Nadie regala o tira a la basura un tanque de gas cargado de cloro. El recipiente que ayer provocó en Cuernavaca una enorme movilización de los cuerpos de socorro seguramente no fue vendido por su propietario como fierro viejo. El hecho de que llegara al negocio de chatarra donde ocurrió el peligroso incidente me hace intuir que era robado.
Muchos delitos menores pero muy molestos son provocados por la facilidad que existe para vender artículos de metal en los negocios de reciclado, que compran todo lo que les llega sin cuestionar el origen, aún y cuando sea evidente que no viene de canales muy lícitos que digamos. En este espacio desde hace años he señalado la necesidad de que la Policía investigue la actividad de esos negocios, que propician el robo de tubería, de transformadores y de cable, porque la han convertido en mercancía fácilmente transformable en dinero. Ojalá y puedan determinar el origen del tanque que ayer trataron de abrir con las consecuencias ya conocidas, para que encarcelen a quién sea necesario y con eso den un aviso a los negociantes sin escrúpulos que se quedan con el producto del saqueo de viviendas y redes de servicios públicos.
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Oscar Davis
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