Estuario
Lunes, 12 Marzo 2018 05:22

El mundo detrás de Dukla

Escrito por

Siempre quise escribir un libro sobre la luz.

No soy capaz de encontrar nada

que recuerde más a la eternidad.

 

Andrzej Stasiuk

 

Los grandes escritores se destacan por la capacidad inventiva de su imaginación, la riqueza de sus historias o el arte de su tratamiento. Una historia bien contada siempre resulta atractiva para todo tipo de lector.

Sin embargo, ¿qué ocurre cuando no hay historia, cuando ésta es casi invisible o cuando la trama apenas si se percibe en un cuento o una novela? De entrada, se corre el riesgo de ingresar a un libro del que se saldrá acaso muy pronto.

En 1999, Andrzej Stasiuk (Varsovia, 1960) obtuvo el premio al mejor prosista polaco por su novela El mundo detrás de Dukla (1997). En 2003, Acantilado lanzó la primera edición de dicha obra en español, con traducción de Elzbieta Bortkiewicz y de Juan Carlos Vidal.

Ésta es una novela cuya historia no se centra en la trama. Es más, en las primeras líneas, el narrador advierte que «…no debe existir trama alguna en este relato, porque ninguna cosa debe ocultar otras cosas cuando nos encaminamos hacia la nada…».

El mundo detrás de Dukla comienza con el retorno del narrador a Dukla, ese lugar que lo vio crecer y donde tuvo las primeras impresiones de la vida. En su regreso cuenta el estatismo de los domingos por la tarde, la luz que cubre las horas y todo parece inmóvil, encerrado en una especie de tristeza que acecha ese día a las personas.

El personaje narra cada espacio; no deja resquicio sin ser descrito y cada paso se convierte en un poema en movimiento. El hombre vuelve al sitio después de varios años y encuentra apenas ligeros cambios, pero los espacios permanecen, cuentan lo que años antes no pudo percibir.

Sin duda, la mayor virtud del autor en esta novela es el lenguaje: un lirismo que atrapa al lector y lo lleva a Dukla, un pueblo situado al sur de Polonia, para conocer los rincones que el autor describe con una sensibilidad destacable.

La prosa de Andrzej Stasiuk encanta, convierte al libro en un remanso donde los ruidos del exterior no se escuchan y, en cambio, la inmovilidad de Dukla se planta ante los ojos del que lee y se sabe habitante de ese pueblo.

Hay pasajes de los primeros años del narrador. Destaca a sus abuelos, la vida de entonces, las costumbres, la capacidad de existir con la mera presencia. O la aparición de Wasyl Padwa, un peculiar habitante del pueblo que guarda dinero, pero no con buenos resultados.

El protagonista es Dukla, sus espacios, su gente. Stasiuk hace del pueblo un mundo, pero en cada rincón, cada resquicio, describe un microcosmos con una maestría y una sutileza únicas que nos colocan frente a frases escritas con seda.

El mundo detrás de Dukla es una novela de 191 páginas para beberse a sorbos, degustarla frase a frase y deleitarse con el destacado lirismo de Stasiuk. Es asimismo como si la luz se posara sobre los cuerpos, sobre los espacios, se infiltrara entre los resquicios: todo está cubierto a través de las descripciones. Es un libro, pues, para disfrutar con todos los sentidos.

Lunes, 05 Marzo 2018 05:42

Las uvas de la ira

Escrito por

Robar un banco es un delito,

pero más delito es fundarlo

 

Bertolt Brecht

 

Hace un tiempo era muy común escuchar o leer acerca de los desahucios. En los últimos años, en España, miles de familias (no existe una cifra exacta) han sido despojadas de su vivienda o echados del sitio en el que vivían por la imposibilidad de pagar el alquiler o las hipotecas. Los métodos de los desalojos han causado indignación entre diversos sectores de ese país y a nivel internacional, pues casos ha habido en los que la gente que se queda sin techo es anciana, sin posibilidades de trabajar ya sea por enfermedad o por la edad misma.

