Publicado en Estrategias Sábado, 28 Enero 2012 09:56

El grupo de los ex gobernadores

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La sucesión en la UAEM

Caso Cerón: realidad que supera la ficción

Los últimos acontecimientos suscitados en torno a la designación de candidatos en el Partido Revolucionario Institucional está demostrando que nada ha cambiado en ese partido político, sólo los nombres de los protagonistas. Las estrategias que están utilizando los priístas, y otras que no se pueden llamar estrategias sino “marrullerías”, son las mismas que durante 70 años les funcionó para ostentar el poder hasta el hartazgo.

Puede uno revisar la historia de México o platicar con políticos de la vieja guardia y escuchará anécdotas sobre destapes y contradestapes, madruguetes y contramadrugetes, espionaje y contraespionaje. Fueron los priístas quienes acuñaron términos que hoy son tan comunes como la famosa “cargada”, “el tapado”, “el carro completo”, etc., y fueron inspiración para la creación de personajes como “Don Concho, un político a la mexicana” y “Los Agachados”, así como guiones cinematográficos como “La Ley de Herodes”.

Quién no recuerda al personaje interpretado magistralmente por el recién fallecido Pedro Armendariz Jr. en esa filmación mexicana, un político poderoso que busca todavía más poder, y que estalla en cólera cuando se entera que otro grupo del mismo partido pero de diferente corriente acaba de destapar a su rival en la capital del estado. ¿A cuál de los 12 aspirantes al gobierno de Morelos encuentra usted similitudes con ese personaje?

Así las cosas, es poco lo que puede resultar nuevo en la política priísta, y lo más irónico es que muchos de los que hoy piden democracia, alguna ocasión la obstaculizaron, o como se diría vulgarmente: “las reses de hoy fueron carniceros hace tiempo”.

Es, por lo tanto, relativamente fácil prever lo que vendrá en las próximas semanas. El número de organizaciones que se pronuncian a favor del “destapado” irá en aumento, y obviamente que el beneficiado tendrá que correr con los gastos. Los inconformes seguirán haciendo ruido mientras sus líderes tengan con qué mantener el movimiento, hasta que los llamen y les ofrezcan algo para calmarlos.

Las amenazas de cambiarse de partido es un recurso muy gastado. La toma de instalaciones también. La llegada de personas desconocidas que arremeten contra los inconformes es un lamentable recurso que utilizan consuetudinariamente los grupos de poder, ya sean partidos políticos o sindicatos.

Es una lucha por el poder en la que todo se vale, desde los ataques mediáticos hasta los físicos, pasando por la compra de conciencias. ¿Cuántos que se decían Garriguistas hoy le juran a Amado que siempre estuvieron con él? ¿Cuántos andan buscando acercamientos con el precandidato pero sin que se entere Manuel?

Ahora bien, ¿qué falló en la estrategia de Manuel Martínez Garrigos? Simplemente hubo cambio de grupo en el Comité Ejecutivo Nacional. Se fue Beatriz Paredes y luego Moreira, dejando el CEN a un grupo de ex gobernadores que tienen intereses en Morelos y que no iban a poder trabajar con el muchacho.

Es ese grupo de ex gobernadores (todos señalados en algún momento y en diferentes magnitudes por tener nexos con determinados cárteles del narcotráfico) el que tomó el control del PRI nacional y armó el reparto de candidaturas a su conveniencia. Esas encuestas que nadie ha visto y que –como bien lo señalan mis compañeros Javier Jaramillo y Teodoro Rentería- son fácilmente manipulables (son encuestas a la carta, pues) fueron solamente para “taparle el ojo al macho”.

Sin rodeos: la designación de los candidatos del PRI es un asunto que responde a intereses económicos, no políticos y mucho menos de democracia.

