Jorge Arturo Hernández

Jorge Arturo Hernández

En el primer juego del Mundial, Rusia aplastó 5-0 a Arabia Saudí, con doblete de Denís Cheryshev y triple asistencia de Aleksandr Golovin; la ceremonia inaugural fue engalanada por la soprano Aida Garifullina y el británico Robbie Williams.

Hoy habrá tres partidos de la Copa Mundial Rusia 2018, con el duelo de los europeos como lo más atractivo de la primera fase; Egipto vs Uruguay y Marruecos vs Irán abrirán la jornada.

Este viernes se disputarán tres encuentros en el segundo día de Rusia 2018. Uno de los duelos más atractivos de la primera fase es en el que se verán las caras Portugal y España, correspondiente el Grupo B.

A primera hora, Egipto se medirá a Uruguay, como parte del Grupo A, que ya es encabezado por Rusia. Este encuentro está pactado para las 07:00 horas, tiempo del centro de México, en Ekaterimburgo.

A las 10:00 horas, Marruecos e Irán se enfrentarán en San Petersburgo para abrir la actividad del Grupo B.

A la una de la tarde, Portugal y España protagonizarán uno de los juegos más esperados de la primera fase, en el estadio olímpico de Sochi.

Los lusitanos llegan a Rusia con su máxima figura, Cristiano Ronaldo, lista para brillar. Asimismo, buscan ser protagonistas, luego de que en 2016 fueron campeones de la Eurocopa de Francia.

Por su parte, aunque España se presentó como uno de los favoritos para este Mundial, tuvo una semana agitada que le deja un panorama de incertidumbre, ante el despido de su entrenador Julen Lupetegui, 48 horas antes del debut de la “Furia Roja”.

Compartirá la organización de la Copa del Mundo de 2026 con Estados Unidos y Canadá; esa edición contará con 48 participantes por vez primera; la alianza se impuso a la candidatura de Marruecos.

Jueves, 14 Junio 2018 05:23

¡Se levanta el telón!

Hoy se inaugurará la Copa Mundial de Futbol Rusia 2018; el anfitrión y Arabia Saudí serán los encargados de disputar el primer encuentro.

Jueves, 14 Junio 2018 05:22

Leer el Mundial

Cada cuatro años, con la llegada del Mundial, buena parte de los medios realizan un despliegue para intentar cubrir algún aspecto del evento deportivo que paraliza al mundo.

El ahora exentrenador fue separado del cargo por la RFEF dos días después del anuncio de que sería director técnico del Real Madrid a partir de la próxima temporada; España debutará este viernes ante Portugal.

Julen Lopetegui fue separado del cargo de entrenador de la selección española de futbol, a unas horas del debut mundialista. El nuevo director técnico será el exfutbolista Fernando Hierro.

Este miércoles, en Krasnodar, el presidente de la Real Federación Española de Futbol (RFEF), Luis Rubiales, informó la decisión de cesar a Lopetegui y asimismo dio a conocer a su sustituto.

Esta decisión llegó dos días después de que Real Madrid hiciera oficial que a partir de la próxima temporada Julen Lopetegui asumiría la dirección técnica del club, luego de que Zinedine Zidane renunciara al cargo.

Luis Rubiales aclaró que la RFEF conoció la decisión de Lopetegui tan sólo cinco minutos antes de que se hiciera oficial su salida. La noticia no cayó muy bien entre el organismo y ello derivó en el cese.

“Puede parecer que lo que ha ocurrido es una tremenda debilidad (…) Es un duro golpe y con el nuevo equipo haremos todo lo posible para remar adelante. Los jugadores me han transmitido su compromiso máximo”, expresó Rubiales.

El directivo aclaró que el organismo que preside no estuvo al tanto de las negociaciones entre Lopetegui y el club merengue. Ante ello calificó de “desleales” los planes del entrenador destituido, pero confió en que la actitud de los jugadores seleccionados hará salir adelante al equipo.

La destitución de Julen Lopetegui se dio a 48 horas del debut de España en el Mundial, que será este viernes ante su similar de Portugal, al mando de Fernando Hierro, el nuevo seleccionador que ya tuvo su primer entrenamiento con la “Furia Roja” y que se ha desempaño en la RFEF como directivo.

