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La máscara

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La protección más sencilla y más eficiente que tenemos a nuestro alcance contra la COVID-19 es la máscara o cubrebocas. Esta medida que ha sido despreciada por muchas personas es la que ha mostrado tener mayor eficiencia para disminuir los riesgos de contraer la enfermedad que nos mantiene en constante tensión emocional y bajo crisis económica ya desde hace poco más de un año.

Un interesante artículo publicado en la revista Proccedings of de National Academy of Science (PNAS) el pasado mes de enero [1] analiza la eficiencia del uso adecuado del cubrebocas. Primeramente, se reconoce que la principal vía de contagio de la COVID-19 es la respiración de partículas emitidas por personas presintomáticas o asintomáticas, pero infectadas. Recordemos que hace un año esta vía no era reconocida como la principal y por eso se dudaba de la eficacia del uso de la máscara. Hoy en día y después de muchísimos estudios se ha determinado que la principal vía de contagio es la respiración de partículas portando los virus SARS-CoV-2.

Por estas razones, se ha determinado que dos acciones reducen la propagación de la enfermedad: limitando el contacto con las personas infectadas mediante aislamiento y reducción de contacto. Es claro que el cubrebocas reduce el contacto con las partículas suspendidas en el aire arrojadas por personas infectadas y, por lo tanto, baja la posibilidad de aspirarlas. Al mismo tiempo, si la persona que la porta está infectada evita que esparza esas partículas al aire; aunque ella no lo sepa, y la máscara actúa como una barrera.

Es importante mencionar que las pruebas muestran que el uso de cubrebocas en ambientes de laboratorios y hospitales reduce la transmisión de la enfermedad. En los entornos públicos cotidianos el uso del cubrebocas es la acción más efectiva para reducir la propagación del virus cuando su uso es mayoritario.

Las conclusiones y recomendaciones de este artículo se basan en una revisión muy amplia de investigaciones sobre otras enfermedades respiratorias y datos nuevos precisamente de la transmisión del SARS-CoV-2.

Aquí un aspecto interesante es la forma en la que muchos estudios se han realizado utilizando tanto prueba directa, estudios directos en hospitales, como análisis de metadatos utilizando herramientas sofisticadas. Estas herramientas pertenecen mayoritariamente a la ciencia de datos y son usadas ampliamente hoy en día en muy diferentes áreas, desde mercadotecnia hasta salud. También realizaron una revisión sistemática de estudios observacionales no sesgados que encuentren prueba convincente de la eficacia del uso público de máscaras como reductores del contagio.

En estos estudios se encontró que el contagio es hasta 7.5 veces más alto en países donde no hay un mandato de uso de cubrebocas. Una de las formas de análisis del tipo de minería de datos se observa en los estudios que investigaron las correlaciones en el interés de las personas de una región por los cubrebocas en el mercado electrónico, que muestra un factor importante en el control de la COVID-19 en esa región. Si las regiones donde las personas se interesaban más en las compras en la Internet por cubrebocas mostraron un mejor control de la enfermedad, es decir, menor tasa de contagio. El control al usar el cubrebocas parece ser más claro al evitar que una persona infectada, sin saberlo, esparza los virus, aunque hay ciertas pruebas de que también protege a la persona que no está infectada. Para ello el artículo destaca que la eficacia del cubrebocas está totalmente relacionada con dos aspectos: la capacidad de filtración y el diseño para ajuste en la cara (por supuesto la forma de portarlo).

La recomendación para los materiales indica que los cubrebocas multicapas de poliester y algodón son una buena alternativa que puede equipararse en la eficiencia en la filtración a los cubrebocas especializados.

Por supuesto, que uno de los aspectos más importantes es procurar que la máscara cubra completamente la nariz y boca. El uso de pequeñas láminas o alambres para que haya un mejor ajuste entre la tela y la piel cercana a la nariz es fundamental. Una búsqueda sencilla en los mercados electrónicos arroja la posibilidad de comprar estas láminas por precios muy accesibles y coserlos a mano en la infinidad de cubrebocas de telas disponibles hoy en día que no lo tengan.

Estamos ante la evidente apertura gradual de las actividades que teníamos antes del 2020, pero para poder realizar esas actividades va a ser necesario que usemos cotidianamente el cubrebocas en lugares públicos.

Todavía no se conoce con certeza la eficacia de la vacunación a largo plazo o la inmunidad de aquellas personas que ya sufrieron la enfermedad. En muchos lugares se documentan reinfecciones.

El cubrebocas será una prenda más en nuestra vida cotidiana, por lo que más vale que sepamos utilizarlo, lavarlo mantenerlo y portarlo. Espero estas líneas aporten datos para que, basados en información, podamos decidir por el bienestar social.

 

[1] https://doi.org/10.1073/pnas.2014564118

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Jesús Antonio del Río Portilla

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