Bajo esa perspectiva, habría que hacer notar que Amado Orihuela no es parte de ese grupo. Eso quedó de manifiesto cuando prácticamente “lo lanzaron” de sus oficinas del PRI estatal (poco faltó para que le pusieran sus cosas en la banqueta) e impusieron en su lugar al cuestionadísimo ex militar Joaquín Hendricks Díaz.

Es evidente que a quien pretendían imponer en la candidatura a gobernador era a Francisco Moreno Merino “por así convenir a sus intereses”, pero las encuestas lo ubicaban muy por debajo de Manuel, Amado, Guillermo, y otros más. Su nominación hubiese provocado reacciones peligrosas, por lo que optaron por favorecer a quien siempre ocupó el segundo lugar, dejándole a Guillermo del Valle una Senaduría y a Paco Moreno Merino el lugar que le correspondía a Manuel.

Lo que sigue es fácil de prever. La insurrección será controlada tarde o temprano por la buena o por la mala. Y los demás priístas tendrán que apechugar como se hacía antes.

Ahora bien, ¿qué sigue para Amado? Aquí lo dijimos y lo sostenemos: es el segundo más conocido, es gente del pueblo con los pros y contras que ello significa. Mercadológicamente será “un producto difícil de vender”, tiene limitaciones en muchos aspectos y su triunfo depende mucho de que la gente vote por el partido y no por el candidato.

Es muy probable que se dé un escenario en el que los candidatos de los tres principales partidos resulten igual de cuestionados en el supuesto de que, contra Amado Orihuela el PAN lance a Adrián Rivera y el PRD a Graco Ramírez. A los dos primeros se les cuestionaría su proclividad a los placeres mundanos, en tanto que al tabasqueño su oscuro pasado.

Y si Amado llega a ganar, estará obligado a pagar el favor recibido del “grupo pesado” de ex gobernadores que hoy controla el PRI nacional.

 

Y EL PANAL ESPERA CLIENTE

 

La verdad es que con tantas noticias en el PRI la opinión pública ni caso le hace a otros partidos, mucho menos a los llamados “partidos morralla” como el Partido Nueva Alianza. Pero si alguno de los excelentes caricaturistas con que cuenta el Estado de Morelos quisiera retratar la situación de ese instituto político, lo dibujaría con cuerpo de mujer ya traqueteada, con minifalda y una roída bolsa a la que da vueltas con el brazo. Recargada en un farol sobre una solitaria calle a la espera de que alguien se interese en sus servicios.

Esa es la situación del partido creado por la profesora Elba Esther Gordillo para ofrecerlo lo mismo al PRI que al PAN y que hoy, tras el berrinche porque no aceptaron darle una beca de diputada a su hija, no tiene a quien prestarle sus servicios.

Y si a nivel nacional están mal, en Morelos están peor.

 

LA SUCESIÓN EN LA UAEM

 

El pasado miércoles se publicó la convocatoria para el proceso de selección del próximo rector de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), lo que marca no el inicio sino la recta final de varios proyectos que se vienen cocinando desde hace varios años. Lo que quiero decir con esto es que la designación del nuevo rector no será obra de la casualidad ni el mérito de un solo hombre, sino el resultado de años de trabajo de los diferentes grupos que buscan el control de la máxima casa de estudios.

No hay que olvidar cómo llegó Fernando Bilbao Marcos a la rectoría. La preparación para su posible llegada comenzó dos años antes de que se diera la votación, y se inició con una alianza que hizo con el grupo de “Los biólogos”.

El entonces director de la Facultad de Psicología se comenzó a reunir con gente ligada a esa rama de la ciencia. En la casa de la directora del Centro de Biotecnología, Laura Ortíz, y su esposo Enrique Sánchez, se llevaban a cabo las reuniones a las que asistían Topiltzin Contreras, el director del Centro de Investigaciones Biológicas, Víctor Mora y el director de la Facultad de Biología, Alfonso Viveros.

