Jorge Arturo Hernández

Jorge Arturo Hernández

Lunes, 26 Febrero 2018 05:15

Manhattan Transfer

La Generación perdida es un grupo de escritores nacidos en Estados Unidos hacia finales del siglo XIX y principios del XX, con cierta influencia europea. Se la denomina así porque les tocó vivir fases creativas «perdidos» en el periodo de entreguerras y participaron de conflictos bélicos.

Los nombres más destacados de este grupo son los narradores William Faulkner (1897-1962), Ernest Hemingway (1899-1961), John Steinbeck (1902-1968), Francis Scott Fitzgerald (1896-1940) y John Dos Passos (1896-1970), así como el poeta Ezra Pound (1885-1972).

Si hay que agregar algo respecto de su importancia es que los tres primeros fueron Premios Nobel en los años 1949, 1954 y 1962, respectivamente, además de que figuran entre los escritores más importantes del siglo XX.

Algunas características de la Generación perdida son, principalmente, el pesimismo, una fuerte crítica a la guerra y su inutilidad, a la voracidad del capitalismo, así como a lo que los políticos de la actualidad llaman «desarrollo» y «progreso».

La recomendación de esta semana es una novela que gira en torno a estos conceptos: Manhattan Transfer (Bruguera, 1980), de John Dos Passos.

Esta novela fue publicada en 1925, es decir, cuatro años antes del inicio de la Gran Depresión estadounidense. Con maestría, el autor ya anticipaba las catástrofes económica y social que devinieron tras el crack financiero del 29.

La estación Manhattan Transfer sirve a Dos Passos como metáfora para desarrollar la que es considerada –quizás– su mejor novela, pues en aquélla, como en todo paradero del transporte público, confluyen personajes que se cruzan de forma constante o que nunca más se vuelven a ver.

El escenario es la ciudad de Nueva York de los años veinte. No ocupa nada más el telón de fondo, sino que el escritor hace de ella un personaje, acaso brutal: devora seres y sus sueños un día sí y el otro también; luego los regresa al mundo como almas grises, despojadas de toda esperanza: hombres y mujeres completamente desolados.

La historia de la novela no está centrada en un personaje en sí, sino más bien a la masa en su conjunto: Dos Passos entrega un collage en el que nos da cuenta de los sueños y las aspiraciones de un montón de hombres y mujeres que creen que en Nueva York hallarán –y lo llevarán a sus vidas– el ideal de bienestar.

Con base en estas motivaciones es que cada ser fluye a través de párrafos y párrafos; sin embargo, Dos Passos no permite profundizar en la vida de las personas, pues en cuanto el lector comienza a saber algo más, llega el cambio repentino, los espacios en blanco en las hojas como símbolo del vacío.

En la obra hay jóvenes que anhelan hacer dinero, mujeres que buscan alcanzar la felicidad, suicidas, obreros, políticos, sindicalistas; seres atormentados que beben alcohol, pese a la prohibición… Éste es un elemento de la crítica de Dos Passos hacia la sociedad norteamericana de su tiempo; sabe que, pese a la falsa transparencia en la política de ese país, la corrupción es uno de los tantos defectos sobre los que está cimentada la democracia estadounidense.
La novela no es corta (472 páginas en la citada edición), pero se lee a buen ritmo; está escrita con una técnica de alguna forma innovadora del autor en cuanto al collage que ofrece al lector a través de cientos de páginas.

El ritmo se mantiene, pese a que no existen momentos de tensión ni hay una trama que exija la atención del lector, aun cuando sólo algunos de los personajes vuelven a aparecer, años después, ya en desgracia. Muchos son presentados y pronto desaparecen, sin saber nada más de ellos. De otros, nos enteramos de sus fracasos. Porque, en el fondo, es una novela de fracasos, de la soledad como único recurso para encarar la derrota frente a una sociedad que exige materializar los sueños para comprobar el éxito.

En esta obra encontramos a un John Dos Passos pesimista, pero a la vez desengañado de las falsas ventajas del progreso y demás mentiras. Sin embargo, como todo gran pesimista, deja un resquicio para que se cuele la esperanza.

Otras obras destacadas de este autor son: Tres soldados (1921), novela de corte antimilitar; la trilogía U.S.A., conformada por las novelas El paralelo 42 (1930), 1919 (1932) y El gran dinero (1936), entre otras.

Domingo, 18 Febrero 2018 22:17

Sueño con mujeres que ni fu ni fa

Desgraciado Belacqua, no das con la clave,

no entiendes de qué va la cosa: la belleza,

en último término, no está sujeta a categorías,

está más allá de las categorías.

 

Cuando se nombra a Samuel Beckett es muy probable que brinque el nombre de James Joyce, dada la influencia que éste ejerció en la vida y obra de aquél. No obstante, el Nobel (1969) supo sacudirse la sombra de su connacional conforme pasaron los años.

El de Beckett no es un estilo fácil. Por el contrario, se requiere de paciencia para tomarle el gusto a la obra de uno de los escritores más originales que nos entregó el siglo XX.

