Bajo el Volcán

“Estoy absolutamente sola, ya no tengo amigos”

 Entrevista con Elena Garro

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Exiliada en Cuernavaca desde hace casi cinco años, Elena Garro (Puebla, 1920-Cuernavaca  1998) frágil, triste, desgarrada  en todos los sentidos, refleja una soledad inmensa, además de estar delgadísima por no comer, según palabras de su hija Helena Paz. Pero la Garro la contradice: “Sí como, pero Helena que es necia quiere que coma como pelón de hospicio y no puedo, no me da hambre”.

En su novela  Inés  (Editorial Grijalbo, 1995), Elena Garro nos presenta la vida de una muchacha que sale del convento para trabajar como sirvienta en una casa de París. Ahí  ocurren sucesos inauditos; tal vez el más extraño: la visita de una mujer que se hace llamar María Sabina.

Autora de libros claves en la literatura mexicana, como sus novelas: Los recuerdos del porvenir, (1963), Testimonios sobre Mariana, (1981), Y matarazo no llamó...(1991);  sus obras de  teatro: Felipe Ángeles (1979), Un hogar sólido (1958), Sócrates y los gatos (2003); sus cuentos memorables: Andamos huyendo Lola (1980), La culpa es de los tlaxcaltecas (1987) y El accidente y otros cuentos inéditos (1997) y su inolvidable testimonio:  Memorias de España  1937 (1982)

“Hay un grupo de hombres progresistas y yo los odio; esos seres que se empeñan en destrozar al planeta  para darnos un mundo horrible sin amor, caridad, pasión, hasta sin Dios, lo cual es cosa de ellos, que han terminado con ese mundo poético y bello que algún día conocí.”

En entrevista, la Garro habla de  Inés, de sus fantasmas y demonios, del insólito ritual que se desarrolla a través de las páginas de su más reciente novela.

-¿Cómo se siente Elena Garro viviendo en Cuernavaca y con la aparición de su novela Inés?

-Feliz con el libro, pero también muy triste y sola. Ahora es todo tan feo, hay que salir a la calle con una máscara anti-gas, todo está horrible, antes se podía ver el cielo libremente, era un país bonito, pero ahora, ¿qué le han hecho? Hoy es otro país, Cuernavaca es otra ciudad que yo no conozco, toda harapienta y mugrosa, con todas sus calles pintadas y descarapeladas, ese toque poético se perdió. Será que entré en una dimensión desconocida. A la gente que observo triste, destrozada y apachurrada, nadie es feliz en medio del desastre en que vivimos.

-¿Por qué Inés se mantuvo inédita tantos años?

-No tenía ganas de publicarla. Además, no me acordaba que la novela estaba en manos de la Editorial Grijalbo y que se encontraba desde hace años ahí. Entonces, hablé con el editor y le di permiso de publicarla. Por otro lado, no tengo dinero y de lo único que vivo es de mis libros, así que tuve que publicar. Inés  la escribí allá por los años setenta, pero se presentaron algunos viajes y es ahí  donde  conozco a diversos personajes, entre ellos a la protagonista: una monja  buena, que se enfrenta al ateísmo y la crueldad de los seres humanos.

-La novela refleja en momentos un fuerte fervor religioso al presentar al personaje de Inés como una monja inocente ante el mundo, ¿cree que sea igual al fervor religioso de usted?

-La idea de Inés  es la de una chica inocente, pura, que viene de un convento y acaba en manos de un grupo de degenerados y verdugos humanos. Pierde su fervor cuando le pasan esas cosas horribles, además nadie le ayuda, ni Dios y mucho menos sus amigos, algo  muy  parecido me pasa hoy día. La gente es mala. Recuerdo  cuando alojaba a líderes campesinos en casa de Octavio Paz, allá por los años setenta. Siempre ayudé  en lo que pude; en momentos  alojé hasta cien personas en la casa, dormían en el salón o en la biblioteca y comíamos juntos. Hacían  cosas horribles con los campesinos y lo siguen haciendo. Ahora lo veo aquí  cerca en Ahuatepec y los siento igual de dolidos, es por eso que Inés tiene miedo  del mundo y de los seres que están en la novela por malos.

-¿Cree que el  fervor religioso de Inés en nuestra sociedad actual se pierde totalmente por la maldad del mundo?

-Ahora el amor es tecnológico, por ejemplo, el erotismo  es la técnica del amor. También hay un grupo de hombres progresistas y yo los odio; esos seres que se empeñan en destrozar al planeta  para darnos un mundo horrible sin amor, caridad, pasión, hasta sin Dios, lo cual es cosa de ellos, que han terminado con ese mundo poético y bello que algún día conocí.

