Sociedad

“Si vivo cien años”


Lectura 5 - 9 minutos
Leonor Robledo Linares.
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“Si vivo cien años”


Leonor Robledo Linares.
Fotógraf@/ MÁXIMO CERDIO
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Leonor Robledo Linares nació en la Ciudad de México el 6 de abril de 1924, de acuerdo con su acta de nacimiento, que se tuvo a la vista.

Es sobrina de Ricardo Linares, un hombre que salvó de la destrucción todos los libros del Registro Civil de Cuernavaca durante la Revolución y que por más de 25 años fue regidor del Ayuntamiento de Cuernavaca ¡sin ganar un solo centavo! Además, repartía su sueldo entre los pobres y los niños.

 

Cuernavaca en la memoria

Tendría como 13 años, estaba parada ahí, en la esquina de Guerrero y Morrow, cuando de pronto vio pasar a Jorge Negrete y a María Félix:

“Él iba de negro, muy guapo, y ella no recuerdo, pero creo que con un vestido blanco o algo así, muy bonita, iban juntos; yo los conocía porque salían muy seguido en las películas. Me llamó la atención que nadie les pidiera autógrafo, caminaban lento, como cualquier persona. No era raro ver, aquí en Cuernavaca, a los grandes artistas del cine de oro, ni a otras personalidades. Venían muy seguido y se los encontraba uno con frecuencia, algunos saludaban y daban autógrafos, otros no”, dice Leonor, una mujer blanca, delgada, de estatura baja.

“Una de las cosas que más recuerdo fue cuando vino el presidente de México Adolfo Ruiz Cortines. Pasó por avenida Morelos. Toda Cuernavaca estábamos ahí, saludando al presidente”, dijo.

Sus padres se fueron a la Ciudad de México, huyendo del movimiento armado, era muy peligroso. Su papá consiguió trabajo en la Mundet y después trabajó vendiendo imágenes religiosas de una empresa propiedad de un checoslovaco. Ella nació allá en México y cuando tenía como seis años de edad regresaron a Cuernavaca a vivir en la casa de su tío, cerca del Calvario.

Uno de los recuerdos más impactantes que tiene es el de un accidente de tránsito frente al edificio Esperanza, sobre avenida Morelos: un camión que venía de Tlaltenango se quedó sin frenos en la bajada y se estrelló; murieron muchas personas:

“Todos los años en la feria de Tlaltenango había accidentes, pero esa vez fue peor, porque murió mucha gente, varios conocidos míos. Las ambulancias, los policías, la gente estuvo ayudando”.

Otro hecho muy significativo fue la ocasión que el abuelo del ex gobernador Graco Ramírez, Tomás Garrido Canabal, derrumbó la imagen de la Virgen de Guadalupe del Calvario y la arrastró por varias calles de Cuernavaca, esto pasó en 1934.

“Hubo mucho alboroto. Era las cuatro de la mañana y tiraron a la virgen y la arrastraron. Cerca de ahí había una mujer que vendía atole y ‘los viejos’ se fueron a tomar ahí atole, y ya querían linchar a la mujer para que no avisara. Cuando los vecinos nos levantamos había mucho llanto, gritos. Una mujer que vivía en Galeana comenzó a levantar los pedazos de la Virgen para que la reconstruyeran.

“Cuando yo llegué a Cuernavaca entré a la escuela Santa Inés. Ahí estudié hasta el cuarto año, pero luego Plutarco Elías Calles eliminó las escuelas de monjas. Las madres cerraron la escuela y las alumnas tuvimos que ir a las casas de quienes estaban más cerca del centro y ahí tomábamos clase. Llegué hasta el cuarto año, luego me cambié a la  Pestalozzi, ahí acabé hasta el sexto año, éramos tres hombre y dos mujeres. No seguí estudiando, en aquella época la mujer debía estar en casa, aprender a cocinar, a ser ama de casa y yo a eso me dediqué. Llevaba a mi papá su “portaviandas” al rancho, estudiaba inglés pero no me gustó, también piano pero no me gustó.

Desde muy chica le gustó la bicicleta, que en aquella época estuvo de moda como medio de transporte. Un familiar suyo vendía bicicletas y se compró una con la cual andaba por toda la ciudad.

Leonor relató que en aquella época Cuernavaca era muy chiquita. Iba desde la Catedral a Los Canarios, luego la calle Hidalgo, que era de doble sentido, luego Matamoros, era de terracería.

Le gustaban las casas: eran de adobe, tenían su cocina, sus recámaras, su patio y las huertas, donde siempre había guayabas, ciruelos limón.

“Había fiestas en donde todo el mundo llegaba. Se llamaban kermés. Se hacía en el parque en donde las muchachas íbamos para un lado y los hombres en sentido contrario. Había tríos de cantante y orquesta sinfónica del pueblo”.

 

Sobrina de Ricardo Linares

Leonor es sobrina de Ricardo Linares León (Tetecala, 3 de abril de 1865- Cuernavaca, 1 de diciembre de 1954), un morelense que tiene una calle con su nombre. El 28 de diciembre de 1951 el presidente municipal Luis Flores Sobral, puso el nombre de Ricardo Linares a la antigua calle de Alpuche, que don Ricardo cruzaba cuatro veces al día para ir a su trabajo, relata Patricia Delgado Peñaloza en “Personajes de Morelos”.