 

 

Lunes, 11 Junio 2018 05:22

Diario de un aspirante a santo

Quien comienza hoy este diario es, en opinión de todos,

un hombre ya gastado. ¿Es posible, sin embargo, que un hombre

gastado sea capaz de una resolución como la que acabo de tomar?

 

En Diario de un aspirante a santo

 

¿Puede alguien despertar un día y decir: «Quiero ser santo»? ¿Cómo se comporta un hombre que decide aspirar a alcanzar la santidad, en un mundo de constantes cambios? He aquí el argumento de la recomendación de este semana: Diario de un aspirante a santo (1927; Ediciones Del Equilibrista, 1993), del francés Georges Duhamel (1884-1966).

Ya desde el título el libro invita a adentrarse en sus páginas. Al principio, el lector se topa con un brevísimo prólogo del cubano Eliseo Diego, quien se encarga de sembrar la curiosidad en quien tiene la novela en sus manos.

Cuenta el cubano que cuando leyó esta obra «me conmovió –y me conmueve aún– su visión compasiva, delicadamente irónica, de las debilidades humanas, y lo coloqué en la misma capilla donde veneraba a don Miguel de Cervantes».

Una vez adentrado en la historia, el lector se encuentra con el personaje-narrador, Luis Salavin, quien no es más que un oficinista gris que ve transcurrir la rutina de sus días en una ciudad de París nada atractiva y, ante ello, un 7 de enero decide que será santo, justo el día de su cumpleaños número cuarenta.

Para conseguir su empresa se pone un plazo de quince años e inicia la escritura de un diario en el que guardará sus experiencias. Sin embargo, ante el temor de que la libreta sea encontrada por su esposa y con ello se descubra su campaña, opta por suplir la palabra santo.

Oficinista de una empresa lechera, Salavin va por la vida con su carácter algo desconfiado. Es un observador que se detiene a contemplar a los otros, el entorno en el que está inmerso y del que anota sus reflexiones en el diario.

A través de esos apuntes descubrimos a otros personajes que forman parte de su cotidianeidad, tales como el director del personal, el señor Mayer, un hombre de aproximadamente cincuenta años, de rasgos finos y cansados, y el empleado Jibé, uno de los personajes más llamativos de la obra.

Por momentos encontramos a un Salavin atormentado por no saber cómo él, ese oficinista, puede alcanzar la santidad. Y más: cómo conseguirlo en una ciudad como en la que vive.

Con el paso de los días el comportamiento del protagonista sufre cambios que poco a poco modifican su vida diaria. Uno de ellos se da cuando decide abandonar su casa y mudarse a un sitio de alquiler, lejos de alcanzar las comodidades que acaso tenía en su hogar.

Aquel espacio le permite una mejor contemplación del exterior y de sí mismo. El diario deja ver sus preocupaciones más hondas; reflexiona acerca de diversos órdenes, desde lo moral y lo ético, hasta el repaso de vidas de santos de los que busca una guía para conseguir su meta.

Luis Salavin es un hombre afligido por las circunstancias, por su tiempo. Como apunta Eliseo Diego, se trata de una lectura profundamente conmovedora, pero no en el sentido de la autocompasión, sino por la visión acaso ingenua que el hombre tiene del mundo.

Aunado a lo anterior, Jibé adereza la historia con su peculiar comportamiento. Además, es un reto del hombre para el hombre con el fin de medir hasta dónde se es capaz de sentir empatía por el otro.

Pero no se crea que sólo encontraremos compasión y dolor en la novela. También hay pasajes divertidos que la convierten en una lectura por demás amena y altamente recomendable para estos días.

El final de la historia queda ahí para ser descubierto por el lector que se anime a buscar esta obra, la cual –sin duda– le dejará un grato sabor.

Lunes, 04 Junio 2018 05:09

Memoria de elefante

…me despido y te llamo sabiendo que no vendrás

y deseando que vengas del mismo modo

que, como dice Molero, un ciego espera

los ojos que encargó por correo.

 

A.L.A.

 

António Lobo Antunes (Lisboa, 1942) es un autor del que ya no se puede escapar una vez que se ha sumergido en alguna de sus novelas. El eterno candidato al Nobel cuenta con una vasta obra que es aclamada no sólo en Europa, sino en diversas partes del mundo.

