Bajo el Volcán

Etnorock, aborda la incursión indígena en la variante musical de mayor arraigo entre las juventudes del mundo

Los ocho ensayos del volumen, deben ser leídos como avances de investigación, sostuvo el Doctor Juan Cajas

“Si hay rock en inglés, alemán, griego y español, ¿por qué no puede haber en tzotzil, tzeltal, tojolabal, zapoteco u otomí?”, cuestionó el Doctor Juan Cajas durante la presentación del libro Etnorock: los rostros de una música global en el sur de México.

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Añadió que esa interrogante, probablemente la compartían las aproximadamente 80 bandas que se adscriben a esta expresión artística del país, “aunque conocidas no rebasan la media docena”, destacó.

La obra publicada por la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, en colaboración con el Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica y Juan Pablos Editor fue presentada, la tarde del pasado  martes 7 de abril, en la sala de exposiciones temporales del Museo Morelense de Arte Popular (MMAPO).

En la presentación literaria, ante un público numeroso, participaron además los coordinadores de la obra: Martín de la Cruz López Moya y Juan Pablo Zebadúa Carbonell, así como la Doctora Meravit Viera y  los coautores del volumen Juris Tipa y Alan Llanos, quienes fueron moderados por Francisco “Paco” López, director general de Radio del Instituto Morelense de Radio y Televisión.

En su intervención, el Doctor Cajas dijo que el volumen presentado, “constituye un esfuerzo grato e interesante de un fenómeno complejo: la incursión de músicos indígenas o de ascendencia indígena en una de las variantes de música contemporánea más importante y de mayor arraigo entre las juventudes del mundo: el rock and roll”.

Apuntó que aunque al rock se le considera como  el mítico sonido de la urbe, occidental en sus orígenes, hoy en día está ubicado “en el linaje de una cultura auténticamente global, gracias a las modernas tecnologías de la comunicación  y la información. Si algo define a la globalización es el poder que emana de la velocidad”, subrayó.

Además, aseguró que el rock dejó de ser anglosajón para transformarse en una expresión cultural y musical interpretada en diversos idiomas, “incluso los instrumentos básicos: guitarra eléctrica, bajo y batería, que definen al rock o al heavy metal, por lo menos en México, son cosas del pasado. Café Tacuba, por ejemplo, dicen los entendidos, es cualquier cosa menos una banda de rock”, añadió.

*REFERENTES DE UN MAPA INTELECTUAL AMPLIO Y COMPLEJO

Explicó que los ocho ensayos que integran la obra, “constituyen referentes de un mapa intelectual, amplio y complejo, que tienen como objeto descifrar procesos situacionales urbanos, neorurales y neonomadismo o migrancia transnacional”.

Consideró a los ejes de análisis de los autores que integran el volumen, como “piezas de un modelo para armar”, para decirlo con Cortázar, acotó; “posee en ese sentido, diversos planos de lectura, asimismo contiene los elementos que pudieran constituir una obra mayor, más acabada,  esto es: una etnografía multisituada sobre las juventudes de ascendencia indígena  y los procesos de apropiación de la manifestación artística que es el rock”, propuso.

Reconoció que si bien los artículos presentados en el libro eran dispares, tanto en sus narrativas, énfasis, horizontes de etnización y metodologías, -características inevitables en obras colectivas, indicó-,  “más que defectos constituye riqueza y méritos, ya que denotan esfuerzos múltiples de acercamiento a la realidad en temas tan complejos como el cuidado  vínculo entre lo global y lo local, lo tradicional y lo moderno”, expresó.

*DATOS AUSENTES EN EL LIBRO

Entre las incógnitas que le dejó la lectura del libro, el investigador universitario mencionó dos aspectos que los compiladores no asentaron.

“Ignoro el alcance de estas bandas –refirió en primer lugar-, es decir, si tienen presencia nacional o si su proyección es solamente local o a través de los eventos anuales organizados por la Coordinación de Culturas Populares en el proyecto Tradición y otras rolas, que creo data del 2010.

“Los autores no presentan datos al respecto  y aunque mencionan las industrias culturales, no poseemos registro de su impacto en el mercado, los discos, excepto su presencia en las redes virtuales”.

En un segundo momento, expuso que la obra “carece de un abordaje in situ sobre el papel (de las bandas de rock indígenas) en las comunidades de origen, de tal manera que pueda analizarse su impacto, creo que es una de las ausencias del texto”.

*RENOVADO PAPEL DE LA ANTROPOLOGÍA COMO INTÉRPRETE

De manera general, explicó, los textos habilitan, en el orden del discurso, “el renovado papel de la antropología como intérprete de los escenarios multifacéticos de tres regiones culturales del país: Chiapas, Guerrero y Veracruz”.