En esa brevísima reseña, se consigna que siendo secretario del Registro Civil de Cuernavaca, en 1914 las tropas zapatistas tomaron la ciudad de Cuernavaca. La oficina del Registro Civil, al frente de la cual continuaba don Ricardo, fue ocupada por elementos revolucionarios obligando a Linares a entregar la oficina bajo su cuidado donde Linares manifestó a los zapatistas que su labor beneficiaba a todos y no perjudicaba a nadie. Algunos de los revolucionarios se irritaron por las palabras del funcionario y amenazaron con quemar el Palacio Municipal, comenzando con la oficina del Registro Civil. El señor Linares no se rindió ante semejante amenaza y, ocasionó que cinco revolucionarios lo sacaran de su oficina y lo llevará al patio del Palacio Municipal donde sería asesinado. En forma providencial llegó un jefe zapatista que en su infancia había sido alumno del profesor Linares, e impidió que éste fuera fusilado. El mismo jefe ofreció plenas garantías de que la sede del gobierno municipal y el archivo del registro civil serían respetados.

Fue así como, durante la ocupación de Cuernavaca, Ricardo Linares continuó expidiendo actas de nacimiento, matrimonio y defunción. Sin embargo, al recrudecerse la lucha revolucionaria fue casi imposible que la oficina del registro civil continuara funcionando. Don Ricardo Linares recogió todos los libros del archivo, los introdujo en grandes cajas y los enterró; a petición del propio Linares y con apoyo de oficiales del ejército carrancista trasladaron las cajas a la ciudad de México en donde los conservó por un tiempo y en 1919, solicitó al secretario de Gobernación su colaboración para reubicar los libros del Registro Civil de Cuernavaca desde la capital del país a la capital de Morelos.

Allí también se inscribe que durante más de 25 años fue regidor del Ayuntamiento de Cuernavaca ¡sin ganar un solo centavo!

Fue declarado hijo preclaro y benefactor de Cuernavaca, concediéndole una medalla de oro con una inscripción que señalaba "Honor, a quien honor merece".

Leonor relata que fue precisamente a petición de su tío Ricardo Linares que ella y su familia se vinieron a vivir a Cuernavaca: él necesitaba cuidados.

Desde que tenía como ocho años lo acompañaba al trabajo, el Registro Civil quedaba en el Palacio de Cortés.

Siente mucho agradecimiento y una gran admiración por él:

“Aparte de que fue un músico que tocaba muchos instrumentos y enseñaba a los jóvenes música, era muy generoso: daba el gasto a la casa y repartía lo que ganaba con los pobres y los niños, también era muy afecto a comprar cachitos de lotería, no con la esperanza de ganar, nunca ganó nada, pero él decía que con ese dinero se hacían obras para los pobres.

“Una vez le hicieron un homenaje en el Cine Morelos, y le dieron dos mil pesos. Los repartió entre su familia y los pobres. No se dejaba nada.

Vivía de una manera muy austera, no bebía ni Coca-Cola, a veces se fumaba un puro, de los baratos de los de “caballito”.

“Yo acompañaba a mi tío a su trabajo. Por la mañana, luego regresaba a las dos, luego a las cuatro volvía a ir al trabajo y del trabajo ya regresaba por la tarde. La gente decía: ‘creo que ya van a ser las dos porque ya pasó Ricardito’”.

Una de las anécdotas que más recuerdo fue la vez que nos contó que se negó a casar en Cuernavaca al piloto norteamericano Charles Lindbergh.

Pidió a mi tío que lo casara con Anne, la hija del embajador de Estados Unidos Dwight W. Morrow, pero no aceptó porque quería que los casara en el aire y mi tío se negó rotundamente. Se fueron a casar, creo a la Ciudad de México.

 

Quiero llegar caminando a los cien años

Leonor se ve sana. No le faltan los dientes, escucha bien, tiene una vista sana para su edad. Si uno la ve así, le calcula uno no más de setenta años. ¡Pero tiene 98!

Segú ella, cumplir muchos años se siente un poco mal porque las personas que uno conoce se van muriendo y se va uno quedando solita. Tiene dos hijas y un hijo.

“Pues así como me ve conozco Las Vegas, he ido al Cañón del Colorado, Nuevo Laredo, Tijuana. Acapulco es una de las ciudades que más me gustan, fuimos muchas veces, ahí fue mi luna de miel. Me gustaría conocer Valle de Bravo, ese no conozco”. En la familia hay gente longeva, una tía suya murió de 102 años y otra de 90 años, aseguró.

“Voy a checarme y el médico me pregunta si uso bastón y le digo que no, también me pregunta si me baño sola y le respondo que sí. Entonces él me dice, ‘váyase, está usted muy bien’”.

Leonor tiene planes a futuro: quiere seguir viviendo:

“Quiero llegar caminando a mis 100 años. Voy a hacer una comida en algún restaurante del centro de Cuernavaca, pero a lo mejor adelanto la fiesta porque ya estoy muy grande y no sea que me vaya a agarrar la de malas”, puntualizó.

 

Edmundo Robledo Sámano.

Ricardo Linares León.

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