“Dentro de esta situación de encierro absoluto en que la vivo, separado de todo lo que quiero y de todo lo que extraño, me gusta pensar en aquellos tiempos en los que tenía un nombre...”. “Dentro de esta situación de encierro absoluto en que la vivo, separado de todo lo que quiero y de todo lo que extraño, me gusta pensar en aquellos tiempos en los que tenía un nombre...”. Fotógraf@: Humanrobo, en Wikipedia
Publicado en Bajo el Volcán Domingo, 31 Julio 2016 05:36

Cuando el mundo era diferente

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Las cosas no pueden ser peores que como suceden hoy en día en el mundo.

Por eso, al estar aquí esperando mi muerte dentro de este campo rodeado por grandes muros y alambradas, sin la posibilidad de sobrevivir, y acompañado por una población humana que va mermando día con día, añoro mis anteriores vivencias y extraño, con una tristeza inenarrable, cuando el mundo era diferente, cuando teníamos una libertad no sensibilizada, pero que nos permitía recorrer la mayoría del orbe sólo con un pasaporte y sin visa.

Cuando podíamos decidir nuestro futuro sin mucho pensarlo y éramos, por ello, los artífices y responsables de nuestro destino. Cuando podíamos convivir con cualquier persona tan sólo con recordar no hacer a los demás lo que no queríamos para nosotros o cuando aún con todo en contra, salíamos adelante y proseguíamos viviendo ilusionados.

Pero hoy, dentro de esta situación de encierro absoluto en que la vivo, separado de todo lo que quiero y de todo lo que extraño, me gusta pensar en aquellos tiempos en los que tenía un nombre, cuando era llamado por él y éste me hacía digno de una posición dentro de la sociedad en la que viví, o cuando tenía que trabajar denodadamente por un lugar en mi empresa e ir escalando, con toda mi voluntad y mi tenacidad, para conseguir un mejor sitio dentro de su personal.

Sin embargo, hoy luchar es cosa del pasado y dicho verbo se ha transformado por una nueva acción: esperar, sí, el fin, porque ya no hay lucha posible, pues hemos perdido todas las batallas y la guerra también.  

No obstante, mis añoranzas me siguen llevando a los días juveniles cuando, sentado en un café, podía ver y gozar de las sinuosas y bellas féminas que transitaban vaporosas frente a mis ojos.  Todo eso lo extraño ahora tanto, ¡se los juro!

Pero nosotros, los hombres, hemos sido los artífice del cambio que pudo vetar lo anterior: nos creímos Todopoderosos, no sólo con la capacidad de modificar nuestro entorno y el medio ambiente que era nuestra casa, o con la facultad de dominar el universo y colonizarlo, no; nuestro egocentrismo, como raza, nos llevó más allá, nos condujo a sentirnos dioses, sí, dioses creadores a imagen y semejanza de la Natura que, a la vez, nos creó, y dimos por hecho que aquello era simple, sólo cuestión de ciencia y de avance.

Pero, como siempre: cuán equivocados estábamos los humanos. Nunca entendimos la compleja responsabilidad de que al crear estábamos modificando nuestro propio statu quo, aunque tuvimos muchos resultados menores que nos lo dijeron y nos lo anticiparon. Hoy estamos sufriendo el efecto de nuestros errores: rompimos el encanto. ¡Ellos han tomado el control de todo!

Sí, nuestros “propios hijos”, los seres que creamos y criamos por varias décadas se han enfrentado, cual viles jovenzuelos, a sus hacedores y nos han dominado.

Nosotros les dimos la conciencia y todos nuestros conocimientos, ellos saben perfectamente de nuestros fallos y nuestras virtudes, saben toda nuestra ciencia y computarizan aún más allá de ésta. Hoy ellos mandan, hoy ellos nos tienen aquí, esperando a que nos consumamos poco a poco hasta engrandecer su poder y su liderazgo y tomar definitivamente posesión de lo que nosotros no supimos aquilatar.

¡Ellos son los nuevos dioses: los robots!

Publicado en Bajo el Volcán

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