A estas alturas, aún hay quienes se empeñan en vender la imagen de España como ejemplo, particularmente para México. Los desahucios son la punta del iceberg de un país cuyos índices de desempleo y desigualdades son de los más elevados de las naciones que conforman la Unión Europea. No obstante, los desalojos no son nuevos ni exclusivos de dicha nación.

La semana pasada, en este espacio recomendé la lectura de Manhattan Transfer (1925), una novela de John Dos Passos (Chicago, 1896-Baltimore, 1970) en la que aborda la deshumanización de la sociedad empujada hacia el llamado «progreso».

Mi recomendación de esta semana es una novela que tiene que ver justamente con desahucios, despojos, desigualdades e injusticias: Las uvas de la ira (Promexa/Diana, 1979), de John Steinbeck (California, 1902-Nueva York, 1968), quien en 1962 fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura y que, como Dos Passos, perteneció a ese grupo de autores que conformaban la «Generación perdida».

Publicada en 1939, Las uvas de la ira despertó polémica entre el sector tradicionalista –e hipócrita– de la sociedad estadounidense. Hacia 1929, la Gran Depresión sumió a los Estados Unidos en una crisis que, como toda crisis, afectó, primero y en mayor medida, a la clase trabajadora. Esta crisis provocó que cientos de familias de estados del sur se desplazaran en busca de paliar la marginación a la que los campesinos fueron sometidos.

La novela de Steinbeck está ambientada en la década de los treinta y narra la historia de los Joad, una familia que se ve obligada a abandonar sus tierras por la eternamente insaciable voracidad de los bancos. Sin tierra y sin trabajo, embestidos por la miseria, los integrantes deciden viajar hacia California, pues se ha rumorado que allí las cosas pintan bien y hay trabajo y comida para todos.

Tom Joad, el protagonista, vuelve a su tierra luego de haber estado preso. Pero se encuentra con la nada, con la ausencia de su familia. Luego se entera del viaje y se une a la aventura, acompañado por el predicador de la comunidad.

Las carreteras están llenas de camiones cargados de familias y lo poco que pudieron rescatar; todos van en busca de un sueño californiano. Sin embargo, también los hay quienes vuelven de la búsqueda y advierten del exceso de trabajadores y la pírrica paga. Sin embargo, eso no desanima a los Joad y deciden seguir, comprobar por ellos mismos el desencanto. La novela relata todas las desavenencias que esa familia debe librar en busca de sobrevivir.

La obra en sí es una denuncia y cuestiona las prácticas del capitalismo. El autor la escribió basado en artículos periodísticos que él mismo escribió en los que daba cuenta de la situación de los trabajadores del sur de los Estados Unidos, principalmente en los campos de cultivo.

Steinbeck retrata la realidad de un país donde la miseria y los abusos son una realidad; las situaciones que se narran podrían rayar en lo extremo, pero no son sino un reflejo de la vida en el llamado «país más desarrollado del mundo».

Hoy en día, en pleno siglo XXI, esta obra es censurada entre las familias más conservadoras del país vecino del norte, enquistadas en una sociedad consumista e individualista, imposibilitada para echar una mirada al otro. Se trata de una novela extensa (511 páginas en la citada edición), pero con un tono fluido que permite una lectura rápida.

Las uvas de la ira es un texto que se publicó por primera vez en 1939, pero cuyos problemas abordados por Steinbeck continúan vigentes y parecen ensancharse conforme aumentan las ambiciones de las elites.

En 1940, John Ford dirigió una película basada en esa novela, con Henry Fonda como protagonista. La cinta obtuvo seis nominaciones al Oscar y se hizo acreedora a dos: Mejor Director y Mejor Actriz de Reparto (Jan Darwell).

Otras obras destacadas de John Steinbeck son De ratones y hombres (1937), La perla (1947), Al este del Edén (1952), Dulce jueves (1954), entre otras.

