Publicado en Sociedad Martes, 14 Noviembre 2017 08:19

Llega a Cuernavaca El Ángel Exterminador, de Thomas Adès

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Basada en la cinta homónima de Buñuel, la obra será transmitida en el CCT, este sábado, desde el Metropolitan Opera House de NY

Este sábado 18 de noviembre, a las 12:00 horas, en el Centro Cultural Teopanzolco, Amigos de la Música de Cuernavaca, A.C. traerán al público morelense El Ángel Exterminador, del compositor británico Thomas Adès. Se trata de una ópera inquietante en la que el argumento surrealista da lugar a múltiples interpretaciones que el público disfrutará.

Thomas Adès (Londres, 1 de marzo de 1971) es uno de los más destacados compositores ingleses, de los pocos nacidos en la segunda mitad el siglo XX que se han ocupado de la ópera.

Hijo de Timothy y Dawn Adès, Thomas estudió piano en la Guildhall School of Music and Drama, anteriormente estudió en el King’s College de Cambridge. Entre 1993 y 1995 fue compositor residente de la Orquesta Halle de Mánchester, para la cual escribió The Origin Of the Harp (1994), y These Premises Are Alarmed para la inauguración del Bridgewater Hall en 1996.

Asyla (1997) fue un encargo de la fundación Feeney para Sir Simon Rattle y la CBSO. Rattle eligió Asyla para su concierto de presentación de la Orquesta Filarmónica de Berlín, en septiembre de 2002.

La primera ópera de Adès fue Powder Her Face (Empólvese el rostro), encargada por la Ópera Almeida para el festival de Cheltenham, en 1995.

Desde entonces, esta ópera, conocida como la “ópera de la felación”, ha sido interpretada en todo el mundo y existe una grabación en DVD editada por EMI.

Su segunda ópera, La tempestad (The Tempest) fue encargada por la London’s Royal Opera House y estrenada bajo la batuta del compositor, obteniendo una fantástica crítica, en febrero de 2004.

Adès ha recibido numerosos premios y distinciones, incluyendo el prestigioso Grawemeyer Award (2000), siendo el más joven en la historia del concurso. Actualmente es el director artístico del Festival de Aldeburgh.

Acerca de El Ángel Exterminador, un grupo personas de la alta sociedad reunidas para comer se encuentra atrapado en una habitación, incapaz de abandonarla sin que exista una razón aparente. Ello que desata una progresiva degeneración de las costumbres y la convivencia.

Éste es el inquietante argumento de El ángel exterminador, la célebre película de Luis Buñuel. Es sobre ella que el compositor británico Thomas Adès ha compuesto su última ópera, estrenada en Salzburgo el pasado verano y representada por primera vez en el Metropolitan Opera House de Nueva York.

No deja de ser curioso que una película en la que el director decidió no usar banda sonora acabe en un teatro de ópera, pero lo cierto es que funciona y muy bien.

El dramaturgo Martin Crimp afirmó en una entrevista que “la historia representada siempre debe tener algo de extraordinario, algo de excesivo, para que sea adecuada para cantar”.

Sin duda ésta es una historia extraordinaria y llena de excesos, pero hay más puntos que la hacen adecuada para trasladarla a la partitura. Uno de los aspectos técnicos más remarcables de la cinta es el uso de la repetición, elemento que se presta fácilmente al tratamiento musical. Con sutiles modificaciones, Adès da un toque siniestro a estas repeticiones, subrayando el carácter irreal de la situación.

El giro final de la historia –de nuevo una repetición–, así como el miedo a que la imposibilidad de escapar pueda llegar a ser indefinida, se traduce en la ausencia de resolución en la música: el coro entona un réquiem en bucle que se interrumpe bruscamente, como si simplemente dejáramos de oírlo sin que en realidad haya terminado –y quizás nunca lo haga.

De hecho, la ópera tampoco tiene un principio definido: un misterioso sonido de campanas acompaña al público en los pasillos del teatro incluso antes de que se abra la sala, y se va intensificando a medida que se acerca la hora de inicio. Para cuando se abre el telón, el espectador ya está introducido en el mundo sonoro de la obra, incapaz de recordar con exactitud cuándo empezó todo.

Por supuesto, las campanas son una referencia directa al film de Buñuel, igual que la presencia de algunas ovejas. Pero Adès introduce otro instrumento que marcará la sonoridad de la obra más que las campanas: las ondas Martenot.

Este instrumento electrónico produce un sonido fantasmagórico típico de banda sonora de ciencia-ficción que en la ópera simboliza, como si de un campo de fuerza se tratara, al ángel exterminador, es decir, a la oposición que experimentan los personajes para abandonar la habitación.

Adès y Cairns se mantienen en general fieles a la historia original, limitándose a modificaciones de carácter práctico (reducción de personajes y recorte de diálogo). A pesar de ello, mantener a 13 personajes constantemente en escena durante más de dos horas es un reto que Cairns superó con una eficaz propuesta escénica y, sobre todo, con una gran dirección de actores.

La implicación escénica de todos los cantantes fue esencial en una obra en la que nadie tiene un segundo de reposo, incluso cuando no cantan. Precisamente una de las dificultades añadidas al trasladar la historia al escenario es como guiar la atención del espectador ante tantos puntos de interés.

Y aquí entra en juego el decorado, con una parte central que giraba –muy lentamente para no desviar la atención del espectador– situando al frente los rincones de la habitación más relevantes en cada momento.

Otro elemento importante del decorado es el umbral gigante que los asistentes no pueden atravesar.

Musicalmente el reparto entero es impecable, pero vale la pena destacar a algunos de ellos. Por ejemplo, Audrey Luna, que resolvió su parte con sorprendente facilidad. Leticia, el personaje que representa, es una cantante de ópera, y ello se refleja en la partitura obligándola a cantar en una tesitura extremadamente aguda. Su precisión y nitidez incluso en las notas picadas son asombrosas.

A Ed Lyon y Sophie Bevan, como pareja de enamorados, les corresponde la parte más amable de la partitura –que no de la historia–, con varios dúos muy a lo Tristán e Isolda  en los que crean momentos de gran belleza que suspenden el flujo musical  y ofrecen el contraste necesario.

La dirección musical corre a cargo del propio Thomas Adès, en tanto que la producción es un obsequio de Robert L. Turner.

La invitación al público es para compartir esta nueva experiencia operística, reflejo de la sensibilidad artística de nuestra época.

Modificado por última vez en Martes, 14 Noviembre 2017 08:22
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