Bajo el Volcán

“Las cartas del poeta son breves ensayos”

Entrevista con Pere Gimferrer

“Es un documento único, y de gran  utilidad para los lectores pues en cada línea descubrirán aspectos de Octavo Paz nuevos y reveladores sobre su vida.”

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“Son cartas de una gran madurez de un pensador universal y de un poeta único, además de que muchas ideas que me afirma nunca se han publicado en otros libros.”

Barcelona. España.  Octavio Paz, memorias y palabras. Cartas a Pere Gimferrer 1966-1997, recoge la  correspondencia entre Paz y Gimferrer. Son las cartas  de un amigo a otro amigo, las de un poeta a otro poeta, las de un escritor  a su editor,  las de director de una revista a uno de sus colaboradores.

Es, por tanto,  un diálogo diverso: se reclaman con urgencia un texto solicitado, en algunos casos se discute el título de un libro próximo a editarse. Muchas veces se habla de cuestiones administrativas. Y sin embargo, aun en ese tema se  encuentra la brillantez de Paz, a veces en una línea suelta, en una idea aparte. “Ponga en duda a las palabras o confíe en ellas, pero no trate de guiarlas ni de someterlas”, dice Gimferrer cuando opina sobre alguno de sus poemas.

Es, pues,  un libro de papeles privados: registro de varias décadas en las que se mezclan los afectos de los amigos con los compromisos profesionales: “estas cartas –dice Gimferrer- el argumento y el silencio de una vida, y son, al mismo tiempo, el otro lado de Octavio Paz.  Son el fragmento de una amistad de más de treinta años, el ir y venir en discusiones sobre nuestros gustos literarios y de los múltiples caminos de la poesía. La edición del libro constituye un homenaje a Octavio Paz, un documento inéditos para sus lectores”.

Miguel Ángel Muñoz y Pere Gimferrer, en Barcelona, España, en una entrevista hace 15 años. Fotografía: Cortesía de Miguel Ángel Muñoz).

Gimferrer (Barcelona, 1945), es autor de múltiples libros de poesía: Hora foscant (1972), Foc cec (1973), L'espai desert (1977), Aparicions (1981, dentro de Mirall, espai, aparicions, que recoge toda su obra anterior), El vendaval (1989) y La llum (1991); y de ensayos sobre artes pláticas y poesía: La poesia de J. V. Foix (1971), Antoni Tàpies, L'esperit català (1974), Max Ernst (1977) y Miró (1978).

-¿Cuál fue la idea de reunir en un libro toda su correspondencia con Octavio Paz?

-Las cartas tienen un carácter muy importante en mi vida. Por un lado, el de nuestra amistad que conservamos por más de treinta años, y por otro, muchos momentos importantes  en nuestra relación intelectual. Creo que será interesante que el lector reconstruya los textos como un libro de ensayos, pues en muchas cartas  Octavio me habla de sus juicios sobre la poesía y su relación con el lenguaje, que fue una de sus grandes pasiones.

-Las cartas giran por tres caminos diferentes: la amistad, la poesía y la relación de trabajo entre poeta y editor, ¿cómo se relacionan todos los diálogos convergentes e iguales al mismo tiempo?

-Octavio fue mi principal amigo, y la persona de quien he aprendido más, en todos estos años de carrera literaria. Aunque nunca se comportó como un padre o un gran maestro, sino que yo  lo observaba como un hermano mayor no como otra cosa. Hay que decir que me llevaba treinta años de vida. Había  mucha igualdad de pensamiento, pero también no niego las discrepancias, que siempre fueron en aspectos literarios. Precisamente en algunas cartas de los años ochenta se refleja claramente nuestras discusiones sobre Eliot y Proust; cada quien tenía ideas propias, algunas concordantes y otras no tanto, como  tiene que ser, según yo, cualquier amistad.

-De pronto se filtran fuertes ideas sobre la política española, ¿cuáles fueron las posturas intelectuales  de ese momento?

-No creo que en política tuviéramos muchas discrepancias; hay en alguna carta una valoración distinta sobre el gobierno de Felipe González, pero eso no es literatura, es política. Él tenía su punto de vista como mexicano, y yo como español.

-¿Podríamos decir que algunas cartas son verdaderos ensayos sobre la poesía?

