 características que no habíamos visto en elecciones anteriores o que por lo menos no se notaron tanto.

La primera característica es el uso de la tecnología enfocada a favorecer o perjudicar a determinado candidato o partido. Estoy hablando de cosas como el correo electrónico con el que se pueden hacer cadenas difamatorias, pero que es una herramienta cibernética que ya está quedando en desuso por la llegada del Facebook y del Twitter. Quien hoy no tiene cuenta de “feis” y no tiene “followers” prácticamente no existe, pero lo más grave del asunto es que si eres alguien importante y no tienes cuentas, puede haber alguien que la puede abrir por ti. Jacobo Zabludovsky no tiene cuenta de Twitter, pero alguien lo está suplantando. Manuel Martínez Garrigos tiene una que es la oficial, pero hay otra “pirata” que se dedica a denostarlo.

Es decir, el Internet es una excelente herramienta de propaganda partidista, pero también es perfecta para la guerra sucia. No nos extrañe pues que en los próximos meses aparezcan cadenas de correos con fotografías truqueadas, denuncias falsas, o que el día de la elección uno de los candidatos decline su candidatura vía twitter y convoque a sus seguidores a votar por otro.

Lo más grave es que ninguna autoridad puede hacer nada para evitar todo esto porque todo es virtual.

La segunda característica que es mucho más preocupante que la anterior es la presencia de la delincuencia organizada. Ojalá me equivoque pero considero que en esta elección el narcotráfico va a tener una mayor influencia como ha ocurrido en Michoacán y en otros estados del país.

Una tercera característica es que considero que habrá más “trampitas” para evadir al Código Federal de Procedimientos Electorales por cuanto se refiere a la propaganda en medios electrónicos. Ya vimos a una revista, “Vértigo”, anunciándose en televisión con una entrevista a un candidato, o a una revista de espectáculos entrevistando a unos actores que dicen por quien van a votar. En las últimas elecciones, durante un partido de futbol, casualmente los reporteros de televisa encuentran a un candidato a delegado en el DF y le preguntan sobre la importancia del impulso al deporte.

Pero no hay que olvidar que las agencias de publicidad e imagen lo que tienen son personas expertas en creatividad, que seguramente ahorita ya están pensando cómo burlar la disposición legal de no hacer uso de los medios electrónicos en propaganda partidista fuera de lo autorizado por el IFE.

FELIZ AÑO NUEVO

Hasta el próximo viernes.

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