Publicado en Estrategias Viernes, 26 Abril 2019 05:01

El general Manuel Farfán Carriola

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El 26 de septiembre del 2009 parecía ser un día normal para los policías José Santiago Bahena y Víctor García Gaspar. Llegaron temprano a las instalaciones de la entonces Policía Metropolitana de Cuernavaca, pasaron lista en el sector uno y se dirigieron a la armería por sus pistolas de cargo, pero no se las entregaron.

“Las armas las tiene el comandante Lazcano, las pidió para unas prácticas de tiro y quedó de devolverlas al rato”, les dijo el responsable del depósito, según declaró ante el Ministerio Público el elemento Víctor García Gaspar.

Los patrulleros no tuvieron otra opción que abordar su vehículo oficial, una pick up con el número 2702, y comenzar a hacer sus recorridos de vigilancia. Alrededor de las 13:00 horas la radioperadora les ordenó dirigirse a la calle Nueva Suecia número 303 de la colonia Lomas de Cortés donde reportaban un robo.

Confiados en que la mayoría de los reportes que se reciben en el número de emergencias  resultan bromas, Morales Bahena y su escolta Víctor García acudieron al lugar indicado, pero no observaron nada raro. José Santiago incluso tocó el timbre pero nadie salió, así que regresó a su patrulla.

Ya se iban pero repentinamente salió un hombre angustiado, quien dijo que los asaltantes estaban aún dentro de la casa amagando a su familia. Sin medir las consecuencias, los dos uniformados siguieron al hombre hasta la entrada de la casa, donde uno de los delincuentes los agarró a bocajarro.

“Al momento de las detonaciones sentí como que yo también había sido herido, me tiré hacia atrás y quedé boca abajo a metro y medio de mi comandante y del propietario de la casa. Cinco segundos después escuché más detonaciones dentro del domicilio”, narró Víctor, el único sobreviviente.

Para ese momento también había llegado una patrulla de la Policía Estatal, pero el comandante Abel Santos León apenas iba a bajarse cuando fue acribillado al igual que Felipe de Jesús Nieto López, el propietario de la casa. En su huida, los tres delincuentes también mataron al taxista Cándido Hernández.

Lo más paradójico es que en el camino los asaltantes se toparon con la patrulla del comandante de Bomberos, Antonio Lazcano Albavera, el mismo al que le habían prestado las armas. Creyendo que se trataba de una patrulla, les dispararon, muriendo en el acto el chofer José Antonio Amador Herrera y quedando herido de muerte el propio jefe de bomberos.

Al lugar del asalto llegó el entonces secretario de Seguridad Pública de Cuernavaca, Manuel Farfán Carriola, un general retirado. Se llevó él mismo al sobreviviente Víctor García con la intención de que estampara su firma aceptando que había recibido el arma de cargo, pero el policía se negó.

“No traían armas”, le dijo el reportero Guillermo Hinojosa al jefe policiaco cuando éste arrancaba su patrulla.

Iracundo, el general Farfán Carriola se regresó y encaró al periodista. “Eso me lo va vas a tener que demostrar, maricón”.

“No traían armas”, sostuvo el periodista.

Días después, el polémico general presentó su renuncia al cargo.

El 23 de noviembre del 2009, durante su comparecencia ante el Congreso Local, el entonces procurador de Justicia, Pedro Luis Benítez Vélez, pidió hablar con los diputados sin la presencia de los medios de comunicación.

Ahí les aseguró que había una orden de búsqueda en contra del militar por uso indebido de funciones públicas y negligencia.

La Procuraduría de Justicia descubrió que, efectivamente, las armas que debían portar los policías estaban siendo utilizadas por el comandante Lazcano (cuñado del ex alcalde Jesús Giles Sánchez) para un negocio personal en sociedad con Farfán Carriola.

La clave fue el oficio de fecha del 19 de septiembre, SSPTM/DGPR/500/09- 2009, el general le pidió apoyo a Daniel Villanueva Reséndiz, presidente del Club de Campo de Tiro La Herradura, para utilizar esas instalaciones durante los días 19, 20 y 23 de octubre de ese año, con el objeto de efectuar los cursos SWAT, donde se utilizaron las armas de cargo de la corporación.

La información se confirmó con la declaración de un elemento policiaco proveniente de Oaxaca, quien vino a reclamar la devolución de su dinero pagado para recibir un curso especial de escoltas que  incluiría la conducción de vehículos, así como práctica defensiva, ofensiva y evasiva, según un promocional difundido en Cuernavaca y en el que se asegura que sería ofrecido por expertos de la Escuela de Capacitación en Seguridad Privada Ranger SWAT de Colombia y la empresa Servicios Únicos de Unidades para Adiestramiento (SUUAT), con la participación de la empresa InterSep Seguridad Privada.

A pesar de todo lo anterior, Manuel Farfán Carriola continuó su carrera en la administración pública. Primero fue secretario de Seguridad Pública en Michoacán donde también tuvo que salir luego de una rebelión de sus elementos, y en enero de 2011 fue designado jefe de la Policía Municipal de Nuevo Laredo, Tamaulipas.

El 2 de febrero de 2011 el general falleció en una emboscada en la cual también dieron muerte a su escolta Guillermo Álvarez Hernández, y al subdirector operativo de la dependencia, Raúl Rivera Molina. La Procuraduría de esa entidad le atribuyó el ataque a Los Zetas.

De los tres delincuentes que mataron a seis personas, sólo uno pudo ser localizado gracias a una cámara de seguridad de una casa cercana a donde ocurrieron los hechos. El detenido fue identificado como Tomás Martínez Pereda, comerciante de Tepito, a quien un tribunal oral lo sentenció a 270 años de prisión.

HASTA MAÑANA.

Modificado por última vez en Martes, 30 Abril 2019 08:52
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