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La cascarita en Cuernavaca
TXT JOSÉ MANUEL GAMA HERNÁNDEZ

La cascarita en Cuernavaca

Según diversos medios electrónicos de internet, echar la “cascarita” nos remonta a las primeras décadas del siglo XX, cuando para jugar fútbol únicamente podían acceder aquellas personas de clase alta que pertenecían a clubes deportivos en la Ciudad de México, por ejemplo, el club español, el alemán o el club inglés y que tenían acceso a un balón de cuero, perfectamente cosido y con cámara. 

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Para la gran mayoría de la gente, echar la “cascarita” era jugar en el llano, en terrenos a las afueras de la ciudad, en terracería y se dice que se jugaba con una naranja, a la cual se le hacía un orificio al centro para no salpicar a nadie con el jugo, de ahí nace la frase “cascarita”. De hecho, el Diccionario de la Real Academia Española, aceptó esta palabra en México como jugar fútbol informal o amistoso.

 

En Cuernavaca existe una gran tradición de echar “cascarita” en la calle, parando el balón cuando pasa un automóvil o bien, en el llano o en los campos deportivos que, con el paso del tiempo, se fueron consolidando para crear espacios de esparcimiento conforme este deporte fue creciendo. Asimismo, al contar con espacios deportivos o canchas, se tuvo la necesidad de formar equipos, ligas y todo el aparato y la estructura administrativa-deportiva que se requiere para la práctica de este deporte.

 

Quien no recuerda en Cuernavaca los campos deportivos de el Centenario en el Miraval que dejaba buenas raspadas por la tierra, el de la Estación, el Olímpico en Alta Vista que por estar en la parte alta los balones se perdían y había que bajar por ellos, los tres de Flores Magón obviamente antes de ser remodelados, el de Textiles, el de la colonia Satélite de bajada o de subida según sea el caso, el de la zona militar que daba miedo entrar por los soldados que se colocaban en el acceso, los de Chamilpa, el de Ocotepec, el de los electricistas de Ahuatepec, los campos de la Barona, la Lagunilla, en Tetela del Monte, en Santa María, en las Granjas, el “Chato” Balderas en Acapantzingo, el de la Coca-Cola, el del IMSS y el Fidel Velazquez, en Los Pinos ahora fraccionamiento La Cañada, el de la Peni y el de Chipitlan.

Y si se trataba de echar “cascarita” de manera más formal, había que pertenecer a un equipo, tener tu uniforme, tus “tacos” (unos Manrique, Olmeca, España 82, León 400, unos del mercado o si la economía lo permitía unos Adidas), tu credencial y pagar arbitraje o bien si en tu colonia, en tu trabajo, en tu escuela o tu grupo de amigos formaba alguno, ya tenías la posibilidad de jugar fútbol cada sábado o domingo y si la edad te lo permitía podías echar “cascarita” varias veces en un día, siempre y cuando no fueras “cachirul”.

Quien no jugó en alguno de estos equipos o tal vez tuvo conocidos, primos, socios, vecinos o amigos que recuerdan a estos equipos: por supuesto El Morelitos de la familia Rosales Calderón (próximo a cumplir 68 años de vida), el Sección 51, el Chapala, el 11 hermanos, el Deportivo Serrano, el Liverpool, el Deportivo México, el Felipe Neri, el Unión de Introductores del mismísimo mercado Adolfo López Mateos, el Deportivo Chamilpa, el Real Matamoros, el Q Bert, el Atlas, el Deportivo Satélite, el Deportivo Chipitlán, el Barcelona con su bonito campo por allá en el boulevard Cuauhnáhuac, el Azteca, el Alta Tensión, los Lustradores de Calzado, el Deportivo Moctezuma, el Valladolid, el Ejido Continental, el Cerámica Viana, el equipo de la colonia Satélite, el equipo del IMSS Cuernavaca, el Gas Modelo, el Atlacomulco, Deportivo Serrano, por supuesto la máxima Casa de Estudios tenía el suyo y eran los Venados Grises de la UAEM, el Telmex-Chinameca, el Queen Mary, el equipo de la Nissan, el equipo de Ferrocarriles, el Águila, Los Aztecas, el Lomita, el barrio bravo de la Barona también tenía su equipo, el Sao Paulo, el Granjas, el equipo de Alemania Motors, el Renacimiento, el Santa María, el Flores Magón, el Deportivo Villanueva Automotriz, el de Tetela del Monte, el Montecasino, el Plan de Ayala, el equipo de Alta Vista, el Chamilpa, el Ejido Chapultepec, el equipo de la Estación, el Acapantzingo y otros tantos que aparecen en la memoria colectiva de la gente. 

Años después surgieron otras modalidades de fútbol, como fútbol rápido o de bardas, fútbol de salón y torneos nocturnos en canchas con alfombra verde y buena iluminación del campo para jugar por la noche, grandes partidos y buenos equipos también en estas nuevas modalidades, así como equipos y torneos mixtos o torneos femeniles.

Ojalá que muy pronto, cuando termine esta pandemia, los campos deportivos y las canchas de las colonias vuelvan a brillar, como espacios de sana convivencia y al deporte dentro de una sociedad de derechos, volver a ver a los niños y jóvenes echar la “cascarita”, a patear el “esférico”, a escuchar al profe o árbitro gritar: “¡juegue!” o “¡juéguele!” y a los técnicos gritar “¡a la olla!”, “¡pruébate!”, “¡con ventaja!”, “¡párate en el balón!”, “¡venga!”, “¡por la banda!”, “¡vamos!” y muy pronto podamos abrazarnos muy fuerte y festejar cuando alguien anote un ¡¡¡¡goooool!!!!!

 

 

TEXTO:

JOSÉ MANUEL GAMA HERNÁNDEZ

PROFESOR DE LA UAEM

 


FOTOGRAFÍAS:

LEONARDO ROSALES CALDERÓN, MARCOS MELGOZA, PACO RAMÍREZ, ROBERTO BARRERA, CUITLÁHUAC SERRATO Y

ARCHIVOS COMPARTIDOS UAEM-3RÍOS

 

 

 

 

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