Fueron ellos, los biólogos, los que decidieron incluir en su grupo al psicólogo Fernando Bilbao para hacer contrapeso al llamado “grupo de los abogados” que encabezaba Jorge Arturo García Rubí y al candidato del gobernador Marco Adame Castillo, el médico Miguel Ángel Castañeda.

En otro frente buscaban la rectoría los esposos Dulce Arias y Oscar Dorado, con el apoyo de Graco Ramírez y la Federación de Estudiantes que entonces dirigía Luis Salas Catalán.

En esa ocasión se juntaron diversos factores que culminaron con la llegada de Bilbao a la Rectoría. Un primer factor era el apoyo del entonces rector, el también psicólogo René Santoveña Arredondo. Un segundo factor fue la integración de un bloque con el grupo de los biológos (al grado de que las secretarías y direcciones ya estaban repartidas); además de “amarres” que Fernando hizo por su cuenta con otros grupos influyentes al interior del Consejo Universitario.

También influyó la buena relación con el entonces presidente de la Junta de Gobierno, Hugo Salgado Castañeda, cuya esposa comparte la misma profesión que Bilbao.

Por si esto fuera poco (y sin que esto quiera decir que fue determinante) el grupo de Los Biólogos sostuvo un acercamiento con el Partido Acción Nacional. Emisarios de ese grupo se reunieron primero con el entonces presidente del PAN en Cuernavaca, Luis Miguel Ramírez.

Meses antes de que se llevara a cabo la votación en el Consejo Universitario, a través del biólogo y panista Pedro Juárez Guadarrama, el entonces líder de la fracción parlamentaria del PAN, Oscar Sergio Hernández Benítez, recibió en sus oficinas a Fernando Bilbao y a Topiltzin Contreras a quienes prácticamente “dio la bendición”.

A casi seis años de esa reunión, hoy se llega a la conclusión de que “la Sagrada Familia” le llevó la contra al mismísimo gobernador del estado que estaba empeñado en que su compañero de banca en la Facultad de Medicina llegara a la Rectoría.

Castañeda estaba consciente de que difícilmente podría ganarle a “Los Biólogos” (y un psicólogo) y a “Los Abogados”, pero no quería darse por vencido. Pidió un “pacto de caballeros”: que le permitieran probarse en una primera votación al interior del Consejo Universitario.

En la primera votación Fernando Bilbao obtuvo 61 votos, que si bien no le permitían alcanzar las dos terceras partes para ganar la rectoría sí le dejaban en claro que iba “en caballo de hacienda”. García Rubí se quedó con 27 y Castañeda sólo diez votos.

Hubo un receso de media hora en el que varios testigos vieron a García Rubí y Miguel Ángel Castañeda caminar del brazo y de pronto una airada reacción del médico. El ex gobernador interino le estaba comunicando su decisión de declinar a favor de Bilbao.

También se cuenta de una reunión durante ese lapso de tiempo en las oficinas de Luis Salas Catalán en el que Dulce y Oscar habrían solicitado “negociar”, pero para ese momento Bilbao sabía que la rectoría estaba muy cerca y salió de las instalaciones de la FEUM camino al Consejo Universitario donde habría una segunda votación.

Antes de que se procediera a una segunda votación Jorge Arturo García Rubí pidió el uso de la palabra y anunció su decisión de declinar a favor de Fernando Bilbao. Castañeda lo secundó y René Santoveña sólo formalizó la designación por unanimidad del psicólogo como nuevo rector de la máxima casa de estudios.

La casa de Roberto Coranguez Esquivel -otro de los inscritos como candidato pero que no fue incluido en la terna- fue el escenario de la celebración que se prolongó hasta altas horas de la noche.

Después, el rector electo se sometió a una especie de “retiro” durante dos meses,  lapso de tiempo que ocupó para la conformación de lo que sería su equipo de trabajo.