Y señaló que Chiapas, es un lugar de obligada referencia del proceso de empoderamiento indígena, “uno de cuyos momentos más significativos  fue la revuelta zapatista, detonador entre otras cosas de los procesos de apropiación juvenil de las músicas del mundo”,  aunque hay un par de antecedentes de bandas en el estado de México, fundadas antes de la revuelta zapatista, puntualizó.

Para concluir, expresó que el libro era, entre otras cosas, “un espacio de entrecruzamientos y miradas, un lugar que, para decirlo con Bachelard, invita a los lectores a navegar y, claro, a evocar o recordar”.

Sostuvo que los textos que lo componen, no son trabajos finales, “en esta dimensión, considero que los ensayos deben ser leídos como avances de investigación; más que respuestas lo que uno como lector encuentra en este libro son fundamentalmente preguntas”, concluyó Cajas.

*UN ROCK “ELÁSTICO”

En su oportunidad, la Doctora Meravit Viera planteó que Etnorock problematiza y registra tres ejes importantes: juventud, música y etnicidad.

Mencionó que el libro presenta la riqueza y la perspectiva de ocho autores que hablan alrededor de un espacio donde los jóvenes se han estudiado en función a la música tradicional.

“En este sentido, lo que está registrando esta obra son cambios, transformaciones y resignificaciones a través de la música. Simultáneamente, el rock identificado y pensado principalmente como parte de las culturas juveniles urbanas, se deja ver en las reflexiones de estos autores como elástico, pues ha sido apropiado por jóvenes indígenas que se configuran, asimismo, entre la línea de los tradicional y lo moderno, como indica el mismo nombre del libro”.

*OTRA PERSPECTIVA DE LA GLOBALIZACIÓN

Una de las propuestas más interesantes del trabajo, continuó, “es la visibilización de un contexto de globalización, pero más allá de esta tradicional crítica de la globalización; se está dando un giro –se dice en el prólogo- , en ver a la globalización como una posibilidad de cambio y de hablar de nuevas formas de construcción de la juventud”.

Además de la aportación en el nivel académico, consideró al libro como retrato de una realidad juvenil contemporánea.

“Hacer trabajo académico, hacer investigación social, cultural, antropológica, no sólo es hacer investigación alrededor de la literatura que ya existe, sino tratar de identificar cómo la realidad está arrojando cambios y está arrojando novedades;  y este libro lo logra hacer, en función de toda la música como un fenómeno social”.        

Afirmó que Etnorock ponía sobre la mesa cómo la música permite la configuración de identidades y movimientos, ya que presentaba historias de

el ser joven en un contexto étnico, “que por un lado confirma sus raíces y por el otro las transforma. Hablamos pues de paradojas, y es que este libro demuestra que las fronteras entre lo global y lo local, entre lo tradicional y lo moderno, cada vez son más difusas”.

Reforzó esa idea al plantear que en los contextos retratados: Chiapas, Guerrero y Veracruz, los nombres de las bandas tienen un significado vinculado con las raíces de pueblos indígenas.

“Esto permite un análisis que refleja cuál es la configuración identitaria de estos jóvenes mediante la música, que está vinculado con las raíces pero al mismo tiempo retomando una música considerada urbana. Entonces aquí hay una especie de sincretismo o una combinación, que hace la frontera muchísimo más difícil de ser diferente”.         

Creo que una de las aportaciones del libro, prosiguió, es poder visibilizar este tipo de fenómenos juveniles que actualmente existen y que además ya tienen algunos años.

La propuesta de este libro, reiteró, pone en la mesa de discusión lo que está considerado como globalización, “más que como una perversión como una posibilidad: la posibilidad de entender en el presente a nuevos actores juveniles, a nuevas formas de hacer y ser rock y rockero. El rock indígena o etnorock es una muestra de que las posibilidades no se acaban” destacó. 

*IMBRICADA EN MUCHAS MÁS PROBLEMÁTICAS

Las creencias, la lengua, los gustos, el consumo, la producción y la estética están presentes en los artículos que este libro presenta, enunció y señaló que el libro presenta al etnorock “como un fenómeno que deja ver a la música imbricada en muchas más problemáticas sociales” y como la consecuencia  también de fenómenos políticos e institucionales.

Al concluir, leyó la definición de etnorock que hace Martín de la Cruz en el propio texto: “el llamado etnorock es resultado entonces de la creatividad y la confluencia de diversos actores sociales: jóvenes, rockeros, el zapatismo, las políticas culturales, organizaciones no gubernamentales etc. Surge en un contexto de relaciones interculturales y como una estrategia  de vindicación indígena que busca realizar la diferencia cultural en términos musicales”.

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