-A partir de los ochenta las cartas se van convirtiendo en breves ensayos, como, por ejemplo, sobre Juan Ramón Jiménez, Neruda, Alberti. En esos años también las cartas se convierten en pequeños fragmentos autobiográficos. Empieza a recordar cosas que le han pasado en diversos momentos de su vida, hasta que dejan de ser breves recuerdos para ser fotografías del pasado. Es un largo proceso ensayístico sobre la vida misma, y también de aspectos importantes como los viajes a la India, Europa y Estados Unidos. Son encuentros  y desencuentros con algunos escritores, y, desde luego, su actividad como director de revistas, primero de  Plural y luego de  Vuelta. Hay en esas cartas un material importante de su vida, para los estudiosos de las obras de Paz, un testimonio abierto y plural sobre la vida de uno de los grandes poetas del siglo XX.

-¿Qué valor literario tendrían las cartas actualmente?

-Creo que un valor muy elevado. Aparte de que suplen en gran medida las memorias que jamás escribió Octavio; hay también zonas de ensayo que no podemos encontrar en su obra. Son cartas de una gran madurez de un pensador universal y de un poeta único, además de que muchas ideas que me afirma nunca se han publicado en otros libros; hay ideas y conceptos que trabajó mucho, y que podemos ir vislumbrando en cada una de las cartas. En ese sentido es un documento único, y de gran  utilidad para los lectores pues en cada línea descubrirán aspectos de Octavo Paz nuevos y reveladores sobre su vida.

-¿Qué dejan estas cartas al poeta catalán Pere Gimferrer?                  

-Hay un gran aprendizaje, y eso se nota en las cartas cuando habla sobre mi poesía. Hay momentos en que se expresa bien y otras mal. No he quitado nada, todo lo he dejado como es. En muchos momentos se le nota muy crítico, pero eso no me da ningún derecho a prescindir de ninguna carta. Como te decía hace un momento existían muchas coincidencias, pero de modo muy claro diferíamos de este o aquel poema, de este o aquel escritor. Pero como he dicho en muchos momentos, la amistad verdadera se advierte en procesos críticos también.

En algunas cartas, Octavio me propone cambiar un título de un libro, agregar una reciente versión de un poema, quitar y poner una dedicatoria, en fin… Hay también muchas descripciones sobre lo que tiene que ser un excelente editor; y, en algunos momentos, da su visto bueno sobre algunas portadas de sus libros. Es decir, siempre fue un autor preocupado por el que todo saliera bien, nunca dejó para otros tiempos el cuidado de las ediciones. Esas cosas le apasionaban mucho, claro, al margen de la obra literaria, que siempre fue una preocupación primordial.

-¿Qué representa para España Octavio Paz?

-Él tenía una gran ligazón con la lengua española. Siempre decía que escribía en español, pero que no era español. España fue para él la Guerra Civil, los poetas de la generación del 27; y,  también, la poesía española clásica, principalmente Lope de Vega, el teatro de Calderón, etc. Luego están las artes pláticas: Miró, Tàpies, Chillida, Brossa, Ràfols-Casamada. La arquitectura de las ciudades: Barcelona, Granada, Toledo, y la modernidad de otras como Madrid. Tuvo mucha relación personal y literaria con España; es parte de una totalidad de su universo, que siempre fue múltiple y diverso en todos los sentidos.

-En el momento de las palabras, los minutos cesan de transcurrir y la memoria se desprende de todos los sentidos, ¿cómo influyeron las ideas de Paz sobre su vida y su poesía en esa atmósfera del tiempo?

-Tuvo una influencia muy grande. Sobre la poesía me enseñó y descubrió la gran literatura, es decir, hay en muchos de mis textos una cierta cosmogonía mística de su pensamiento, además de que siempre me esforcé en verlo como si el tiempo y la historia no existieran. En lo político, teníamos tal vez más diferencias por nuestras posturas, pero en todo momento  había que escucharlo. Creo que voy en estos momentos al reencuentro con su memoria, su obra y su tiempo.

-¿Qué deja en Pere Gimferrer todas las cartas, enigmas y vivencias de Paz?

-Me dejó  muy solo y triste al  recordarlo, pero también muchas cosas únicas en mi memoria. Creo que su muerte fue muy dura y todavía no la puedo asimilar. Su lugar no lo ocupa nadie. Desde ahora no tendré interlocutor como él. Lo único que me queda es guardarlo en el recuerdo.

 

*Esta entrevista pertenece al libro Crónicas de la memoria de  Miguel Ángel Muñoz, de próxima aparición. “Las  cartas del poeta son breves ensayos” Entrevista con Pere Gimferrer. Se publicó en el Periódico El Financiero, Sección Cultural, viernes 30 de julio  1999.

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