Publicado en Estrategias Lunes, 07 Octubre 2019 05:10

El país de las 2000 fosas

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La semana pasada la Fundación Gabriel García Márquez para un nuevo periodismo iberoamericano, hoy llamada simplemente “Fundación Gabo”, dio a conocer los cuatro ganadores del Premio Gabo, allá en Colombia.

Uno de los trabajos ganadores es “El País de las 2000 fosas”, elaborado por reporteros mexicanos (en 2015 otro grupo de reporteros encabezado por Daniel Lizárraga ganó ese mismo premio con el trabajo “La Casa Blanca de Peña Nieto”).

Este premio es convocado por la Fundación Gabo con el objetivo de incentivar la búsqueda de la excelencia, la innovación y la coherencia ética en el periodismo, con inspiración en los ideales y la obra de Gabriel García Márquez, y en la dinámica de innovación, creatividad y liderazgo que caracterizan a Medellín, Colombia.

El Premio Gabo y el Festival Gabo son posibles gracias a la alianza público-privada conformada por la Alcaldía de Medellín y los grupos Bancolombia y SURA con sus filiales en América Latina.

¿Qué tiene que ver Morelos con “El País de las 2000 fosas? La respuesta es simple: Parte de esas dos mil fosas están en Morelos.

El país de las dos mil fosas mostró, por primera vez, la expansión del hallazgo de fosas clandestinas en México entre los años 2006 y 2016 durante el periodo de la estrategia de seguridad llamada “Guerra contra las drogas”. Esta investigación es el resultado del trabajo de campo y documentos públicos obtenidos por un grupo de periodistas independientes a lo largo de año y medio de manera colaborativa, entre ellos el reportero nacido en Oaxaca, criado en Guerrero y desarrollado profesionalmente en Morelos, Carlos Quintero Juan.

El trabajo surge ante la falta de información confiable y sistematizada sobre los hallazgos de fosas y cuerpos en un contexto de violencia que se intensifica cuando el presidente Felipe Calderón lanza la política de guerra contra el narcotráfico, prolongada en el sexenio de Enrique Peña Nieto (vigente con Andrés Manuel López). Además del número de fosas clandestinas en el país, los documentos públicos y el reporteo en campo evidenciaron que las autoridades no cuentan con un registro común, tampoco una metodología compartida para documentar y reportar los hallazgos de entierros clandestinos lo que se traduce en un obstáculo en la búsqueda de verdad y justicia para las víctimas.

Parte central de esta investigación es el mapa interactivo nacional de fosas y 24 mapas estatales, que muestran por primera vez de manera visual la magnitud del descubrimiento de fosas y cuerpos durante ese periodo.

La investigación, que contó con el apoyo de Quinto Elemento Lab, requirió de la organización, sistematización y análisis de documentos públicos de autoridades estatales obtenidos a través de 200 solicitudes de información y una terca insistencia de petición de datos a través de recursos de revisión. Para integrar la base de datos, el equipo realizó un riguroso trabajo de homogeneización, limpieza y cotejo de la información, para posteriormente visualizarla territorialmente a nivel municipal y por año, lo que permitió tener una imagen nacional de 11 años. También requirió de la información de reporteros en varios estados del país que se han especializado en esta cobertura, y de la opinión de expertos.

Los principales sitios de la muerte en México esos 11 años son el municipio de Veracruz, con 125 fosas en la que se localizaron 290 cráneos. El lugar exacto se llama Colinas de Santa Fe: ahí se han encontrado 22 mil 79 restos óseos de los que la autoridad aún no reporta a cuántas personas corresponden, y donde continúan las labores de desenterramiento. El otro es el municipio de San Fernando, a hora y media de la frontera con Texas, en Tamaulipas, que registró 139 fosas con 190 cuerpos y restos óseos en 11 años.

Desde 2008, año con año, Ciudad Juárez aparece en esta estadística macabra. La sumatoria de fosas -sin contar los municipios del valle circundante- da 58. En tanto, Acapulco a partir de 2010 no ha faltado ningún año en la lista: esa ciudad-puerto de 2006 a 2016 acumuló 108 fosas.

El municipio donde más cuerpos fueron extraídos en un año fue Durango, con 350, en 2011. Es también el municipio donde más cuerpos han sido encontrados en fosas: 460 en 7 años.

Los estados que encabezan el número de fosas exhumadas en el lapso estudiado son: Veracruz (con 332); Tamaulipas (280); Guerrero (216); Chihuahua (194); Sinaloa (139); Zacatecas (138); Jalisco (137); Nuevo León (114); Sonora (86); Michoacán (76); San Luis Potosí (65).

Morelos fue el único estado que mantuvo en secreto las fechas del hallazgo de sus 21 fosas y omitió mencionar en su lista las fosas de Tetelcingo, creadas por la propia fiscalía de manera clandestina y a donde enviaron cuerpos que deberían haber ido a fosa común hasta 2016, cuando se hizo pública su existencia.

Los estados con más cuerpos contabilizados en fosas son: Durango (497); Chihuahua (391); Tamaulipas (336); Guerrero (325); Veracruz (222); Jalisco (214); Sinaloa (176); Michoacán (132); Nuevo León (119); Sonora (96); Zacatecas (81).

Actualmente Carlos Quintero trabaja en una nueva empresa: tratar de contabilizar el número de fosas tanto clandestinas como oficiales pero irregulares, así como el número de cadáveres que hay en las instalaciones de la Fiscalía.

El trabajo comienza con un cadáver masculino que enterraron en una fosa en las inmediaciones del Cerro de la Herradura, el 20 de octubre de 2008. El 11 de septiembre de 2010, la Policía Federal confirma el hallazgo de dos fosas, una en Puente de Ixtla y otra en Tlaltizapán. En la primera exhuman 11 cadáveres, en la segunda dos.

El 17 de noviembre de 2010, la PGR localiza una fosa clandestina en el paraje El Jabonero de Puente de Ixtla. Información periodística menciona la existencia de al menos 10 cadáveres.

La recopilación de información obtenida a través de solicitudes de información pública es en conjunto con la periodista Wendy Pérez, “freelance” del estado norteamericano de Texas.

Otra vertiente de esta investigación es saber cuántos de los cadáveres que se levantan diariamente son reclamados por sus familiares, y qué sucede con los que no son reclamados. Así como vamos (con 5 ó 6 ejecuciones diarias) no habrá lugar suficiente para almacenar tantos cadáveres mientras son reclamados, ni fosas que den cabida a los que no fueron identificados.

HASTA MAÑANA.

 

 

Modificado por última vez en Lunes, 07 Octubre 2019 08:57
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