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La ética del deber, la ética del deber y cultura de la paz II


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“La libertad no es una filosofía y

 ni siquiera es una idea: es un movimiento de

 la conciencia que nos lleva, en ciertos momentos, 

a pronunciar dos monosílabos: Sí o No.”

Fernando Savater.

 

Como siempre, agradezco no sólo el interés en leer esta columna semanal, también agradezco los comentarios y críticas que hacen a lo que escribo. Durante la semana he recibido muchos comentarios y trataré de responder a algunos de ellos.

Para comenzar, me gustaría recomendar un libro que, cuando lo leí me dejó un grato sentimiento. Ya lo he recomendado en otras ocasiones. Espero que, si alguno/a de ustedes lo lee, me comparta sus opiniones.

“Ética para Amador”, de Fernando Savater, es el nombre de este libro excepcional. Esta obra trata de dejar un mensaje a su hijo, Amador, para “tener confianza en el futuro”. De hecho, Savater es muy claro en el prólogo. Tiene ganas de contarle muchas cosas a su hijo, pero, obvio, como a los hijos les cansan los rollos de los padres, por eso mejor escribió este libro. Así, cuando tenga ganas de leerlo, lo hará, cuando se canse o se aburra, lo hará a un lado, y lo podrá retomar nuevamente para cuando tenga ganas. Por eso, dice el autor “todo lo que voy a decirte… “no son más que repeticiones de ese único consejo una y otra vez: ten confianza. No en mí, claro, ni en ningún sabio, aunque sea de los de verdad, ni en alcaldes, curas ni policías. No en dioses ni diablos, ni en máquinas, ni en banderas. Ten confianza en ti mismo. En la inteligencia que te permitirá ser mejor de lo que ya eres y en el instinto de tu amor, que te abrirá a merecer la buena compañía”.

Así comienza este libro maravilloso. Yo también quisiera dejar una lección a mis hijos cuando ya no esté aquí. Y si sólo les dejo este libro, ya estaría avanzado mi deseo.

Toca el tema de la ética de una manera maravillosa. Pone el ejemplo de las termitas africanas. Y dice que las termitas nacen termitas. Es decir, actúan ya de inicio como deben de actuar. Por instinto. Defienden su hormiguero contra las hormigas enemigas que quieren invadir su territorio. Sin embargo, como no tienen la coraza que protege a sus enemigas, son fáciles de matar. Y así mueren en aras de proteger su hogar.

Luego toca el tema que aparece en la Ilíada. Héctor, el mejor guerrero de Troya espera estoicamente fuera de las murallas de su ciudad a Aquiles, el invasor. Y, aun sabiendo que es más fuerte y que probablemente va a matarlo, Héctor está ahí, cuidando, porque es su deber. Ese deber consiste en defender a su familia y a sus conciudadanos del terrible ataque.

La pregunta es: ¿No hace Héctor lo mismo que las termitas? ¿Por qué el valor de Héctor parece más auténtico y más difícil que el de los insectos?

La diferencia es que las termitas luchan y mueren porque tienen que hacerlo. Héctor, en cambio, se enfrenta a Aquiles porque quiere. Él no está “programado” por la naturaleza. 

El caso de Héctor es diferente. Él podría decir que está enfermo, o que no le da la gana enfrentarse a alguien superior a él. Y por mucha presión que sus conciudadanos ejercieran sobre él, siempre podría escapar de la “oportunidad” de ser héroe, porque no está programado para ello. De ahí se deriva que su actuar tenga un mérito. Héctor es libre de decidir, por eso puede actuar como quiera, pero también por eso admiramos su valor.

El ser humano es libre de actuar como quiera actuar. Pero todo eso también está determinado por nuestra cultura. El ser humano, luego entonces, no nace tigre como el tigre o las termitas. El ser humano se va haciendo ser humano al desarrollarse en el grupo social. Y así nos vamos programando culturalmente. Nuestro pensamiento viene condicionado por el lenguaje, y somos educados en ciertas formas, tradiciones, hábitos, formas de comportamiento, leyendas. Y como dice Savater, en cosas que “nos inculcan desde la cunita unas fidelidades y no otras.” Y todo eso nos impele a actuar como actuamos.

Por eso, yo mantengo la postura de que nacemos con un disco duro vacío y le vamos metiendo información a nuestro cerebro, de tal forma, que con el paso del tiempo actuamos de acuerdo a toda esa información que tenemos.

Lo esencial aquí, es el hecho de que, como seres libres, pero con la información que traemos desde nuestro nacimiento, podemos tomar la decisión de actuar como queramos.

Cierto, no podemos hacer cualquier cosa que queramos, dice Savater, pero también es cierto que no estamos obligados a querer hacer una sola cosa. 

Y nuevamente, por razones de espacio, debemos detenernos aquí. Pero trataré de seguir dando respuesta a los comentarios que me han enviado.

Cierro con esta frase del mismo autor: “Moral es el conjunto de comportamientos y normas que tú, yo y algunos de quienes nos rodean solemos aceptar como válidos; ética es la reflexión sobre por qué los consideramos válidos y la comparación con otras morales que tienen personas diferentes.”

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M. en D. Primo Blass

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