Lunes, 26 Febrero 2018 05:15

Manhattan Transfer

Escrito por

La Generación perdida es un grupo de escritores nacidos en Estados Unidos hacia finales del siglo XIX y principios del XX, con cierta influencia europea. Se la denomina así porque les tocó vivir fases creativas «perdidos» en el periodo de entreguerras y participaron de conflictos bélicos.

Los nombres más destacados de este grupo son los narradores William Faulkner (1897-1962), Ernest Hemingway (1899-1961), John Steinbeck (1902-1968), Francis Scott Fitzgerald (1896-1940) y John Dos Passos (1896-1970), así como el poeta Ezra Pound (1885-1972).

Si hay que agregar algo respecto de su importancia es que los tres primeros fueron Premios Nobel en los años 1949, 1954 y 1962, respectivamente, además de que figuran entre los escritores más importantes del siglo XX.

Algunas características de la Generación perdida son, principalmente, el pesimismo, una fuerte crítica a la guerra y su inutilidad, a la voracidad del capitalismo, así como a lo que los políticos de la actualidad llaman «desarrollo» y «progreso».

La recomendación de esta semana es una novela que gira en torno a estos conceptos: Manhattan Transfer (Bruguera, 1980), de John Dos Passos.

Esta novela fue publicada en 1925, es decir, cuatro años antes del inicio de la Gran Depresión estadounidense. Con maestría, el autor ya anticipaba las catástrofes económica y social que devinieron tras el crack financiero del 29.

La estación Manhattan Transfer sirve a Dos Passos como metáfora para desarrollar la que es considerada –quizás– su mejor novela, pues en aquélla, como en todo paradero del transporte público, confluyen personajes que se cruzan de forma constante o que nunca más se vuelven a ver.

El escenario es la ciudad de Nueva York de los años veinte. No ocupa nada más el telón de fondo, sino que el escritor hace de ella un personaje, acaso brutal: devora seres y sus sueños un día sí y el otro también; luego los regresa al mundo como almas grises, despojadas de toda esperanza: hombres y mujeres completamente desolados.

La historia de la novela no está centrada en un personaje en sí, sino más bien a la masa en su conjunto: Dos Passos entrega un collage en el que nos da cuenta de los sueños y las aspiraciones de un montón de hombres y mujeres que creen que en Nueva York hallarán –y lo llevarán a sus vidas– el ideal de bienestar.

Con base en estas motivaciones es que cada ser fluye a través de párrafos y párrafos; sin embargo, Dos Passos no permite profundizar en la vida de las personas, pues en cuanto el lector comienza a saber algo más, llega el cambio repentino, los espacios en blanco en las hojas como símbolo del vacío.

En la obra hay jóvenes que anhelan hacer dinero, mujeres que buscan alcanzar la felicidad, suicidas, obreros, políticos, sindicalistas; seres atormentados que beben alcohol, pese a la prohibición… Éste es un elemento de la crítica de Dos Passos hacia la sociedad norteamericana de su tiempo; sabe que, pese a la falsa transparencia en la política de ese país, la corrupción es uno de los tantos defectos sobre los que está cimentada la democracia estadounidense.
La novela no es corta (472 páginas en la citada edición), pero se lee a buen ritmo; está escrita con una técnica de alguna forma innovadora del autor en cuanto al collage que ofrece al lector a través de cientos de páginas.

El ritmo se mantiene, pese a que no existen momentos de tensión ni hay una trama que exija la atención del lector, aun cuando sólo algunos de los personajes vuelven a aparecer, años después, ya en desgracia. Muchos son presentados y pronto desaparecen, sin saber nada más de ellos. De otros, nos enteramos de sus fracasos. Porque, en el fondo, es una novela de fracasos, de la soledad como único recurso para encarar la derrota frente a una sociedad que exige materializar los sueños para comprobar el éxito.

