Bajo el Volcán

Nunca es tarde para cambiar

Es necesario que nos demos cuenta que la vida sigue y no podemos estancarnos

Los seres humanos solemos seguir inertemente por el mismo camino. Acaso somos muy complacientes y nos gusta la comodidad. Los cambios nos agobian porque nos obligan a sacar recursos internos tal vez sin usar. O inclusive a reconocer nuestros errores, abrir la mente y estar dispuestos a experimentar las cosas de diferente manera. Siempre andamos buscando el siempre igual y el nunca cambies. Si nuestra pareja, nuestros amigos o nuestros hijos cambian, nos desestabilizan.

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“Cambiar tiene un precio pero vale la pena, es parte de vivir con una vida de calidad en la que nos proponemos crecer, madurar y ser mejores personas.”

Los cambios traen un estado de incertidumbre pues no sabemos con seguridad el resultado de ciertas decisiones. No podemos controlar lo que pase en el futuro ni que los demás quieran o deseen ni mucho menos sus cambios y sus inestabilidades. Quizá por eso o quizá por otras muchas razones, cambiar no es cosa fácil.

También nuestro amor propio puede ponderarse en lo que hemos hecho de nosotros mismos, lo que hemos constituido. Ver rotas esa estabilidad, esa forma de ser que considerábamos correcta, ese modo de hacer las cosas que parecía infalible, todas esas rupturas duelen en nuestro orgullo, dan miedo, nos colocan en una situación dependiente del tiempo, de los demás, de lo que suceda, nos hace sentir sin control y nos resistimos.

Solemos resistirnos al cambio. Por miedo a lo desconocido, por la incertidumbre o simplemente porque perdemos, dejamos atrás lo que es de otra etapa, porque podemos perder una forma de vida, porque nuestras relaciones terminan, cambian o se modifican  y lo que considerábamos nuestra felicidad termina, porque todo crece, se modifica, cambia de rumbo y nos obliga a readaptarnos. Tenemos entonces que modificar nuestra forma de pensar, de ser, de resolver problemas y no podemos simplemente sentarnos a disfrutar de una situación congelada en el tiempo porque eso de “congelar el tiempo” no es posible.

Cambiar no es sólo inevitable, sino necesario. Dejar atrás una relación destructiva, bajar de peso cuando ya atentas con tu salud física y emocional, estudiar para acceder a una nueva profesión, cambiar de trabajo aunque implique ciertas renuncias en pro de mejorar y hacer lo que se ama, empezar esa nueva relación a la que le hemos dado la vuelta, aunque implique romper el cordón umbilical con nuestros padres y asumir responsabilidades de personas adultas, dejar atrás el alcohol aunque nos sintamos muy mal prescindiendo de él, resolver los problemas de otro modo, etc.

Nos hemos hecho tantas veces propósitos y luego no los llevamos a cabo por miedo a cambiar. Pero “más vale tarde que nunca”. Es necesario que nos demos cuenta que la vida sigue y no podemos estancarnos, pues a la larga no adaptarte al cambio trae más descontrol y sufrimiento, porque entonces pueden venir las crisis por el desgaste, por la necesidad de renovación aplazada y eso puede ser más desastroso que haber asumido nuestra necesidad de cambiar antes.

Pero “nunca es tarde para cambiar”, mientras tengamos aliento de vida es posible hacerlo. Basta con que estemos dispuestos a pagar el precio, a invertir el esfuerzo y a asumir ese nuevo modo de vida que quizá no resulte cómodo ni seguro, pero que nos traerá novedad y vida nueva.

La psicoterapia puede ser el espacio para ayudarte a cambiar internamente, a mejorar tu carácter, a reconocer tus adicciones, a superar el dolor que te aferra a situaciones destructivas o te puede confrontar con lo que eres, con lo que has deseado y te has traicionado a ti mismo/a y has dejado de lado el cumplirte lo que te has prometido a ti mismo/a.

Apóyate de un proceso de psicoterapia individual. Si tu problema es de pareja inicia tu terapia de pareja y proponte participar del taller “recuperando mi relación de pareja” de manera privada tú y tu pareja.

Estamos también por iniciar el taller de “formación de carácter”. No dejes para mañana lo que puedes hacer ahora por ti. Este año que comienza que sea el año en que te decidas a cambiar porque “nunca es tarde para cambiar”, pero mientras más pronto menos sufrimiento y menos oposición a la vida que es cambio y crecimiento.    Comienza el año cumpliendo tus propósitos. No dejes que estos se repitan año tras año porque no los has realizado. “Nunca es tarde para cambiar”. Y aunque así sea, mientras más te tardes, más oportunidades pierdes y más situaciones críticas invitas a que ocurran en tu vida por falta de previsión y de satisfacción de necesidades que pospusiste, ¿por qué? ¿Miedo? ¿Flojera? ¿Implica mucho esfuerzo y sacrificio? Cambiar tiene un precio pero vale la pena, es parte de vivir con una vida de calidad en la que nos proponemos crecer, madurar y ser mejores personas. Feliz año nuevo. Te deseamos que traigas todas las novedades a tu vida que te has propuesto y no dejarlo para después, a pesar de que “nunca es tarde para cambiar”, no lo pospongas más.

Hay quienes son adultos mayores y dicen “yo ya no puedo cambiar, ya estoy muy grande”, pero mientras tengas aliento de vida puedes cambiar. Por eso insistimos en que “nunca es tarde para cambiar”.

 

*Mtra. Ruth Holtz, Terapeuta psicocorporal, Analista bioenergética, Psicoterapeuta psicoanalítica. Orientadora cristiana. Informes y citas para ciberterapia a Colima al tel. 01 312 3 30 72 54 Correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.             www.facebook.com/crecimientoemocionalintegral

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