Panóptico Rojo
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Thoreau, y la hoja de la espada

“Cuán vano es sentarse a escribir cuando aún no te has levantado para vivir” – Henry David Thoreau.

Un día como hoy, 12 de julio, pero de 1817, nace el escritor, poeta y ensayista estadounidense Henry David Thoreau, quien también en el séptimo mes pero del año 1845 decide experimentar la cercanía con la naturaleza y vivir a lo largo de dos años en un bosque aledaño a Walden Pond, en una cabaña que él mismo construyó: buscaba simplificar su vida y dedicar todo su tiempo a escribir y documentar sus observaciones y reflexiones.


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De lo que experimentó en ese tiempo, la inspiración de Thoreau acuña frases como la siguiente: “Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente, enfrentar sólo los hechos esenciales de la vida, y ver si no podía aprender lo que ella tenía que enseñar, no sea que cuando estuviera por morir descubriera que no había vivido”. Obras como “Una semana en los ríos Concord y Merrimack” (1849) y, por supuesto, “Walden” (1854) se conciben en esta etapa.

En esos años, Thoreau también protesta contra el gobierno norteamericano ante lo que consideraba inaceptable: la guerra contra México que se desarrolló entre 1846 y 1848, movida por intereses económicos de los dueños del algodón y de los industriales del Norte. Thoreau se entrega a la policía por negarse a pagar sus impuestos, que consideraba injustos por ir destinados, mayoritariamente, a sufragar dicha guerra contra México.

¿Cómo se desarrolla esta anécdota? Una tarde de julio de 1846, mientras Thoreau vivía en Walden, salió al pueblo para llevar a arreglar un zapato y se encontró con Sam Staples, un amigo suyo que trabajaba para el gobierno como cobrador de impuestos. Staples le recordó que no pagaba desde hacía cuatro años pero que si necesitaba dinero, él mismo podía prestárselo. Henry contestó que no pagaba porque… no quería pagar. Que no iba a dar su dinero a un gobierno que mantiene esclavos y que arremete contra México para anexar más territorios para la esclavitud. Sam preguntó “¿y yo qué debo hacer?”, Henry contestó: “renuncia”; Sam inició las acciones para que lo tomaran preso.

Se ha señalado que estando Thoreau en la cárcel, otro de sus amigos, el también escritor y poeta Ralph Waldo Emerson le preguntó la razón de encontrarse allí y Thoreau contestó: “¿Y usted por qué no está aquí?”. Ante los hechos, el propio autor ilustra el concepto de desobediencia civil con sus propias palabras: “Cuando un gobierno es injusto, la cárcel es el lugar donde debe estar el hombre justo”. Este episodio le lleva a escribir uno de sus ensayos más famosos, precisamente titulado “Desobediencia civil”, donde establece la base de una doctrina que influyó posteriormente en Gandhi y Martin Luther King.

Respecto al connotado defensor de los derechos civiles, Martin Luther King, uno de sus testimonios más célebres es el siguiente: “Leí el ensayo de Thoreau sobre la desobediencia civil por primera vez durante mis primeros años en la facultad. Fascinado por la idea de rehusar cooperar con un sistema injusto, me conmovió tan profundamente que releí la obra muchas veces. Quedé convencido de que la no cooperación con el mal es una obligación moral en la misma medida que lo es la cooperación con el bien. Nadie ha logrado transmitir esta idea de forma más apasionada y elocuente que Henry David Thoreau”.

Henry David Thoreau también apuntó en otro de sus escritos que “la mayoría de los legisladores, políticos, abogados, ministros y funcionarios sirven al Estado principalmente con la cabeza, y así como raras veces hacen una distinción moral, se prestan, sin proponérselo, a servir tanto al demonio como a dios”. Pero en nuestro presente no debemos olvidar que, sin ser filósofos, amar la sabiduría y  llevar una vida magnánima consiste en resolver no sólo teóricamente algunos problemas de la vida, sino también prácticamente.

INDICTUM

Hoy se celebra en México el Día del Abogado. Hace un año comentamos en el espacio de ‘Panóptico Rojo’ titulado 'Vir bonus, dicendi peritus' que “la fecha se retoma desde 1960, conmemorando la primera cátedra de Derecho en América, “Prima de Leyes”, en la Real y Pontificia Universidad de México, impartida por Bartolomé Frías y Albornoz, el 12 de julio de 1533”.

En aquella ocasión concluimos parafraseando al jurista italiano Ciuratti en su libro “Arte Forense”: "Dad a un hombre todas las dotes del espíritu, dadle todas las del carácter, haced que todo lo haya visto, que todo lo haya aprendido y retenido, que haya trabajado durante treinta años de vida, que sea en conjunto un literato, un crítico, un moralista, que tenga la experiencia de un viejo y la inefable memoria de un niño y, tal vez, con todo esto forméis un abogado completo”.

Es interesante incluir este domingo la opinión del doctor Miguel Carbonell respecto al nuevo papel de los abogados en nuestro país, en un momento en el que “es probable que nunca antes en la historia de México haya sido tan interesante ejercer la profesión de abogado (…) grandes transformaciones jurídicas que exigen a los juristas profundos cambios en la manera de estudiar, interpretar, argumentar y resolver problemas legales”.

“Por un lado, el ordenamiento jurídico mexicano ha cambiado a gran velocidad y de manera muy profunda en los últimos años. Recordemos las grandes reformas en materia de derechos humanos, amparo, juicios orales en materia penal, energética, laboral (…) Por otra parte, hoy en día ya no basta con conocer nuestro ordenamiento jurídico interno, sino que debemos asomarnos también a lo que va sucediendo más allá de nuestras fronteras. Cada vez se citan con mayor frecuencia las sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y cada vez resulta más determinante conocer la forma en que se debe llevar a cabo el control de convencionalidad en muchas materias del derecho mexicano”.

En este domingo y desde este espacio dirigimos una felicitación en general para todos aquellos que ostentan un título profesional como ‘Licenciado en Derecho’, y una en particular a los abogados que defienden la alcurnia de la profesión: “El Abogado debe ser como la hoja de una espada: recta, flexible, brillante y acerada" (A. Orgaz).

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Margarita Rebollo

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