En esta obra encontramos a un John Dos Passos pesimista, pero a la vez desengañado de las falsas ventajas del progreso y demás mentiras. Sin embargo, como todo gran pesimista, deja un resquicio para que se cuele la esperanza.

Otras obras destacadas de este autor son: Tres soldados (1921), novela de corte antimilitar; la trilogía U.S.A., conformada por las novelas El paralelo 42 (1930), 1919 (1932) y El gran dinero (1936), entre otras.

Domingo, 18 Febrero 2018 22:17

Sueño con mujeres que ni fu ni fa

Escrito por

Desgraciado Belacqua, no das con la clave,

no entiendes de qué va la cosa: la belleza,

en último término, no está sujeta a categorías,

está más allá de las categorías.

 

Cuando se nombra a Samuel Beckett es muy probable que brinque el nombre de James Joyce, dada la influencia que éste ejerció en la vida y obra de aquél. No obstante, el Nobel (1969) supo sacudirse la sombra de su connacional conforme pasaron los años.

El de Beckett no es un estilo fácil. Por el contrario, se requiere de paciencia para tomarle el gusto a la obra de uno de los escritores más originales que nos entregó el siglo XX.

Cuando tenía veintiséis años, el irlandés escribió su primera novela, pero no halló editor que se animara a publicarla. Se trata de Sueño con mujeres que ni fu ni fa (1992; TusQuets, 2011), la que el propio Beckett se negó a publicar cuando ya era Beckett.

Por deseo del escritor, dramaturgo y ensayista, la novela no vio la luz sino de manera póstuma, hacia 1992 (Beckett falleció en 1989), es decir, unos sesenta años después de haberla escrito.

La obra comienza de esta forma: «He aquí a Belacqua, un niño rollizo que pedalea cada vez más veloz, con la boca entreabierta y las aletas de la nariz cada vez más hinchadas» (p.11).

Belacqua es un joven poeta que deambula por calles de París, Dublín y Viena; no sabe qué es lo que busca, pero traslada su cuerpo de un lugar a otro como si en verdad tuviera algún objetivo. Éste es acaso el primer guiño beckettiano: el ser se conduce hacia el fracaso, no hay objetivo para perseguir. Y si lo haces, anda: date de frente contra el fracaso.

Sin embargo, Belacqua «está enamorado de cintura para arriba de una muchacha patosa que atendía por el nombre de Smeraldina-Rima» (p.13). Su encuentro es fortuito: la halló una noche en la que la fatiga hizo presa del poeta en ciernes. Es decir, el «amor» le brotó del cansancio, no fue concebido a la luz de la vitalidad.

Belacqua deambula, está satisfecho con su «feliz tristeza». Mujeres como Smeraldina-Rima, Syra-Cusa o Alba esperan algo de él, cualquier cosa, que él no entrega. Porque el muchacho aspira a habitar su interior, sus pensamientos; piensa en qué escribirá: es un artista adolescente –como el de Joyce– que va por la vida ebrio, enfermo o malhumorado.

Pese a ello, hay en la novela toques de humor e ironía que también son características del Beckett que escribirá años después, con un estilo consolidado y del que se apropió para sacudirse de las comparaciones con el autor de Ulises que en determinado momento lo alcanzaron.

Sueño con mujeres que ni fu ni fa es una novela intensa, llena de citas que obligan al lector a echar ojo a las anotaciones –que están hacia las últimas páginas– y acaso a desesperarse. Sin embargo, ello no es pretexto para abandonar la lectura; pues Beckett, el primer Beckett, posee ya el talento para atrapar a quienes se sumergen en ese fascinante mundo de las palabras que construyó. Porque Beckett posee esa fuerza que provocan al lector a no soltar el libro, aun cuando desea hacerlo.

En la novela sí hay elementos que lo colocan como joyceano, pero el lector también se topa con los esbozos del futuro Premio Nobel, el explorador del lenguaje hasta los límites, el pesimista acerca de la condición humana.