-¿Quiénes son esos hombres?

-No quiero hablar de eso, están ahí nada más y hay que tener mucho cuidado con ellos.

-¿Cómo era ese mundo de aquellos años y que no presenta en Inés?

-Lleno de amor, bondad, pasión por el amor; además,  había un respeto por la iglesia y no teníamos tantos curalocos  o psiquiatras como hoy día. Es por eso que Inés pierde ese amor por Dios, por la  vida misma, pues descubre que vive en un mundo de terror, lleno de odio, descompuesto por todos lados. Ahora me pongo muy triste pensando en esas cosas, pero quién es el culpable de todo esto Dios de los Cielos, para colgarlo o fusilarlo por lo menos, ¿no?.

-¿Con la publicación de Inéssigue siendo su novela preferida Y matarazo no llamo…o ya cambio de opinión?

-No, la única que me gusta es Y matarazo no llamo… ¿no te parece? Es una novela diferente. Inés la publiqué  por dinero,  porque no tengo casi, ni  muebles, no hay  sillas,  tampoco  tengo una cama y mucho menos una mesa donde escribir. Antes escribía en el suelo, pero ahora me dan asco las cucarachas y todos los demás  animales que rondan la casa.

-¿Cree que Inés es parte del realismo mágico o de esa literatura fantástica de sus novelas anteriores como Los recuerdos del porvenir?

-No me gustan los inventos literarios. Alejo Carpentier definió de maravilloso el realismo mágico de algunos de mis cuentos, pero él no me gusta, no sabía escribir en español, sabía escribir en francés. Y bien, él y yo nos conocimos en España en 1937 y se portó atento sólo que como escritor no me interesa.

-¿Quiénes son sus escritores preferidos?

-Me gusta Martín Luis Guzmán por su español perfecto, al igual que Vasconcelos y Rulfo. Pero todos ellos ya están muertos. Ahora queda simplemente el recuerdo de esa gran literatura.

-Y de los nuevos escritores, ¿qué piensa, los lee?

-No conozco nada, no me dan ganas de leerlos. Sólo me he dado cuenta de que a los jóvenes ya no les interesa leer a los clásicos españoles. Recuerdo que en la Universidad leíamos a los ingleses en inglés, a los latinos en latín, pero era  otra época, otros tiempos, ahora con esos seres malvados que quieren acabar con toda la literatura hermosa. Hoy estoy absolutamente sola, no tengo amigos y nadie me visita.

-Pero usted  tiene muchos amigos, gente que la quiere y algunos de ellos la han ayudado desde su regreso de París. ¿Por qué se siente sola, es la misma soledad de Inés?

-No tengo amigos, cuáles amigos. Además, me están jodiendo esas personas que escriben que Elena Garro es la maestra, la genio, la mejor escritora  de nuestro  país  y de América Latina. Por eso nos tienen muertas de hambre. Todo eso lo utilizan para hacerse de puestos en el gobierno y sacarle dinero. Dicen que Elena Garro tiene muchos amigos, y que se le da apoyo, que pronto  nos darán una casa, un trabajo magnífico a la hija, todo lo que quiera y ya ves… ahora tengo que escribir libros para no morirme de hambre, y  luego una gata ratera me demandó porque le robé, entonces hay que pagarle, y no conforme la  muy ratera quiere más dinero. Emilio Carballido habló para traerme y para qué, para morirme de hambre solamente. En París éramos de la clase media francesa, aquí no somos nada.

-¿Qué hay de sus textos inéditos, qué espera de Elena Garro para los años que le faltan por vivir?

-Estoy por sacar Un corazón en un bote de basura. Se editará en Grijalbo pues necesito dinero, y de lo único que vivo es de ellos. Tengo que escribir, aunque en las noches me entra una depresión  horrible y no puedo hacerlo; pienso en historias y no duermo, pero luego aunque no quiera me duermo.

-¿Cuáles son las preocupaciones hoy día de Elena Garro?

-Mis gatos,  que no me gusta dejarlos con nadie porque no los tratan bien. En México les ha pasado desgracia tras desgracia, además, en nuestro país la gente no tiene ningún respeto por los animales, dicen que no tienen alma, que no sufren. No me gustan los toros y tampoco los rastros, es mejor ser vegetariano, ¿no?

 

*Esta entrevista es parte del libro Cronicas de la memoria, de Miguel Ángel Muñoz, de próxima aparición.“Estoy absolutamente sola, ya no tengo amigos”. Entrevista con Elena Garro. Se publicó en el Suplemento La Cultura en México de la Revista Siempre #2225, febrero 8 de 1996.

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