Gelasio, el genio indigente Gelasio, el genio indigente Fotógraf@: MÁXIMO CERDIO
Publicado en Sociedad Viernes, 24 Mayo 2019 05:19

Gelasio, el genio indigente

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Una de las cosas que lamento haber perdido desde que llegué de la Ciudad de México a Cuernavaca, es el contacto con Gelasio Arrona.

Gelasio hablaba (o habla) y entendía inglés, alemán y náhuatl; varios lo vimos y escuchamos disertar sobre poesía y citar textos extensos y criticar en estos idiomas. Los textos que llevaba al taller de poesía eran deslumbrantes y demoledores. Su conocimiento de la poesía era extenso y profundo.

Su persona contrastaba con su conocimiento: media poco más de 1.60, era flaco, llevaba ropa sucia de mezclilla, suéter, traía su pelo negro, largo y ensortijado en lo alto, envuelto con una bufanda o trapo.

Iba cargando una bolsa negra, grande, de plástico, en donde llevaba libros de muy diversos temas; los sacaba de la bolsa y te hacía una reseña, si insistías te los dejaba a mitad de precio.

Yo recuerdo el día que llegó al taller de poesía de la Casa de Cultura Jesús Reyes Heroles, de Coyoacán, en la Ciudad de México, coordinado por el poeta Óscar Oliva, allá por 1994. Era un jueves por la tarde, llovía a mares y Gelasio llegó envuelto en una bolsa negra, como un capullo de mariposa maldita. Se sacudió como un perro, se sentó en un rincón y cuando acabó la sesión se puso a vender libros. Algunos compañeros le compraron y pensaron que era un indigente o algún loco, como muchos otros que nos visitaban en el taller y nunca regresaban; pero Gelasio sí regresó y leyó un poema.

Cada lector debía llevar copia a máquina del texto y repartirla entre los asistentes (diez o quince talleristas y una para el maestro). Gelasio no llevaba copias, su poema estaba escrito a mano (era zurdo), en una hoja sucia de cuaderno, pidió permiso para leer y comenzó a hacerlo con una voz alta y cavernosa:

 

NEMONTEMI

                        Qué difícil tiempo para amar…

                        TIMBIRICHE

Alguna vez tuve palabras: ya que han llegado tus ojos: he callado: me mudo: desde hacia ti me vengo: soy tu piel —lunar— acariciando el borde de mis dedos: tus deditos: sos mi sueño hundido en medio de tus tetas

—Devorarle nenitas—: bebes mi ser llena de lengua y labios recorriendo tu pubis: gimes: todo gime en derredor: se grita: al filo del dolor lascivia nos delicia: entonces

“Sirenas rondan rojas al galope de sexos”: así

“Toda la noche abismos nos anudan. Toda la noche ululan cruces”

Crece: un borronear de voces “que rodaré de ardores”

Afuera: se ha cerrado una puerta en lo lejano: quizás: en cada esquina un muerto entone una canción o se esté riendo: tal vez: en los pasillos alguien corra demencia: nosotros: desde adentro: miramos el horror, desnudos, mordiendo nuestra sangre: acaso detrás de este momento algo se afile.

 

Desde ese lunes, todos esperábamos a Gelasio y su poema, y también libros de procedencia dudosa, pero muy buenos, para comprar.

Ya fuera en textos cortos o de largo aliento, Gelasio era extraordinario. Como en este brevísimo texto:

Mentada

Me nombro a cada instante: nada más hablo de mí, me digo: soy: existo. Insisto en pronunciarme.

Constantemente me miento.

 

Y este:

GENERATIONex

No sé si estoy gritando

O sólo abro la boca para bostezar.

 

En una entrevista con él, en el mes de mayo del año 2000, en la Ciudad de México, en la calle Havre 92, cerca del Metro Insurgentes, dentro de una casa abandonada en donde se supone vivió Guillermo González Camarena, el inventor de la televisión a colores, el poeta me contó que uno de sus autores preferidos era Dante Alighieri:

“Mira, a mí me gusta Dante, pero sobre todo me gustaba leerlo en Toscano, o sea yo tenía una edición ya bien jodida de su Divina Comedia toscana, yo pienso que él me influyó en cuanto al sonido, me refiero a la trabazón de los sonidos, el endecasílabo”.

“¿Homero? La Eneida sobre todo, Virgilio. Pero me gustaba sobre todo en latín. Y Shakespeare obviamente. Es que Shakespeare es un poeta, lo que pasa es que no hay distinción entre la poesía y otras artes cuando se hacen bien. Si una película realmente vale la pena, se puede decir que tiene mucha poesía, aunque no hablen en metáforas. Es cuestión de fondo, no de forma, o sea la poesía no es cuestión de versos y metáforas, eso no tiene nada que ver con la poesía, puede haber algo poético sin que tenga versos o metáforas”.

También me dijo que nació en El Subín, Guatemala, el 21 de noviembre de 1967, no conoció a sus papás. (Gelasio no tenía acta de nacimiento, ni en Guatemala ni en México, es decir, jurídicamente no existía, ignora si ahora exista.)

Me relató que lo adoptaron unos evangelistas (Testigo de Jehová) y que era muy niño, de cinco o seis años, cuando estas personas lo ponían a declamar ante las multitudes páginas y páginas de la Biblia, lo consideraban un milagro o un niño prodigio, ya que aprendió a leer solo.

Gelasio fue creciendo y viajando por Guatemala, hasta que llegó a Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, después viajó a otros estados hasta llegar a la Ciudad de México, en donde sobrevivió vendiendo periódicos y revistas. En su andar, actuó en dos brevísimos instantes en la película ¿Cómo ves? (1983) de Paul Leduc.