El libro está dividido en cinco capítulos: «Uno», «Dos», «Und», «Tres» e «Y». Además hay un posfacio de los traductores titulado «El primero de todos los Beckett», en el que se advierte que Sueño con mujeres que ni fu ni fa no es precisamente la mejor forma de entrar a la obra de un escritor que, sí, se vuelve apasionante.

Es una novela escrita por un joven cuyo futuro es incierto, de un Beckett bajo el influjo de la tensión emocional que le sirvió para dar salida a todas esas emociones. Hay además acaso pasajes de la infancia del propio autor, sin que en sí la novela sea estrictamente autobiográfica.

El lector también descubrirá que el texto está lleno de neologismos. Es la primera obra del futuro autor genial que entregó Esperando a Godot, Fin de partida, El innombrable, Molloy, entre otras tantas obras maestras.

Lunes, 12 Febrero 2018 05:40

Lluvias

Escrito por

De la literatura del Oriente lejano tenemos apenas noticias. En nuestros días, Haruki Murakami es acaso el escritor de mayor popularidad en Occidente gracias a las altas ventas de sus obras, aun cuando Japón ha legado al mundo autores de la talla de Yasunari Kawabata (Nobel, 1968), Yukio Mishima, Kōbō Abe, Ryūnosuke Akutagawa, entre muchos otros.

De esos lares también se conoce a los chinos Gao Xingjian y Mo Yan, quienes obtuvieron el Nobel en los años 2000 y 2012, respectivamente. Sin embargo, se conoce poco de la literatura de otros países de la región.

A propósito de ello, esta semana recomiendo un volumen de cuentos titulado Lluvias (Ediciones del Ermitaño, 2007; traducción de Kim Uh-sung e Isabel Ishiharada de Lee), del sudcoreano Yun Heung-gil (1942).

La editorial mexicana Ediciones del Ermitaño se aventuró a traernos obras de las dos Coreas, ante la falta de oferta editorial de dicha región, puntualmente en nuestro país. Se conoce poco de los autores de esas naciones, pero este sello cuenta con su «Colección de literatura coreana», que es precisamente a la que pertenece Lluvias.

La obra está conformada por seis cuentos, entre los que sobresale la guerra entre Corea del Norte y Corea del Sur. Es un tema recurrente en Heung-gil y aparece en varios cuentos que componen el volumen.

El primer texto es justo el que da título a la obra: «Lluvias». En esta historia se da cuenta del conflicto entre las dos abuelas del protagonista, un niño que relata el origen de la pelea entre las ancianas.

Un hijo de una de ellas colabora con el bando comunista, pero la otra parte de la familia está en contra de ese sistema. El caso es que, cierto día, seducido por un soldado que le ofrece chocolates, el niño da información que deriva en la muerte de su tío. De ahí nace el odio entre las abuelas y las disputas diarias –ambas viven en la misma casa, por la guerra– que terminan por mermar en el ánimo de toda la familia. Es una historia algo extensa, narrada y detallada con maestría.

El segundo cuento, «Cordero», es tan brutal como el anterior. Otro niño narra la historia de su hermano menor, un pequeño que tiene discapacidad intelectual y al que debe cuidar. Cada vez que la madre vuelve a casa, le pregunta al mayor: «¿Todavía no se muere ese maldito?»

El narrador cuenta cómo era la vida durante la guerra, cómo el acecho de los comunistas no dejaba tranquilas a las familias del sur. Da parte también de las andanzas de Yunbong (el hermano menor) en las jornadas diarias. De cómo se vuelve la atracción al entonar los cantos de los militares comunistas con un estilo particular.

El hermano mayor sufre ante cada embestida de su madre. No entiende por qué espera la muerte de su hijo más pequeño. El relato conmueve y orilla al lector a pensar siquiera cómo es posible que un niño deba vivir en un ambiente de hostilidades, indiferencias e injusticias, aderezado con el sabor de la guerra.

