Turismo
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La basura que aportamos, pero ningún sector acepta…  ¿Y el turismo?
TXT CÉSAR AUGUSTO GONZÁLEZ / RAFAEL MONROY

La basura que aportamos, pero ningún sector acepta… ¿Y el turismo?

La basura que aportamos, pero ningún sector acepta… ¿Y el turismo?
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A pesar de que el título suena bastante sugerente en términos ambientales, la intención es llevarlo al campo de las políticas públicas, asumiendo que en éste deberían entrar todos los sectores posibles. Entonces vayamos al asunto; la intención de estas líneas es hablar de aquellos elementos que consideramos inútiles o poco útiles, y que tú, yo, y todos los seres humanos generamos como parte de nuestro proceso de consumo durante las actividades diarias, es decir, la basura. 

Mejor aún, consumir lleva tantos pasos que podrían distinguirse responsabilidades diferentes ya que habría quien produce un bien, quien lo consume y quien lo regula – aunque todos cerramos los ojos al final-. En todo caso, el volumen de basura se incrementa irremediablemente sin que ninguno de los actores tenga en cuenta su contribución y mucho menos actúe en consecuencia. Entonces, un primer paso es responsabilizarse de nuestra contribución a impactos tan graves como la generación de basura. El problema es que incluso a nivel nacional esto no ha sido un tema tratado con la importancia del caso; de hecho referir a la basura es ceñirse a la manera en que ésta se maneja temática u operativamente; en la práctica, en todo México, esto consiste solo en dos pasos: usar y desechar. 

De no ser porque los camiones recolectores de basura estorban tanto en las calles (estrategia que por cierto parece estar quedando corta), ni siquiera sabríamos de la existencia de dicho problema. Sin embargo, el que no lo veamos no significa que no exista; tan solo en nuestro país durante las últimas décadas su generación se incrementó en más de 40%, rebasando las 42 millones de toneladas por año.  Mientras que para el caso de Morelos, de acuerdo con la secretaria de desarrollo sustentable se producen 753,725 toneladas/año; en ambos escenarios su composición es similar, porcentualmente predominan los desecho orgánicos (54%), seguido por papel (16%), plástico (12%), vidrio (4%), metal (2%), entre otros. Al ponerlo en términos individuales, se estima a escala nacional que cada uno de nosotros produce 990 gramos, mientras que en nuestro Estado es alrededor de 1.1 kilogramos; ahora bien, si ya echaste números y las cuentas no te salen, esto tiene una respuesta muy concreta, debido a la complejidad que conlleva conocer la cantidad exacta de los desechos generados se ha optado por estandarizar cantidades para tener al menos una idea general de la magnitud del problema. No obstante, esto también trae algunos puntos que deben ser analizados, por ejemplo se toma como suposición que toda la población consume y desecha de la misma manera, cuando en realidad son aquellos con mayor capacidad adquisitiva quienes desechan más de todo, por otra parte los más desprotegidos producen cantidades menores y aun así son estigmatizados. Y ya lo decíamos antes, no todo es culpa de nosotros, ciudadanos comunes y corrientes, también existe una gran parte de responsabilidad poco mencionada por estar fuertemente asociada con el dinero, esta es, la relevancia en la vida diaria de los diferentes sectores productivos, tanto en el país como en la entidad.  Ejemplo de esto, es que durante las últimas décadas la terciariazación económica de nuestras ocupaciones laborales, también han monetizado aquellas actividades placenteras, de convivencia y recreación que permiten desarrollarnos socialmente.

 

Pero ¿cómo es posible que la economía nacional, la recreación y nuestras mismas ocupaciones laborales influyan en la cantidad de basura que se genera en ciudades, colonias e incluso barrios de todo Morelos?, si se supone que eso solo trae beneficios para la población, y ¿entonces..? Pues resulta que bajo la lógica económica actual, es necesario producir y consumir más para mejorar las condiciones económicas, eso nos lleva a tener trabajos asociados a bienes y servicios, o sea ofrecemos nuestra trabajo por un sueldo que cambiamos por todo tipo de mercancía (electrónicos, muebles, electricidad, comida, ropa, casa, el convertible rojo que siempre soñaste, y prácticamente todo lo que se te ocurra) intensificando la generación de desechos ¿Y nuestra recreación?, pues resulta que también se mercantiliza como queda de manifiesto en la creciente importancia para consolidar las actividades turísticas en lugares relativamente atractivos o en su defecto, por la contribución del sector a la economía nacional misma. Esto no quiere decir que dichas actividades sean perjudiciales solo por existir; es claro que siempre y cuando estas sean planteadas de una manera responsable habría menos impactos, pero revisando su contribución en Morelos para un solo año por ejemplo, se estima que en 2018 nuestro estado recibió alrededor de 2 millones de visitantes. Si hacemos una operación rápida recordando la basura producida por persona, son cerca de 2 millones de toneladas anuales más, las que se producen en la entidad. De ahí la importancia de poner el tema sobre la mesa, para proponer estrategias de verdad en las que se deje clara la injerencia de cada uno de los niveles de gobierno, de la sociedad civil, pero sobre todo de aquellos sectores que parecen olvidar también ser parte del problema, y sí, hablo de las grandes manufacturadoras, comercializadoras, y por supuesto del turismo. Que les parece si como primer paso, empezamos a dejar de decirle a todo lo que tiramos basura y la visibilizamos.

 

 

TEXTO:

CÉSAR AUGUSTO GONZÁLEZ BAZÁN Y RAFAEL MONROY ORTIZ

PROFESORES DE LA FACULTAD DE ARQUITECTURA UAEM

 

FOTOGRAFÍAS:

GERARDO GAMA HERNÁNDEZ

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