Sociedad
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HISTORIAS DETRÁS DEL VOLANTE

Ya no quería dinero, sino tiempo contigo…


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Atrás del volante está Israel, y amable saluda a los pasajeros que abordan su unidad del transporte público, cuyos destinos son diferentes. Trabaja jornadas de hasta 16 horas en cualquier día del año. Para él no hay descansos ni días festivos, y labora hasta en navidad y año nuevo.

A los 17 años agarró su primer vehículo porque le dijeron que la paga es buena. Reconoce que el horario absorbe su tiempo, pero él maneja de corazón. Hombre de 37 años, esposo y padre de cuatro hijos, cuyas edades van de los siete a los 18 años.

A las cuatro de la mañana prepara su vestimenta porque su trayecto es largo y a las cinco debe estar en la base de la Ruta, checar y seguir su camino con la bendición de Dios, para no ser víctima de la delincuencia, dice.

De joven trabajó como chalán, jardinero y lava-carros, porque debía proveer de recursos económicos a su familia, y luego agarró el amor al volante, un gusto heredado de su padre, quien trabajó por años en una línea de autobuses.

Los años pasaron y ahora que sus hijos crecieron le reclaman el tiempo que no estuvieron juntos porque Israel trabajaba todo el día para llevar dinero al hogar y evitar carencias en sus pequeños. Hoy le cuestionan el poco tiempo a su lado, y cuando responde que fue por el trabajo, ellos dicen que no querían dinero, sino tiempo juntos.

“Platico con mis hijos mayores. Es duro cuando ves pasar el tiempo en tu trabajo y cuando menos te das cuenta los hijos crecieron, y luego te juzgan, te preguntan por qué no estuviste en las graduaciones, cumpleaños y otras fiestas, y aunque les diga que estaba trabajando para que no les falte nada, es triste cuando te dicen ´ya no quería dinero sino tiempo contigo´, y ahora me dicen: no queremos ir al parque, mejor nos dormimos contigo para que también descanses”.

De niño, Israel, no entendía el esfuerzo que hacía su padre para estar con sus hijos, pero como dice el dicho: “Nadie aprende en cabeza ajena”. Hoy entiende que su progenitor tenía que trabajar desde las cinco de la mañana hasta las 11 de la noche para que a su familia no le falte un plato de comida.

Para un padre es un orgullo ver a sus hijos realizados o que sigan sus pasos, y cuando Israel ve a su hijo de 18 años agarrar el volante de la ruta, le aconseja seguir sus estudios para que su vida sea diferente y su situación económica mejore.

“Mi hijo me dice: papá, tu trabajo es muy pesado y estresante, mejor voy a estudiar porque quiero ser ingeniero y le digo: tú échale ganas y yo me encargo de lo demás”.

 

VIOLENCIA EN EL TRANSPORTE PÚBLICO

Israel recuerda que hace 20 años, cuando empezó a trabajar, los asaltos en el transporte público eran pocos, y en su mayoría los delincuentes despojaban de sus pertenencias a los choferes, pero ahora se van contra los pasajeros.

“Antes los asaltantes sólo te quitaban el dinero y se iban, pero ahora te hablan con groserías, y si te pones al brinco te tocan unos golpes. Nosotros ya no sabemos si reír o llorar, porque nos quedamos con la incertidumbre; si los agarramos al otro día los sueltan”.

En días pasados tres sujetos asaltaron una ruta y fueron linchados por los pasajeros y vecinos en el poblado de Atlacomulco, en Cuernavaca, pero para Israel es mejor entregar el dinero, porque ningún peso vale la pena, ya que la violencia está desatada.

“Da coraje y podemos hasta llorar de la impotencia, de ver cómo a la gente que sale a trabajar todo el día cualquier persona le roba sus cosas”.

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Antonella Ladino

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