En «Lluvia de golpes», el autor abandona el ambiente rural para trasladarnos a la ciudad. El centro de la narración es un café poco convencional donde los clientes son casi obligados a tomar un café que sabe a agua sucia. Pero es lo que hay, casi expresa la joven camarera, mientras la dueña escucha las quejas de los visitantes.

Aunado a lo anterior, el ambiente en el café es sombrío, oscuro. Sin embargo, cierto día la luz se hace en el lugar y el café no sólo se vuelve potable, sino rico. El cambio de cocinero da otro rostro al lugar. No obstante, hay en el cuento un toque de fantasía que hacia el final dibujará una amarga sonrisa en el lector.

«Alas o esposas» es el cuarto cuento. En éste, Yun Heung-gil aborda un conflicto obrero-patronal. Una mañana, los trabajadores de una fábrica encuentran una circular en la que se indica que se ha tomado la decisión de que los obreros deberán portar uniforme a la brevedad, pero se «tomará en cuenta» la opinión de los trabajadores.

A raíz de dicha circular, los obreros –que se oponen a ser uniformados– inician discusiones que trasladan hacia un café cercano a la factoría y que supondrán el comienzo de una lucha en la que deberán participar todos.

Hay en este relato una crítica al trato que las grandes empresas suelen tener no sólo en Corea del Sur, sino en prácticamente el mundo entero, en contra de los trabajadores. El final del texto genera cierta amargura y acaso desesperanza.

En «Leña», el quinto cuento, vuelve el ambiente rural. Otra vez, el narrador es un niño. Se trata de una conmovedora historia en la que el hijo narra las andanzas de su padre para conseguir leña.

Sin embargo, en una de esas búsquedas encuentra una sustancia que aparentemente tiene valor comercial. De ahí que el hombre se empeñe en conseguirla a toda costa, aun si debe infringir la ley. El niño cuenta sus temores, porque sabe que se trata de un robo.

El último texto, «Una flor silvestre en la memoria», aborda el tema de los desplazados por conflictos bélicos. Aunque no es el tema central del relato, sí es el gancho.

Derivado del conflicto, miles de familias se vieron en la necesidad de abandonar sus hogares y trasladarse por zonas donde muchas veces no son bien vistos (en la actualidad aún ocurre).

Cierto día, varios desplazados abandonan un pueblo, pero en el lugar se queda un «niño» que en principio no es bien visto. El narrador, otro infante, lo presenta ante su casa con la intención de que su madre le ofrezca algo de comida. Sin embargo, la mujer se muestra reticente.

Su actitud cambia cuando el refugiado le muestra un anillo de oro. Le dice que pensaba dárselo a cambio del alimento. Entonces, la madre accede e incluso le ofrece la casa para quedarse, pues entre ella y el padre sospechan que tiene más anillos.

Acaso la avaricia es el motor de los adultos, en este cuento. Sin embargo, el narrador va más allá y relata las vivencias del desplazado en su tierra. El final es triste, como casi todo el libro.

Una de las grandes virtudes de Yun Heung-gil es el lenguaje. En sus páginas hay lirismo que hace de cada cuento una experiencia triste, pero a la vez satisfactoria. Heung-gil es un narrador espléndido que no se guarda la poesía para contarnos historias.

Lunes, 29 Enero 2018 06:29

Zama

Escrito por

Pero hice por ellos lo que nadie quiso

hacer por mí: decir, a sus esperanzas, no.

 

En Zama

Lunes, 22 Enero 2018 05:40

La reclusión solitaria

Escrito por

Soy una cosa molesta, una cosa ciega,

sin amor, soy una piedra que se expulsa

hacia las puertas de la noche.

 

Tahar Ben Jelloun

Lunes, 15 Enero 2018 05:18

El distrito de Sinistra

Escrito por

Los hilos de los resoplidos cargados

de sueños entretejían la casa.

 

Ádám Bodor, en El distrito de Sinistra

Lunes, 11 Diciembre 2017 05:44

El rey blanco

Escrito por
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