En lo personal odio que los futbolistas que conforman la "selección nacional" (en realidad es un equipo seleccionado por los intereses de una o dos empresas) sean tratados como héroes y les den acceso a lugares prohibidos para el ciudadano común, como la residencia oficial de Los Pinos, donde el presidente Peña Nieto pidió a los deportistas que hagan una verdadera hazaña y ganen el torneo.
Por supuesto que tiene motivos para pedir eso: cada ronda adicional que pasen será una semana más en que los mexicanos estaremos (bueno, casi todos) hipnotizados por tanta televisión y tanta cerveza, dispuestos a aceptar lo que sea con tal de que nos dejen disfrutar de los partidos y "los triunfos". Ya se dijo hasta la saciedad que el Congreso federal va a aprobar las grandes reformas pendientes precisamente en días que corresponden agrandes fechas del Mundial. Mientras la gente que tiene reclamos verdaderos tiene vedadas las puertas de la residencia presidencial, un puñado de representantes de las televisoras que manejan el negocio del futbol -por ese único mérito- se codean con el presidente. De ese tamaño es el favor que le van a hacer. ¿Estamos indefensos ante nuestro destino? ¿Es imposible cambiar el futuro de este país, directo a la entrega a los intereses extranjeros si no ocurre otra cosa? Lo peor es que sólo basta con esperar unas semanas para tener todas las respuestas.
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Oscar Davis
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