 

UNA REALIDAD QUE SUPERA LA FICCIÓN

 

La historia de Alan Cerón Moreno parece ser la trama de un guión cinematográfico de Luis Estrada (el director de El Infierno, entre otras producciones cinematográficas) que iniciaría con la escena de un convoy de ocho vehículos desplazándose a baja velocidad por las calles de la populosa colonia Alta Vista. Las camionetas y coches llegan hasta un campo de futbol y se detienen. De los vehículos descienden hombres armados que preguntan sobre un fulano a los jóvenes que conviven en la unidad deportiva. Ante la negativa de dar información sobre un presunto “tirador” de droga al que andan buscando, los hombres vestidos con chalecos antibalas y que portan “cuernos de chivo” se llevan con ellos a tres jóvenes de los que estaban en la cancha.

Acto seguido llegan hasta la casa del sujeto que finalmente es delatado por los espantados jóvenes, pero no lo encuentran. Rafaguean la casa y continúan su marcha llevándose consigo a los tres muchachos. Una patrulla se atraviesa en su camino y sin el menor empacho encañonan a los espantados policías, los desarman y golpean.

No se sabe cómo pero los uniformados reportan a su central lo ocurrido, por lo que se aproxima una segunda unidad policial. Son recibidos a balazos por los ocupantes de los ocho vehículos. Los disparos se escuchan por toda la colonia.

La señora Rosa María Moreno interrumpe los preparativos para la cena de navidad (es 24 de diciembre) al escuchar los estruendos y se sobresalta al recordar que su hijo Alan está en la calle. Una vecina le confirma que la balacera es en la cancha de futbol. Se angustia al pensar que ahí acostumbraba pasar las tardes Alan cuando no estaba en la escuela. Los minutos pasan y el muchacho no aparece, por lo que telefonea a su esposo José Alfredo Cerón que maneja un taxi, luego se encamina hacia el lugar de los hechos acompañada de otro hijo y encuentra un lugar desolado.

Todas las puertas y  cortinas de negocios están cerradas. Por fin localiza a los amigos de su hijo y recibe la infausta noticia: se llevaron a Alan y a otros dos.

Doña Rosa María y su esposo pasan la peor navidad de sus vidas, recorriendo agencias del Ministerio Público, Servicio Médico Forense y cuanta dependencia se los ocurre. Pero nada. En la morgue se enteran de que en la huida los sicarios se enfrentaron con policías y que hay tres muertos, uno de ellos muy joven.

José Alfredo Cerón entra a ver los cadáveres y confirma que ninguno es Alan. Siente un alivio pero le atormenta la incertidumbre de no saber su paradero. Ya es 25 y el joven no aparece, por lo que regresan a su casa desconsolados.

Suena el teléfono, contesta la señora Rosa María y siente que el alma le vuelve al cuerpo cuando reconoce la voz de su hijo. “Estoy en el MP de Chilpancingo, mándenme ropa porque estoy muy mojado y dinero para regresarme”, dice.

Enseguida escuchan una voz con acento de costeño que dice ser agente del Ministerio Público y refiere que se encuentra en Chilpancingo. “Cuídemelo por favor, vamos por él” suplica doña Rosa María.

Salen de inmediato a Chilpancingo y llegan a la Procuraduría de Justicia. Los malos tratos comienzan desde el principio, no hay quien les dé razón sobre el lugar donde está Alán. Por fin encuentran al MP Juan Falcón, sólo para que les diga la versión más absurda que han escuchado: “Alan se retiró voluntariamente del lugar”. Piden copia del documento donde quedó asentada la presencia del joven, pero reciben una negativa rotunda.

Los padres del muchacho se regresan a Cuernavaca con la esperanza de que Alan hubiera tomado un taxi hacia su casa o cualquier otra cosa, pero no vuelven a saber de él.

Buscan ayuda y por azares del destino llegan hasta el despacho del inquieto abogado Miguel Ángel Rosete Flores, quien acepta ayudarlos como un servicio social ante la falta de dinero de la familia Cerón para pagar sus servicios.

