Sin embargo se mueve ...
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Sabemos que #HoyNoCircula no funciona ¿Qué hacemos?

Después de 30 años ha sido evidente que la restricción de circulación de vehículos automotores de combustión interna en la CDMX no ha conseguido aumentar sostenidamente la calidad del aire. Claramente, el HoyNoCircula no aborda de raíz los problemas, sino solamente se dedica a atacar los síntomas causando daños colaterales y tiene efectos secundarios. Esto es muy similar a las medicinas que se centran en los síntomas en lugar de contrarrestar las causas.

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En mi opinión, tenemos ya varias décadas donde se ataca la enfermedad de la contaminación en el país con analgésicos que no atienden a las causas de la enfermedad.

Por supuesto, que una de las acciones que sí aborda directamente la solución del problema es la implantación de sistemas de transporte público eficiente y de calidad. Muchos podrán decir que el Metrobús es una de estas acciones; pero se quedó corta la medida. Al usar vehículos de combustión interna se continúa emitiendo gases de efecto invernadero, se continúa contribuyendo al incremento de la temperatura en las llamadas islas de calor de las ciudades y sus efectos en el consumo de climatización en estas ciudades. Así el uso de vehículos eléctricos debió haberse implementado en el metrobús. Seguro estoy, que cuando los actuales administradores de las finanzas públicas lean estas líneas, inmediatamente argumentarían que los vehículos eléctricos son más caros. Desde mi punto de vista, esta afirmación es parcialmente cierta. Claro que si solamente consideramos el precio de los vehículos eléctricos, este precio es más caro que el de vehículos de combustión interna, gasolina o diésel; pero esta forma no es la adecuada para calcular el costo total para la sociedad. Para conocer realmente el costo se deben contemplar los aspectos colaterales. El costo del sistema de salud para contender con las enfermedades respiratorias que provocan los altos índices de contaminación en las ciudades. Además del costo en la salud propia de cada uno de los habitantes de las ciudades. También se debe contemplar el costo que provoca el cambio climático que estamos provocando al emitir los gases de efecto invernadero, al quemar los combustibles en forma distribuida. Es más para cada habitante de la ciudad que usa un vehículo sea de combustión interna, eléctrico o impulsado por su propios músculos, el estar en un ambiente contaminado le representa un costo “oculto” que no hemos cuantificado.

Por supuesto, que habrá algunas mentes inquisitivas que inmediatamente argumentarán que los vehículos eléctricos sólo trasladarán la contaminación a otros lugares donde se genere la electricidad para usar estos vehículos eléctricos. Nuevamente, argumento que esto es parcialmente cierto; ya que es mucho más barato la captura de carbono que se produce en un solo lugar durante la generación de electricidad, que la misma captura en los millones de sitios móviles que hoy en día tenemos en cada uno de los vehículos de combustión interna.

Así, la propuesta concreta es impulsar que los vehículos de todos los niveles de gobierno sean eléctricos. El costo adicional a la sociedad será evidentemente menor del que es ahora implantar los paliativos para contender con la contaminación. Para cuantificación específica se requiere un análisis de ciclo de vida, pero con mi experiencia este costo decantará a favor de la opción eléctrica. Así debemos luchar por un transporte eléctrico en lugar de uno de combustión interna, esta medida ya ha sido impulsada en otras latitudes donde para el año 2025 no se permitirá la circulación de vehículos emisores de CO2.

Hoy en día, si bien el precio del kilómetro recorrido es más barato con electricidad que con gasolina, la inversión inicial es todavía alta. Aquellos que personalmente puedan adquirir un vehículo eléctrico podrán contribuir al bienestar social. Pero, cada uno de nosotros podemos hacer algo en este momento y que nos aportará beneficios económicos en el corto plazo.

En cada una de nuestros domicilios tenemos un emisor de las mayores fuentes de CO2, si en la mayoría de los domicilios hay calentadores de agua de gas o leña. Todos ellos emiten gases de combustión que pueden ser evitados al usar calentadores solares. Hoy en día el costo de estos calentadores solares se amortiza en menos de tres años con los ahorros de gas o leña. Así con este ejemplo, quiero ilustrar que parte de la solución está en nuestro proceder y no tenemos que esperar a que otros impulsen o implementen medidas; por supuesto debemos exigir que se implanten verdaderas soluciones; pero parte de la solución está en nosotros. Ya sabemos qué hacer, ahora depende de nosotros y de nuestro actuar.

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Jesús Antonio del Río Portilla

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