Bajo el Volcán

Cascada petrificadas de Hierve el agua

Audacia del tiempo en la montaña

El paisaje es tan fascinante que lleva al encantamiento del espíritu. Y nada rompe ese hechizo, en el océano de silencio en el que uno se hunde dentro de ese espacio.

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Entre las cumbres de la serranía oaxaqueña y el cielo azul –al que cada vez más uno siente poder alcanzar con las manos-; entre lo inmaculado de las nubes flotantes y lo diáfano de la luz solar que se derrama sin freno, la belleza de las cascadas petrificadas de Hierve el agua asoma su rostro.

Literalmente, hay que llevar a cabo una cacería de palabras para, siquiera, alcanzar a sugerir el diálogo que sostiene la mirada con aquel entorno natural.

¿Cómo describir esa plenitud que la vida colma y se manifiesta en todo el panorama? El resplandor que contemplan los ojos mueve a decir que se trata de una audacia del tiempo en la montaña.

Apenas dos horas antes, el observador se encontraba a 70 kilómetros del lugar, en el centro de la capital oaxaqueña, cuando se decide trasladar a la región Sierra Norte, en el pueblo de San Isidro Roaguía, perteneciente al municipio de San Lorenzo Albarradas, donde existe uno de los lugares de ecoturismo más atractivos de Oaxaca.

Se trata de dos cascadas petrificadas, de 30 y 12 metros de altura, formadas en un transcurrir milenario debido a la acción del agua que brota en la cima de las peñas y a su contenido de carbonato de calcio, que al contacto con el aire se va fosilizando, para crear las monumentales formas.

*UN RECORRIDO INCOMPARABLE

Sin embargo, el traslado hacia Hierve el agua, es el punto que corona un recorrido incomparable por estas tierras: después de salir de Oaxaca, el primer punto a detenerse es el poblado de Santa María del Tule, en donde se encuentra el dos veces milenario árbol de gigantescas proporciones y del que ya hemos escrito en ediciones anteriores.

Después de avanzar, uno llega a Teotitlán del Valle, en donde sobresale el trabajo que llevan a cabo los artesanos en sus grandes telares de madera. Sus textiles son famosos a nivel internacional, no sólo por el uso que se sigue haciendo de tintes naturales obtenidos de la grana cochinilla, la cáscara de nuez y de la vaina de huizache, sino también porque en sus diseños aparecen reproducciones de pinturas de los artistas oaxaqueños más célebres, como Rufino Tamayo y Francisco Toledo, así como de códices de la cultura zapoteca.

La zona arqueológica de Yagul es otro de los sitios a detenerse en el itinerario de viaje. Las tres áreas en donde se encuentran sus principales estructuras son el Centro Cívico, la Fortaleza y la Zona Habitacional y que cobijaron a la población que emigró de Monte Albán cuando fue abandonado. Se señala que el lugar –a partir de la ocupación de grupos nómadas de los alrededores- tiene una larga historia desde el año 3 000 a.C.

El penúltimo punto de este recorrido hacia Hierve el agua –hay muchos otros sitios de interés que no se visitaron-, es ni más ni menos que la zona arqueológica de Mitla, “el lugar de muertos”, que pese a sus menores dimensiones que Monte Albán, sorprende por sus construcciones ornamentadas con grecas, así como por las columnas en donde, dicen, uno puede saber cuántos años le quedan de vida.  

Finalmente y luego de salir de Mitla en “mototaxi”, hay que tener paciencia para que lleguen más pasajeros que quieran ir a Hierve el agua y poder solventar así, el costo de una camioneta que se alquila a los turistas para tal fin.

*AL ENCUENTRO CON UNO MISMO

Vale la pena esperar, pues a petición de los poco pasajeros, el conductor hace el recorrido subiendo por la terracería de la montaña –y no por la carretera-, y se detiene en sus alturas para que los usuarios puedan fotografiar el espectáculo de la vista que la rodea.

“Hay venados y hasta leones”, dice como si nada el chofer, aunque para sobresalto de los ocupantes de su vehículo. En la segunda parada, un rugido proveniente del interior de la tierra obliga a regresar al interior a toda prisa, aunque más tarde se aclarará que no se trató de ningún animal, sino de los manantiales, ya que se trata de un “volcán de agua”.

Y luego del descenso, al final del recorrido, aparece el tan buscado lugar. La primera impresión que lo llena a uno es el vértigo: encima de una peña se ve una alberca natural, formada a partir del agua de manantial que brota del interior, pero una ilusión óptica hace parecer que si uno se mete a sus aguas se puede ir por el voladero de atrás.

Desde ese lugar se puede ver una de las cascadas, tal y como salía en el anuncio de una famosa cerveza por la televisión; pero la curiosidad es más fuerte y un guía se ofrece a bajar a los visitantes para que puedan contemplar, al cien por ciento, la belleza de los dos saltos de agua vueltos piedra.

La cascada que no se ve desde el pequeño balneario es la más espectacular; tanto por su dimensión como por los colores amarillentos que evidencian el lento transcurrir de la acción del agua en el tiempo. Uno no se resiste a probar el agua que se desborda y el guía asegura que es saludable, que cuando se sufre de “resaca” o “cruda” el restablecimiento es inmediato. El sabor es cargado en minerales.

Por otra parte, se afirma que dice que Hierve el agua fue un sitio sagrado para las antiguas poblaciones, incluso desde los zapotecas y que hasta se construyó un elaborado sistema de riego, único en México, que llevaron a la construcción de canales y terrazas.

Finalmente, uno de los visitantes a Hierve el agua –de nacionalidad iraní- asegura en un buen español que, en el mundo, sólo existe otro lugar como ese en donde nos encontramos, pero se localiza en Turquía.

“Venir a Hierve el agua, es como venir al encuentro contigo mismo”, dice el emocionado trotamundos iraní, rompiendo el silencio que nos cubre a todos. 

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