Estadio Antonio Vespucio Liberti, también conocido como "Monumental". Estadio Antonio Vespucio Liberti, también conocido como "Monumental". Fotógraf@: TOMADA DE LA WEB
Publicado en Panóptico Rojo Domingo, 25 Noviembre 2018 05:48

"Monumental"

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En pocas ocasiones comentamos en este espacio acerca de cuestiones relativas al deporte; sin embargo, lo ocurrido este sábado en el futbol argentino es preciso mencionarlo: la final entre River Plate y Boca Juniors fue suspendida y está programada para jugarse este domingo 25 a las 17.00 (hora local), para definir al campeón de la Copa Libertadores.

El partido se suspendió luego de que algunos "hinchas" de River lanzaron piedras al camión de Boca, en las cercanías del estadio Monumental, lo que provocó que la policía argentina lanzara gas lacrimógeno; durante el incidente, varios jugadores resultaron heridos y otros tantos acabaron intoxicados por los gases lanzados para disolver el tumulto.

En "Panóptico Rojo" ya hemos compartido datos históricos respecto a los inicios y desarrollo del futbol, para posteriormente abrir paso a la reflexión en torno a las acciones y reacciones de quienes rodean la pérdida o el triunfo de un equipo.

Respecto a Argentina hemos comentado, en "Metáforas de vida, pasión y guerra", que en dicho país comenzaron los primeros partidos, impulsados por Alejandro Watson Hutton, un ex jugador de la Universidad de Cambridge y que fue designado titular de Educación Física, organizando un partido entre alumnos del Colegio Nacional de Corrientes y el personal que laboraba en los ferrocarriles, encuentro que terminó en la comisaría: ahí fueron llevados los jugadores por pretender jugar con pantalones cortos.

Mientras tanto, en Uruguay surge el primer “hincha”, cuando la pasión se manifestó entre los espectadores; el encargado de “hinchar” la pelota del Nacional de Montevideo fue el talabartero Prudencio Miguel Reyes, quien recibió ese sobrenombre por sus gritos de aliento.

El vocablo “hincha” se extendió rápidamente y hoy tiene diversos equivalentes: “torcedor” brasileño, “porrista” mexicano, “tifosi” italiano, “supporteur” francés. Y al juego que los ingleses denominaron football, los alemanes lo llamaron fussball; los brasileños, futebol; los checoslovacos, fottballova; los daneses, boldspil; los españoles balompié o fútbol (con acento) -como en Sudamérica-; los estonios, jalg pall; los finlandeses, palloliitto; los griegos lo pronuncian podosferiki; los holandeses, voetball; los húngaros labdarugok; los italianos, calcio. En México se dice sin acento: futbol, y se escribe como suena.

En su libro “Los dueños del tiempo”, Emmanuel Carballo escribe acerca del futbol: “Me interesa la gente que, sabiéndolo o ignorándolo, ve el futbol como un drama. Gente que traspasa la categoría del “enterado” e ingresa en el compartimiento irracional de los “hinchas”. Gente que en cierto sentido se despersonaliza y se enajena, gente que se conduce a base de intuiciones y desecha, por inoperantes, las certezas. (…) El hincha no comprende que existe una persona que actúe fríamente, que racionalice lo que ve: se comporta con premeditada parcialidad, con evidentes simpatías y antipatías. Todos los atributos positivos son patrimonio de su equipo, todos los defectos los posee el equipo adversario”.

Por su parte, Ramón de Ertze Garamendi, en su columna “Suma y Resta”, ya desde el año 1970 observa lo siguiente: “Como todos los deportes sociales, el futbol tiene un valor positivo, porque el “adversario” es, al mismo tiempo, un “compañero de juego” y no un “enemigo”, y porque no es posible el juego, en su forma de competencia, sino en la proporción en que se mantenga la moral del juego común gracias a la disciplina, al espíritu deportivo y al buen humor. (…) Al lado de ese futbol pedagógico, existe el otro, el verdadero, el futbol de la literatura semanal, el de las manifestaciones líricas, románticas, épicas, el de las charlas de radio y televisión, el de las pequeñas y grandes asociaciones, el de las conferencias internacionales solemnes y de los reglamentos precisos, el de los estadios gigantescos y finanzas desarrolladas, el futbol de los fanáticos del orgullo nacional y del culto de los héroes”.

El deporte nos sirve para explorar la identidad propia en relación con los demás y entre las posturas de Carballo y de Ertze Garamendi, es imposible no recordar el fenómeno del “hooliganismo”, término que comenzó a utilizarse a partir de los años sesenta y que describe el comportamiento violento de ciertos hinchas británicos, sobre el cual el norteamericano Bill Buford escribió un libro.

Demasiadas historias de vida, pasión y guerra, escritas y por escribirse; al final, coincido con el escritor Juan Villoro cuando señala que “el hombre en trance futbolístico sucumbe a un frenesí difícil de asociar con la razón pura”.

Recientemente y en un artículo escrito para El País, titulado "El superclásico de los expatriados", Juan Irigoyen plasma las emociones de argentinos, como el escritor y periodista Martín Caparrós, respecto al partido que se jugaría este sábado.

A la letra, en dicho artículo se anota: “Cuando me fui de la Argentina en los 70 no era como ahora. Era difícil seguir los partidos desde lejos. Volví a Buenos Aires en la década de los 80 y recuperé cierto interés por el fútbol”, cuenta Caparrós. Un interés que se potenció cuando nació su hijo Juan. “Sentía que era algo que podría compartir con él por mucho tiempo, que incluso cuando ya no le interesara mucho más de su anciano padre, Boca sería un lugar de encuentro”.

Por otra parte y dejando de lado el aspecto deportivo, no podemos pasar por alto que líderes internacionales están invitados a la Cumbre del Grupo de los Veinte (G20) que se realizará en Argentina a finales de noviembre, en un país que enfrenta una crisis económica en la que se combinan recesión, devaluación, inflación, endeudamiento y aumento de la pobreza; el presidente de Argentina, Mauricio Macri, es el titular de la presidencia del G20, que integran los países desarrollados y emergentes.

Anotamos finalmente lo que señala Martín Caparrós: “A los argentinos nos gusta que nos digan que nadie en el mundo vive el fútbol como nosotros. Una cosa es darse aires con eso, otra es creérselo. Es una forma dramática, un poco violenta, que cada vez me inquieta más. Se podría disfrutar del fútbol sin convertirlo en esa falsa cuestión de vida o muerte; hay muchas cosas por las que vale la pena pelear y el fútbol no es una de ellas”. Coincidimos.

Este domingo, si se juega el partido entre Boca y River, sobre el resultado del encuentro "deportivo" podremos continuar reflexionando acerca del deporte alrededor del cual giran tantas y tan diversas pasiones.

 

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Margarita Rebollo

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