En la obra de Coetzee hay un cuestionamiento hacia todo tipo de racismo. En la obra de Coetzee hay un cuestionamiento hacia todo tipo de racismo.
Publicado en La Tinta Insomne Lunes, 01 Abril 2019 05:39

El maestro de Petersburgo

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Fiódor Dostoyevski (1821-1881) es uno de los pilares de la literatura universal. Su vasta obra ha sido digna de elogios, estudios e incluso congresos en los que se reúnen analistas y estudiosos de diversos países para abordar la obra del moscovita.

El ruso es uno de los escritores de mayor presencia en el mundo y ha influido en autores de diversas épocas como Albert Camus, Henry Miller, Charles Bukowski, William Faulkner, Virginia Woolf, Thomas Mann, André Gide, Ernest Hemingway, Roberto Arlt, Hermann Hesse, Ernesto Sabato, Gabriel García Márquez, E.M. Cioran, por citar un puñado de nombres cumbre de las letras del siglo XX.

Llama la atención la gran cantidad de premios Nobel que figuran en la lista. Algo hay en la obra de Dostoyevski que lo coloca entre los más grandes escritores de todos los tiempos. Para citar otro ejemplo de su influencia, mencionaré al sudafricano John Maxwell Coetzee (1940), quien obtuvo el Nobel en 2003 y también ha sido marcado por la obra del autor de Crimen y castigo.

Esta semana la recomendación es El maestro de Petersburgo (Mondadori, 2003), una novela inspirada en Dostoyevski que fue publicada por primera vez en 1994.

La historia está ambientada en el San Petersburgo de 1869. Es octubre. El escritor Fiodor Dostoyevski vuelve de Alemania a esa ciudad rusa con la intención de conocer las circunstancias en torno a la muerte de su hijastro Pavel.

Dostoyevski se hospeda en el mismo cuarto que era ocupado por el joven fallecido. Constantemente es asediado por el recuerdo de Pavel, intenta no caer presa del remordimiento y en ello trata de saber todo en relación con ese deceso.

En el trasfondo de la novela hay un tema que, décadas después, sacudiría el alma rusa: la Revolución. Pavel se involucró con Nachaev, un líder juvenil que es buscado por actos transgresores a la ley y por encabezar actos de conspiración en contra del país eslavo.

Coetzee retrata a un Nechaev acaso ruin y miserable, ávido de sangre más que de justicia. Y justamente Pavel fue una de sus víctimas: en la novela se deja entrevisto que habría sido asesinado, aun cuando el reporte oficial indica que se trató de un suicidio: murió al caer –o ser lanzado– desde una azotea.

Se trata, a su vez, de un homenaje del escritor a su maestro Fiódor Dostoyevski, a quien humaniza con base en la información disponible acerca del también autor de Memorias del subsuelo. Tenemos al gigante de forma humana, entregado a sus pasiones.

En esos días de investigar, Fiódor sostiene varios encuentros con la casera y su hija, quienes le cuentan acerca del hijastro, su día a día. Además, Dostoyevski se involucra carnalmente con la mujer, lo que ocasiona diversos desencuentros.

Mientras pasan los días, Fiodor recurre de forma constante al recuerdo de su esposa Anna, a quien dejó en la ciudad de Dresde para viajar a San Petersburgo; lo mueve el proceso de encontrar al hijo perdido, de reencontrarse de alguna manera en el difunto: viste su ropa, se relaciona con sus amigos y revisa los papeles que Pavel dejó y que la policía recogió como parte de las investigaciones.

Otro tema de Coetzee en la obra es la rebelión de los hijos en contra de los padres: Rusia se encuentra un tanto revuelta, las desigualdades son insostenibles y ya se anuncia lo que desembocará en la llegada de los bolcheviques.

El maestro de Petersburgo es una novela con un estilo muy digerible, tiene momentos de misterio y el toque psicológico que el propio Dostoyevski empleó en su obra. Es –como mencioné antes– una forma de rendir homenaje a una de las figuras literarias más grandes e importantes de la historia.

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