A partir de 1984, año en que México se adhiere al Acuerdo General de Aranceles y Comercio (GATT), inició la apertura gradual de sus fronteras al mundo. Hoy, después de 40 años, somos una de las economías más abiertas al mundo. Los temores de aquellos tiempos se disiparon, pues México ni fue colonizado, ni ha sido “botín” de los intereses imperialistas, como se pregonó en muchos foros y medios de comunicación de entonces.
Muchos intelectuales y políticos mexicanos de izquierda criticaron el ingreso al GATT, así como la posterior firma del tratado comercial con Canadá y Estados Unidos (TLCAN), señalando que México estaba renunciado a su soberanía y que la pobreza y la marginación se profundizarían como resultado de esa apertura.
El TLCAN comenzó a operar en 1994. En ese entonces México exportaba principalmente petróleo, y ello lo hacía vulnerable a los cambios en el precio internacional. La crisis de 1982 se debió a eso. La razón fue que, imprudentemente, el gobierno de López Portillo (1976-1982) apostó todo y nos endeudó confiando en la riqueza petrolera, y fue el desplome del precio internacional del petróleo, en 1981, lo que nos sumió en una crisis sin igual.
Hoy, a 32 años de distancia, las cosas cambiaron mucho. México ya no depende del petróleo como el producto más importante de exportación, pues éste apenas representa el 5% de nuestro comercio total. Ahora exportamos, principalmente, automóviles. Decir que esto se debe solo a la apertura comercial sería ingenuo. El agotamiento de los campos petrolíferos mexicanos y la falta de exploración y explotación adecuada en campos marítimos, también es parte de este fenómeno.
Hoy tenemos acuerdos de libre comercio con tres regiones importantes: América del Norte (TMEC), la Comunidad Económica Europea (TLCUEM) y con países de la región Asia Pacífico (CPTCC). Esto significa que México conecta con países cuya aportación a la producción mundial es del 58%, lo que implica eliminación de barreras arancelarias; diversificación de mercados, fomento a la inversión extranjera directa (IED), transferencia tecnológica y cooperación, entre otros beneficios.
Es justo también reconocer que la apertura comercial tampoco nos ha sacado totalmente de nuestros problemas económicos, pero es una de las estrategias que han permitido a México reconvertirse y jugar un rol diferente en la división internacional del trabajo. Dejamos de ser proveedores de materias primas para aportar valor agregado con productos manufacturados de exportación.
Hay mucho por hacer para aprovechar mejor nuestras potencialidades en el comercio exterior, pero sin duda vamos por buen camino.