Acreedor de varios premios, el portugués ha ganado prestigio y respeto no nada más por los galardones, sino por la calidad de su escritura: es un autor complejo cuya prosa –cargada de poesía– envuelve al lector en una forma de hipnosis de la que se sale como se vuelve del sueño.

En esta ocasión vuelvo a recurrir a Lobo Antunes para la recomendación de esta semana. Antes ya comenté acerca de su novela El orden natural de las cosas, pero ahora me referiré a Memoria de elefante (1979; Mondadori, 2005, con traducción de Mario Merlino).

De entrada hay que mencionar que ésta es la primera novela del lusitano y puede ser la puerta de acceso para acercarse a su obra. El narrador/protagonista es un psiquiatra (al igual que Lobo Antunes) que manifiesta su inquietud por dedicarse a su verdadera pasión: la literatura.

Durante un día y una noche, el narrador cuenta la crisis existencial por la que atraviesa a raíz de la separación de su esposa, a la que aún ama, y todas las circunstancias que conlleva la vida de un hombre como él. Ella también aún lo ama a él: las razones de la ruptura son desconocidas.

No es una novela de amor en sí. En ella, el escritor suelta un monólogo en el que repasa pasajes de su vida: la formación profesional, el trato familiar, la guerra de Angola, etc. Lobo Antunes se cobija con autores clásicos –Queirós, Quevedo, Brontë, Carroll– para echar mano al texto y apelar a su sombra para presentarse ante la Señora Literatura.

En Memoria de elefante hay arranques del futuro Lobo Antunes. Con total honestidad –virtud de los más grandes escritores–, comparte con el lector aspectos íntimos y comprometidos de su vida que lo marcaron para inclinarse a la escritura.

El narrador se habla y escucha a sí mismo con la intención de reconocerse y ver en qué momento se perdió con el fin de reencontrarse. A veces parece ser un monólogo frente al espejo: un poeta/narrador le cuenta a la imagen quién es en ese momento el de carne y hueso.

Hay muchas alusiones literarias, como si con ellas encontrara la forma de estacionarse definitivamente en la literatura, la verdadera vocación del psiquiatra que ensaya y encamina al futuro literato que hallará en las letras el verdadero amor.

El título es «loboantuniano» por excelencia: poseedor de una memoria impecable, el autor ha manifestado que la memoria es uno de los principales recursos de los que echa mano un escritor. Así, en Memoria de elefante abre la puerta al flujo de recuerdos que recorren las páginas de su obra, que –repito– no es de fácil acceso, pero sí es distinta y representa una calidad que colocan al portugués a la altura de los mejores escritores del mundo que hay en la actualidad.

Acerca de esta novela, el propio Lobo Antunes ha dicho que está llena de defectos, pero que si él fuera editor, la publicaría por todo lo que promete en sí.

Si se toman en cuenta las posteriores obras, podría decirse que estamos ante el esbozo de lo que será el futuro creador de novelas como El orden natural de las cosas (1992), Esplendor de Portugal (1997) y Buenas tardes a las cosas de aquí abajo (2003), entre tantas otras que conforman un universo literario rico en imágenes, en recursos y en la calidad de un autor que extrañamente no es tan conocido en el continente americano como se supondría.

Si entre uno de los propósitos del lector está el de leer más o descubrir nuevos autores, Antonio Lobo Antunes es una apuesta segura. Memoria de elefante puede ser el acceso para ingresar al fascinante mundo del portugués que no decepciona a los lectores.

Lunes, 28 Mayo 2018 05:16

Sara y Serafina

Sarajevo, con su jodido túnel,

está unido al mundo

como un recién nacido

a su madre por el cordón umbilical.

 

Dževad Karahasan

 

Entre abril de 1992 y febrero de 1996, la ciudad bosnia de Sarajevo vivió un asedio que provocó un éxodo: más del 30 por ciento de la población abandonó sus hogares en busca de sobrevivir. En otros casos, la muerte les impidió marcharse. Principalmente a los musulmanes.