Regresan al MP de Chilpancingo y el abogado comienza a tomar fotos de las cámaras de video que existen en las instalaciones, lo que provoca que agentes ministeriales los interroguen de inmediato sobre el motivo de su visita. “Si nos vieron tomando fotos es que sí sirven las cámaras”, pensó Rosete.

El primer contacto del abogado es con un agente del Ministerio Público que dice llamarse Omar Sandoval León. Se muestra diligente en ayudar a los visitantes, pero refiere que “lamentablemente ese día (cuando entregaron al muchacho) yo no vine a trabajar”.

Luego se entrevistan con el agente del MP Juan Falcón, quien les reitera que sí tuvo a la vista al joven que llevaron policías municipales de Chilpancingo, pero insiste en lo mismo: “Se retiró voluntariamente, y como no estaba en calidad de detenido ni nada, no podíamos evitarlo”.

Luego viene el comentario insidioso: “Pero venía con una mujer joven, y se fue con ella”.

Los padres de Alan están desconcertados pero no se rinden en su búsqueda. Piden ayuda a los medios de comunicación y a través de ellos logran que el presidente de la República, Felipe Calderón, durante una visita al estado se entere del asunto y se comprometa a intervenir.

Y de la misma manera que ocurrió en el caso de Jethro Ramses (desaparecido el año pasado y que finalmente se descubrió que murió en las instalaciones de la 24ava. Zona Militar) las puertas se comienzan a abrir como por arte de magia. La delegada de la PGR los recibe en su oficina y ordena una investigación federal.

A raíz de las investigaciones de la PGR el audaz litigante encuentra indicios de que hay una especie de complot en la Procuraduría de Justicia de Guerrero. Por ejemplo, que el mismo agente del MP que a ellos les dijo no haber trabajado ese día (Omar Sandoval) fue quien recibió físicamente a Alan, según lo refiere un parte informativo de la Policía Municipal de Chilpancingo.

El documento donde queda asentada la comparecencia de Alan ante el MP no está firmada por él, lo que significa que nunca le tomaron su declaración, y que fue hasta después, cuando el asunto se puso delicado, que el MP Juan Falcón elaboró un documento para tratar de justificar que el muchacho se retiró por su propia voluntad.

Las cámaras de videovigilancia de la PGJ (las mismas que detectaron a Rosete tomando fotos) no estaban funcionando el día que Alan estuvo en el MP, según informó por escrito la dependencia a la PGR.

Y la presencia de una mujer en la misma escena no es indicativo de que Alan anduviera en plan de conquistador como lo quisieron hacer creer, sino que ella también había sido víctima del mismo secuestro, según lo refiere un informe de la Policía Municipal:

“Refieren haber encontrado a dos personas, una del sexo masculino y una del sexo femenino sentados en una banqueta maniatados de los pies y de las manos con cinta canela en la calle, en la colonia 20 de noviembre del municipio de Chilpancingo”.

Juan Falcón dijo que la mujer que “acompañaba” a Alan dijo llamarse Guadalupe Ramírez González, cuando el parte informativo de la Policía Municipal señala que se llama Guadalupe Román González, con domicilio en Chilpancingo.

Ya acudieron al lugar donde vivía la joven en esa ciudad, pero los vecinos refieren que unos días después del 25 de diciembre, llegó un camión de mudanza y se llevó todos los muebles de esa casa, y a la mujer no la han vuelto a ver.

Hasta ahí va la pesadilla que viven desde entonces la familia Cerón Moreno y que, como dijimos al principio, supera cualquier guión cinematográfico. Como quien dice, falta “el final de la película”, que esperamos sea feliz, o por lo menos concluya con el esclarecimiento de este asunto y el castigo a quienes participaron en su desaparición y también los funcionarios de la Procuraduría de Guerrero que hasta el momento siguen encubriendo a los responsables.

Hasta el próximo viernes

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