El anuncio de ayer del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre la imposición de aranceles a 185 naciones es ambivalente para México.
Por un lado, el hecho de que nuestro país no figure en las listas de aranceles recíprocos fue interpretado como algo positivo; pero los aranceles impuestos a productos que están fuera del T-MEC, al acero, al aluminio y a la industria automotriz, parece que cobrarán facturas costosas en suelo mexicano.
El gobierno mexicano ha sido prudente y no ha fijado una posición sobre el anuncio, pero ayer por la tarde parte del gabinete sostuvo una reunión para analizar las medidas y será hoy en “la mañanera” cuando se pronuncie al respecto.
La presidenta Claudia Sheinbaum difícilmente podrá cantar victoria, pues es por todos sabido que en cualquier momento el presidente estadounidense puede incrementar el porcentaje de aranceles, incluir más productos y cualquier cosa afín a su visión proteccionista propia del siglo pasado.