Poco a poco, la ciudad sitiada se quedó sin suministro de víveres, de agua y de energía eléctrica; entre penumbras, los habitantes se movían ora para salvar sus vidas, ora para que incluso los alcanzara una bala o en busca de agua y alimentos.

Se dice que en el cruce de las calles Tršćanska y Kranjčevićeva hubo muchas muertes provocadas por francotiradores que hacían blanco en los habitantes locales para generar miedo y terror. Pero ese lugar también se convirtió en una forma de cortar con el sufrimiento y el dolor de una sola vez: personas hubo que se paseaban por allí de forma intencional para que los francotiradores les dispararan.

Lo anterior forma parte de un tema recurrente en este espacio: la Guerra de los Balcanes. Los testimonios de ese conflicto son innumerables y en cada uno hay historias desgarradoras que conmueven hasta el llanto. Hay películas que abordan el tema y sobresalen muchos libros.

Esta semana me permito recomendar Sara y Serafina (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, 2006), una novela del bosnio Dževad Karahasan (Duvno, 1953).

La historia es narrada por el dueño de una cocina económica instalada en Sarajevo al que le toca vivir la guerra en carne propia, desde las calles sarajevitas. Escucha el tableteo de las armas largas, los estallidos de bombas y granadas. Pero también el silencio que sobreviene a las desgracias.

El hombre –del que no sabemos cómo se llama– relata la historia de Sara (nacida Serafina pero que decidió llamarse Sara, a secas), una mujer entrada en años que vive con su hija Antonija.

Sara y su hija tienen la posibilidad de abandonar Sarajevo en busca de salvar sus vidas, a través de un contacto que les facilitará dejar la ciudad, siempre y cuando comprueben que tienen el bautismo. La madre lo tiene, pero su hija no, aunque será fácil comprobar que es cristiana.

Sin embargo, Antonija acepta siempre y cuando vaya consigo Kenan, su novio, un musulmán al que también están dispuestos a sacar del sitio.

Sara se resiste a dejar la ciudad. Se trata de una mujer inteligente, pero que lucha todo el tiempo contra su otro yo, Serafina, desde hace décadas. La necedad la impide dejar su casa para que la pongan a salvo. La necedad y las razones que ella manifiesta mediante monólogos que llegan a conmover al lector.

La trama de la novela ocurre en veinte minutos. Entre el inicio y el final hay apenas veinte minutos de diferencia. Comienza cuando Dervo, un jefe de comisaría, visita al narrador para decirle que su amiga Sara se pasea por el cruce de Tršćanska y Kranjčevićeva.

A partir de ese momento, el narrador rememora cómo conoció a Sara, las historias que de ella sabe, cómo creció el cariño hacia la mujer… Todo ello con un tono pausado, cadencioso, en retrospectiva.

Una de las virtudes de Karahasan es la paciencia. Porque ante una historia de este talante no es difícil desbocarse y reventar el texto a principios de la novela. Más cuando se trata de una historia de veinte minutos.

En el libro, el autor destaca el valor de la amistad; pero, sobre todo, la importancia de la solidaridad y tender una mano hacia aquellos que la necesitan, aun cuando se trate de desconocidos. También alude a los dilemas morales, a la culpa y al permanente miedo que sufren los habitantes de una ciudad sitiada.

Ignoro si la obra está basada en una historia real. No obstante, el realismo que retrata es crudo, demoledor, aunque también regala imágenes como remansos donde el lector reposa, casi con una sonrisa tibia en el rostro.

Lunes, 21 Mayo 2018 05:19

Lejos del horizonte perfumado

En 1967 se produjeron los acontecimientos

que cambiaron el rumbo de mi vida.

Aquel año, en junio, el Estado de Israel

ocupó militarmente mi espacio vital…

 

Salah Jamal

 

A raíz de la ocupación-invasión israelí, iniciada en 1947, cientos de miles de palestinos han sido asesinados, despojados de sus tierras y obligados a desplazarse bajo el amparo y la complicidad de numerosos países de Occidente, encabezados por Estados Unidos. El pasado lunes 14 de mayo, fuerzas israelíes asesinaron a unos sesenta palestinos e hirieron a alrededor de dos mil quinientos en una nueva sangría por parte del ente sionista, durante una manifestación por la apertura –ilegal– de la embajada de EE.UU. en Jerusalén.