Meses después que llegó al taller de poesía me ofrecí transcribir sus poemas, que redactaba a mano y en hojas de papel, incluso estraza, para que los demás compañeros pudieran leer y apreciar sus textos. Fue un trabajo muy satisfactorio que concluyó en un poemario inédito que imprimí para él y que tituló: “Guater Close-up (grotest hits)”.

Nunca me quiso entregar las correcciones. Yo conservo el original electrónico y algunas copias escaneadas de sus textos.

Un día, y después de seis o siete años de acudir regularmente al taller de poesía, Gelasio desapareció (2002).

En abril de este año (2019), en una reunión con poetas, Guillermo Lantén me dijo que meses atrás había visto a Gelasio en el centro de la Ciudad de México:

“Hace como tres meses, lo vi bailando varias veces enfrente del Palacio de Minería, hay un grupo imitadores de Beatles que tocan ahí los domingos y se hacen llamar Los Bichos del Sótano. La gente ahí baila sola o con quien puede…”.

Como un homenaje a Gelasio, el poeta que jurídicamente no existe, el genio indigente, hace algunos años escribí un guion para cortometraje, con base en un poema suyo, que transcribo:

 

SÓLO LO FUGITIVO PERMANECE Y DURA

  1. Negros en sincronía con el audio. La escena se desarrolla en planos secuencial

En primer plano se escuchan ruidos de calle poco transitada.

 

  1. Poco a poco, del fondo oscuro se va abriendo la imagen y va apareciendo el rostro de una persona (el poeta Gelasio). Close up. La cámara continúa abriéndose hasta encuadrar al poeta de cuerpo entero que camina, sosteniendo en una mano izquierda una hoja de cuaderno y leyéndola. En su hombro derecho lleva un costal de rafia; más al fondo hay una pared. La cámara también capta la sombra del poeta que lo sigue.

 

El sonido ambiente baja a fondo e inicia una voz aguardentosa y cavernaria declamando un poema.

Yo miraba la noche. Escuchaba como todo era caricia. Era frotarse y labios.

 

  1. La cámara panea y capta en un ángulo de 360 grados lo que hay alrededor de la persona que declama hasta captar de nuevo al poeta de cuerpo entero que camina con la hoja en la mano. El tráfico es normal, y una que otra persona pasa caminando en contra flujo, evadiendo al poeta.

 

El poeta continúa declamando:

Yo tocaba unos bordes. Algo mullido y áspero y reía. Entonces había arañas. (“Si susurrar-cerrarse había un sopor”.) Una convulsa mancha se escurría. Yo miraba mis dedos. Yo me miraba lentitud acariciar un lomo: recorrer una pelambre hirsuta: tentalear un purulento abdomen. Reventarlo.

Después yo me decía: tal vez mañana.

Cuando yo ponía mi cuerpo en pie en la calle alguien cantaba. Disparos. Yo miraba mis ojos en un vidrio. “Algo revés roía”. En eso un derredor me andaba y suavidad mis ojos se iban hacia el cielo raso. La luna estaba azul. Allá en el marco de ventana un gato tuerto y rojo se quedaba fijo en mí. Yo me acercaba a hacerle señas. Yo maullaba. El viento hacía sangrar un aire de rocío. Yo estiraba mis dedos hacia afuera. Yo le arrancaba pelos a mi gato. El animal huía. Yo observaba sangre en el espejo.

 

  1. La cámara se va acercando poco a poco al poeta, luego hace un close up al rostro del poeta, pasa al papel donde lee el texto. Después la cámara se va alejando poco a poco para captar a la sombra que sigue al poeta. Después la cámara se aleja hasta captar de nueva cuenta al poeta de cuerpo entero y parte de la calle donde camina.

 

El poeta continúa declamando:

Si yo me hundía los dedos en los ojos, si yo me mueca-retorcía y me sacaba la lengua (era muy púrpura y peluda): entonces yo escuchaba una distancia dulce y algo en algún lado se decía: todo está lleno de cagada y sangre. Y yo acudía a algún hoyo. De cuarteaduras —rapidez—brotaba algún ojillo.

  1. Veinte metros antes de llegar a la esquina el poeta comienza a desaparecer, no así su sombra que continúa caminando.

 

El poeta continúa declamando:

Detrás de ojillo había una rata. Algo goteaba. En los charquitos cucarachas besaban mis orines.

Yo sacudía un gusano. Yo me arrojaba en hartos trapos. Yo musitaba sombras. El silencio claridad me repetía. Yo masturbaba y masturbaba mi lengua. Eyaculaba amarillentas frases bailadoras.

Después yo me ponía a mirar la tele.

  1. Dos pasos antes de llegar a la esquina, la persona ha desaparecido totalmente. La cámara hace un acercamiento y capta en cámara lenta cómo el papel que el poeta leía va cayendo, después se aleja y capta cómo la sombra del poeta avanza hacia el final de la barda.

 

A pesar de que el poeta ha desaparecido, la voz aumenta de volumen y finaliza:

Afuera la noche era un enorme anuncio de neón.

  1. El papel que la persona leía ha caído totalmente, mientras la sombra avanza hacia la esquina hasta que llega al final y desaparece en el espacio abierto de la calle principal.

 

El sonido ambiente sube a fondo.

  1. La cámara capta el transcurso de los vehículos, de las personas y del tiempo.
  2. La imagen se congela y van apareciendo los créditos.

 

 

 

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Máximo Cerdio

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