Cuando tenía veintiséis años, el irlandés escribió su primera novela, pero no halló editor que se animara a publicarla. Se trata de Sueño con mujeres que ni fu ni fa (1992; TusQuets, 2011), la que el propio Beckett se negó a publicar cuando ya era Beckett.

Por deseo del escritor, dramaturgo y ensayista, la novela no vio la luz sino de manera póstuma, hacia 1992 (Beckett falleció en 1989), es decir, unos sesenta años después de haberla escrito.

La obra comienza de esta forma: «He aquí a Belacqua, un niño rollizo que pedalea cada vez más veloz, con la boca entreabierta y las aletas de la nariz cada vez más hinchadas» (p.11).

Belacqua es un joven poeta que deambula por calles de París, Dublín y Viena; no sabe qué es lo que busca, pero traslada su cuerpo de un lugar a otro como si en verdad tuviera algún objetivo. Éste es acaso el primer guiño beckettiano: el ser se conduce hacia el fracaso, no hay objetivo para perseguir. Y si lo haces, anda: date de frente contra el fracaso.

Sin embargo, Belacqua «está enamorado de cintura para arriba de una muchacha patosa que atendía por el nombre de Smeraldina-Rima» (p.13). Su encuentro es fortuito: la halló una noche en la que la fatiga hizo presa del poeta en ciernes. Es decir, el «amor» le brotó del cansancio, no fue concebido a la luz de la vitalidad.

Belacqua deambula, está satisfecho con su «feliz tristeza». Mujeres como Smeraldina-Rima, Syra-Cusa o Alba esperan algo de él, cualquier cosa, que él no entrega. Porque el muchacho aspira a habitar su interior, sus pensamientos; piensa en qué escribirá: es un artista adolescente –como el de Joyce– que va por la vida ebrio, enfermo o malhumorado.

Pese a ello, hay en la novela toques de humor e ironía que también son características del Beckett que escribirá años después, con un estilo consolidado y del que se apropió para sacudirse de las comparaciones con el autor de Ulises que en determinado momento lo alcanzaron.

Sueño con mujeres que ni fu ni fa es una novela intensa, llena de citas que obligan al lector a echar ojo a las anotaciones –que están hacia las últimas páginas– y acaso a desesperarse. Sin embargo, ello no es pretexto para abandonar la lectura; pues Beckett, el primer Beckett, posee ya el talento para atrapar a quienes se sumergen en ese fascinante mundo de las palabras que construyó. Porque Beckett posee esa fuerza que provocan al lector a no soltar el libro, aun cuando desea hacerlo.

En la novela sí hay elementos que lo colocan como joyceano, pero el lector también se topa con los esbozos del futuro Premio Nobel, el explorador del lenguaje hasta los límites, el pesimista acerca de la condición humana.

El libro está dividido en cinco capítulos: «Uno», «Dos», «Und», «Tres» e «Y». Además hay un posfacio de los traductores titulado «El primero de todos los Beckett», en el que se advierte que Sueño con mujeres que ni fu ni fa no es precisamente la mejor forma de entrar a la obra de un escritor que, sí, se vuelve apasionante.

Es una novela escrita por un joven cuyo futuro es incierto, de un Beckett bajo el influjo de la tensión emocional que le sirvió para dar salida a todas esas emociones. Hay además acaso pasajes de la infancia del propio autor, sin que en sí la novela sea estrictamente autobiográfica.

El lector también descubrirá que el texto está lleno de neologismos. Es la primera obra del futuro autor genial que entregó Esperando a Godot, Fin de partida, El innombrable, Molloy, entre otras tantas obras maestras.

Lunes, 29 Enero 2018 06:29

Zama

Pero hice por ellos lo que nadie quiso

hacer por mí: decir, a sus esperanzas, no.

 

En Zama

Lunes, 22 Enero 2018 05:40

La reclusión solitaria

Soy una cosa molesta, una cosa ciega,

sin amor, soy una piedra que se expulsa

hacia las puertas de la noche.

 

Tahar Ben Jelloun

Lunes, 15 Enero 2018 05:18

El distrito de Sinistra

Los hilos de los resoplidos cargados

de sueños entretejían la casa.

 

Ádám Bodor, en El distrito de Sinistra

Lunes, 11 Diciembre 2017 05:44

El rey blanco

Con 43 años como librero, el también periodista chileno vino a México de luna de miel, en 1973, y aquí se quedó; hoy tiene una librería en Cuernavaca con más de 50 mil títulos.

Era el alcohol. Te inventabas cosas

cuando estabas bebiendo y las creías

si estabas lo suficientemente borracha.

 

Doyle, a través de Paula Spencer

Lunes, 27 Noviembre 2017 05:58

A todos nos falta algo

Cuando mencionamos Croacia, las referencias que tenemos de ese país en México son casi nulas o se reducen al futbol, ora porque hay jugadores de esa nacionalidad en los equipos más mediáticos del mundo o porque en el pasado Mundial, la de México enfrentó a esa selección, así como en la edición de 2002.

Lunes, 13 Noviembre 2017 05:29

Círculos perturbados

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