Esta semana la recomendación llega de aquellas tierras. Salah Jamal (Nablús, Palestina, 1951) se vio en la necesidad de exiliarse en Barcelona ante el terror impuesto por Israel entre sus coterráneos y la impunidad de la que hoy en día goza ese régimen genocida.

Derivado del abandono de su patria, Jamal escribió una novela titulada Lejos del horizonte perfumado (RBA, 2004). Escribir desde la distancia ofrece a los lectores la posibilidad de conocer las experiencias –siempre dolorosas– de cómo enfrentar el exilio, la soledad y los mundos nuevos, no por iniciativa propia sino orillado a hacerlo por cuestiones políticas.

En Lejos del horizonte perfumado, el también médico, historiador y profesor cuenta la historia de un joven beduino llamado Mohammed Pirjawi Unnab Jalilidin Osrama Lumary, a quien las circunstancias de la vida convierten en Mohammed Pujol, dada la complejidad de pronunciar su nombre completo de corrido.

Ante el despojo israelí, el joven palestino abandona su tierra y el destino lo coloca en Ciudad Condal, Barcelona, donde su familia cuenta con una amiga dedicada a la prostitución.

En un mundo completamente nuevo para sus ojos, el muchacho aprenderá a manejarse en los bajos fondos, entre prostitutas, ladrones y un sinfín de personajes que le permitirán acceder a un universo completamente ajeno al suyo.

En sus andanzas por Barcelona, Mohammed conoce a una mujer de la alta sociedad que le abrirá las puertas de la sensualidad, del misterio de los cuerpos: accede a la educación sentimental.

Las estadías del joven en la casa de esa mujer permiten a Jamal ofrecer una muestra de la cocina árabe con recetas, rituales, aromas… De tal forma que el lector disfruta, entre párrafo y párrafo, sabores y aromas que envuelven a la lectura en un ambiente ameno, perfumado; cada platillo se enreda en la nariz y ello convierte a esas páginas de la novela en un platillo extra.

La obra en cuestión también aborda la pérdida, la soledad, la nostalgia, el amor y el deseo. Y Salah Jamal lo hace mediante formas sutiles y directas, con altas dosis de ternura y un amplio conocimiento cultural de las sociedades enfrentadas. Porque el texto ofrece la posibilidad de conocer y desvelar ambos mundos: el árabe, con sus creencias, sus rituales, y el occidental de los años setenta y principios de los ochenta, particularmente el catalán, con el avistamiento de los cambios radicales que suponían los supuestos avances de la humanidad en materias diversas.

Pero no todo es nostalgia en la historia. Desde los primeros párrafos, el autor ofrece múltiples episodios divertidísimos que dan cuenta de que no se trata de una novela cubierta con el manto de la tristeza y la nostalgia. No. En la historia nos enfrentamos a anécdotas de desencuentros con la justicia («hice más visitas a las dependencias policiales que a la universidad»), el descubrimiento de un mundo que le permite descubrir una ciudad de la que, también tiempo después, sentirá nostalgia.

El humor de Jamal provoca carcajadas en el lector. La aparente ingenuidad de Mohammed se comienza a desmoronar desde las primeras lecciones de aprendizaje que conllevan su nueva vida; retrata asimismo ambas sociedades con los viajes del muchacho a su tierra natal y los retornos a Barcelona.

Entre las páginas desfilan diversos personajes divertidos, como el propio padre del protagonista, o El Gallina, un tipo al que conoce en Barcelona y que es líder de Los Pollitos, delincuentes de poca monta que se meten en líos que los colocan en situaciones sumamente divertidas.

Es decir, la novela abarca temas que lo mismo transitan por la denuncia –la ocupación y el despojo de Israel contra los habitantes de Palestina–, el aprendizaje –los encuentros de Mohammed con la mujer que lo acoge en sus brazos–, el humor –hay innumerables pasajes muy divertidos.

En fin, Lejos del horizonte perfumado es una lectura recomendada para quienes buscan conocer de primera mano otra cultura, para paladear entre las palabras, divertirse con anécdotas y episodios, degustar una obra que dejará más un grato sabor al llegar su última página.

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